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viernes, 19 de agosto de 2016

Mi regalo se llama PACIENCIA

 

Cada año llegan estas fechas y un remolino de ideas y emociones me envuelve sin previo aviso. Cumpleaños número 4, día del niño, comienzo del jardín, segunda mitad del año, proyectos personales, balances maternales.

Lo cierto es que el día a día (ese mismo que a veces se hace tan difícil y agotador) parece empeñarse en mostrarme que, efectivamente, el tiempo vuela.

¿Qué decir respecto del día del niño? ¿Cómo no caer en trivialidades y frases hechas? ¿Qué quiero regalarle a mi hijo, a mi familia, a mí misma?

Hace poco escribí sobre la comunicación y el gran desafío de desterrar de mi casa los gritos. Este post viene de la mano. Hoy mi regalo es la paciencia.

Quiero regalarle a mi niño aun más juegos compartidos. De esos que te hacen perder la noción del tiempo. Juegos con castillos, serpientes, lobos y charcos. Sin principio ni fin ni meta más que jugar.

También más abrazos cuando haya enojos. Un respiro para esos días en que el cansancio agobia y la rutina me hunde.

¡Y más tolerancia a sus pequeños ritmos! Porque sus pies caminan con pasos cortos y sus tiempos no son los que marca el reloj. Quiero más paciencia para recordar que los minutos son relativos y que la vida se construye de momentos eternos.

Además, más cuadras que cuenten historias. Ríos de lluvia que son un desafío o cuentos repentinos que nacen en un semáforo (en eso él es un experto).

Y muchos, pero muchos, menos mandatos.

Él crece pero yo también. De su mano todo es más fácil.

lunes, 23 de mayo de 2016

Reflexiones sobre la competencia y el juego libre



¿Tiene sentido la competencia?
Si un grupo de niños juega compitiendo y en lugar de disfrutar el juego está midiendo continuamente el mejor modo de sacar ventaja para "ganar", perdiendo de vista el instante, el simple hecho de jugar... ¿Ese juego sigue siendo productivo, libre, feliz?

Hace unos días me asaltaba este pensamiento y una sensación incómoda mientras miraba a un grupo de niños jugando, chicos de apenas 5 o 6 años. La competencia, además, estaba pura y exclusivamente impulsada por los adultos. Vi como de a poco la diversión y las risas se fueron apagando a medida que las reglas se adueñaban de la escena, dando lugar a la fría medición y al abandono del instante en pos de medir el futuro inmediato.

¿Con qué fin impulsamos la competencia?
Hace unos dos años en este mismo blog la psicóloga Daniela Ferazzini nos recordaba "la necesidad indispensable de que un niño juegue por puro placer, sin ningún otro objetivo o meta que el mismo jugar". El juego es aprendizaje, es liberación, es simbolismo, es construcción, es magia, es el lenguaje mismo de la niñez. ¿Por qué necesitamos apagarlo, guiarlo, medirlo, controlarlo? Nuestro afán de control sobre la infancia llega a veces a límites absurdos.

Tuve el privilegio de intercambiar sobre el tema en las redes sociales y rescato, con permiso de las autoras, algunas reflexiones de mucha riqueza.

Alicia Stolkiner, reconocida Lic. en Psicología, Diplomada además en Salud Pública, considera que hay una diferencia entre rivalidad y competencia. "La rivalidad es un dispositivo de las subjetividad, la competencia es una captura de ese dispositivo en una lógica, si se quiere, mercantil. Allí se transforma en una lucha en la que lo colectivo queda precluido por la necesidad de éxito individual". Difícil enseñar valores comunitarios si fomentamos el éxito personal, individual, por sobre el colectivo, ¿no creen? Algo que no me parece un tema menor.

Cuenta, además, Alicia: "Cuando llevaba a mis hijos a jugar fútbol me parecían increíbles algunos padres que no dejaban disfrutar el juego por la forma en que violentaban a sus hijos para que ganen". Quizás sea hora de revisar qué valores deportivos fomentamos en nuestros niños.

Por su parte, la Psicóloga Clínica Ivana Raschkovan afirma que "la capacidad para la preocupación por el otro de la que tanto se ocupó Winnicott se construye en el encuentro con el otro. El respeto por el semejante debe reconocerlo en su individualidad y diferencia. Continuamente veo niños en el consultorio en los que su subjetividad ha sido arrasada en pos de criar niños para el mercado productivo. Niños que pasan ocho horas por día en la escuela y luego deben continuar actividades extraescolares para convertirse en sujetos productivos y "competentes". Me pregunto cuánto lugar hay en estos niños para el desear y para el jugar por el mero placer que el jugar despierta. No me sorprende que un niño capturado por esta lógica de discurso quede atrapado en un juego competitivo donde el par se vuelve un "oponente". Y esta lógica binaria y oposicionista sin lugar a dudas es en detrimento del placer y de la capacidad lúdica".

Buscando alternativas a esta lógica competitiva
¿Queremos realmente seres humanos que vean al otro como un oponente a quien ganarle o sacarle ventaja? ¿O queremos, por el contrario (y espero que compartan), una sociedad donde la comunidad prevalezca, donde los valores compartidos apunten a la cooperación y la solidaridad? No estamos viendo que el juego competitivo extremo atenta contra esto. ¿Por qué mejor no brindar más horas de juego libre, más disfrute, más espacios cooperativos, más juegos con reglas inventadas por ellos mismos, más actividades centradas en el compartir?

Ya lo decía Maria Montessori: "Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz".

lunes, 28 de septiembre de 2015

Beatriz Janin: "El tiempo que el niño está frente a pantallas es un tiempo de no-juego"


Foto: Mark Pakula's blog

Muchas gracias Beatriz por tu tiempo y por estar presente en Criando Pensamientos. Hoy queremos tratar un tema que nos preocupa a todos los padres y madres: los niños frente a las pantallas. En el último encuentro de Forum Infancias has hecho referencia a este tema y mencionaste que en los medios audiovisuales la imagen prevalece sobre la palabra. ¿En qué afecta esto a los niños?
Los afecta porque si bien las imágenes dan una información importante, son mucho más difíciles de procesar que las palabras. Son inmediatas y su efecto es inmediato. No dan tiempo a metabolizar lo que se ve ni a que se fantasee. Si bien uno puede pensar en imágenes las palabras dan una posibilidad de complejización de la que carecen las imágenes.

¿Qué pasa cuando exponemos a bebés y niños muy pequeños (2 o 3 años) a la televisión, la computadora y demás dispositivos electrónicos? ¿Hay un tiempo máximo recomendado o es mejor evitarlos por completo?
El problema es cuando exponemos a niños de menos de dos años, que carecen de palabras para relatar lo que vieron y quedan aturdidos por estímulos muy fuertes. Después, a los dos o tres años, lo mejor es no exponerlos durante demasiado tiempo, eligiendo qué es lo que ven y acompañándolos. Es diferente que un adulto esté con ellos cuando miran un programa a dejarlos solos, porque si hay un adulto el niño podrá preguntar, el adulto le puede explicar lo que parece complicado para un niño, pueden intercambiar sobre lo que están viendo. También, el tiempo que el niño está frente a pantallas es un tiempo de no-juego, cuando para un niño su actividad fundamental tiene que ser jugar. Es a través del juego, sobre todo dramático, que el niño puede elaborar las situaciones que ha vivido y crear nuevos espacios, nuevos mundos. 

"El tiempo que el niño está frente a pantallas es un tiempo de no-juego, cuando para un niño su actividad fundamental tiene que ser jugar".

En el caso de padres que necesitan de las famosas "niñeras electrónicas" algunas horas al día. ¿Cuál sería tu consejo? ¿Cómo acompañar estos procesos que ahora son tan omnipresentes en casi todos los hogares?
Lo más importante es que las “niñeras electrónicas” no sustituyan a los adultos. El niño necesita de seres humanos con los que intercambiar mensajes, con los que aprender a hablar, a cantar, a jugar.

Desde Criando Pensamientos creemos en reivindicar el juego libre y el tiempo compartido en familia, siempre respetando el tiempo evolutivo de cada niño y su contexto. ¿Es lo mismo que un chico esté solo frente a la pantalla o que comparta una película o dibujito con sus padres y/o hermanos?
Es totalmente diferente. Cuando está solo no puede preguntar a nadie sobre lo que no entiende ni puede comentar con otro lo que está pasando. Tampoco va a poder compartir después lo visto. Por el contrario, cuando se ve una película o un dibujito con otros, hay un tema a conversar, los adultos pueden relatarle al niño lo que vieron, que muchas veces es algo que él solo no puede ligar ni entender y esto puede ayudarlo a procesar esos estímulos.

"Lo más importante es que las “niñeras electrónicas” no sustituyan a los adultos. El niño necesita de seres humanos con los que intercambiar".

¿Cómo capitalizamos los medios electrónicos a favor de la educación y el aprendizaje de nuestros hijos? ¿Es posible?
Es posible si los acompañamos en los descubrimientos, si conversamos con él lo que va viendo y si no usamos las pantallas como modo de desconexión.

¿Quisieras añadir algo más?
Que muchas de las dificultades con las que nos encontramos hoy en día en algunos niños, como las dificultades en la adquisión del lenguaje, parecen estar ligadas a este predominio de aparatos y la desconexión de los adultos, que también están absorbidos por las pantallas y los múltiples requerimientos de la vida actual. Otra consecuencia es el predominio de niños hiperactivos y desatentos, que llegan a la escuela acostumbrados a estímulos fuertes, visuales y se encuentran con otro tipo de estímulos a los que les cuesta adaptarse.

Muchas gracias de nuevo por tu tiempo y reflexiones. 


Beatriz Janin es Licenciada en Psicología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (año 1971). Directora de las Carreras de Especialización en Psicoanálisis con Niños y en Psicoanálisis con Adolescentes de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales. Directora de la revista Cuestiones de Infancia.

Ha publicado numerosos artículos sobre clínica psicoanalítica con niños y adolescentes y sobre psicopatología infanto-juvenil en revistas especializadas de Argentina, España, Francia, Brasil e Italia.

viernes, 4 de julio de 2014

La importancia del juego en la niñez



¿No sienten que vivimos en una época que le exige mucho a los chicos? Cada vez más temprano tienen actividades todo el día y, en muchos casos, al llegar a casa además tienen tarea de la escuela y poco tiempo de juego.

Tenía este tema en la cabeza y se me ocurrió consultarlo con mi amiga Daniela Ferazzini (*), que además de ser Licenciada en Psicología, tiene mucha experiencia con chicos y coordina el Taller de juego terapéutico para Niños.

Les dejo sus palabras y los invito a que reflexionemos juntos.

"Es cierto, los tiempos cambian y las costumbres también. Hoy en día la mayoría de los niños tienen agendas más cargadas que algunos adultos: el jardín o la escuela (en algunos casos de doble jornada) y luego actividades para que “descarguen” o aprendan diversos idiomas o deportes o técnicas y… ¿Cuándo juegan libremente? ¿En los recreos? No duran más de media hora en total. ¡Pero en clase hacen un montón de juegos! 

La realidad es que la mayoría de las actividades que realizan los niños en la escuela tienen apariencia o cobertura lúdica pero el verdadero objetivo de estas actividades es pedagógico.

Incluso los dibujos animados han cambiado. Hoy Mickey Mouse no persigue a Minnie para jugar juntos, o hacer travesuras con Pluto y el pato Donald. Estos personajes se juntan a buscar la mouske-herramienta correcta ¡para resolver problemas! 

Los dibujitos animados dejan de ser un espacio libre para la imaginación, ya no puede pasar cualquier cosa. ¿Se acuerdan de los agujeros negros del correcaminos, de esa especie de alfombrita removible llena de magia? Bueno, eso ya fue, no existe tal cosa y encima ¡no nos enseña nada!

“En el juego, y sólo en él, pueden el niño o el adulto crear y usar toda la personalidad, y el individuo descubre su persona solo cuando se muestra creador.” D.W. Winnicott

Ocurre que a veces el jugar e imaginar se asocian con “perder el tiempo” principalmente cuando esta actividad la realiza un adulto, pero también con los niños. ¿Perder el tiempo en nuestra época no está muy bien visto, no? Todo se trata de acortar plazos, acelerar la productividad, ganarle al reloj, etc.

Mi intención aquí es resaltar la importancia, la necesidad indispensable de que un niño juegue por puro placer, sin ningún otro objetivo o meta que el mismo jugar.

¿Y si en vez de pedirles a nuestros hijos que sean más adultos nos hacemos un tiempo para ganarlo con ellos y jugamos como niños por un ratito? ¿Cómo se hace? 

A muchos papás se les dificulta e incluso algunos dicen no saber cómo jugar con sus hijos, pero la respuesta está en los niños. ¡Ellos saben bien cómo jugar con un adulto! Lo principal es soportar el vértigo del dejarse llevar por el “Dale que éramos (…) y hacíamos (…)” y así convertirse y hacer cualquier cosa por un ratito: un superhéroe, un perrito, la seño, o ser el hijo de nuestro hijo o jugar a la lucha y dejarse matar: ¡total es de jugando! Lo importante es no intentar que haya allí algo en relación a un aprendizaje, que los niños sean realmente libres de crear ese mundo de fantasía tal cual lo necesitan. 

Por último, considero que lo mejor que le podemos dar a nuestros hijos no es la mayor cantidad de juguetes ni los más caros, sino un ratito de tiempo con ellos, juguetes que se puedan romper sin culpa, y brindar materiales que se puedan transformar usando la imaginación (telas, cartones, broches de ropa, lanas, etc.), o mejor aún ¡construir juguetes y cuentos con ellos!"

¡Cuántas veces nos pasa que a nuestro hijo le regalan un juguete carísimo y lo más usado termina siendo la caja! 


Me encantó la revalorización que Daniela hace sobre jugar como chicos, al principio puede resultar raro pero es totalmente liberador. Y nunca había pensado en cómo han cambiado los dibujos animados, realmente me quedo pensando. ¿Y ustedes?


(*) Daniela Ferazzini es Licenciada en Psicología (UBA). Además, es concurrente del equipo Infanto-Juvenil del C.S.M. N° 3 Dr. Arturo Ameghino. Realiza tratamientos individuales y grupales para niños, adolescentes y padres. Para contactarse: d.ferazzini@gmail.com,  jugandoeneltaller@gmail.com click acá.