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jueves, 12 de febrero de 2015

Lactancia sentenciada: "Mi bebé no aumenta de peso"

Morita 100% enamorada de su mamá

Sí, aunque a veces no parezca estamos en el siglo XXI. La información sobre los beneficios de la lactancia está a un click de distancia. La OMS nos asegura que "es la forma ideal de aportar a los niños pequeños los nutrientes que necesitan para un crecimiento y desarrollo saludables". Y en nuestro país no nos quedamos atrás. El gobierno argentino la estableció como prioridad en materia de salud ya en 2002. En un documento denominado "Iniciativa Centro de Salud Amigo de la Madre y del Niño" el Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación junto a Unicef dispuso "Que el Gobierno Nacional Argentino ha definido como prioridad la atención de las madres y los niños menores de cinco (5) años (...) [y] Que dichos compromisos quedan expresados en el documento (...) en el que fija, como una de las actividades prioritarias la promoción de la lactancia materna."

Y en la actualidad el Ministerio de Salud ofrece estas actualizaciones (donde hay un completísimo curso de lactancia materna), especialmente pensadas para profesionales de la salud que traten con niños y madres.

¿Entonces cómo se explica que al año sólo la mitad siga recibiendo leche materna (según cifras del MinSal)? ¿Cómo se explica tantos fracasos, tantas lactancias injustamente interrumpidas, tantas madres angustiadas, tantas miles de lactancias mixtas y no por decisión de la familia?

Creo que acá tenemos uno de los principales problemas: "Mi bebé no aumenta de peso". Una frase que escucho demasiado seguido. Con pesadumbre, con resignación. "No aumentaba de peso, el pediatra nos recetó fórmula. "No aumentaba de peso el pediatra me dijo que le saque la teta y le de más papillas". "No aumenta de peso y aunque sé que la teta es lo mejor estoy muy angustiada". Todas frases reales y textuales.

¿Por dónde empezamos a desmitificar estas frases? Primero, chequeemos las causas reales del no aumento de peso. "Siempre es fundamental conocer como es la técnica de la lactancia ya que la primer causa de "fracaso" de la misma y que a veces repercute en la ganancia de peso, se debe a una mala prendida del pezón, o mala posición, pezones doloridos por mala agarrada que a veces genera que la madre se apure a que tome el pecho, cuando la parte grasosa de la leche está al final de la toma, que es la que lo hace engordar al bebé. Antes de introducir leche extra hay que chequear la técnica porque todas las mamás tienen leche, es de calidad, y le alcanza para alimentar a su bebé", nos dice la pediatra argentina Carla Di Pietro.


Descartadas estas causas, podemos preguntarnos por qué tanta preocupación con el peso y los percentiles. Además, tenemos que tener en cuenta que no sólo el peso es una variable importante, sino el perímetro encefálico, el talle, la salud general del bebé, etc.


Y si vamos específicamente al peso, el Ministerio de Salud nos indica que "la información que actualmente brinda La OMS en relación con las nuevas curvas de crecimiento indica que la variabilidad del peso de los niños depende de varios factores. Un primer factor deriva del hecho de que los bebés, al nacer, tienen un peso que no es el real (...) Se observa entonces que hay pérdidas importantes de peso los primeros días. Por esta razón, es normal que entre los 14 y 21 días de vida, el bebé no recupere peso."

"La información de las nuevas curvas de crecimiento de la OMS indica que hay bebés que NO aumentan de peso durante la primer semana de vida y esto es perfectamente aceptable siempre que resulten normales otros parámetros tales como la vitalidad que presenta el niño, la coloración de la orina o la actividad del intestino."

"¿Cómo puede ayudar el personal de salud a prevenir el destete precoz e innecesario? (...) La glándula mamaria es como “el cuerno de la abundancia”, mientras más se extrae, más tiene. Una mujer puede producir más leche con ayuda de la succión de su hijo y de la extracción manual, generando un pequeño banco en su casa que le será útil una vez incorporada al trabajo. Con esto se evitaría en parte, el destete temprano."

Entonces, ¿qué tiene más sentido ante un "bajo peso"? ¿Aconsejar dar más pecho o introducir fórmula (que claramente hace que haya menos demanda y, por lo tanto, menos producción? Es un hecho que la introducción temprana de la leche artificial es una condena para la lactancia. 

A veces el "problema de peso" ocurre más adelante. Cuando el bebé ya inició la alimentación complementaria. El famoso "dar menos teta para que coman más comida". Carlos González en Mi niño no me come nos deja claro este sinsentido con su típico humor: "La leche materna tiene 70 kcal (...) pero la manzana tiene 52 kcal por 100 g, la naranja 45, la zanahoria cocida 27 (...) ¿Todavía le extraña que su hijo prefiera el pecho a la papilla?¿Todavía se lo cree, cuando le dicen que «este niño tiene que comer más papillas, con el pecho sólo no va a engordar»?"

¿Nunca se preguntaron por qué todavía hay TANTOS pediatras sentenciando lactancias? ¿Desempoderando familias? ¿Es simplemente desconocimiento o es simpatía desmesurada por ciertos laboratorios? No podemos saberlo a ciencia cierta. Pero, como siempre, si tenés dudas sobre lo que te dijeron acercate a cualquier Hospital o Centro de Salud o a un Centro de Apoyo a la Lactancia Materna como Fundalam La Liga de la Leche. También podés llamar gratis al 0800-222-1002 (opción 7).

Y si algún pediatra sentencia tu lactancia, recomendale este post ;)

lunes, 1 de diciembre de 2014

Entrevista a Carla Di Pietro: "Los pediatras estamos en un lugar privilegiado para poder acompañar a las mamás en su camino de crianza"

Carla y Santiago

Carla Di Pietro tiene 34 años, es pediatra clínica y mamá. Cursó sus estudios médicos en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y su residencia en el Hospital de Pediatría SAMIC “Prof. Dr. Juan Pedro Garrahan” (hospital al que Carla guarda profundo cariño).

Actualmente trabaja en el ámbito público en el Hospital Zubizarreta donde realiza guardias y en el ámbito privado haciendo consultorio programado para el seguimiento de pacientes. Elige tener una actividad laboral reducida porque su prioridad ahora es su hijo Santiago, que tiene solamente 1 año y 10 meses.


Carla, muchas gracias por tu tiempo y por tener ganas de compartir tu experiencia profesional y maternal con nosotros. ¿Sentís que la maternidad te cambió la perspectiva como médica pediatra? ¿En qué aspectos?
Sin dudas que ser madre me cambió, no solo la visión de mi profesión sino la visión en muchos aspectos de mi vida. Gracias a la maternidad tengo más empatía con las mamás, puedo entender realmente sus preocupaciones o sus temores porque nuestros hijos son para cada una de nosotras algo muy importante (o lo más importante) en nuestras vidas. Escucho, logro ponerme en el lugar de esa mamá que esta frente a mi contándome su duda o problema o, por qué no, sus logros (o el de sus hijos).

Por darte un ejemplo antes si una mamá venía a la madrugada por presentar un cuadro febril que apareció 10 minutos atrás no lo podía entender, no llegaba a comprender por qué tanta urgencia. Desde que soy mamá puedo comprenderla. Lo mismo me sucede con ciertas cuestiones en el consultorio con temas del desarrollo o con cuestiones referidas a la lactancia, por darte ejemplos. Las entiendo. Tengo más paciencia y tolerancia. Tampoco creas que antes era un monstruo, pero había un cierto límite en esa empatía o en ese escuchar.

¿Cambiaste de opinión o enriqueciste tu mirada sobre algún tema?
Principalmente con las cuestiones de crianza. Amo profundamente esto que hoy llamamos crianza con apego, que es en definitiva la crianza que nos nace a la mayoría de las mamás al tener a nuestros hijos en brazos desde el primer momento. 

Durante muchos años atrás esta crianza instintiva fue violentada y modificada por conceptos equivocados brindados a las familias por opinólogos, por psicólogos, por docentes y por colegas médicos, etc. Muchos de esos conceptos equivocados están en los libros, están presentes desde el inicio en tu formación profesional; entonces cuando te encontrás con una mamá que practica colecho, por ejemplo, creés que la equivocada es la madre y no te das cuenta de que lo equivocado está en ese concepto milenario aprendido, vaya a saber creado por quién. 

Esa diferencia, entre el concepto erróneo repetido como lorito y la realidad lo lográs ver cuando sos madre, cuando el cuerpo y, sobre todo, el alma te piden ese contacto único con tu bebé. Entonces comprendés, ayudás y fomentás esas rutinas en otras díadas madres-hijos porque sabés en carne propia que son sumamente importantes para el vínculo, para el desarrollo global y pleno de los niños. No hay nada mejor que una mamá brindándose 100% sin restricciones, sin pensar en el que dirán ni en la mirada del otro, haciéndose cargo de esos sentimientos tan particulares que surgen con la maternidad (que, por otra parte, solo otra mamá es capaz de transmitir y entender).

Lo bueno es que si queremos darle un marco científico a esto, ya sabemos, gracias a los muchos trabajos científicos actuales, que estas prácticas (por llamarlas de algún modo) de la crianza con apego están avaladas y que brindan muchísimos beneficios al niño y a la familia, y que no son solo cuestiones basadas en meras opiniones, como sí sucede con los conceptos añosos que antes comentaba (esto deja más tranquilos a algunos escépticos en este tipo de crianza).

Los padres solemos hacer muchas preguntas al pediatra. Y muchas veces no tienen que ver con lo médico sino con cuestiones de crianza. ¿Te metés en esos temas? ¿Qué temas preferís evitar?
Sí, claramente amo poder ayudar en cuestiones de crianza. En madres primerizas, sobre todo, suelo adelantarme en comentarles ciertas cuestiones. Muchas veces desconocen o están temerosas de que el médico se enoje o las rete si preguntan algo fuera de esos conceptos viejos de crianza que tienen muchos marcados a fuego y que se transmiten casi como regla luego de cada parto. Por eso es tan importante charlar estos temas en las consultas, porque derriban conceptos viejos e inútiles y mitos populares.

Cuando le decís a los padres que pueden auparlo todo el tiempo que quieran, que la leche materna siempre alimenta, que lo mejor para el bebé (y para la mamá) es la lactancia exclusiva y prolongada, que el colecho seguro aporta muchos beneficios, que no deben dejarlo llorar para que aprenda, etc., estos mismos padres suelen sonreír de oreja a oreja porque se sienten comprendidos y “habilitados” a poder hacer eso tan natural que quieren hacer. Por suerte cada vez somos más los que vamos por esta hermosa línea del apego y del respeto por el niño y las familias.

Te definís a favor de la crianza con apego o crianza respetuosa. ¿Quiénes serían tus referentes?
Uno de los autores que me hizo conocer en mayor profundidad este tipo de crianza es el Dr, Carlos González. Lo conocí a días de haber tenido a Santiago cuando estaba muy hormonal en mi puerperio y queriendo encontrar estrategias para poder dormir aunque sea 3 horas seguidas. Fue así que me fui metiendo en sus palabras, leí en él lo que yo estaba sintiendo y entendí que mucho de lo que yo sentía y quería hacer era correcto sentirlo y hacerlo, y no reprimirlo.

Ese fue el puntapié para querer trasmitir esta crianza, para querer hacer bandera de la misma en mi profesión y en mi vida diaria. Escucho a las madres y aprendo tanto, hay tantos conceptos que ir cambiando y, por sobre todo, hacer entender que aunque la familia, amigos, vecinos o el quiosquero opinen en contra (aunque sean bienintencionados) lo importante es escucharse y seguir haciendo lo que el instinto nos marca

Los pediatras, como otros profesionales de la salud, estamos en un lugar privilegiado para poder acompañar a las mamás con sus bebés en su camino de crianza.


Cuesta el cambio, pero lo vamos logrando, no sé en cuanto tiempo pero vamos a marcar un cambio favorable en las próximas generaciones. A veces se siente que se pelea contra molinos de viento, pero lo bueno es que también se escuchan “ladridos” lo que significa que es señal de que cabalgamos, ¿no?


Para contactar a Carla Di Pietro: carla_dipietro@hotmail.com

viernes, 10 de octubre de 2014

Entrevista a Adí Nativ, un ejemplo de respeto en el consultorio pediátrico



Adí Nativ, además de ser mamá y una persona entrañable, es médica pediatra. Estudió la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires e hizo su especialización en pediatría como residente del Hospital Garrahan. Actualmente trabaja en el ámbito privado, realizando guardias, visitas domiciliarias y consultorio. Desde hace algunos años, además, disfruta de dar charlas para embarazadas. Es en ese espacio donde siente que puede dar todo de sí misma, fusionando sus conocimientos médicos con el mundo de la crianza respetuosa, tema que no le enseñaron en ninguna facultad. "Siento que esas mamás necesitan mucha información pero desde el lado amoroso, y no la típica bajada de línea que se genera en el consultorio frío de un obstetra, un pediatra o un neonatólogo... el clima que se da en las charlas es hermoso, es una especie de "tribu express" que dura 2 horitas, pero que llena y enriquece" -dice Adí con una sonrisa. Y sí. Ella siempre tiene una sonrisa en los labios.

Adí, muchas gracias por tu tiempo y por tener ganas de compartir tu experiencia profesional y maternal con nosotros. ¿Sentís que la maternidad te cambió la perspectiva como médica pediatra?

Totalmente. Mi profesión dio un giro de 180° desde que nació mi hija, hace 2 años. Me solidarizo con absolutamente todos los casos y todas las situaciones que me cuentan los pacientes. Trato de entender ciertas cosas que antes juzgaba. Cuesta mucho porque me pesan demasiado los años de formación donde nos machacaban cosas como que no permitamos el colecho, que la lactancia no debía ser ni a demanda ni prolongada y demás temas que me causan escalofríos de solo recordarlos... La verdad es que he llegado a pensar que para que un pediatra tenga su título completo debe hacer un postgrado obligatorio y el más lindo de todos, que es el de ser padre.

¿Cambiaste de opinión o enriqueciste tu mirada sobre algún tema?
Cambió mucho mi forma de atender a los pacientes. Completamente diría. Hasta he tenido encontronazos con colegas por ciertos temas que son más fuertes que yo. Me pasa mucho con las internaciones. Antes cuando había que internar a un paciente a mí solo me importaba su cuadro clínico, su diagnóstico y su tratamiento, sin preguntar nada más. Desde que soy mamá, antes de decidir internarlo (claramente en los casos leves, donde puede surgir la "charla" y no en las urgencias extremas) me siento en la obligación de preguntar dónde viven, si tienen más hijos, de qué edades, cómo piensan manejar la situación con ese otro hijo mientras tengan a éste internado... cosas que me hacen "perder tiempo", claramente tiempo valioso de la guardia que otros colegas me recriminan, pero es tiempo valioso para esos padres que están en un momento de crisis vital, donde toda su estructura familiar se desorganiza, se derrumba y aparecen la angustia, los miedos, los enojos, y que a veces uno, en el afán de cumplir a rajatabla con lo que dice la bibliografía, no toma en cuenta. 

Otro ejemplo es cuando llegan a la guardia madres que me cuentan que los hijos se les cayeron de la cama o del cochecito. Antes las interrogaba como quien interroga a un delincuente, casi sin escucharlas y solo pensando cómo diablos dejó que algo así le pasara a ese niño y ahora, después de que tuve a mi hija (cabe destacar que a los 16 meses se me cayó del cambiador) entiendo que los accidentes ocurren por más que uno tenga mil ojos y es más... ¡cuantos más ojos uno tenga peor es! 

O las madres que traen al hijo a la guardia a las 3 de la mañana y te dicen que hace 3 días que esta con tos (todavía tengo compañeros que las maltratan diciendo que cómo los traen a esa hora si estuvieron así 3 días). Yo, lejos de pensar así, lo que siento es que ese padre para sacar a ese hijo a las 3 de la mañana y llevarlo a una guardia realmente está preocupado. No creo que nadie tenga las ganas locas de despertarse a la medianoche porque sí y de caer a la madrugada con su bebé para "charlar". Realmente ese padre necesita ayuda y como a esa hora no puede contactarse con su pediatra de cabecera viene a la guardia. No tiene nada de malo. Para eso estamos, ¿no? Por lo menos yo, que hago guardias de noche. 


Los padres solemos hacer muchas preguntas al pediatra. Y muchas veces no tienen que ver con lo médico sino con cuestiones de crianza. ¿Te metés en esos temas? ¿Qué temas preferís evitar?
Me tienta mucho meterme en ese terreno. Pero por la experiencia que tengo en consultorio lo trato de hacer con mucho cuidado. Tengo pacientes que veo desde la panza de sus mamás y son familias que conozco bien, con las que me tomo el atrevimiento de dar consejos, más que nada desde mi lugar como mamá. Sin creerme que tengo la última palabra ni mucho menos, simplemente dando mi punto de vista y entendiendo que puede haber muchas respuestas para un mismo tipo de problemática. Pero hay otras familias que conozco hace menos tiempo y más aun, familias que no siguen mi línea de pensamiento y que creería que mis consejos lejos de ayudarlos, los espantarían del consultorio, así que en esos casos me reservo la opinión y me remito a la pediatría tradicional. Me gusta mucho hablar con los pacientes de temas de crianza. Y últimamente padres (me refiero a padres y madres, claramente) se involucran muchísimo con la crianza, leen mucho, participan de charlas, investigan un montón y esto genera un intercambio hermoso en el consultorio donde se habla de igual a igual, y donde trato de generar esa confianza que los padres necesitan. Entonces son papás que no van a tener miedo de "confesarme" que metieron a su bebé recién nacido a la cama con ellos, o que le dieron de comer una ramita de brócoli solitos con la mano a los 6 meses, o miedo de llamarme al celu a las 2 de la mañana porque el nene vomitó. Trato de generar ese clima, porque el perfil de pediatrona caracúlica y soberbia creo que no me queda bien. Esta otra faceta creo que es mas "sana" para todos.

¿Te definirías a favor de algún tipo de escuela o de línea de pensamiento?
Me defino 100% a favor de la crianza respetuosa, la crianza con apego. Me pasó algo muy loco con esto, les cuento. Cuando quedé embarazada, en mi licencia, como muchas madres, empecé a meterme en el mundo de Internet. Encontré paginas de todo tipo y casi sin querer conocí al Dr. Carlos González y a la Lic. Rosa Jové (no sé si los conocen pero les recomiendo 100% hacerlo). Casi en el ínterin que los conocía, nace mi hija. Ahí en medio de mi puerperio inmediato ya no leía casi nada porque nos dedicamos por completo a ella. Pero a medida que pasaba el tiempo, y nos íbamos conociendo nosotros con Tatiana (mi "beba" de ahora 2 añitos) y "nosotros" como mamá y papá, me iba dando cuenta de que casi sin saberlo todas mis formas de actuar, mi manera de pensar, mis ganas de hacer cosas, mis impulsos mamíferos encajaban a la perfección con algo que un pediatra y puericultor español "loquito" como él solo llamaba "crianza con apego". Fue hermoso saber que el camino que elegimos transitar con nuestra hija era algo ya conocido por muchos pero no tan popularizado y a veces algo criticado (por no decir MUY criticado). Y hasta tenía nombre propio. Así que inevitablemente volví a interiorizarme en esa páginas por las que alguna vez había navegado (una vez que mi puerperio se iba "acomodando") y a comprarme libros y a estudiar mucho sobre estos temas para poder aplicarlos en mi propia casa, y hasta con mis propios pacientes. Creo y confío plenamente que una crianza respetuosa y con amor como la que propone la crianza con apego no puede "malcriar" a nadie. ¿Saben por qué? Porque, sin ir más lejos, es de esa forma como seguramente a muchos de nosotros nos han criado. Porque antes la cosa era más simple, era más natural. No había tanto replanteo de situaciones ni críticas de nadie. Era una crianza natural. Y eso es lo que me gustaría poder reinsertar. Que podamos vivir nuestra ma/paternidad desde el goce, y no desde la crítica y el replanteo. La crianza no se piensa. La crianza se vive. Y se construye entre todos los miembros de la familia. Ya les digo.... criar con amor y respeto NUNCA puede ser "malcriar".

sábado, 16 de agosto de 2014

Añorada y temida alimentación complementaria



Así como la teta no es sólo alimento, la comida tampoco es sólo alimento. La comida es un hecho cultural y familiar y está influida por factores que ni siquiera pensamos.


La alimentación complementaria es muchas veces tan ansiada como temida. ¿A qué edad empezar, cuánto tiene que comer, qué tiene que comer? ¿Y las alergias? A veces el momento del primer bocado nos da ilusión pero pronto se puede convertir en otra batalla diaria.

Por eso, antes que nada, les recomiendo leer Mi niño no me come de Carlos González. Un libro que les va a dar tranquilidad y seguridad respecto de esta nueva etapa. Tomo de este libro algunos consejos, sumados a algunos datos de Mmm... ¡qué rico!, de la nutricionista pediátrica Jane Clarke.

Antes de empezar: es fundamental que, más allá de la edad, el bebé cumpla con 4 requisitos:
1. Demuestre interés en la comida.
2. Se siente con apoyo y mantenga la cabeza erguida.
3. Coordine ojos, manos y boca como para llevarse el alimento a la boca solo.
4. Pueda tragar sólidos (es decir, haya perdido el reflejo de extrusión que es algo totalmente natural). Si tu bebé escupe todo lo que le pongas en la boca, hay que esperar.

Es bueno pensarlo de este modo: los primeros alimentos son sólo un juego, el alimento principal va a seguir siendo la leche (en inglés hay un dicho: Food before one is just for fun, la comida antes del año es sólo para divertirse). Hay bebés que quieren comer antes de los 6 meses (mi hijo empezó a pedir a los 5) y otros que no quieren saber nada hasta mucho después. Y lo mismo las cantidades: puede ir de 2 cucharaditas a un platito. Todo esto es normal, todos los seres humanos somos distintos. Por eso es fundamental que nunca obliguemos a comer a nuestros hijos y que la comida sea un momento compartido y relajado. Dejemos que nuestros bebés jueguen, exploren, conozcan las texturas de los alimentos, saboreen y relacionen la hora de comer con un lindo momento en familia.

La mayoría de los pediatras suelen ser bastante estrictos con lo permitido y lo no permitido (y varía muchísimo de un país a otro), pero en general los prohibidos al comienzo son el gluten, las grasas, la leche común, el pescado, los mariscos, la sal, la miel y el azúcar. Por supuesto, antes de empezar les recomiendo hablar siempre con sus pediatras y revisar las alergias de sus familias.

De todos modos, respecto de las alergias, el nutricionista Julio Basulto dice: “Si aplicamos la lógica, parece sensato retrasar la aparición de los alimentos potencialmente alergénicos en la dieta del bebé. Sin embargo, la lógica no siempre coincide con las pruebas científicas. En este caso, tal y como indican hoy las principales asociaciones de pediatría, y como confirmó en mayo de 2010 una revisión publicada en Current Opinion in Clinical Nutrition & Metabolic Care, es innecesario demorar la incorporación de alimentos potencialmente alergénicos en bebés. De hecho, incluso podría ser contraproducente. Lo verdaderamente relevante es la progresión, es decir, hacerlo poco a poco (siempre a partir de los 6 meses de edad) para comprobar la tolerancia del bebé. Si al día siguiente de incorporar una novedad en su dieta, el niño sigue bien, adelante con otra.”

Empecemos con un consejo: al principio la cantidad de comida que van a necesitar es muy pequeña, por lo que es buena idea cocinar en grandes volúmenes y freezar en porciones (yo utilizaba cubeteras y cuando ya estaban congelados los cubitos los colocaba en bolsitas para freezer, rotulando el alimento y la fecha).

Respecto del modo de cocción: si bien se puede cocinar perfectamente en agua potable por medio del hervor, es mejor todavía cocinar al vapor (se pierden menos nutrientes), esto se consigue con una vaporera/vaporiera eléctrica o común, pero les doy otro buen consejo: pueden hacer todo tipo de verduras en el microondas, es muy rápido (el libro de Jane Clarke recomienda este método). No hace falta poner bolsas ni pinchar las verduras. En 4 minutos, por ejemplo, se cocina una batata grande entera. 

Los pediatras también recomiendan sumar calorías a las papillas, ya que las verduras solas tienen muy pocas. Acá deberían consultar con el suyo, yo solía usar aceite de oliva. Recordemos que no es necesario procesar los alimentos, simplemente se pueden pisar con un tenedor (muchos recomiendan dar siempre alimentos con textura, para que a partir del año podamos empezar a dar "comida normal" y la transición sea más sencilla). Y cuando los bebés ya coordinan mejor sus manos también podemos darle trocitos.

Las opciones son muchas, lo bueno es animarse, consultarlo y probar. No hace falta que nuestros bebés coman sólo manzana rallada y calabaza. Sólo importa que introduzcamos los alimentos de a uno. Mis opciones para los primeros meses eran: maíz, batata, zanahoria, arroz blanco bien cocido, quínoa, avena, polenta, lentejas, arvejas (las congeladas son las mejores), banana, manzana, pera, ciruela, cítricos y tomate sin piel ni semillas, palta, pollo y carnes rojas. Siempre cualquier producto fresco será preferible que uno procesado. Los alimentos envasados y procesados "para bebés" yo los dejaría sólo para una emergencia (o ni eso). Si podemos evitarlos, mejor.

Y si no come, ¡ya comerá! Escuché muchísimas mamás angustiadas que decían "mi bebé no quiere comida, sólo quiere teta". Y un pésimo consejo que pueden recibir estas mamás es "negale la teta, si no come comida, no hay teta". Esto es un disparate, el mejor alimento para todos los bebés es la leche materna. Y sí, eventualmente, esos bebés también comerán. Pongo este ejemplo porque suele ser lo más habitual, los bebés que toman leche de fórmula también seguirán alimentándose principalmente con la leche, la alimentación es complementaria porque complementa justamente la leche.

¡Buena suerte! Cuéntenme sus experiencias. ¿Cómo viven o vivieron esta etapa?

sábado, 21 de junio de 2014

La leche materna es el mejor alimento para los bebés. SIEMPRE.

Soy una gran defensora de la lactancia materna. Y si bien no es un tema nuevo y está (por suerte) cada vez más difundido sigo viendo casos de falta de información y -lo que es cien veces peor- mal asesoramiento por parte de algunos pediatras.

Partamos de la base de que la mayoría de los pediatras sabe poco sobre lactancia. La pediatra que atendía a mi hijo durante sus primeros meses no podía creer que "solamente" le diera la teta. Me argumentaba que era el primer caso que veía que "no necesitaba el refuerzo de una mamadera". ¡Hasta llamó a una colega para mostrarle "los cachetes que yo había creado" sin necesidad de leche artificial! Increíble en pleno siglo XXI. Por suerte yo para esa época ya me había leído toda la página de la Liga de la leche y me limitaba a sonreírle sin mucha gana. 

Por eso nunca está de más recordar lo que indica La Liga de la leche: "La lactancia materna es la primera oportunidad que tiene una mujer para asegurar la salud, bienestar y felicidad que toda madre desea para sus hijos. Un bebé que es puesto al pecho de su madre a los pocos minutos de nacer, además del valioso calostro, que es una múltiple "vacuna" natural, recibe una cálida corriente de amor, una espontánea sensación de paz y seguridad similar a la que ha estado acostumbrado durante tantos meses dentro del vientre. Es una manera dulce, bella y saludable de darle la bienvenida a este mundo. Durante los primeros meses, el bebé necesita varias de las condiciones que le ayudaron a crecer dentro del útero. Una de ellas es estar muy cerca de su madre, sentir la seguridad de su presencia, el calor de su piel, escuchar los latidos de su corazón, y el timbre de su voz. Al estar en los brazos de su madre, alimentándose con su leche, recibe esto y mucho más. La leche materna es indiscutiblemente el alimento ideal para su bebé, y el único que él o ella necesita durante los primeros seis meses de vida. Además de proporcionarle todos los nutrientes necesarios para crecer, es como una barrera que le brinda protección extra contra todo tipo de infecciones y enfermedades."


De hecho la OMS y el UNICEF recomiendan que la lactancia se inicie en la primera hora de vida; que el lactante solo reciba leche materna, sin ningún otro alimento ni bebida, ni siquiera agua; que la lactancia se haga a demanda, es decir, con la frecuencia que quiera el niño, tanto de día como de noche; y que no se utilicen biberones, tetinas ni chupetes.

Sabiendo todo esto, hoy (año 2014) hay pediatras que siguen recomendando "complementos" sin medir las consecuencias. La mayoría de los casos es por supuesto "bajo peso" (aun cuando el bebé en cuestión jamás llore de hambre). Carlos González (un pediatra especializado en lactancia) en el libro Mi niño no me come nos dice: "El problema no se inicia por las mamadas «demasiado cortas», sino por el peso «demasiado bajo». (...) En el mundo hay gente de todas las tallas, y cualquier mañana, mientras vamos a comprar el pan, nos cruzaremos con personas que pesan 50 kg y con otras que pesan 100. ¿De verdad cree que esas personas pesaban lo mismo cuando tenían tres meses? (...) dos problemas fundamentales: por un lado la interpretación en general de las gráficas de peso; por otro, el ritmo de crecimiento de los niños de pecho. Esto es una gráfica de peso. Totalmente inventada; ¡no busque en ella a sus hijos! (...) Existen muchos gráficos de peso distintos [que] Por cierto, no coinciden. (...) Hoy en día, cuando cada vez más niños toman el pecho durante meses, se observa que no siguen aquellas gráficas. ¿Por qué no coincide el crecimiento de los niños que toman el pecho con el de los que toman el biberón? No se sabe muy bien, pero en todo caso no es por falta de alimento. No todos los niños crecen al mismo ritmo." 

Bastante sensato. Conozco decenas de casos para ilustrarlo. Bebés de 12 meses con 14 kilos (muy por encima de la media), con 10 (un peso habitual), con 8 (sobre todo nenas)... En fin, todos sanos, normales y diferentes. ¡Los seres humanos no somos todos iguales, señores médicos! Mi marido mide 1,87 pero el marido de mi vecina mide 1,65. ¿Le digo que empiece a comer más? 

Está bueno acordarnos de estas cosas, tener siempre la información a mano y, sobre todo, confiar en que la leche materna siempre será el mejor alimento. Aun después de introducir la alimentación complementaria (alrededor de los 6 meses, aunque puede ser mucho después, de nuevo: los seres humanos somos todos distintos) la lactancia puede continuar sin inconvenientes. La OMS indica "el mantenimiento de la lactancia materna hasta los 2 años o más." Mi hijo, por ejemplo, se destetó solo poco antes de los 24 meses.

Como señala Laura en su comentario (más abajo), también hay muchísimos casos de mamás con lactancias frustradas por problemas como mala postura (lo cual genera dolor) o la falsa creencia de que su leche es poca o mala. Tanto FUNDALAM como la Liga de la leche tienen asesoramiento presencial, telefónico y online gratuito para ayudar a todas aquellas mujeres que quieran amamantar.

Es bueno tener un pediatra en quien confiar, pero la salud es mucho más que el talle y el peso. Los niños felices necesitan también la estabilidad emocional de la mamá. Por eso, el camino nunca debería ser desalentar a la madre y hacerla sentir culpable. Las mujeres tenemos el poder inigualable de alimentar a nuestros hijos con nuestro propio cuerpo. Es gratis, es natural, es hermoso y es lo mejor. Que nadie nos diga lo contrario.