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lunes, 18 de agosto de 2014

4 mitos sobre el colecho


1. El colecho crea niños dependientes: FALSO
Numerosos autores y profesionales (ver ¿Dónde comprar libros sobre crianza respetuosa en Argentina?) demuestran que, de hecho, los niños que son criados teniendo en cuenta sus necesidades, con respeto, contacto físico y responsividad son mucho más independientes y seguros de sí mismos. Y no olvidemos que dormir con los hijos es "la norma" en muchas sociedades como Japón o Suecia. Para más info sobre los beneficios del colecho click acá (un estudio en inglés muy completo del Dr. Sears), acá o acá.

2. "Si lo metés en tu cama no lo sacás más": FALSO
Durante agosto el Dr. Carlos González dio conferencias en Sudamérica y uno de los estudios que presentó demostraban que, precisamente, era al revés. Los niños que comenzaban a colechar a partir de los 2 a 4 años tardaban muchos más años en irse de la cama de sus padres. Si consultan con su entorno van a escuchar cientos de historias en las cuales los bebés dormían solos en sus cunas pero -sin miedo a equivocarme- me atrevo a decir que todas las familias experimentan un traspaso de camas nocturno cuando los hijos ya cuentan con los medios para hacerlo (2 o 3 años). Pese a todo esto, no se conocen estadísticas oficiales de adolescentes que duerman en la cama de mamá y papá :)

3. El colecho termina con tu vida sexual: FALSO
Por alguna extraña razón la mayoría de las personas asocia el sexo exclusivamente con las noches y con la cama matrimonial. Esto no habla bien de nosotros, ¿dónde habrá quedado nuestra creatividad? Además, no se tiene en cuenta que existen soluciones intermedias, como que el niño duerma una parte de la noche solo y el resto acompañado (que es lo que ocurre usualmente en la mayoría de los hogares).

4. Si duerme en tu cama, tu hijo "ganó la batalla": FALSO
Este tipo de frases es sumamente dañino. La crianza vista como un campo de batalla donde, desgraciadamente, siempre alguien tiene que perder. La necesidad de los bebés y niños de dormir junto a sus padres es algo totalmente natural que tiene que ver con nuestra condición de humanos, con nuestra evolución, con nuestra necesidad de protección y con nuestro instinto de supervivencia.

El colecho es una elección de cada familia, no dejemos que ningún prejuicio se interponga en nuestras decisiones.

¿Qué otros mitos sumarían?

jueves, 7 de agosto de 2014

No quiere dormir solo (por Laura Gutman)


Si empezáramos a entender que ningún bebé o niño quiere dormir solo y dejáramos de verlo como un problema... ¡tendríamos un problema menos!

Reproduzco el texto original de Laura Gutman:

¡Por supuesto que los niños no quieren dormir solos! Ni quieren, ni deben. Los bebés que no están en contacto con el cuerpo de sus madres, experimentan un inhóspito universo vacío que los va alejando del anhelo de bienestar que traían consigo desde el período en que vivían dentro del vientre amoroso de sus madres. Los bebés recién nacidos no están preparados para un salto a la nada: a una cuna sin movimiento, sin olor, sin sonido, sin sensación de vida. Esta separación del cuerpo de la madre causa más sufrimientos de lo que podemos imaginar y establece un sin sentido en el vínculo madre-niño. No pasa nada si traemos a los niños a nuestra cama. Todos estaremos felices. Sólo basta con hacer la prueba para constatar que el niño se duerme entre sonrisas, que la noche es suave y que no hay nada que pueda ser contraproducente cuando hay bienestar. Lamentablemente las madres jóvenes desconfiamos de nuestra capacidad para comprender los pedidos de nuestros hijos que son inconfundiblemente claros. Circula socialmente la idea que satisfacer las necesidades de un bebé los convierte en “malcriados”, aunque paradójicamente, obtenemos una y otra vez el resultado opuesto al esperado, ya que en la medida que no dormimos cuerpo a cuerpo con los niños, ni los tocamos, ni los apretamos… ellos van a reclamar más y más. Pensemos que el “tiempo” para los niños pequeños aparece como un hecho doloroso y desgarrador si la madre no acude, a diferencia de las vivencias dentro del útero donde toda necesidad era satisfecha instantáneamente. Ahora la espera, duele. Si los niños deben esperar demasiado tiempo para encontrar confort en brazos de su madre, se aferrarán con vigor a los pechos, mordiendo, lastimando o llorando, apenas tengan acceso al cuerpo materno. El miedo será la principal compañía, porque sabrán que la ausencia de la madre volverá en cualquier momento a devorarlos. Los niños tienen razón en reclamar contacto físico ya que son totalmente dependientes de los cuidados maternos. Tienen conciencia de su estado de fragilidad y hacen lo que todo niño sano debe hacer: exigir cuidados suficientes para su supervivencia. La noche es larga y oscura, y ningún niño debería atravesarla estando solo. ¿Hasta cuándo? Hasta que el niño no lo necesite más.