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lunes, 1 de diciembre de 2014

Entrevista a Carla Di Pietro: "Los pediatras estamos en un lugar privilegiado para poder acompañar a las mamás en su camino de crianza"

Carla y Santiago

Carla Di Pietro tiene 34 años, es pediatra clínica y mamá. Cursó sus estudios médicos en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y su residencia en el Hospital de Pediatría SAMIC “Prof. Dr. Juan Pedro Garrahan” (hospital al que Carla guarda profundo cariño).

Actualmente trabaja en el ámbito público en el Hospital Zubizarreta donde realiza guardias y en el ámbito privado haciendo consultorio programado para el seguimiento de pacientes. Elige tener una actividad laboral reducida porque su prioridad ahora es su hijo Santiago, que tiene solamente 1 año y 10 meses.


Carla, muchas gracias por tu tiempo y por tener ganas de compartir tu experiencia profesional y maternal con nosotros. ¿Sentís que la maternidad te cambió la perspectiva como médica pediatra? ¿En qué aspectos?
Sin dudas que ser madre me cambió, no solo la visión de mi profesión sino la visión en muchos aspectos de mi vida. Gracias a la maternidad tengo más empatía con las mamás, puedo entender realmente sus preocupaciones o sus temores porque nuestros hijos son para cada una de nosotras algo muy importante (o lo más importante) en nuestras vidas. Escucho, logro ponerme en el lugar de esa mamá que esta frente a mi contándome su duda o problema o, por qué no, sus logros (o el de sus hijos).

Por darte un ejemplo antes si una mamá venía a la madrugada por presentar un cuadro febril que apareció 10 minutos atrás no lo podía entender, no llegaba a comprender por qué tanta urgencia. Desde que soy mamá puedo comprenderla. Lo mismo me sucede con ciertas cuestiones en el consultorio con temas del desarrollo o con cuestiones referidas a la lactancia, por darte ejemplos. Las entiendo. Tengo más paciencia y tolerancia. Tampoco creas que antes era un monstruo, pero había un cierto límite en esa empatía o en ese escuchar.

¿Cambiaste de opinión o enriqueciste tu mirada sobre algún tema?
Principalmente con las cuestiones de crianza. Amo profundamente esto que hoy llamamos crianza con apego, que es en definitiva la crianza que nos nace a la mayoría de las mamás al tener a nuestros hijos en brazos desde el primer momento. 

Durante muchos años atrás esta crianza instintiva fue violentada y modificada por conceptos equivocados brindados a las familias por opinólogos, por psicólogos, por docentes y por colegas médicos, etc. Muchos de esos conceptos equivocados están en los libros, están presentes desde el inicio en tu formación profesional; entonces cuando te encontrás con una mamá que practica colecho, por ejemplo, creés que la equivocada es la madre y no te das cuenta de que lo equivocado está en ese concepto milenario aprendido, vaya a saber creado por quién. 

Esa diferencia, entre el concepto erróneo repetido como lorito y la realidad lo lográs ver cuando sos madre, cuando el cuerpo y, sobre todo, el alma te piden ese contacto único con tu bebé. Entonces comprendés, ayudás y fomentás esas rutinas en otras díadas madres-hijos porque sabés en carne propia que son sumamente importantes para el vínculo, para el desarrollo global y pleno de los niños. No hay nada mejor que una mamá brindándose 100% sin restricciones, sin pensar en el que dirán ni en la mirada del otro, haciéndose cargo de esos sentimientos tan particulares que surgen con la maternidad (que, por otra parte, solo otra mamá es capaz de transmitir y entender).

Lo bueno es que si queremos darle un marco científico a esto, ya sabemos, gracias a los muchos trabajos científicos actuales, que estas prácticas (por llamarlas de algún modo) de la crianza con apego están avaladas y que brindan muchísimos beneficios al niño y a la familia, y que no son solo cuestiones basadas en meras opiniones, como sí sucede con los conceptos añosos que antes comentaba (esto deja más tranquilos a algunos escépticos en este tipo de crianza).

Los padres solemos hacer muchas preguntas al pediatra. Y muchas veces no tienen que ver con lo médico sino con cuestiones de crianza. ¿Te metés en esos temas? ¿Qué temas preferís evitar?
Sí, claramente amo poder ayudar en cuestiones de crianza. En madres primerizas, sobre todo, suelo adelantarme en comentarles ciertas cuestiones. Muchas veces desconocen o están temerosas de que el médico se enoje o las rete si preguntan algo fuera de esos conceptos viejos de crianza que tienen muchos marcados a fuego y que se transmiten casi como regla luego de cada parto. Por eso es tan importante charlar estos temas en las consultas, porque derriban conceptos viejos e inútiles y mitos populares.

Cuando le decís a los padres que pueden auparlo todo el tiempo que quieran, que la leche materna siempre alimenta, que lo mejor para el bebé (y para la mamá) es la lactancia exclusiva y prolongada, que el colecho seguro aporta muchos beneficios, que no deben dejarlo llorar para que aprenda, etc., estos mismos padres suelen sonreír de oreja a oreja porque se sienten comprendidos y “habilitados” a poder hacer eso tan natural que quieren hacer. Por suerte cada vez somos más los que vamos por esta hermosa línea del apego y del respeto por el niño y las familias.

Te definís a favor de la crianza con apego o crianza respetuosa. ¿Quiénes serían tus referentes?
Uno de los autores que me hizo conocer en mayor profundidad este tipo de crianza es el Dr, Carlos González. Lo conocí a días de haber tenido a Santiago cuando estaba muy hormonal en mi puerperio y queriendo encontrar estrategias para poder dormir aunque sea 3 horas seguidas. Fue así que me fui metiendo en sus palabras, leí en él lo que yo estaba sintiendo y entendí que mucho de lo que yo sentía y quería hacer era correcto sentirlo y hacerlo, y no reprimirlo.

Ese fue el puntapié para querer trasmitir esta crianza, para querer hacer bandera de la misma en mi profesión y en mi vida diaria. Escucho a las madres y aprendo tanto, hay tantos conceptos que ir cambiando y, por sobre todo, hacer entender que aunque la familia, amigos, vecinos o el quiosquero opinen en contra (aunque sean bienintencionados) lo importante es escucharse y seguir haciendo lo que el instinto nos marca

Los pediatras, como otros profesionales de la salud, estamos en un lugar privilegiado para poder acompañar a las mamás con sus bebés en su camino de crianza.


Cuesta el cambio, pero lo vamos logrando, no sé en cuanto tiempo pero vamos a marcar un cambio favorable en las próximas generaciones. A veces se siente que se pelea contra molinos de viento, pero lo bueno es que también se escuchan “ladridos” lo que significa que es señal de que cabalgamos, ¿no?


Para contactar a Carla Di Pietro: carla_dipietro@hotmail.com

lunes, 18 de agosto de 2014

4 mitos sobre el colecho


1. El colecho crea niños dependientes: FALSO
Numerosos autores y profesionales (ver ¿Dónde comprar libros sobre crianza respetuosa en Argentina?) demuestran que, de hecho, los niños que son criados teniendo en cuenta sus necesidades, con respeto, contacto físico y responsividad son mucho más independientes y seguros de sí mismos. Y no olvidemos que dormir con los hijos es "la norma" en muchas sociedades como Japón o Suecia. Para más info sobre los beneficios del colecho click acá (un estudio en inglés muy completo del Dr. Sears), acá o acá.

2. "Si lo metés en tu cama no lo sacás más": FALSO
Durante agosto el Dr. Carlos González dio conferencias en Sudamérica y uno de los estudios que presentó demostraban que, precisamente, era al revés. Los niños que comenzaban a colechar a partir de los 2 a 4 años tardaban muchos más años en irse de la cama de sus padres. Si consultan con su entorno van a escuchar cientos de historias en las cuales los bebés dormían solos en sus cunas pero -sin miedo a equivocarme- me atrevo a decir que todas las familias experimentan un traspaso de camas nocturno cuando los hijos ya cuentan con los medios para hacerlo (2 o 3 años). Pese a todo esto, no se conocen estadísticas oficiales de adolescentes que duerman en la cama de mamá y papá :)

3. El colecho termina con tu vida sexual: FALSO
Por alguna extraña razón la mayoría de las personas asocia el sexo exclusivamente con las noches y con la cama matrimonial. Esto no habla bien de nosotros, ¿dónde habrá quedado nuestra creatividad? Además, no se tiene en cuenta que existen soluciones intermedias, como que el niño duerma una parte de la noche solo y el resto acompañado (que es lo que ocurre usualmente en la mayoría de los hogares).

4. Si duerme en tu cama, tu hijo "ganó la batalla": FALSO
Este tipo de frases es sumamente dañino. La crianza vista como un campo de batalla donde, desgraciadamente, siempre alguien tiene que perder. La necesidad de los bebés y niños de dormir junto a sus padres es algo totalmente natural que tiene que ver con nuestra condición de humanos, con nuestra evolución, con nuestra necesidad de protección y con nuestro instinto de supervivencia.

El colecho es una elección de cada familia, no dejemos que ningún prejuicio se interponga en nuestras decisiones.

¿Qué otros mitos sumarían?

viernes, 18 de julio de 2014

¿Qué necesito comprar para la llegada de mi bebé?



¡Cuántas notas se multiplican en la web con un listado más o menos extenso de utensilios, aparatos, prendas, productos y muchos otros objetos que supuestamente son necesarios para la llegada de nuestro bebé! Seguramente leyeron varios, ¿no? Leemos sobre el colchón flotador para la bañerita y nos sentimos medio mal, "yo no tengo eso". Leemos una nota patrocinada por X marca donde se recomienda tal o cual cochecito nuevo y dudamos "¿el cochecito que compramos será una porquería?". Leemos que a los 6 meses ya tienen que dormir en su cuarto y sufrimos, con culpa, "yo no tengo cuarto para mi bebé". Al final sentimos que no tenemos nada.

Y me quedo corta. He leído listas que recomiendan 5 mantas, 6 toallas, kit esterilizador, "leche adecuada al bebé", termómetro, 4 mamaderas, "surtido de tetinas", 7 pijamas, monitor de sonido, lámparas, cuarto para el bebé con móvil de colores y sonajeros y un ajuar digno de un príncipe. No sé si reír o llorar. Conozco gente que ha comprado un "monitor que detecta la muerte súbita en la cuna". 

¿Saben que diría yo? ¡Que no necesitan nada!

Bueno, es una hipérbole, estoy exagerando. Necesitan ropa, pañales, un jabón neutro, algodón, un cambiador, toallas, un portabebé sería ideal... No mucho más.

Pero si nos dicen otra cosa se termina la industria millonaria montada en torno a los bebés. O al menos se achica. Si nos dijeran: a los bebés no les gusta dormir solos, compartir la cama no es mala idea y les hace bien, fíjense que les funciona mejor a ustedes... ¡Chau sabanitas, cunitas, moisés, catres, móviles, ositos, almohadas, lámparas, monitores! O al menos podríamos elegir... Yo hubiera comprado una cuna de colecho, por ejemplo. Si nos dijeran: no te preocupes por la lactancia, hay muchas instituciones donde pedir ayuda, es fácil, es lo mejor para tu bebé, los ayuda a calmarse, a autorregularse, es mucho más que alimento... ¡Chau mamaderas, tetinas, esterilizadores, chupetes, calentadores, leches artificiales carísimas! Si nos dijeran: el mejor estímulo es tenerlos siempre a upa, es el contacto piel a piel, es entregarse sin mucho más, los bebés juegan con cualquier cosa... ¡Chau cochecitos, móviles, juguetitos de todo tipo, monitores y una larga lista de etc.!

Con esto no digo que si tenemos estas cosas esté mal. Por supuesto. Ni que haya que sí o sí seguir ciertas reglas o listas. Solamente que me gustaría ver más libertad. Menos prejuicios. Más mamás pensando sólo en el momento de conocer a sus bebés y menos preocupadas por lo que les falta, por lo que no van a poder comprar o por aquella meta a la que no se sienten capaces de llegar.

Porque cada bebé es especial y distinto. Esa es la riqueza humana. Y lo único que necesita es a SU mamá. No importa lo "imperfecta" que sea, ni lo que tenga, ni donde viva, ni sus estudios, ni su peso, ni el tamaño de sus tetas ni su edad. Para él o ella siempre será la mamá ideal.

jueves, 3 de julio de 2014

¿Qué piensan los bebés?


Una amiga me envió una conferencia brillante de Alison Gopnik (*) llamada What do baby think? y no puedo menos que compartir con ustedes algunos de sus pensamientos.

Ella comienza mostrando la foto de un bebé: "¿Qué sucede en la mente de este niño? Si se hubiera hecho esta pregunta hace 30 años, la mayoría, incluyendo psicólogos, habrían respondido que este niño era irracional, ilógico, egocéntrico y que no podría comprender otros puntos de vista o comprender la relación causa y efecto. En los últimos 20 años la ciencia del desarrollo (infantil) ha invalidado por completo esa idea. Así que ahora, de alguna manera, creemos que el pensamiento de este bebé, es como el pensamiento de los científicos más brillantes." 

¿A ustedes nunca les pasó que les dijeran algo así sobre sus hijos? La idea de los bebés y niños pequeños como seres irracionales que no saben lo que quieren aun persiste. 

Alison Gopnik sostiene que los bebés están diseñados para aprender y lo demuestra con una breve explicación de nuestra historia evolutiva. Nos dice: "De hecho, el cerebro de los bebés parece ser la computadora mas poderosa de aprendizaje del planeta. (...) Y en los estudios que hemos estado haciendo en mi laboratorio, hemos demostrado que los niños de 4 años son mejores que los adultos en averiguar una hipótesis poco probable ante la misma tarea. Así que en estas circunstancias, los niños están usando estadísticas para comprender el mundo. (...) Y han surgido recientemente un montón de estudios interesantes que han demostrado que el juego es, realmente, una especie de programa de investigación experimental." 

Me gustaría retomar el tema del juego en particular en otro post, me interesa sobre todo que nos centremos en el funcionamiento de los cerebros de los chicos. "Yo pienso que los bebés y los niños parece que tuvieran un linterna de la conciencia mas que un reflector de la conciencia. Por eso, los bebés y los niños son muy malos para concentrarse en una sola cosa, pero son muy buenos para tomar información de muchas fuentes diferentes a la vez. Y si observan sus cerebros, los verán inundados de neurotransmisores que son muy buenos para inducir el aprendizaje y la plasticidad (...)"

"Entonces, ¿qué se siente siendo un bebé? Es como estar enamorado en París por primera vez, tras haber tomado tres expresos dobles. (Risas) Esa es una fantástica manera de vivir, pero les hará despertarse a las tres de la madrugada llorando. (Risas)" 

Creo que la comprensión del funcionamiento del cerebro infantil que ha surgido en los últimos años echa por tierra científicamente todas las falsas creencias de antaño, como que cuanto antes mejor adaptar a tal cosa a un niño, que se mal acostumbra a los brazos, que debe "aprender a dormir", que los bebés son seres puramente instintivos sin racionalidad y mucho más. 

Rosa Jové, por ejemplo, en su libro Dormir sin lágrimas ha explicado desde una mirada interdisciplinaria cómo se forma el cerebro en un bebé y de qué modo (atroz) le afecta en su desarrollo el dejarlo llorar sin consuelo como método para "enseñarle" a dormir. También retomaré este tema específico en otro momento; pero considero que comprender sus cerebros debería llevarnos, indefectiblemente, a ser más respetuosos con ellos. 

Gopnik resume sus ideas de este modo: "Es bueno ser adulto. Podemos atarnos los cordones y cruzar la calle solos. Y tiene sentido que pongamos mucho esfuerzo en hacer que los bebés piensen como los adultos. Pero si lo que queremos es ser como esas mariposas, tener mentes abiertas y dispuestas al aprendizaje, imaginación, creatividad, innovación... tal vez, por lo menos a veces, deberíamos lograr que los adultos empiecen a pensar más como niños."


(*) Alison Gopnik es profesora de psicología y profesora asociada de filosofía en la Universidad de California en Berkeley. Es una líder reconocida internacionalmente en el estudio del aprendizaje y el desarrollo infantil y fue la primera en argumentar que la mente de los niños podría ayudarnos a entender profundas preguntas filosóficas.

sábado, 14 de junio de 2014

Dormir con los hijos (o el famoso colecho)

No conozco a ningún chico que no haya terminado alguna noche durmiendo con los padres. La mayoría de los nenes, hasta cierta edad, prefieren dormir acompañados. Lo extraño es que algo tan común y corriente sea tan mal visto.

Un día, antes de ser mamá, charlaba con un compañero de trabajo. Él estaba muy preocupado porque su hijo de 4 años se pasaba a la cama grande todas las noches. A lo que yo respondí que me parecía lo más normal del mundo y que ya iba a dormir solo. "¿En serio?" Me dijo muy sorprendido. Aprovechando que otro compañero, papá de dos nenes chicos, pasaba por ahí le pregunto: "¿Tus hijos no se pasan de cama todas las noches?". "Sí, claro -nos confesó, con un poco de vergüenza- es el show del traspaso de camas, todos terminamos durmiendo en cualquier lado." Nos reímos un rato y, de paso, creo que esos papás se sintieron más acompañados (a veces a los hombres les cuesta compartir me parece).

Algunas de las corrientes "nuevas" de crianza hablan de los beneficios del colecho (compartir la cama, digamos): cuando son bebés duermen mejor, aprenden más fácilmente las fases del sueño, es mejor para la lactancia (y más cómodo, sin duda), refuerza la autoestima, y una larga lista de etc. Hasta se dice que el colecho es una solución antigua para un problema moderno: la falta de tiempo. Algunas mamás trabajamos todo el día y compartir la cama de noche es una forma de "recuperar" ese tiempo perdido.

Pero más allá de las teorías, ¿no tendría que ser una decisión de cada familia? Cuántas amigas tengo que terminaron durmiendo con sus hijos, ¡simplemente para poder dormir! Son tantos los prejuicios que nos pesan a los padres que es fácil sentir que uno hace todo mal. Y no es así. Tenemos que poder ser libres de elegir.

Además el "sentido común" al pensar este tema incluye miradas muy negativas sobre los chicos: que nos toman el tiempo, que nos pasan, que nos ganan por cansancio... Una especie de competencia donde siempre perdemos los padres. Compartir la cama es dormir abrazados, es un mimo. ¿Por qué valorarlo de otro modo?

Me gusta este video de Carlos González por la simpleza con que trata el tema: 


Si ustedes, por decisión o por cansancio, comparten o compartieron la cama con sus hijos, acá va el kamasutra para papás. Porque al final... ¡un poco de humor siempre nos salva!




jueves, 5 de junio de 2014

Lo estás mal acostumbrando a los brazos

 

La semana pasada fui al mercado con mi hijo de año y medio sentado en el portabebé. La cajera, una señora de unos 70 años, no paraba de mirarme, evidentemente muy incómoda. 

Cuando me llegó el turno no se contuvo y me dijo, revoleando los ojos:

 - Querida, ¿ese chico no te pesa? Porque ya está grande para llevarlo así...

¿Cuántas veces nos encontramos en situaciones similares? ¿Cuántas veces cualquiera se siente con derecho a juzgarnos?

Yo, por suerte, en ese momento me acordé de este hermoso texto, respiré hondo, y simplemente le pregunté:

- ¿Cuánto es?

“LO ESTAS MAL ACOSTUMBRANDO A LOS BRAZOS” me afirmó el verdulero…

Díselo a la naturaleza, que lo ubicó 9 meses cerca de mi corazón, 9 meses al compás de mi respiración, 9 meses en compañía de mi voz.

Ella lo mal acostumbró primero, que sabiamente llenó mis pechos lecheros, para seguir siendo, uno los dos.

Que te explique la naturaleza, por qué me sonríe cuando estoy fea y me estira los brazos loco de amor.

¿Que lo estoy mal criando en brazos cuándo no me pide zapatos, ni un auto de lujo, tan solo que lo tome, por besos babosos a cambio?

¡No me niego a sus brazos! ¿Por qué negarme?

Sería reprimir el amor más puro e incondicional. Me pide brazos porque después de pasar casi un año tan unidos como jamás lo volveremos a estar, nuestro único consuelo es abrazarnos, para no extrañarnos tanto y amarnos más y más.

Después de todo, más temprano que tarde aprenderá a caminar y todo esto será un hermoso recuerdo, de cuando una vez él fue bebé y mis brazos eran todo para él.

Así que, señor verdulero, sin duda la naturaleza es más sabia que ambos, lo que para usted es “mal acostumbrarlo a los brazos” él lo llama AMAR, MAMAR, MAMÁ.

Ni los árboles sueltan sus frutos pequeños… los cargan hasta que estén listos, es lo natural (me dije).

Y yo le respondí: Dos kilos de papa, uno de cebolla…”

Eloísa Alarcón