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jueves, 17 de septiembre de 2015

Por qué deberíamos dejar de hablar de "crianza con apego"

Foto: Kambrosis

Nunca me gustó el concepto de "crianza con apego". Primero, y principal, porque es confuso e inexacto. Segundo porque la mayoría de las veces parece asociarse a la trilogía teta-porteo-colecho lo cual excluye a muchísimas familias y genera controversias, burlas y discusiones eternas que suman muy poco (creo yo).

Para redactar este post me apoyo en las enseñanzas del psicólogo clínico infantil Alvaro Pallamares, director del Centro de Intervención Temprana (con sedes en Chile, Argentina y México). He tomado una formación presencial con él acerca de Teoría del Apego e Intervención Temprana y sigo sus escritos hace mucho tiempo. Si quieren saber más pueden leer su Blog Psicología infantil o su página en Facebook

Como bien dice Alvaro, "el apego es una estrategia evolutiva de supervivencia". Se han hecho experimentos incluso en primates para poder realizar esta afirmación. Salvo extremos casos, no existe ser humano criado "sin apego". Todos necesitamos del apego para sobrevivir, es más importante aun que el alimento. Por esta razón hablar de "crianza con apego" no dice demasiado.

La teoría del vínculo del apego tiene sus orígenes en Bowlby y Ainsworth (sólo mencionaré los autores, no deseo hacer un post extremadamente teórico) y resumiendo bastante podríamos decir que el apego puede ser seguro o inseguro y que es la base que organiza los vínculos y la salud mental de las personas para toda su vida.

El apego seguro tiene que ver con el sentido de pertenencia y con sentirse amado. Todo ser humano merece venir al mundo y saberse amado, ¿no creen?

Hoy con la ayuda de las neurociencias la teoría del apego tiene fuerte asidero y se ha convertido en el único estudio longitudinal y transcultural de este tipo. Por lo cual, sus bases científicas son fuertes y fehacientes.

¿Qué significa, entonces, el apego seguro?

Pallamares afirma que "el apego seguro, no alude netamente al niño que no llora con la separación, sino que corresponde más precisamente al que mejor y más rápido se calma en el reencuentro con su cuidador." Es el lenguaje emocional del niño y es esta seguridad la que le permite tener estrategias antes las diferentes situaciones. Es un complejo entramado que, además, lo ayuda a regularse ante los estímulos y, especialmente, frente al estrés.

El apego seguro da confianza y seguridad. Permite al bebé y al niño pequeño explorar el mundo con tranquilidad. La sola presencia de sus figuras de apego lo regula.

¿Y cómo logramos el apego seguro?

Hay dos determinantes para el apego seguro (y nada tienen que ver con dónde duerme el bebé ni con su forma de alimentación). "La investigación ha mostrado que son dos las variables más determinantes que propician un vínculo de apego seguro, la sensibilidad parental, es decir, la capacidad de detectar y responder a las señales del bebé oportuna y efectivamente, y la capacidad de los cuidadores de pensar al bebé en términos de estados mentales, es decir por ejemplo intenciones, deseos, pensamientos y emociones, de la observación del los gestos, señas y reacciones del bebé."

Es decir, basta con responder a las necesidades de nuestros hijos oportunamente y estar atentos a sus señales. Esto es la base de una crianza respetuosa. Si para lograr esto nos queda más cómodo portear, colechar o lo que fuere, ¡bienvenido sea! Pero no creamos tener la verdad sólo por tildar casilleros o cumplir con ciertas pautas.

Lo que realmente importa es estar ahí para ellos, entenderlos en sus propios términos, responder a sus necesidades, saber escuchar, no subestimarlos, amarlos incondicionalmente, y comprender que son sujetos y como sujetos merecen respeto. Hacerles saber en todo momento que sin importar las circunstancias ellos y ellas tendrán nuestro apoyo y amor. Si seguimos estos preceptos podremos equivocarnos en pequeñas cosas, pero les daremos una base emocional fundamental para el resto de su vida.

"Velemos por lograr interacciones
que generen seguridad, confianza, intimidad, aceptación y alegría.
No miedo."
Alvaro Pallamares

miércoles, 11 de marzo de 2015

"El porteo es una forma de vida que nos conecta con nuestro yo más primitivo"

 


Noelia Fernández es española, mamá, Fisioterapeuta Uroginecológica (de suelo pélvico), Asesora de Porteo y Lactancia y Educadora de Masaje Infantil. Está al frente de Micomeu, que es mucho más que una tienda de portabebés. En lo personal ha sido mi Maestra de Porteo, hecho por el cual le estaré eternamente agradecida.

Muchas gracias por tu tiempo, Noelia. Es un honor tenerte de invitada en Criando Pensamientos. ¿Cuándo y cómo comenzó tu viaje hacia el mundo del porteo?
Mi viaje hacia el mundo del porteo comenzó en el embarazo de Luca. Sentía que quería llevarle cerquita mío y así fue, ¡lo que nunca llegué a imaginar que llegaría hasta este punto!

¿Cambió tu visión como profesional después de ser mamá?
Cambió y mucho. Yo ya trabajaba con madres y embarazadas, daba clases de pre y post parto como fisioterapeuta y también daba cursos de masaje infantil. Pero cuando me estrené como madre algo en mí cambió. No sólo a nivel personal. Cambió mi enfoque profesional, la manera de empatizar con las madres con las que trabajo y sus bebés, cómo dirigirme a ellas y a sus parejas sin una verdad absoluta. Escuchar más y hablar menos, sugerir diferentes opciones según las personas que tengo delante, siendo más humana sin seguir protocolos estrictos. Tenía formación en lactancia materna pero al vivir una lactancia con inicios no muy exitosos me di cuenta que no era suficiente, entonces decidí formarme como asesora de lactancia por la FEDALMA, con profesores como Carlos González y Rosa Jové. Como soy un culo inquieto luego seguí mi formación como asesora de porteo, mi pasión. Resumiendo, antes de ser madre daba clases de pre y post parto, ahora acompaño a madres y familias en sus maternidades y disfruto de ello cada día más. Ahí está la diferencia. 

Yo particularmente creo que el porteo es revolucionario, que es mucho más que cargar a nuestros hijos, es generar un contacto con ellos que va más allá. Algo que tal vez está un poco perdido en nuestra sociedad occidental. ¿Cómo ves esta unión entre el porteo y la crianza?
Uff... como muy bien dices, el porteo es mucho más que cargar a nuestros hijos, el porteo es una forma de vida que nos conecta con nuestro yo más primitivo, es un arte ancestral común en todas las culturas (hasta nuestros días así lo fue). Es porteo es LA forma de crianza que respeta las necesidades de la cría durante su primera infancia hasta que poco a poco, y con la ayuda de la madre y del grupo (familia, padre, abuelos, tías, etc), se vale por sí misma. El cuerpo de la madre lo es todo los primeros meses de vida. Es su hábitat, le proporciona alimento, calor y seguridad, ¿dónde mejor va a estar esa cría?


¿Por qué crees que se está revalorizando algo tan ancestral y universal como el porteo?
No sólo se esté revalorizando el porteo sino una cultura que valora más la crianza respetuosa, lo ecológico, lo casero, el comercio de proximidad. También me ha dado esta sensación las veces que he viajado a Argentina. 

En Argentina hay mucho camino por recorrer en cuanto a la difusión del porteo y sus beneficios. Recientemente estuviste en Buenos Aires y otras provincias, ¿cómo viste el panorama, comparado con España y otros países de Europa?
No me gusta comparar, la situación del porteo en Argentina es muy diferente que la de España y la de Alemania. Pero esto no es un podium para ver quién ganó la carrera. El porteo es parte de la cultura de un país, que muchas veces dista entre una región y otra. En todas partes se venden portabebés ergonómicos y otros que no lo son. Es trabajo nuestro, de las asesoras de porteo como tu y como yo el hacer difusión del buen porteo tanto para el bebé como para la persona que le carga. Una diferencia grande que sí que encontré entre Argentina y, digamos, Europa, es que la mayoría de portabebés buenos (quiero decir ergonómicos) que se venden son artesanales. Y no lo veo como algo negativo, eso es resultado de que la sociedad tiene interés por el porteo seguro y si las casas comerciales no lo proporcionan las artesanas lo crean. Esto es genial. Si las casas comerciales no venden o no se importan portabebés ergonómicos esto ya no es tema nuestro. 

¿Crees que todo apunta a que siga creciendo y difundiéndose?
Creo que tu y otras compañeras tuyas estáis haciendo una gran labor por el porteo y su difusión en Argentina. Venimos de una etapa que nos han dicho que los brazos no son buenos para los bebés, pero las madres tenemos la necesidad de tener a nuestros bebés en brazos, qué mejor que sentirnos apoyadas entre iguales.

Uno de los prejuicios más grandes probablemente sea que el porteo hace doler la espalda y que a determinada edad ya no puede utilizarse como recurso, ¿qué dirías sobre este tema como fisioterapeuta y asesora?
Pues como fisioterapeuta te diría que no tiene sentido, es una leyenda urbana más, como quien dice que si tu hijo duerme contigo nunca te lo vas a sacar de la cama. Salvo excepciones concretas (yo misma me fisuré la clavícula hace dos meses) se puede portear siempre. Y si hay dolor se consulta con una buena asesora, para solucionar el problema y cuidarse la causa del dolor, claro.


¿Cuál es la pregunta más insólita que te han hecho respecto del porteo? ¿Recuerdas alguna anécdota o caso que te gustaría destacar? 
No es ningún caso en concreto sino una situación que se repite mucho con madres primerizas que se inician en el porteo. Me consultan porque a su bebé "no le gusta el pañuelo" y llora mientras lo ponen hasta que se queda dormido. A ver mamás... si no le gustase el pañuelo ¡no se quedaría dormido en él! ¡Se queda dormido de lo "a gustito" que está! Al principio es normal que se molesten, porque nosotras no estamos seguras de hacerlo bien y esa inseguridad la sienten y se manifiestan llorando, que de muy bebés es su forma de comunicación para todo. Con práctica y seguridad en una misma se soluciona.

Muchas gracias Noelia, ha sido un placer.
Gracias a ti por compartir lo que hago, que se dice que la blogósfera maternal está llena de rivalidades pero yo sólo encuentro a gente maravillosa como tu.

No dejen de visitar su sitio web Micomeu y su página de FacebookTambién pueden ponerse en contacto con Noelia al email micomeuportanadons@gmail.com
Para los residentes españoles, ella se encuentra cerca de la ciudad de Barcelona.

domingo, 8 de marzo de 2015

Entrevista a Nahir Lorenzetti, una "madre en apuros"


Nahir Lorenzetti es una joven mamá de gemelas. Vive en Rosario, Argentina. Creó Confesiones de una mamá en apuros (que ya tiene casi 12 mil seguidores) y con un estilo fresco y sarcástico "canta las 40" sobre la maternidad, pero de un nuevo modo: defendiendo la crianza respetuosa.

Hola Nahir, bienvenida a Criando Pensamientos. Como ya sabés, este es un espacio para reflexionar sobre crianza y el oficio de ser pa/madres. Me gustaría que me cuentes cómo llegaste a la idea de crear tu página.
¡Hola, gracias! La idea surgió casi sin pensar (risas). En mi Facebook personal escribía siempre, todos los días, estados largos o publicaciones que a mis contactos les causaban gracia (cosa que a mí me sorprendía, porque en realidad no era mi intención). Pero de a poco iban apareciendo más y más personas que se ''oponían'' a mi forma de pensar o de expresarme, que no estaban de acuerdo y, lógicamente, lo manifestaban en mi muro, diciéndome cosas como ''vos te crees que sos esto o aquello", "sos una amarga", "te molesta todo", "no dejas vivir a nadie'', etc. Entonces dije: "en vez de seguir escribiendo acá voy a hacer una página para gente a la que le gusta lo que escribo, entonces al que le gusta me sigue y al que no, no va a tener que renegar más leyendo cosas que no son de su agrado en su inicio". De a poco fui cambiando el formato del sitio, al principio era sólo contando experiencias o anécdotas mías, y después también empecé a usarlo como un lugar de reflexión o ayuda para otras mamás.

¿En qué momento te inclinaste por la crianza respetuosa o "con apego" (como suele decirse)? ¿Cómo fue ese camino?
En un grupo de padres de múltiples (mellizos, trillizos o más) las consultas más frecuentes son sobre temas como lactancia ("¿mi leche alcanzará para dos?" "¿tengo que darles fórmula a mis bebés?" "¿por qué lloran tanto mis hijos?" "¿será que no se llenan?") y las respuestas eran el 80% a favor de las malditas mamaderas (risas). El resto, ese pequeño porcentaje de 20, eran mamás que, con mucha paciencia, siempre estaban (y están) ahí para contestar desde el conocimiento, desde su experiencia, pero también desde el estudio que tienen como puericultoras. Empecé a seguir a esas mamás, que también me ayudaron a mí, y siempre hablaban de libros. La solución a las preguntas más comunes para ellas era ''leer tal libro''. Yo pensaba "¿y si no tengo tiempo?", "¿y si no tengo ganas? Pero cuando te metés en ese mundo no salís más (risas). Empecé leyendo Un regalo para toda la vida, la guía de lactancia de Carlos González, y después Dormir sin lagrimas de Rosa Jové. Desde ese momento me empezó a interesar mucho más todo el tema de la crianza respetuosa y compré Bésame Mucho. Un libro hermoso. Así fue como me empezó a llamar la atención el concepto asociado a la crianza con apego.

¿Cómo creés que juega haber elegido este tipo de crianza teniendo dos bebés gemelas? ¿Te resulta más fácil, más liberador, en algún punto? ¿Te da seguridad? 
Seguridad sí, por supuesto. Antes cuando todo era gritos, desesperación, angustia, enojo, cuando todo era más difícil por ser bebés de pocos meses, no encontraba manera de resolver las cosas, terminaba gritando, o dejándolas llorar, cosa que me complicaba aún más. Porque es realmente un círculo, ellas lloran, yo lloro, ellas lloran más, yo las dejo llorar. Un desastre. Desde que empecé a cambiar todas estas "respuestas" de mi parte, noté una gran diferencia en ellas. Y también entre sí. Pueden decir que es casualidad, o que están más grandes. Pero lo que a mí me hace sentir satisfecha es que las estoy tratando como se lo merecen, como bebés que son, y eso me hace sentir bien conmigo misma. Además las entiendo, puedo ponerme en su lugar, y eso ayuda muchísimo a la hora de buscar soluciones. Quiero tener un buen recuerdo de mis hijas. Cuando sean grandes, si tienen algún problema, si no son independientes, si tienen problemas de socialización, lo que sea, no me gustaría pensar "esto puede haber sido mi culpa por no transmitirle la seguridad que necesitaban". No. Sé que ellas van a formar su personalidad y van a ser como sean. Pero yo voy a sentirme completa por haberles brindado lo mejor de mi. Hoy con 14 meses son tan independientes que a veces hasta puedo leer libros mientras ellas juegan solas y nos entendemos muy bien. Si quieren jugar conmigo o necesitan algo, lo piden. Me tironean del brazo o le pegan al libro (risas). Ese es otro beneficio: estamos comunicadas.


¿Qué te gustaría decirle a las mamás que tienen varios hijos (ya sean mellizos, gemelos, o no) desde tu experiencia respecto de hitos que lograste como la lactancia exclusiva?

Mi secreto fue el siguiente: nunca había escuchado lo que era tener un bebé, nunca nadie me había contado sobre cólicos, nunca me habían dicho que las madres a veces no podían amamantar. Lo único que me repetían es que no iba a poder dormir (risas). Entonces, al momento de tenerlas conmigo, cuando en el hospital las llenaban de fórmula, me di cuenta de que querían engordarlas rápido. Porque no había lugar para nadie. Es más, cuando recién había salido de la cesárea me dejaron 20 minutos sola en un pasillo porque no encontraban dónde ponerme. Fue horrible. Lo peor es estar desinformada y no poder defender o hacer respetar tus propios derechos. Por eso es importante leer e investigar. En fin, cuando mis bebés pedían teta todo el día supuse que era normal. No tenía a nadie diciendo ''tu leche no las llena'', entonces nunca lo consideré. Ese es el problema de casi todas las madres. Estando rodeadas de gente que les dice cosas y que las hace desconfiar de sus capacidades, se convierten en sus propias enemigas. Hay que buscar apoyo y un buen asesoramiento. Ni hablar de pediatras que no saben de lactancia y aconsejan cualquier boludez. Eso también es algo que deberían mejorar. El sistema de salud. No puede ser que cuando un bebe aumenta 700 gramos en vez de 900 ya te digan que lo estás matando de hambre, y que le tenés que dar fórmula. Son casos que se escuchan y se leen diariamente, y son realmente penosos.

Utilizás mucho tu página Confesiones de una madre en apuros para hacer catarsis, pero también para conscientizar sobre temas más complejos como lactancia, contacto, respeto hacia nuestros hijos, ¿qué te motiva a escribir sobre esos temas?
Me motiva la idea de estar ayudando. Porque sé lo que es estar del otro lado. Sé lo que es buscar ''consuelo'' por no poder dormir bien y en vez de que te digan ''ya va a pasar'' contesten cosas como ''vos las malcriaste, por eso se despiertan 50 veces''. Eso deja en claro que todavía no estamos conscientes de la inocencia y el instinto de los niños, ni cómo funciona su desarrollo. Por eso, entre tantas personas que te dicen lo contrario a lo que necesitás escuchar, en mi página muchas pueden encontrar el consuelo que buscan, la empatía y la contención que no pueden brindarles otras personas.

Tu página ya tiene más de 11 mil seguidores, ¿a qué creés que se debe ese éxito?

Creo que se debe a que las madres necesitan leer algo como lo que escribo. No sobre lactancia o temas específicos como las formas de crianza. Porque páginas de maternidad hay muchísimas. Supongo que es por la manera en la que lo hago. Las palabras, las expresiones, la ironía, el humor, son la base de mis relatos o historias. Sobre todo en las quejas y en mi ''disconformidad'' con el mundo (risas).

¿Cómo ves tu futuro en los próximos años? ¿Te gustaría escribir profesionalmente?

Sí, me encantaría. Estoy buscando estabilidad económica como para poder arrancar. Me falta ese empujoncito.

Pueden seguir a Nahir a través de su página.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Entrevista a Carla Di Pietro: "Los pediatras estamos en un lugar privilegiado para poder acompañar a las mamás en su camino de crianza"

Carla y Santiago

Carla Di Pietro tiene 34 años, es pediatra clínica y mamá. Cursó sus estudios médicos en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y su residencia en el Hospital de Pediatría SAMIC “Prof. Dr. Juan Pedro Garrahan” (hospital al que Carla guarda profundo cariño).

Actualmente trabaja en el ámbito público en el Hospital Zubizarreta donde realiza guardias y en el ámbito privado haciendo consultorio programado para el seguimiento de pacientes. Elige tener una actividad laboral reducida porque su prioridad ahora es su hijo Santiago, que tiene solamente 1 año y 10 meses.


Carla, muchas gracias por tu tiempo y por tener ganas de compartir tu experiencia profesional y maternal con nosotros. ¿Sentís que la maternidad te cambió la perspectiva como médica pediatra? ¿En qué aspectos?
Sin dudas que ser madre me cambió, no solo la visión de mi profesión sino la visión en muchos aspectos de mi vida. Gracias a la maternidad tengo más empatía con las mamás, puedo entender realmente sus preocupaciones o sus temores porque nuestros hijos son para cada una de nosotras algo muy importante (o lo más importante) en nuestras vidas. Escucho, logro ponerme en el lugar de esa mamá que esta frente a mi contándome su duda o problema o, por qué no, sus logros (o el de sus hijos).

Por darte un ejemplo antes si una mamá venía a la madrugada por presentar un cuadro febril que apareció 10 minutos atrás no lo podía entender, no llegaba a comprender por qué tanta urgencia. Desde que soy mamá puedo comprenderla. Lo mismo me sucede con ciertas cuestiones en el consultorio con temas del desarrollo o con cuestiones referidas a la lactancia, por darte ejemplos. Las entiendo. Tengo más paciencia y tolerancia. Tampoco creas que antes era un monstruo, pero había un cierto límite en esa empatía o en ese escuchar.

¿Cambiaste de opinión o enriqueciste tu mirada sobre algún tema?
Principalmente con las cuestiones de crianza. Amo profundamente esto que hoy llamamos crianza con apego, que es en definitiva la crianza que nos nace a la mayoría de las mamás al tener a nuestros hijos en brazos desde el primer momento. 

Durante muchos años atrás esta crianza instintiva fue violentada y modificada por conceptos equivocados brindados a las familias por opinólogos, por psicólogos, por docentes y por colegas médicos, etc. Muchos de esos conceptos equivocados están en los libros, están presentes desde el inicio en tu formación profesional; entonces cuando te encontrás con una mamá que practica colecho, por ejemplo, creés que la equivocada es la madre y no te das cuenta de que lo equivocado está en ese concepto milenario aprendido, vaya a saber creado por quién. 

Esa diferencia, entre el concepto erróneo repetido como lorito y la realidad lo lográs ver cuando sos madre, cuando el cuerpo y, sobre todo, el alma te piden ese contacto único con tu bebé. Entonces comprendés, ayudás y fomentás esas rutinas en otras díadas madres-hijos porque sabés en carne propia que son sumamente importantes para el vínculo, para el desarrollo global y pleno de los niños. No hay nada mejor que una mamá brindándose 100% sin restricciones, sin pensar en el que dirán ni en la mirada del otro, haciéndose cargo de esos sentimientos tan particulares que surgen con la maternidad (que, por otra parte, solo otra mamá es capaz de transmitir y entender).

Lo bueno es que si queremos darle un marco científico a esto, ya sabemos, gracias a los muchos trabajos científicos actuales, que estas prácticas (por llamarlas de algún modo) de la crianza con apego están avaladas y que brindan muchísimos beneficios al niño y a la familia, y que no son solo cuestiones basadas en meras opiniones, como sí sucede con los conceptos añosos que antes comentaba (esto deja más tranquilos a algunos escépticos en este tipo de crianza).

Los padres solemos hacer muchas preguntas al pediatra. Y muchas veces no tienen que ver con lo médico sino con cuestiones de crianza. ¿Te metés en esos temas? ¿Qué temas preferís evitar?
Sí, claramente amo poder ayudar en cuestiones de crianza. En madres primerizas, sobre todo, suelo adelantarme en comentarles ciertas cuestiones. Muchas veces desconocen o están temerosas de que el médico se enoje o las rete si preguntan algo fuera de esos conceptos viejos de crianza que tienen muchos marcados a fuego y que se transmiten casi como regla luego de cada parto. Por eso es tan importante charlar estos temas en las consultas, porque derriban conceptos viejos e inútiles y mitos populares.

Cuando le decís a los padres que pueden auparlo todo el tiempo que quieran, que la leche materna siempre alimenta, que lo mejor para el bebé (y para la mamá) es la lactancia exclusiva y prolongada, que el colecho seguro aporta muchos beneficios, que no deben dejarlo llorar para que aprenda, etc., estos mismos padres suelen sonreír de oreja a oreja porque se sienten comprendidos y “habilitados” a poder hacer eso tan natural que quieren hacer. Por suerte cada vez somos más los que vamos por esta hermosa línea del apego y del respeto por el niño y las familias.

Te definís a favor de la crianza con apego o crianza respetuosa. ¿Quiénes serían tus referentes?
Uno de los autores que me hizo conocer en mayor profundidad este tipo de crianza es el Dr, Carlos González. Lo conocí a días de haber tenido a Santiago cuando estaba muy hormonal en mi puerperio y queriendo encontrar estrategias para poder dormir aunque sea 3 horas seguidas. Fue así que me fui metiendo en sus palabras, leí en él lo que yo estaba sintiendo y entendí que mucho de lo que yo sentía y quería hacer era correcto sentirlo y hacerlo, y no reprimirlo.

Ese fue el puntapié para querer trasmitir esta crianza, para querer hacer bandera de la misma en mi profesión y en mi vida diaria. Escucho a las madres y aprendo tanto, hay tantos conceptos que ir cambiando y, por sobre todo, hacer entender que aunque la familia, amigos, vecinos o el quiosquero opinen en contra (aunque sean bienintencionados) lo importante es escucharse y seguir haciendo lo que el instinto nos marca

Los pediatras, como otros profesionales de la salud, estamos en un lugar privilegiado para poder acompañar a las mamás con sus bebés en su camino de crianza.


Cuesta el cambio, pero lo vamos logrando, no sé en cuanto tiempo pero vamos a marcar un cambio favorable en las próximas generaciones. A veces se siente que se pelea contra molinos de viento, pero lo bueno es que también se escuchan “ladridos” lo que significa que es señal de que cabalgamos, ¿no?


Para contactar a Carla Di Pietro: carla_dipietro@hotmail.com

jueves, 20 de noviembre de 2014

Maternar en la era del plástico

Es una tarde como cualquiera: una tarde de un día como tantos. Camino por Avenida Cabildo en el barrio de Belgrano, en plena Ciudad de Buenos Aires, intentando esquivar el caos de tránsito y el océano de gente. Casi sin darme cuenta me encuentro frente a una marquesina plagada de fotos familiares. Es impactante, mide varios metros y cubre toda una esquina. Imágenes de hermanos jugando, bebés en brazos, padres sonrientes. Bajo la vista y me doy cuenta de que estoy frente a un hipermercado de artículos para bebés. En la marquesina veo un bebé rozagante durmiendo al lado de su mamá y me quedo pensando. Algo me hace ruido. ¿En este local no venden cunas funcionales y cochecitos? Sigo caminando, sintiendo todavía ese sabor agridulce y, de pronto, me vienen a la cabeza las palabras de Casilda Rodrigáñez. "Cuando la criatura nace, se la priva del cuerpo a cuerpo con la madre. (...) El cuerpo a cuerpo con la madre es un estado fisiológico y psíquico. (...) Pero este proceso, en lugar de fluir y expandirse, se corta de raíz al separar a la criatura de la madre nada más nacer; en ese momento tan importante del que depende el desarrollo del ser humano." No sólo Casilda lo dice. Son muchos los autores que han teorizado sobre la separación que sufren los bebés en Occidente. Jean Liedloff lo describió en su obra El concepto de continuum. “El bebé que está pegado al cuerpo de su madre (…) vive el ahora en estado de beatitud; en cambio, el bebé que no está en contacto con el cuerpo de su madre lo vive en un estado de un vivo deseo insatisfecho en medio de un inhóspito universo vacío.” Los bebés occidentales son los únicos en pasar tanto tiempo separados del cuerpo de su madre. Me vuelve el recuerdo de la vidriera del hipermercado y pienso en el ajuar del bebé. Prácticamente una colección de objetos que, con suerte, usaremos poco y nada. Tanta gente preocupada por qué cochecito vas a comprar y nadie que te diga que tu bebé va a demandarte diferentes cosas, pero que ninguna de ellas (paradójicamente) será una cosa.

Nuestro modo de vida actual tiene características muy poco favorables a la crianza. Desde el espacio público que nos rodea hasta el mainstream del que, mal que nos pese, somos parte. Cuando sos mamá tomás conciencia del conflicto que significa hacer uso de algunos lugares públicos acompañada de un bebé. No sólo eso. También te das cuenta de la soledad y el aislamiento que supone ahora tu espacio privado. Y, además, empezás a notar los consejos contradictorios, las teorías sin pies ni cabeza y lo lejos que está el “mundo real” de ese devenir en el que ahora estás inmersa. Un devenir primitivo, sin horarios, plagado de vaivenes y sinsabores; un devenir que te atraviesa y que poco tiene que ver con esa vorágine de la ciudad y con las publicidades de pañales. Porque las publicidades de pañales, con sus bebés perfectos que duermen 12 horas cada noche y se despiertan sonriendo, forman parte integral de ese mainstream.

Vivimos en un mundo consumista. Lo voy a denominar “La Era del Plástico”. Es casi increíble pensar que el ser humano ha producido más kilogramos de plástico en los últimos diez años que en todo el siglo XX. ¿Alguna vez pensaron que nunca antes en la historia los bebés tuvieron tantos artículos de plástico como hábitat? Artículos que, no tan casualmente, refuerzan esta separación de los cuerpos. Del mismo autor de "no le hagas upa porque se malcría" llega una legión de artefactos más o menos elaborados: andadores, sillitas, sillones vibradores, cochecitos, paragüitas, corralitos, huevitos, chupetes, mecedoras, andadores, y la lista sigue. No hablemos de los artículos altamente controversiales como las mamaderas que se colocan en la cuna y no requieren presencia humana, o los arneses y correas. Hablemos de todas aquellas cosas que los padres acumulamos en nuestras casas, tantas veces con la única función de juntar polvo y ocupar metros cuadrados.

Para que esta Era del Plástico triunfe, el consumismo tiene que comenzar en el inicio mismo de la vida. En el sanatorio donde nació mi hijo se supervisaba que todo bebé sea dado de alta y se vaya a casa adentro de su huevito. Sí, era un requisito indispensable. ¿Y quién no ha recibido un reto de una enfermera o médico por tener al bebé dormido sobre el pecho, en la cama del hospital? No, no, el deber ser indica que el bebé duerma en su “cuna” (un recipiente que, por lo menos a mí, me recuerda más a las bandejas que usan los carniceros que a un tierno moisés). Y si llora: “lo llevamos a la nursery para que la mamá descanse”. Poco interesan las necesidades afectivas de ambos en ese momento, la importancia del contacto piel a piel, la revolución hormonal, el puerperio inmediato, la correcta instauración de la lactancia, nuestras dudas y miedos. Ya habrá tiempo. “Hay que aprovechar la ayuda”. Y mejor que no nos encuentren dormidas con nuestros bebés en la cama. Porque pese a que las tendencias estén cambiando y haya sitios y libros donde se analizan los beneficios de dormir con nuestros hijos, la opinión pública mayoritaria sigue viendo con malos ojos el colecho. El colecho molesta y es juzgado, en lugar de tomarse como una decisión más dentro de cada familia. Sin lugar a dudas, el discurso imperante sigue siendo el de la separación. El bebé tiene que acostumbrarse a estar solo. A no pedir brazos. A separarse de la madre (cuanto antes, mejor). A dormirse por sus propios medios, como aconsejan las revistas sobre crianza más leídas. A fin de cuentas, el bebé tiene que acostumbrarse a no demandar precisamente lo único que necesita: presencia y contacto.

Tan convencida estoy de que este sigue siendo el pensamiento dominante que hace poco, mientras hojeaba una de estas revistas para padres, no pude dejar de sorprenderme con un aviso donde un bebé y su mamá se asomaban debajo de las sábanas de una cama de dos plazas. Sonreí sin darme cuenta, pero la sonrisa me duró poco. El aviso era de un cunero de plástico. Otra foto más abajo mostraba el móvil (muy colorido y equipado con animalitos y melodías) colocado en una cuna solitaria y vacía. Y la decepción fue entender que el amor y el contacto se reivindicaban desde la imagen, pero con el único fin de vendernos lo mismo: separación y plástico. La revista completa podría ser vista como un catálogo de objetos plásticos: claramente la industria de productos para bebés no tiene otra cosa para vendernos. Es entendible. La cercanía, el calor, el abrazo, el beso, la teta, el contacto, el arrullo, la familia... Eso no se puede diseñar, etiquetar, inventariar, distribuir, comercializar ni facturar. No lleva packaging con ositos, pilas ni instrucciones. No se importa ni exporta. No cuesta la mitad de tu sueldo. No se divide por marcas, ni tiene descuento con ningún banco. Y si bien por el momento no podemos evitar que la Era del Plástico nos siga vendiendo objetos; por lo menos podemos asegurarnos de que el amor y el contacto siempre prevalezcan por sobre todos ellos.

Esta nota es parte de la Edición N° 8 de la revista digital Maternar En Tribu.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Laura Perales Bermejo: "En vez de escuchar todos esos consejos deberíamos escuchar a nuestros hijos"



¿Quién es Laura Perales Bermejo?
Laura Perales Bermejo es española, mamá y psicóloga infantil especializada en prevención (Lic. en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid), Máster en Promoción de la Salud y Prevención Infantil y Máster en Crianza Ecológica y Prevención Psicosocial. Es además Presidenta de la Plataforma por la Crianza con Respeto (de la cual es parte Criando Pensamientos), miembro asociado de la Es.Te.r (Escuela Española de Terapia Reichiana) y está inscrita en la Plataforma Pro Derechos del Nacimiento. Su enfoque engloba la Psicología Reichiana, la Teoría del Apego y la Psicología Humanista.

Hola Laura, bienvenida a Criando Pensamientos. Gracias por prestarnos un rato de tu tiempo.
Tu sitio web se denomina Crianza Autorregulada ¿Cómo definirías brevemente este concepto y cuáles son sus beneficios?
Bueno, se llama así porque esta manera de criar se suele llamar comunmente "crianza con apego", pero es erróneo. Hay varios tipos de apego: apego seguro (que se correspondería con lo que se hace en este tipo de crianza) y apego inseguro (con varios subtipos del mismo). Incluso un maltratador está criando con apego. Inseguro, pero apego. Apego no significa amor, aunque esté implícito en el apego seguro, apego es supervivencia. Por eso es el triple de crudo ver como la gente ignora el llanto de un bebé que llora por instinto con el fin de mantener la cercanía de la figura de apego para sobrevivir. Hay mucha confusión con estos términos.

Además, la teoría del apego es sólo una parte y posterior a la verdadera raíz de todo esto, al padre de la crianza respetuosa: Wilhelm Reich. Reich ya hablaba (muchos años antes de que surgiese la teoría de apego) de embarazos sanos, partos naturales, no separación del bebé tras el parto, atender las necesidades emocionales del bebé y del niño, no negar las emociones y acompañarlas, respetar los procesos naturales de los niños...y precisamente de Reich, junto con su gran amigo Neill (Summerhill), surge el concepto de autorregulación, estar en contacto con uno mismo, saber lo que uno siente y demandar lo que uno quiere. Estar en contacto con lo vivo, porque aun no han conseguido matarlo en nosotros.


No me gusta hablar de "manera" de criar ni de beneficios, porque esto es criar...lo que llevamos haciendo durante la mayoría de nuestra historia como especie y por tanto lo que estamos preparados como especie para recibir. Lo otro, son modas (cunas, carritos, sillas de pensar...), y además son daniñas. Por eso tampoco me gusta hablar de beneficios, porque de ese modo normalizamos lo otro. Y no es eso, lo otro es perjudicial, esto es lo que debemos hacer, con las limitaciones propias de vivir en la cultura en la que vivimos y las circunstancias y mochilas personales, si, pero en la medida de lo posible, nos acercaremos todo lo que podamos a lo saludable. Sin buscar beneficios (aunque numerosos estudios indiquen que los hay). Porque criamos así por responsabilidad y ética, no buscando resultados.


¿Cómo llegaste a donde estás hoy, a ser una profesional dedicada a estos temas?
Llegué hasta aquí por varios motivos. El primero, que en la facultad de psicología, las cosas que veíamos como evidencias científicas, se corresponden con la crianza respetuosa. Pero a la hora de proponer tratamiento, no tenía nada que ver, y a mí eso siempre me chocó y me indignó, porque no puedes dañar a tus pacientes sólo porque los padres son los que pagan y buscan resultados (que no lo son) rápidos, sabiendo que el tratamiento propuesto pasa por encima de toda la evidencia científica sobre lo que entiende, pretende y necesita un niño.

El segundo, mi propia maternidad hace ya 5 años, ya habiendo finalizado la carrera. Como suele pasar, me puso más en contacto conmigo misma, con mi instinto, y comencé a buscar información y formación en esta línea. Desde entonces no he parado de formarme cada vez más, en psicología reichiana, teoría del apego, neurociencia... y seguiré formándome toda mi vida.


El tercero, la comprensión de la necesidad de un cambio en esta sociedad, que sólo es posible cambiando las cosas desde la raíz, desde la infancia. Poco a poco, generación tras generación, nos iremos acercando.

Como padres, ¿de qué modo podemos colaborar con la autorregulación de nuestros hijos?
Escuchándoles y observándoles. A veces, la respuesta a nuestra pregunta está delante de nuestras narices. Por ejemplo, si mi bebé llora en su cuna y se calma si duerme conmigo en la cama, el mensaje sobre lo que necesita el bebé (y lo que necesitamos como especie), está claro. En vez de escuchar todos esos consejos no pedidos con los que nos bombardean, deberíamos escuchar a nuestros hijos.

No interviniendo por sistema, olvidándonos de la compulsión a educar. La palabra educar ni siquiera debería existir, tendría que ser sustituida por la palabra acompañar.


Acompañando y acogiendo todas sus emociones, incluyendo la rabia, la tristeza y el miedo. El mensaje de que no me quieren o me rechazan cuando me enfado es muy peligroso. Si un niño se enfada, necesita comprensión y cercanía, igual que lo necesitaríamos nosotros.

Si hasta el momento no hemos aplicado ninguno de estos principios, ¿estamos a tiempo de cambiar de actitud? ¿De qué modo lo hacemos?
Siempre se puede compensar. Evidentemente, cuando más pequeñito sea el niño, más podremos hacer, más efectiva será la compensación, pero siempre puede hacerse. No sirve de mucho fustigarse con lo que hicimos en el pasado, porque además lo más común es que los padres actúen siempre pensando que hacen lo mejor para sus hijos. En ese momento teníamos esa información, ahora tenemos otra, y podemos hacer las cosas de otro modo y compensar lo anterior en la medida de lo posible.

Por ejemplo, si he aplicado métodos para aprender a dormir y ahora se que hacer eso daña la psique de mi bebé y hasta le daña físicamente a nivel cerebral, puedo comenzar a colechar. Si hasta el momento he reprimido la rabia de mi hijo pensando que hacía lo correcto, puedo comenzar a acompañarle y de paso, si ya tiene edad para entenderlo, puedo decirle que lo que hacía antes no estaba bien y que lo siento.


En tu experiencia profesional, ¿cuál es la principal fuente de conflicto en la crianza que podría ser evitable si respetáramos siempre la autorregulación?
La principal fuente de conflicto es el historial de los padres, las vivencias de su infancia que les han condicionado a la hora de tratar a sus hijos de determinada manera o de reaccionar o sentir ante lo que hacen ellos. Por mucho que quieran hacer las cosas lo mejor posible, su historia personal está grabada a fuego, y, especialmente en los momento s de estrés, sale todo aquello. La terapia personal (y no cualquiera) debería ser algo primordial antes de pensar en ser padres, debería estar financiada por el estado y ofrecerse de modo gratuito a las familias.

Otra fuente muy importante de conflicto es la falta de comprensión sobre lo que es un niño. Se les piden cosas que aun no están preparados para hacer (como el aprendizaje intelectual antes de los 7 años, cuando deberían estar aprendiendo mediante el juego, el movimiento y el ejemplo) y no se les permite hacer cosas para las que si están preparados. Son ciudadanos de segunda, a los que se pisotea constantemente, y, si protestan, encima son malos. No se tienen en cuenta las etapas del desarrollo, lo que necesita y entiende un niño a cada edad. Y la sociedad no ayuda en esto, porque inunda a los padres de conceptos falsos y dañinos.


Por último, el modo en el que vivimos, que es antinatural. Estamos preparados como especie para vivir en tribu, para criar a los niños en comunidad. Por mucho que en una pareja uno de los dos pueda permitirse no trabajar y quedarse en casa con su bebé, la casa se le va a venir encima, le va a desbordar, y van a surgir conflictos.


¿Qué consejo o palabras te gustaría hacerle llegar a los padres que te leen aquí en Argentina y en todo el mundo?
Que dejen de ver a sus hijos como el enemigo y les vean como lo que son, personas que les quieren de manera incondicional (a los que deberíamos querer igual), que nacen con bondad innata, que no buscan manipularnos y que beben de todo lo que hacen los padres. Que la crianza no es una guerra. Que piensen en el modelo de acción que están trasladando a sus hijos, en el que el más fuerte se impone al débil por sistema, y tengan en cuenta que su hijo va a hacer eso con otros niños porque les enseñamos que ese es el modelo a seguir, que van a hacerlo con nosotros en la adolescencia, que va a dañarles de por vida.

Que criar con ética y respeto ofrece otro modelo a los niños. Un niño que es respetado, que ve que sus padres se respetan entre ellos y respetan a los demás, no necesita ser educado en valores, porque ya los está viviendo. Hay cosas que no se educan.


Que el mundo necesita este cambio, la sociedad está profundamente enferma y hay que ir cambiando las cosas desde la crianza. No sólo por nuestros hijos, sino por la generación completa y las que vendrán.


¿Cómo podemos ponernos en contacto contigo si necesitamos hacer una consulta o queremos leer tus textos?
Podéis poneros en contacto conmigo a través de mi web Crianza Autorregulada. Aunque soy de Madrid (España), realizo eventos y consultas online para que tengan acceso a ello familias de cualquier parte del mundo.

¡Muchas gracias Laura por tu tiempo!

Más info sobre el trabajo de Laura en Facebook Twitter.


Laura impartiendo un círculo de familia


viernes, 10 de octubre de 2014

Entrevista a Adí Nativ, un ejemplo de respeto en el consultorio pediátrico



Adí Nativ, además de ser mamá y una persona entrañable, es médica pediatra. Estudió la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires e hizo su especialización en pediatría como residente del Hospital Garrahan. Actualmente trabaja en el ámbito privado, realizando guardias, visitas domiciliarias y consultorio. Desde hace algunos años, además, disfruta de dar charlas para embarazadas. Es en ese espacio donde siente que puede dar todo de sí misma, fusionando sus conocimientos médicos con el mundo de la crianza respetuosa, tema que no le enseñaron en ninguna facultad. "Siento que esas mamás necesitan mucha información pero desde el lado amoroso, y no la típica bajada de línea que se genera en el consultorio frío de un obstetra, un pediatra o un neonatólogo... el clima que se da en las charlas es hermoso, es una especie de "tribu express" que dura 2 horitas, pero que llena y enriquece" -dice Adí con una sonrisa. Y sí. Ella siempre tiene una sonrisa en los labios.

Adí, muchas gracias por tu tiempo y por tener ganas de compartir tu experiencia profesional y maternal con nosotros. ¿Sentís que la maternidad te cambió la perspectiva como médica pediatra?

Totalmente. Mi profesión dio un giro de 180° desde que nació mi hija, hace 2 años. Me solidarizo con absolutamente todos los casos y todas las situaciones que me cuentan los pacientes. Trato de entender ciertas cosas que antes juzgaba. Cuesta mucho porque me pesan demasiado los años de formación donde nos machacaban cosas como que no permitamos el colecho, que la lactancia no debía ser ni a demanda ni prolongada y demás temas que me causan escalofríos de solo recordarlos... La verdad es que he llegado a pensar que para que un pediatra tenga su título completo debe hacer un postgrado obligatorio y el más lindo de todos, que es el de ser padre.

¿Cambiaste de opinión o enriqueciste tu mirada sobre algún tema?
Cambió mucho mi forma de atender a los pacientes. Completamente diría. Hasta he tenido encontronazos con colegas por ciertos temas que son más fuertes que yo. Me pasa mucho con las internaciones. Antes cuando había que internar a un paciente a mí solo me importaba su cuadro clínico, su diagnóstico y su tratamiento, sin preguntar nada más. Desde que soy mamá, antes de decidir internarlo (claramente en los casos leves, donde puede surgir la "charla" y no en las urgencias extremas) me siento en la obligación de preguntar dónde viven, si tienen más hijos, de qué edades, cómo piensan manejar la situación con ese otro hijo mientras tengan a éste internado... cosas que me hacen "perder tiempo", claramente tiempo valioso de la guardia que otros colegas me recriminan, pero es tiempo valioso para esos padres que están en un momento de crisis vital, donde toda su estructura familiar se desorganiza, se derrumba y aparecen la angustia, los miedos, los enojos, y que a veces uno, en el afán de cumplir a rajatabla con lo que dice la bibliografía, no toma en cuenta. 

Otro ejemplo es cuando llegan a la guardia madres que me cuentan que los hijos se les cayeron de la cama o del cochecito. Antes las interrogaba como quien interroga a un delincuente, casi sin escucharlas y solo pensando cómo diablos dejó que algo así le pasara a ese niño y ahora, después de que tuve a mi hija (cabe destacar que a los 16 meses se me cayó del cambiador) entiendo que los accidentes ocurren por más que uno tenga mil ojos y es más... ¡cuantos más ojos uno tenga peor es! 

O las madres que traen al hijo a la guardia a las 3 de la mañana y te dicen que hace 3 días que esta con tos (todavía tengo compañeros que las maltratan diciendo que cómo los traen a esa hora si estuvieron así 3 días). Yo, lejos de pensar así, lo que siento es que ese padre para sacar a ese hijo a las 3 de la mañana y llevarlo a una guardia realmente está preocupado. No creo que nadie tenga las ganas locas de despertarse a la medianoche porque sí y de caer a la madrugada con su bebé para "charlar". Realmente ese padre necesita ayuda y como a esa hora no puede contactarse con su pediatra de cabecera viene a la guardia. No tiene nada de malo. Para eso estamos, ¿no? Por lo menos yo, que hago guardias de noche. 


Los padres solemos hacer muchas preguntas al pediatra. Y muchas veces no tienen que ver con lo médico sino con cuestiones de crianza. ¿Te metés en esos temas? ¿Qué temas preferís evitar?
Me tienta mucho meterme en ese terreno. Pero por la experiencia que tengo en consultorio lo trato de hacer con mucho cuidado. Tengo pacientes que veo desde la panza de sus mamás y son familias que conozco bien, con las que me tomo el atrevimiento de dar consejos, más que nada desde mi lugar como mamá. Sin creerme que tengo la última palabra ni mucho menos, simplemente dando mi punto de vista y entendiendo que puede haber muchas respuestas para un mismo tipo de problemática. Pero hay otras familias que conozco hace menos tiempo y más aun, familias que no siguen mi línea de pensamiento y que creería que mis consejos lejos de ayudarlos, los espantarían del consultorio, así que en esos casos me reservo la opinión y me remito a la pediatría tradicional. Me gusta mucho hablar con los pacientes de temas de crianza. Y últimamente padres (me refiero a padres y madres, claramente) se involucran muchísimo con la crianza, leen mucho, participan de charlas, investigan un montón y esto genera un intercambio hermoso en el consultorio donde se habla de igual a igual, y donde trato de generar esa confianza que los padres necesitan. Entonces son papás que no van a tener miedo de "confesarme" que metieron a su bebé recién nacido a la cama con ellos, o que le dieron de comer una ramita de brócoli solitos con la mano a los 6 meses, o miedo de llamarme al celu a las 2 de la mañana porque el nene vomitó. Trato de generar ese clima, porque el perfil de pediatrona caracúlica y soberbia creo que no me queda bien. Esta otra faceta creo que es mas "sana" para todos.

¿Te definirías a favor de algún tipo de escuela o de línea de pensamiento?
Me defino 100% a favor de la crianza respetuosa, la crianza con apego. Me pasó algo muy loco con esto, les cuento. Cuando quedé embarazada, en mi licencia, como muchas madres, empecé a meterme en el mundo de Internet. Encontré paginas de todo tipo y casi sin querer conocí al Dr. Carlos González y a la Lic. Rosa Jové (no sé si los conocen pero les recomiendo 100% hacerlo). Casi en el ínterin que los conocía, nace mi hija. Ahí en medio de mi puerperio inmediato ya no leía casi nada porque nos dedicamos por completo a ella. Pero a medida que pasaba el tiempo, y nos íbamos conociendo nosotros con Tatiana (mi "beba" de ahora 2 añitos) y "nosotros" como mamá y papá, me iba dando cuenta de que casi sin saberlo todas mis formas de actuar, mi manera de pensar, mis ganas de hacer cosas, mis impulsos mamíferos encajaban a la perfección con algo que un pediatra y puericultor español "loquito" como él solo llamaba "crianza con apego". Fue hermoso saber que el camino que elegimos transitar con nuestra hija era algo ya conocido por muchos pero no tan popularizado y a veces algo criticado (por no decir MUY criticado). Y hasta tenía nombre propio. Así que inevitablemente volví a interiorizarme en esa páginas por las que alguna vez había navegado (una vez que mi puerperio se iba "acomodando") y a comprarme libros y a estudiar mucho sobre estos temas para poder aplicarlos en mi propia casa, y hasta con mis propios pacientes. Creo y confío plenamente que una crianza respetuosa y con amor como la que propone la crianza con apego no puede "malcriar" a nadie. ¿Saben por qué? Porque, sin ir más lejos, es de esa forma como seguramente a muchos de nosotros nos han criado. Porque antes la cosa era más simple, era más natural. No había tanto replanteo de situaciones ni críticas de nadie. Era una crianza natural. Y eso es lo que me gustaría poder reinsertar. Que podamos vivir nuestra ma/paternidad desde el goce, y no desde la crítica y el replanteo. La crianza no se piensa. La crianza se vive. Y se construye entre todos los miembros de la familia. Ya les digo.... criar con amor y respeto NUNCA puede ser "malcriar".

lunes, 11 de agosto de 2014

Conferencia del Dr. Carlos González: Autoridad, Premios y Castigos

En este post intentaré reproducir los principales conceptos que expuso el Dr. Carlos González en su conferencia Autoridad, Premios y Castigos el viernes 1 de agosto de 2014 en la Ciudad de Buenos Aires. No se trata de una desgrabación sino de una interpretación propia.

Como siempre, su estilo fue locuaz, irónico y sencillo. Habló con calidez, sinceridad y sentido común, e hizo reír al auditorio en muchas ocasiones. Comenzó su exposición definiendo el concepto de puericultor como aquel que se ocupa del cuidado integral del niño tanto en su aspecto físico y psíquico como social. Él se refirió a los niños como aquellos "que no tienen voz", de ahí la enorme importancia de tener en cuenta sus necesidades. También destacó la importancia de no reproducir dogmas pediátricos.

Su temario arrancó con el tema de los límites y de cómo considera que es una moda actual (antes no se definía de este modo, al menos) contradictoria e hipócrita: para los adultos los límites suelen ser algo negativo (nos frenan), de hecho en las publicidades, por ejemplo, decir "sin límites" es algo positivo. Parecería que los límites "buenos y necesarios" sólo aplicasen a los menores. Un cita que me quedó rondando la cabeza (y pienso usar hasta el cansancio) es "hemos perdido como sociedad nuestra capacidad de tolerar las conductas normales de los niños". Los adultos solemos admirar la "rareza" de otros adultos (aquel que nada con cocodrilos o escala el Aconcagua), sin embargo en los niños buscamos todo lo contrario: la normalidad, la uniformidad.

Luego pasó al tema de la autoridad. Para él, la autoridad es algo natural que tenemos por el mero hecho de ser padres (somos los que sabemos, los que cuidamos, los más grandes), y recomienda "no gastar la autoridad en tonterías". "La autoridad es como el dinero, si las gastas, se acaba." Por lo cual recomienda no ser rígidos con los horarios, la comida, las conductas, las normas. Es mejor pedir pocas cosas: cuanta más autoridad, menos normas. "¿Quién es la autoridad máxima -bromeó- ¡pues Dios! (risas) ¡Y él sólo te pido que hagas 10 cosas!". A veces pedimos cosas inútiles a nuestros hijos y volvió a bromear: "delante de un policía tu puedes pisar un charco y no pasa nada, ahora, que te vea tu madre..." Y continuó con su estilo irónico, respecto de cómo los niños a veces obedecen poniendo "mala cara": "Sólo los padres son capaces de querer que sus hijos les obedezcan felices, ni siquiera Napoleón. La gente frustrada se enfada." Y tampoco está de acuerdo con que los niños deban tolerar la frustración. Ellos se frustrarán, eso es inevitable, no es algo malo ni que debamos evitar.

El respeto hacia los hijos, para González, no se debe perder nunca. ¿Qué pasa si aparcamos en un lugar que está prohibido? Viene un policía y amablemente nos dice "Señor, en esta calle no está permitido aparcar, debo hacerle una multa", no nos dice "Gilipollas, ¡que te he dicho cuarenta veces que aquí no se estaciona". ¿Entonces por qué a veces sí se habla de ese modo a los hijos? Nosotros no perdemos nuestra visión del policía como autoridad porque nos trate con respeto. Aquí lo importante es cuidar las formas, hablar con respeto, incluso cuando sea un reto. Nuestros hijos no son nuestros enemigos.

Otro tema muy interesante, ¿qué pasa cuando le digo a mi hijo que no haga una cosa y la vuelve a hacer, sonriendo y mirándome? ¿Me desafía? Por supuesto que no. "Cuando tu hijo te quiera desobedecer lo hará a escondidas". Lo que hacen los niños es pedir información para poder obedecer mejor. Los niños desean obedecer a sus padres y hacerlos felices. A veces nuestras órdenes no son claras o son contradictorias: sí se puede escribir este papel (una revista vieja) pero no este otro (que para el niño es igual, pero se trata de un papel importante). Sí se puede escribir esta pared (una pizarra o una pared del jardín) pero no esta otra (una pared del comedor). Los niños deben probar muchas veces para poder saber si es que no se puede hacer esa acción nunca o sólo en cierta circunstancia. En ese caso debemos decir que no se puede, quitarle, por ejemplo, el marcador, explicándole con respeto y sin gritos, castigos ni insultos. Con la repetición solamente lo entenderá. 

Luego habló del tema teoría del apego. Él no está de acuerdo con el concepto de "crianza con apego", dice que todos los chicos tienen apego ya que es una necesidad básica del ser humano (salvo casos graves muy excepcionales). El apego puede ser seguro o inseguro. Se puede colechar, dar teta y tomar mucho en brazos y que nuestro hijo tenga igual un apego inseguro. Eso solo no basta. Como padres, lo importante no es que hagamos todo bien todo el tiempo, sino lo que hacemos y decimos la mayoría de las veces. No está de acuerdo con que los chicos se puedan "traumar para el resto de la vida". Yo creo que busca desculpabilizar a los padres y alentarlos a mejorarse cada día, lo cual veo muy bien, pero no estoy de acuerdo con que todo de lo mismo (él dio el ejemplo del método Estivil y de hecho hay estudios que demuestran que sí afecta negativamente el cerebro de los bebés, pero ese es otro tema). El apego seguro, por supuesto, es lo mejor y da una idea a nuestros hijos de cómo funciona el mundo. Un bebé pensaría: si lloro y me hacen caso (brazos o palabras o como sea), el mundo es mejor, yo soy más feliz. La actitud responsiva ante las necesidades de nuestros hijos contribuye a lograr el apego seguro.

Tema premios: otro de los pilares de esta conferencia. Para él los premios son inútiles. Los incentivos, está demostrado, no funcionan para modificar conductas. ¿Qué damos como premio? ¿Cosas malas que normalmente prohibiríamos? No tiene sentido. ¿Cosas buenas como un paseo compartido o un regalo? Hay que darlas igual. No es ético decir: "vamos al zoológico porque te sacaste un 10" si de todos modos iríamos porque es sábado y queremos pasar un tiempo juntos en familia. "Los premios degradan la calidad moral del acto. Le dices que no estás confiando en él". Hay que hacer las cosas porque son buenas, deseables, importantes, etc. No porque vayan a premiarme. "Los premios sorpresa sí funcionan, pero degradan la calidad moral de TU acto."

Los castigos, por su parte, tampoco sirven para nada. Uno no obedece más o menos, se sienten injustos, suelen redundar en rebeldía o sentimientos negativos. Los elogios, por otra parte, tampoco son buenos en sí. Los elogios a la persona disminuyen el rendimiento. Si digo a mi hijo que es un excelente dibujante cada vez que dibuje sentirá la presión de tener que cumplir y correrá el riesgo de "fallar". Y debería dibujar porque le gusta, como un desafío, no para cumplir con nadie. Los elogios al resultado a veces son buenos pero también pueden ser negativos: si sólo dibuja para ver el resultado se pierde la diversión del proceso. En cambio, los elogios al proceso sí son buenos. Valorar el esfuerzo, alentar las ganas. Esto se hace hablando, en el ejemplo anterior, de los detalles del dibujo, comentando los colores, poniendo atención. No es lo mismo decir "qué lindo dibujo" y seguir en tus cosas que decir "me encanta este color verde, ¿cómo hiciste para pintar el cielo?, qué lindas son las flores, tienen pétalos amarillos". Los chicos notan que estamos prestando real atención.

Carlos González finalizó su conferencia dando aliento a los padres: "Hacemos decenas de cosas bien (...) hacemos más cosas buenas que malas espontáneamente" y para cerrar dio un listado de acciones que nos ayudan, como padres, a enfocarnos en aquellas cosas realmente importantes. Les dejo el detalle.