Mostrando entradas con la etiqueta dormir con los hijos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dormir con los hijos. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de agosto de 2014

No quiere dormir solo (por Laura Gutman)


Si empezáramos a entender que ningún bebé o niño quiere dormir solo y dejáramos de verlo como un problema... ¡tendríamos un problema menos!

Reproduzco el texto original de Laura Gutman:

¡Por supuesto que los niños no quieren dormir solos! Ni quieren, ni deben. Los bebés que no están en contacto con el cuerpo de sus madres, experimentan un inhóspito universo vacío que los va alejando del anhelo de bienestar que traían consigo desde el período en que vivían dentro del vientre amoroso de sus madres. Los bebés recién nacidos no están preparados para un salto a la nada: a una cuna sin movimiento, sin olor, sin sonido, sin sensación de vida. Esta separación del cuerpo de la madre causa más sufrimientos de lo que podemos imaginar y establece un sin sentido en el vínculo madre-niño. No pasa nada si traemos a los niños a nuestra cama. Todos estaremos felices. Sólo basta con hacer la prueba para constatar que el niño se duerme entre sonrisas, que la noche es suave y que no hay nada que pueda ser contraproducente cuando hay bienestar. Lamentablemente las madres jóvenes desconfiamos de nuestra capacidad para comprender los pedidos de nuestros hijos que son inconfundiblemente claros. Circula socialmente la idea que satisfacer las necesidades de un bebé los convierte en “malcriados”, aunque paradójicamente, obtenemos una y otra vez el resultado opuesto al esperado, ya que en la medida que no dormimos cuerpo a cuerpo con los niños, ni los tocamos, ni los apretamos… ellos van a reclamar más y más. Pensemos que el “tiempo” para los niños pequeños aparece como un hecho doloroso y desgarrador si la madre no acude, a diferencia de las vivencias dentro del útero donde toda necesidad era satisfecha instantáneamente. Ahora la espera, duele. Si los niños deben esperar demasiado tiempo para encontrar confort en brazos de su madre, se aferrarán con vigor a los pechos, mordiendo, lastimando o llorando, apenas tengan acceso al cuerpo materno. El miedo será la principal compañía, porque sabrán que la ausencia de la madre volverá en cualquier momento a devorarlos. Los niños tienen razón en reclamar contacto físico ya que son totalmente dependientes de los cuidados maternos. Tienen conciencia de su estado de fragilidad y hacen lo que todo niño sano debe hacer: exigir cuidados suficientes para su supervivencia. La noche es larga y oscura, y ningún niño debería atravesarla estando solo. ¿Hasta cuándo? Hasta que el niño no lo necesite más.

martes, 15 de julio de 2014

¡Auxilio! ¡Mi bebé no duerme!


Cuando mi hijo Octavio tenía un poco más de 8 meses rompió su costumbre de dormir muy bien de noche (con 1 o 2 despertares para tomar la teta, lo normal) y comenzó a llorar dormido continuamente. Fueron meses difíciles que yo atribuí a la angustia de separación  y al hecho de haber estado alejados durante un mes por su internación en neo (conté su nacimiento acá).

En ese momento intentamos todo. TODOS LOS CONSEJOS QUE EXISTEN (excepto dejarlo llorar -método Estivill o Duérmete Niño-, que no apruebo en absoluto, si quieren conocer algunos de los motivos pueden leer este artículo aunque mis motivos son más bien éticos). Probamos que coma menos, más, que duerma boca arriba, boca abajo, siempre acompañado, darle más teta, bañarlo antes de acostarlo, flores de Bach, curarle el empacho y el mal de ojo y casi lo que se les ocurra. No vale reírse. Bueno, mejor sí.

Gracias a esos meses de vivir con sueño y preocupación aprendí algunos hechos sobre el sueño infantil. Seguramente muchos estarán en una situación similar. O sentirán que su bebé se despierta demasiado o duerme muy poco.

El mejor libro que pude haber conseguido en ese momento fue Dormir sin lágrimas, de Rosa Jové. También les recomiendo este blog. Ella enseña algunos puntos claves sobre el sueño:
  • Dormir es un proceso evolutivo. Un recién nacido no duerme igual que un niño, ni éste igual que un adulto.
  • Nadie puede enseñar a un niño a dormir. Los bebés ya saben dormir desde antes de nacer. El dormir es una necesidad vital.
  • No será hasta los 5-6 años cuando tendremos un sueño bastante parecido al adulto.
  • Tanto niños como adultos tenemos despertares nocturnosLa única diferencia es que nosotros ya dominamos la técnica de volver a dormirnos. Nuestros hijos aún no. (¡Paciencia!)



¿Entonces qué podemos hacer? Ella recomienda:
  • Paciencia de nuevo: aunque no hagamos nada, todo niño sano dormirá sin interrupciones algún día.
  • La lactancia ayuda doblemente al niño a conseguir el sueño: por una parte por la propia composición de la leche, y por otra debido al relajante contacto con la madre y a la succión calmante. También la lactancia favorece a la madre, ya que hormonalmente le ayuda a dormirse con más facilidad.
  • El colecho beneficia tanto a la madre como al hijo. Gracias a él el regreso al sueño después de un despertar es más corto en ambos casos. También ayuda al bebé a sincronizarse con la madre y a pasar de un estadio a otro del sueño con más facilidad.
  • Atender al bebé siempre que sea posible y no dejarlo llorar cómo método crea en el menor una tranquilidad que le ayuda a dormir. (Esto lo comprobé en primera persona. Mientras tuve mi licencia por maternidad y elegí tener a mi hijo todo el día conmigo los problemas de sueño no existieron, mi bebé no lloraba y no sufrió cólicos ni nada similar).
  • El ser realistas en cuanto a las horas que puede dormir un bebé (o en el número de sus despertares) para evitar preocuparnos innecesariamente.



¿Y a qué edad dormirá por fin solo?

El Dr. Carlos González en su hermoso libro Bésame mucho dice: "Ésta es una pregunta difícil. La actitud de nuestra sociedad ante el colecho es tan negativa que no hay estudios serios sobre su duración normal. Si no se hiciera el más mínimo esfuerzo por sacar a los niños de la cama de sus padres, ellos mismos se irían tarde o temprano. No sé a qué edad, porque no conozco a nadie que haya hecho la prueba; sin duda la edad será distinta en cada familia, y dependerá del temperamento y de los deseos del niño y de sus padres. Pero estoy razonablemente seguro de que ninguno de mis lectores siente, en estos momentos, el menor deseo de volver a dormir cada noche entre su padre y su madre. Los japoneses suelen dormir con sus padres hasta los cinco años."

Esto en cuanto al colecho, hay familias que encuentran una solución intermedia, compartiendo cama a veces, pero en general todos los bebés tienen la necesidad de estar en contacto con sus padres también por la noche. Esto es normal y tiene que ver con cuestiones evolutivas, creo que cuanto antes aceptemos este hecho, menos problemas nos vamos a hacer por cosas que son totalmente naturales y menos nos va a afectar la mirada prejuiciosa de algunas personas.

En nuestro caso la respuesta fue sencillamente tiempo. Sé que en ese momento el tiempo parece no existir, todo se hace eterno y los días con sueño duran 40 horas. Sobre todo si trabajamos y tenemos que salir de casa con este cansancio a cuestas. Esto no es culpa ni de nuestros bebés ni nuestra, sino de una realidad muy poco favorable para la maternidad/paternidad (en Argentina hoy día la licencia por paternidad sigue siendo 2 días hábiles y por maternidad 3 meses totales). Si tienen el privilegio de poder estar en casa con sus hijos, el consejo es dormir cuando el bebé duerme para paliar las noches en vela y mantener mucho contacto con ellos durante el día. Cuanto más chiquitos, más contacto.

Nuestros hijos vienen a enseñarnos muchas cosas y creo que una de ellas es a vivir cada momento. Porque (aunque suene a obviedad) el día de hoy no vuelve y mañana ya van a ser un poquito más grandes. Y seguramente si nos preocupamos por el sueño nos estaremos perdiendo otras cosas.

Al cabo de algunos meses de compartir las noches, Octavio volvió a dormir bien. Hoy tiene casi dos años: algunas noches prefiere dormir solo y muchas otras las compartimos en familia. Pero él tiene la certeza de que pase lo que pase, siempre tendrá un huequito entre mamá y papá donde cobijarse.

sábado, 14 de junio de 2014

Dormir con los hijos (o el famoso colecho)

No conozco a ningún chico que no haya terminado alguna noche durmiendo con los padres. La mayoría de los nenes, hasta cierta edad, prefieren dormir acompañados. Lo extraño es que algo tan común y corriente sea tan mal visto.

Un día, antes de ser mamá, charlaba con un compañero de trabajo. Él estaba muy preocupado porque su hijo de 4 años se pasaba a la cama grande todas las noches. A lo que yo respondí que me parecía lo más normal del mundo y que ya iba a dormir solo. "¿En serio?" Me dijo muy sorprendido. Aprovechando que otro compañero, papá de dos nenes chicos, pasaba por ahí le pregunto: "¿Tus hijos no se pasan de cama todas las noches?". "Sí, claro -nos confesó, con un poco de vergüenza- es el show del traspaso de camas, todos terminamos durmiendo en cualquier lado." Nos reímos un rato y, de paso, creo que esos papás se sintieron más acompañados (a veces a los hombres les cuesta compartir me parece).

Algunas de las corrientes "nuevas" de crianza hablan de los beneficios del colecho (compartir la cama, digamos): cuando son bebés duermen mejor, aprenden más fácilmente las fases del sueño, es mejor para la lactancia (y más cómodo, sin duda), refuerza la autoestima, y una larga lista de etc. Hasta se dice que el colecho es una solución antigua para un problema moderno: la falta de tiempo. Algunas mamás trabajamos todo el día y compartir la cama de noche es una forma de "recuperar" ese tiempo perdido.

Pero más allá de las teorías, ¿no tendría que ser una decisión de cada familia? Cuántas amigas tengo que terminaron durmiendo con sus hijos, ¡simplemente para poder dormir! Son tantos los prejuicios que nos pesan a los padres que es fácil sentir que uno hace todo mal. Y no es así. Tenemos que poder ser libres de elegir.

Además el "sentido común" al pensar este tema incluye miradas muy negativas sobre los chicos: que nos toman el tiempo, que nos pasan, que nos ganan por cansancio... Una especie de competencia donde siempre perdemos los padres. Compartir la cama es dormir abrazados, es un mimo. ¿Por qué valorarlo de otro modo?

Me gusta este video de Carlos González por la simpleza con que trata el tema: 


Si ustedes, por decisión o por cansancio, comparten o compartieron la cama con sus hijos, acá va el kamasutra para papás. Porque al final... ¡un poco de humor siempre nos salva!