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jueves, 2 de julio de 2015

Entrevista a OliLu: "Es tan importante “qué” comemos como “cómo” comemos"



La alimentación de los hijos es, sin duda, un tema que preocupa a todos los padres. Un espacio donde intervienen mucho más que alimentos: historias personales, mitos, culturas, tradiciones, placeres y, lamentablemente, también muchas veces luchas de poder. ¿Cómo enfrentarnos a este tema tan complejo desde una mirada respetuosa?

La respuesta la encontré de la mano de Karina Eilenberg, mamá de Luana y Pediatra especializada en Crianza, y Sabrina Gatti Wosner, mamá de Olivia y Médica Familiar especializada en Medicina Ayurveda y Fitomedicina. Juntas formaron hace dos años OliLu, un espacio de intercambio para las familias que incluye no sólo saberes médicos, sino también información sobre alimentación y lactancia, encuentros de crianza, talleres, charlas y acompañamiento para padres, entre otras temáticas de interés para las familias.


¡Bienvenidas a Criando Pensamientos! Me gustaría que se presenten.

KARINA: Soy mamá de Luana, que tiene 2 años y 4 meses y soy Pediatra. OliLu nace a raíz de la necesidad de encontrar un espacio donde compartir con familias el camino de la crianza. Nos conocemos desde la facultad, siempre fuimos amigas con una visión parecida sobre la salud y la enfermedad, la formación posterior la hicimos por separado, Sabri hizo medicina familiar en el Argerich, yo termine mi residencia de pediatría en el Garrahan. Y, convencida de que el origen de las patologías de la niñez tiene que ver con los vínculos y lo que sucede en casa, me dediqué a estudiar crianza. Con Krochik, con Gutman, fui buscando caminos que recién entendí cuando parí y me encontré con Luana. La maternidad me trajo eso, luz a la búsqueda, comprensión. 


SABRINA: Las mujeres estamos muy solas después de ser madres, Oli tiene 2 años y 7 meses, yo soy médica desde hace 8, y recién comienzo a entender de que estábamos hablando. Siempre digo lo mismo: llamaría a todas las madres con las que me crucé en mi formación para pedirles perdón por muchas cosas que dije. Con la maternidad descubrimos la importancia del encuentro con otras mujeres, tomando nuestros mates en tribu. La lactancia fluye mejor, el cansancio se alivia, y las risas sanadoras aparecen. Pensamos ¿por qué no ofrecer desde nuestro rol profesional este acompañamiento? ¿Por qué no brindar un espacio de encuentro para nuevas madres y nuevos padres, con sus niños? desde mi formación tradicional, y luego con el ayurveda, centro mi objetivo en trabajar con familias, contextos, culturas que no siempre son iguales, ni siquiera parecidas, y que es fundamental comprenderlas para acompañarlas. Así fuimos gestando OliLu. La idea es acompañar en esta tarea, ardua y única, de CRIAR hijos, de CREAR familias. Necesitamos aprender cada día un poco más, del otro, de uno mismo. Esa es la propuesta. Y el formato taller es lo más sincero. Circular, enriquecedor. Todos aprendemos de todos.

Foto: OliLu (Taller de alimentación para bebés)

¿Cómo surgió esta idea de ofrecer talleres de alimentación para las familias con bebés y niños pequeños? 

K: Desde la crianza, me interesa muchísimo el “cómo” nos vinculamos con los alimentos. Y el cómo la mamá comienza a soltar a ese nuevo ser que de repente no sólo toma la teta o la mamadera que ella LE administra. El inicio de la alimentación complementaria, tranquilamente puede verse también como el comienzo de la autonomía de nuestros hijos. Incluso desde una visión antropológica, ellos van comenzando a adquirir habilidades, mientras la nutrición está asegurada por la leche, para que cuando realmente las necesiten al comienzo de su deambulación, puedan ejercerlas. Esto no es lo que suele pasar habitualmente. Lo que sí pasa es la batalla, el autoritarismo, la obligación, los premios, los castigos. 

S: “Cómo” nos vinculamos con el alimento cuando somos bebés deja una impronta para toda la vida en nuestro lado emocional. Y la comida es comida. Es la fuente de energía para funcionar, pero en nosotros los humanos es placer (o es tortura). La mayoría (por no decir todos) los trastornos crónicos de la adultez (diabetes, colesterol alto, hipertensión, enfermedades autoinmunes) tienen que ver con el estilo de vida, y con los hábitos alimentarios, y de esto se desprende mostrarles otro camino a nuestros hijos, desde pequeños. 
Somos seres naturales, venimos de la naturaleza, y estamos preparados para obtener nutrientes de ese lugar. ¿Por qué entonces nos empecinamos en darles a los mas chiquitos en plena formación alimentos balanceados para bebés que vienen en cajas de cartón, llenos de azúcar y dibujitos?

K: La propuesta tiene que ver con respetar y registrar al otro y ser responsables como padres de lo que le ofrecemos a nuestros hijos. Comida sana, natural y que ellos puedan elegir, manipularla, y hacerlo a sus tiempos. La lactancia a demanda a esta altura no da dudas. Todos entendimos que toman cómo y cuánto quieren y las veces que haga falta. Ahora: cumplieron 6 meses, salimos con la listita del pediatra de qué SI y qué NO, y si mi bebe no quiere o quiere otra cosa, está mal, no sabe, yo sí, le insisto, le meto la cuchara en la boca, las veces que me indicaron debo hacerlo al día. Los niños tienen dos mecanismos muy sensibles y perfectos desarrollados. El hambre, parte de su instinto de supervivencia, y la autorregulación. Es decir, saber hasta dónde comer y parar. Dos cosas que nosotros como adultos perdimos por completo. 

S: Trabajamos con un método que no nos gusta llamarlo así, pero debemos hacerlo, que se llama baby led weaning o alimentación guiada por el bebé. La idea es esa, seguir confiando en su sabiduría y ofrecerles alimentos para que gestionen por sí solos. Así no sólo desarrollarán sus habilidades de tragar y masticar, sino también la coordinación mano boca, la elección, el deseo. Es una alimentación libre de papillas para que puedan manipularla, pero no por el fundamentalismo del sólido. La idea es que puedan ir aprehendiendo y desarrollando sus destrezas motoras y, para eso, deben hacerlo solos. 

¿Cuáles son las principales inquietudes de los padres ante este método? 

K: Al proponer un método libre de papillas, y sobretodo donde ellos agarran los pedazos y los gestionan solos, el mayor miedo generalmente es el atragantamiento. Aprender a comer no es algo que debamos enseñar. Es un parte de la maduración de los seres humanos, como lo es el caminar, sentarse, saltar. Enseñamos a leer y a escribir. No a comer. A eso se aprende imitando, y claramente no somos alimentados por otros adultos con cuchara, ¿no? En este proceso, como lo es en otros, hay mecanismos de aprendizaje. En el caminar lo es el caerse. En el comer y masticar, lo es la arcada. Mecanismo de seguridad, les enseña cuánto introducir, cómo moverlo, hasta dónde ponerlo. Por otro lado, el reflejo de arcada está más adelante en el paladar de los más pequeños y lo hacen más seguido que lo más grandes. Uno cree que atragantase tiene que ver con la consistencia del alimento, y no. Tiene que ver con dos factores predisponentes. La posición (acostado o reclinado) y que otro me alimente. Cuando otra persona gestiona el utensilio o alimento por mí no sabe en general bien dónde hacerlo y eso es un riesgo. Tan sólo imaginemos a otra persona dándonos un vaso de agua. 

S: Llegan a los talleres también muchas mamás y papás con miedo de que los bebés no engorden. Muchos a los 6 meses no tienen interés por la comida y eso es NORMAL. Por otro lado, la nutrición está completamente cubierta por la leche (sea materna o fórmula) y el comienzo de la alimentación tiene que ver con un fin educacional. Conocer, descubrir, manipular, texturas nuevas, colores, sabores. El interés llegará solo, a su debido tiempo en cada niño, y cuando comience verdaderamente a necesitarlo. Nuestra responsabilidad ma/paterna radica en ofrecerles alimentos naturales y variados. Su responsabilidad, y también su derecho, es elegirlos. En los más grandes sobre todo suele ser la dificultad mayor. Se vuelven selectivos y reacios a probar. La variedad debe seguir presente. 

¿Y qué hacemos cuando nuestros hijos se ponen restrictivos con los grupos de alimentos?

S: NO HACEMOS NADA, es su elección qué comer y cuánto comer. Nosotrxs como pa/madres seguimos ofreciendo alimentos sanos, frescos, variados. Es importante respetar su decisión y confiar en ellos, que son quienes realmente saben qué y cuánto necesitan comer. Es totalmente normal, tiene que ver con el crecimiento y la maduración. Somos seres de la naturaleza y en esta etapa, alrededor de los 18 meses, los niños pueden ir por sí mismos a buscar su alimento. Evolutivamente somos como en la época de las cavernas e ir por el bosque probando frutos y raíces nuevas puede ser peligroso, instintivamente no quieren probar cosas nuevas y este es un mecanismo protector. Por otro lado, también tienen otro intereses, ir a descubrir el mundo, desarrollar su autonomía, diferenciarse de sus padres, por eso algo que ayer le gustaba hoy no lo quiere. No etiquetemos, si hoy no quiere espinaca significa que hoy no quiere espinaca, no que no le gusta y que nunca más la va a comer, pero si nosotros insistimos en que la coma, que ayer le gustaba, que es muy nutritiva y que si no la come no hay postre seguro que vamos a lograr que nunca mas quiera comerla. 

K: También es importante tener en cuenta que el período de máximo crecimiento es intraútero y luego durante el primer año de vida, a partir de cuando la velocidad de crecimiento baja considerablemente, por lo que también se reduce la cantidad de alimento que necesitan. 

¿Qué pequeños cambios podemos hacer en la alimentación diaria de toda la familia para comer mejor? 

S: Es tan importante “qué” comemos como “cómo” comemos. Preparar nuestra comida, sentarnos a comer, compartirla en familia o con amigos, ¡masticar! Y, fundamentalmente, tomarnos ese tiempo y disfrutarlo, pasar un momento agradable, relajado. ¡Este es el mayor cambio que uno puede realizar!
En cuanto al qué: reducir o eliminar los productos industrializados y procesados y reemplazarlos por alimentos frescos, preparados por alguien, si yo no tengo tiempo o ganas, que sea otra persona y no una empresa que lo realice por mí. Cambiar las harinas y granos refinados por integrales, eliminar edulcorantes artificiales y elegir azúcar integral o miel, consumir frutas y verduras frescas e incorporar frutos secos y semillas. 

¿Por qué es tan importante compartir el momento de la comida con nuestros hijos desde que comienzan a comer? 

K: Porque lo mejor que podemos hacer para que nuestros hijos coman sano y disfruten del momento de comer es mostrarles que comer es un placer. Ellos aprenden imitando y copiando. Es importante generar un ambiente agradable, relajado, de disfrute, donde comamos todos juntos. ¡Nuestros hijos nos miran todo el tiempo! Qué comemos y cómo comemos. Ofrezcámosles comida sana, pero un mejor ejemplo. Que nuestro hijo sienta confianza en que puede comer lo que quiere y cuanto quiere, que no lo queremos más o menos porque se coma el brócoli o un chocolate que le regaló la abuela. 

S: Aprovechemos el momento de la comida para comunicarnos con nuestros hijos, charlar de cómo fue nuestro día, lo mejor que nos pasó, lo peor, qué nos gustaría hacer mañana, etc. y saquemos el foco de atención del plato de nuestro hijo. Pongámosnos en su lugar y reflexionemos qué agradable puede ser que la familia esté pendiente de lo que comemos nosotros, cuánto nos servimos, si lo terminamos, si le sacamos “lo verde”, si le ponemos mucha sal, si tomamos poca agua, si no nos quedamos quietos... ¿nos gustaría? ¿Sería una placer comer? ¿O querríamos huir pronto a mirar televisión?

¿Qué les gustaría transmitir a las familias que nos leen?

K: La maternidad y la crianza no deben vivirse solas en nuestra casa, con nuestra cría, compartiendo, y pretendiendo nada más que del papá del bebé (si está o quién esté) compañía, comprensión, comida, ayuda cuando llega del trabajo. Los cuestionamientos que trae el instinto maternal cuando nace un hijo son válidos, maravillosos, abren cabezas, pero a veces enloquecen cuando no hay sostén. Las díadas mamás bebés necesitamos escucha, información, brazos y mates. Las mujeres DEBEMOS permitirnos esa búsqueda, de nuestra tribu, de nuestras pares, aquellas que tienen nuestros mismos miedos y angustias, o las otras que tienen otros y nos pueden ayudar. Ese es nuestro mayor consejo. Hacer este viaje alucinante que es ser mamá con otras mamás. 

Para contactarse con OliLu: 

lunes, 1 de diciembre de 2014

Entrevista a Carla Di Pietro: "Los pediatras estamos en un lugar privilegiado para poder acompañar a las mamás en su camino de crianza"

Carla y Santiago

Carla Di Pietro tiene 34 años, es pediatra clínica y mamá. Cursó sus estudios médicos en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y su residencia en el Hospital de Pediatría SAMIC “Prof. Dr. Juan Pedro Garrahan” (hospital al que Carla guarda profundo cariño).

Actualmente trabaja en el ámbito público en el Hospital Zubizarreta donde realiza guardias y en el ámbito privado haciendo consultorio programado para el seguimiento de pacientes. Elige tener una actividad laboral reducida porque su prioridad ahora es su hijo Santiago, que tiene solamente 1 año y 10 meses.


Carla, muchas gracias por tu tiempo y por tener ganas de compartir tu experiencia profesional y maternal con nosotros. ¿Sentís que la maternidad te cambió la perspectiva como médica pediatra? ¿En qué aspectos?
Sin dudas que ser madre me cambió, no solo la visión de mi profesión sino la visión en muchos aspectos de mi vida. Gracias a la maternidad tengo más empatía con las mamás, puedo entender realmente sus preocupaciones o sus temores porque nuestros hijos son para cada una de nosotras algo muy importante (o lo más importante) en nuestras vidas. Escucho, logro ponerme en el lugar de esa mamá que esta frente a mi contándome su duda o problema o, por qué no, sus logros (o el de sus hijos).

Por darte un ejemplo antes si una mamá venía a la madrugada por presentar un cuadro febril que apareció 10 minutos atrás no lo podía entender, no llegaba a comprender por qué tanta urgencia. Desde que soy mamá puedo comprenderla. Lo mismo me sucede con ciertas cuestiones en el consultorio con temas del desarrollo o con cuestiones referidas a la lactancia, por darte ejemplos. Las entiendo. Tengo más paciencia y tolerancia. Tampoco creas que antes era un monstruo, pero había un cierto límite en esa empatía o en ese escuchar.

¿Cambiaste de opinión o enriqueciste tu mirada sobre algún tema?
Principalmente con las cuestiones de crianza. Amo profundamente esto que hoy llamamos crianza con apego, que es en definitiva la crianza que nos nace a la mayoría de las mamás al tener a nuestros hijos en brazos desde el primer momento. 

Durante muchos años atrás esta crianza instintiva fue violentada y modificada por conceptos equivocados brindados a las familias por opinólogos, por psicólogos, por docentes y por colegas médicos, etc. Muchos de esos conceptos equivocados están en los libros, están presentes desde el inicio en tu formación profesional; entonces cuando te encontrás con una mamá que practica colecho, por ejemplo, creés que la equivocada es la madre y no te das cuenta de que lo equivocado está en ese concepto milenario aprendido, vaya a saber creado por quién. 

Esa diferencia, entre el concepto erróneo repetido como lorito y la realidad lo lográs ver cuando sos madre, cuando el cuerpo y, sobre todo, el alma te piden ese contacto único con tu bebé. Entonces comprendés, ayudás y fomentás esas rutinas en otras díadas madres-hijos porque sabés en carne propia que son sumamente importantes para el vínculo, para el desarrollo global y pleno de los niños. No hay nada mejor que una mamá brindándose 100% sin restricciones, sin pensar en el que dirán ni en la mirada del otro, haciéndose cargo de esos sentimientos tan particulares que surgen con la maternidad (que, por otra parte, solo otra mamá es capaz de transmitir y entender).

Lo bueno es que si queremos darle un marco científico a esto, ya sabemos, gracias a los muchos trabajos científicos actuales, que estas prácticas (por llamarlas de algún modo) de la crianza con apego están avaladas y que brindan muchísimos beneficios al niño y a la familia, y que no son solo cuestiones basadas en meras opiniones, como sí sucede con los conceptos añosos que antes comentaba (esto deja más tranquilos a algunos escépticos en este tipo de crianza).

Los padres solemos hacer muchas preguntas al pediatra. Y muchas veces no tienen que ver con lo médico sino con cuestiones de crianza. ¿Te metés en esos temas? ¿Qué temas preferís evitar?
Sí, claramente amo poder ayudar en cuestiones de crianza. En madres primerizas, sobre todo, suelo adelantarme en comentarles ciertas cuestiones. Muchas veces desconocen o están temerosas de que el médico se enoje o las rete si preguntan algo fuera de esos conceptos viejos de crianza que tienen muchos marcados a fuego y que se transmiten casi como regla luego de cada parto. Por eso es tan importante charlar estos temas en las consultas, porque derriban conceptos viejos e inútiles y mitos populares.

Cuando le decís a los padres que pueden auparlo todo el tiempo que quieran, que la leche materna siempre alimenta, que lo mejor para el bebé (y para la mamá) es la lactancia exclusiva y prolongada, que el colecho seguro aporta muchos beneficios, que no deben dejarlo llorar para que aprenda, etc., estos mismos padres suelen sonreír de oreja a oreja porque se sienten comprendidos y “habilitados” a poder hacer eso tan natural que quieren hacer. Por suerte cada vez somos más los que vamos por esta hermosa línea del apego y del respeto por el niño y las familias.

Te definís a favor de la crianza con apego o crianza respetuosa. ¿Quiénes serían tus referentes?
Uno de los autores que me hizo conocer en mayor profundidad este tipo de crianza es el Dr, Carlos González. Lo conocí a días de haber tenido a Santiago cuando estaba muy hormonal en mi puerperio y queriendo encontrar estrategias para poder dormir aunque sea 3 horas seguidas. Fue así que me fui metiendo en sus palabras, leí en él lo que yo estaba sintiendo y entendí que mucho de lo que yo sentía y quería hacer era correcto sentirlo y hacerlo, y no reprimirlo.

Ese fue el puntapié para querer trasmitir esta crianza, para querer hacer bandera de la misma en mi profesión y en mi vida diaria. Escucho a las madres y aprendo tanto, hay tantos conceptos que ir cambiando y, por sobre todo, hacer entender que aunque la familia, amigos, vecinos o el quiosquero opinen en contra (aunque sean bienintencionados) lo importante es escucharse y seguir haciendo lo que el instinto nos marca

Los pediatras, como otros profesionales de la salud, estamos en un lugar privilegiado para poder acompañar a las mamás con sus bebés en su camino de crianza.


Cuesta el cambio, pero lo vamos logrando, no sé en cuanto tiempo pero vamos a marcar un cambio favorable en las próximas generaciones. A veces se siente que se pelea contra molinos de viento, pero lo bueno es que también se escuchan “ladridos” lo que significa que es señal de que cabalgamos, ¿no?


Para contactar a Carla Di Pietro: carla_dipietro@hotmail.com

viernes, 10 de octubre de 2014

Entrevista a Adí Nativ, un ejemplo de respeto en el consultorio pediátrico



Adí Nativ, además de ser mamá y una persona entrañable, es médica pediatra. Estudió la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires e hizo su especialización en pediatría como residente del Hospital Garrahan. Actualmente trabaja en el ámbito privado, realizando guardias, visitas domiciliarias y consultorio. Desde hace algunos años, además, disfruta de dar charlas para embarazadas. Es en ese espacio donde siente que puede dar todo de sí misma, fusionando sus conocimientos médicos con el mundo de la crianza respetuosa, tema que no le enseñaron en ninguna facultad. "Siento que esas mamás necesitan mucha información pero desde el lado amoroso, y no la típica bajada de línea que se genera en el consultorio frío de un obstetra, un pediatra o un neonatólogo... el clima que se da en las charlas es hermoso, es una especie de "tribu express" que dura 2 horitas, pero que llena y enriquece" -dice Adí con una sonrisa. Y sí. Ella siempre tiene una sonrisa en los labios.

Adí, muchas gracias por tu tiempo y por tener ganas de compartir tu experiencia profesional y maternal con nosotros. ¿Sentís que la maternidad te cambió la perspectiva como médica pediatra?

Totalmente. Mi profesión dio un giro de 180° desde que nació mi hija, hace 2 años. Me solidarizo con absolutamente todos los casos y todas las situaciones que me cuentan los pacientes. Trato de entender ciertas cosas que antes juzgaba. Cuesta mucho porque me pesan demasiado los años de formación donde nos machacaban cosas como que no permitamos el colecho, que la lactancia no debía ser ni a demanda ni prolongada y demás temas que me causan escalofríos de solo recordarlos... La verdad es que he llegado a pensar que para que un pediatra tenga su título completo debe hacer un postgrado obligatorio y el más lindo de todos, que es el de ser padre.

¿Cambiaste de opinión o enriqueciste tu mirada sobre algún tema?
Cambió mucho mi forma de atender a los pacientes. Completamente diría. Hasta he tenido encontronazos con colegas por ciertos temas que son más fuertes que yo. Me pasa mucho con las internaciones. Antes cuando había que internar a un paciente a mí solo me importaba su cuadro clínico, su diagnóstico y su tratamiento, sin preguntar nada más. Desde que soy mamá, antes de decidir internarlo (claramente en los casos leves, donde puede surgir la "charla" y no en las urgencias extremas) me siento en la obligación de preguntar dónde viven, si tienen más hijos, de qué edades, cómo piensan manejar la situación con ese otro hijo mientras tengan a éste internado... cosas que me hacen "perder tiempo", claramente tiempo valioso de la guardia que otros colegas me recriminan, pero es tiempo valioso para esos padres que están en un momento de crisis vital, donde toda su estructura familiar se desorganiza, se derrumba y aparecen la angustia, los miedos, los enojos, y que a veces uno, en el afán de cumplir a rajatabla con lo que dice la bibliografía, no toma en cuenta. 

Otro ejemplo es cuando llegan a la guardia madres que me cuentan que los hijos se les cayeron de la cama o del cochecito. Antes las interrogaba como quien interroga a un delincuente, casi sin escucharlas y solo pensando cómo diablos dejó que algo así le pasara a ese niño y ahora, después de que tuve a mi hija (cabe destacar que a los 16 meses se me cayó del cambiador) entiendo que los accidentes ocurren por más que uno tenga mil ojos y es más... ¡cuantos más ojos uno tenga peor es! 

O las madres que traen al hijo a la guardia a las 3 de la mañana y te dicen que hace 3 días que esta con tos (todavía tengo compañeros que las maltratan diciendo que cómo los traen a esa hora si estuvieron así 3 días). Yo, lejos de pensar así, lo que siento es que ese padre para sacar a ese hijo a las 3 de la mañana y llevarlo a una guardia realmente está preocupado. No creo que nadie tenga las ganas locas de despertarse a la medianoche porque sí y de caer a la madrugada con su bebé para "charlar". Realmente ese padre necesita ayuda y como a esa hora no puede contactarse con su pediatra de cabecera viene a la guardia. No tiene nada de malo. Para eso estamos, ¿no? Por lo menos yo, que hago guardias de noche. 


Los padres solemos hacer muchas preguntas al pediatra. Y muchas veces no tienen que ver con lo médico sino con cuestiones de crianza. ¿Te metés en esos temas? ¿Qué temas preferís evitar?
Me tienta mucho meterme en ese terreno. Pero por la experiencia que tengo en consultorio lo trato de hacer con mucho cuidado. Tengo pacientes que veo desde la panza de sus mamás y son familias que conozco bien, con las que me tomo el atrevimiento de dar consejos, más que nada desde mi lugar como mamá. Sin creerme que tengo la última palabra ni mucho menos, simplemente dando mi punto de vista y entendiendo que puede haber muchas respuestas para un mismo tipo de problemática. Pero hay otras familias que conozco hace menos tiempo y más aun, familias que no siguen mi línea de pensamiento y que creería que mis consejos lejos de ayudarlos, los espantarían del consultorio, así que en esos casos me reservo la opinión y me remito a la pediatría tradicional. Me gusta mucho hablar con los pacientes de temas de crianza. Y últimamente padres (me refiero a padres y madres, claramente) se involucran muchísimo con la crianza, leen mucho, participan de charlas, investigan un montón y esto genera un intercambio hermoso en el consultorio donde se habla de igual a igual, y donde trato de generar esa confianza que los padres necesitan. Entonces son papás que no van a tener miedo de "confesarme" que metieron a su bebé recién nacido a la cama con ellos, o que le dieron de comer una ramita de brócoli solitos con la mano a los 6 meses, o miedo de llamarme al celu a las 2 de la mañana porque el nene vomitó. Trato de generar ese clima, porque el perfil de pediatrona caracúlica y soberbia creo que no me queda bien. Esta otra faceta creo que es mas "sana" para todos.

¿Te definirías a favor de algún tipo de escuela o de línea de pensamiento?
Me defino 100% a favor de la crianza respetuosa, la crianza con apego. Me pasó algo muy loco con esto, les cuento. Cuando quedé embarazada, en mi licencia, como muchas madres, empecé a meterme en el mundo de Internet. Encontré paginas de todo tipo y casi sin querer conocí al Dr. Carlos González y a la Lic. Rosa Jové (no sé si los conocen pero les recomiendo 100% hacerlo). Casi en el ínterin que los conocía, nace mi hija. Ahí en medio de mi puerperio inmediato ya no leía casi nada porque nos dedicamos por completo a ella. Pero a medida que pasaba el tiempo, y nos íbamos conociendo nosotros con Tatiana (mi "beba" de ahora 2 añitos) y "nosotros" como mamá y papá, me iba dando cuenta de que casi sin saberlo todas mis formas de actuar, mi manera de pensar, mis ganas de hacer cosas, mis impulsos mamíferos encajaban a la perfección con algo que un pediatra y puericultor español "loquito" como él solo llamaba "crianza con apego". Fue hermoso saber que el camino que elegimos transitar con nuestra hija era algo ya conocido por muchos pero no tan popularizado y a veces algo criticado (por no decir MUY criticado). Y hasta tenía nombre propio. Así que inevitablemente volví a interiorizarme en esa páginas por las que alguna vez había navegado (una vez que mi puerperio se iba "acomodando") y a comprarme libros y a estudiar mucho sobre estos temas para poder aplicarlos en mi propia casa, y hasta con mis propios pacientes. Creo y confío plenamente que una crianza respetuosa y con amor como la que propone la crianza con apego no puede "malcriar" a nadie. ¿Saben por qué? Porque, sin ir más lejos, es de esa forma como seguramente a muchos de nosotros nos han criado. Porque antes la cosa era más simple, era más natural. No había tanto replanteo de situaciones ni críticas de nadie. Era una crianza natural. Y eso es lo que me gustaría poder reinsertar. Que podamos vivir nuestra ma/paternidad desde el goce, y no desde la crítica y el replanteo. La crianza no se piensa. La crianza se vive. Y se construye entre todos los miembros de la familia. Ya les digo.... criar con amor y respeto NUNCA puede ser "malcriar".