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sábado, 19 de marzo de 2016

Estar en brazos de mamá, una necesidad


Durante los primeros meses luego del nacimiento, si todo anda bien, el bebé experimenta una vivencia de fusión con la madre, que consiste en un estado de indiferenciación entre ambos. No hay diferencia yo/no-yo, no hay separación entre los cuerpos; el niño literalmente habita en el cuerpo materno.
A este proceso se lo denomina exterogestación: el bebé se encuentra fuera del útero pero requiere de cuidados similares a los que recibía dentro de la panza de su mamá.  Necesita del contacto constante con ella. Por esta misma razón la mayoría de los bebés lloran si se los acuesta solos en su cuna y muchas veces se despiertan cuando se los separa de los brazos.
Es la mamá (o quien cumpla dicha función) quien permitirá con sus cuidados que el niño pueda soportar ese estado de dependencia absoluta del que parte al comienzo de la vida y que conduce a que pueda constituirse como un ser diferente de la madre.
Esta individuación será el resultado de un complejo proceso de maduración que le permitirá convertirse en un ser autónomo. Sólo a través de este proceso un chico puede llegar a conformarse como un individuo con una independencia relativa respecto de su madre, dependiendo de ella cada vez menos a lo largo de su desarrollo.
No obstante, recorrer este camino requiere de un tiempo y de ciertas condiciones necesarias provistas por el entorno. Si ese estado primario de fusión al cuerpo materno se ve obstaculizado o separado precozmente, el niño se verá impelido a desarrollar mecanismos defensivos para soportar ese estado de no integración debido a su inmadurez.
 Un bebé que pide por su mamá cuando un extraño lo alza, no lo hace porque es “mamengo”. Simplemente se trata de que ese niño aún no está preparado para soportar por mucho tiempo la distancia con el cuerpo de su madre.
Es muy común ver cómo el pequeño, cuando comienza a explorar el mundo, necesita retornar después de cierto tiempo (que resulta cada vez más prolongado) a refusionarse con su mamá para luego poder volver a seguir explorando.
Si no ofrecemos condiciones para que se establezca ese contacto y ese deambular, no estamos siendo respetuosos y facilitadores de ese proceso.
Una buena unión es necesaria para luego poder separarse y ser seres independientes. Si esa fusión primaria se ve interferida, nos encontraremos con niños inseguros y temerosos, o en el peor de los casos, con individuos desapegados y emocionalmente inestables.
* Lic. Ivana Raschkovan. Psicóloga clínica. Docente de la Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), Cátedra Clínica de Niños y adolescentes; facebook.com/CrianzaInfantil.
 Fuente: Clarín

domingo, 21 de febrero de 2016

La Comunicación No Violenta aplicada a la crianza


¿Qué es la Comunicación No Violenta (CNV)? La CNV (o comunicación empática) es un modelo de psicología de la comunicación desarrollado por Marshall Rosenberg que tiene como fin lograr que las personas se comuniquen de manera clara y empática, evitando el lenguaje evaluativo que etiqueta en lugar de expresar y entender.

La CNV busca encontrar una manera de que todos los involucrados obtengan lo que es importante para ellos sin recurrir a la culpa, la humillación, la vergüenza, la coerción o las amenazas. Resulta muy útil para resolver conflictos, conectarse con los demás y vivir de una manera más consciente.

Podemos utilizar los principios de la CNV para mejorar la comunicación en cualquier ámbito de nuestras vidas, ¿por qué no tomarlos como base para generar intercambios respetuosos dentro de nuestra familia?


Quisiera destacar 3 puntos clave:
  • En la CNV las necesidades no son caprichos: se trata de identificar las necesidades y las emociones que subyacen a toda acción. Esta cuestión es fundamental como base de la crianza respetuosa y se puede aplicar a las relaciones tanto con los niños como con otros adultos. Validar las necesidades y acciones de los demás nos permite comunicarnos desde la empatía y el respeto, buscando soluciones y dejando de lado discusiones, castigos y otras formas nocivas de relacionarnos.
  • Otra clave: no tratemos de discutir con una persona enojada, sólo escuchémosla. Una vez que hayamos entendido sus sentimientos y necesidades y hayamos mostrado que lo escuchamos sin juzgar, puede que esté listo para escucharnos. Si hablamos de niños muy pequeños a veces simplemente se trata de ponernos a su altura y esperar, u ofrecer un abrazo.
  • La técnica básica es conectarse primero emocionalmente para identificar las necesidades de cada uno, luego buscar una solución. Ir directamente a la resolución del problema casi siempre deja a la persona con el sentimiento de que no fue escuchada.

Entonces, ¿cómo se aplica la CNV? Vamos a centrarnos en sus 4 pasos: observaciones, sentimientos, necesidades y peticiones. 

1. Expresá observaciones (hechos concretos). Buscá que sean verdaderas observaciones objetivas. Por ejemplo, “veo ropa tirada en tu cuarto” es un hecho observado, mientras que “tu cuarto es un chiquero” es una evaluación. Los demás no siempre concuerdan sobre las evaluaciones porque pueden valorar las cosas de manera diferente, pero los hechos concretos proporcionan un terreno común para empezar a hablar.

2. Planteá el sentimiento que este hecho te provoca. Nombrar la emoción sin juzgar te permite conectarte de manera respetuosa y cooperativa. Por ejemplo, “mañana tenés un examen y veo que andás paseando de un lado a otro de la casa (observación), ¿estás nervioso?” o “veo que son las 5 de la mañana y recién llegás a casa, esto me produce miedo". No siempre los sentimientos son fáciles de expresar con palabras, hagamos un esfuerzo de introspección.

3. Formulá la necesidad que produce ese sentimiento. Cuando nuestras necesidades son satisfechas, somos felices, y cuando no, experimentamos frustración. Si logramos identificar el sentimiento es más fácil localizar la necesidad oculta. Por ejemplo, “veo que no me mirás cuando te hablo (observación), me siento incómodo (sentimiento), necesito que me mires para poder conversar (necesidad)". 

4. Hacé una petición concreta para satisfacer esa necesidad. Pedí clara y específicamente lo que querés en este momento, en lugar de ir con rodeos o indicar solamente lo que no querés. Por ejemplo, “no dijiste nada en los últimos 10 minutos (observación), ¿estás aburrido? (sentimiento)." Si la otra persona respondiera que sí, podríamos compartir los propios sentimientos y proponer una acción concreta: “bueno, yo también estoy aburrido, ¿por qué no vamos a la plaza?". Para que la petición sea realmente un pedido (y no una orden) es necesario permitir que la otra persona diga que no y/o proponga otras opciones.

Un ejemplo completo para los cuatro pasos sería: “Veo que... Siento... porque necesito... ¿Por qué no probamos....? O para la otra persona: "Veo que... ¿Sentís que... porque necesitas...? ¿Te gustaría que yo...?

Este simple modelo de comunicación puede ser usado entre adultos y con niños desde muy temprana edad, y es especialmente útil para relacionarnos con adolescentes.

Recordemos lo importante: expresar observaciones, identificar sentimientos y necesidades, escuchar sin juzgar, proponer una solución, nunca recurrir a las amenazas, al miedo, a la coerción ni a juicios que avergüencen al otro.

¿Pensás que podrías aplicar estos principios en tu casa? ¿Ya los conocías? Si tenés dudas dejame tu comentario, escribime a criandopensamientos@gmail.com o contactame a través de Facebook.

martes, 8 de diciembre de 2015

La buena crianza: entre sostener y soltar

Foto: Kambrosis

Últimamente me desvelo pensando en este tema. Será que leo tantos comentarios preocupados de padres y madres falsamente acusados de malcriar. ¿Por qué será que nuestra sociedad tiene tantos problemas con el contacto físico? Se me ocurren algunas respuestas, pero eso es tema para otro post.

Muchas veces dije esto de que la crianza es un permanente equilibrio entre sostener y soltar.

Si hablamos de un bebé recién nacido el sostén será prácticamente 24 horas (mal que le pese a algunas personas), pero a medida que pasan los meses y los años indefectiblemente tenemos que aprender a soltar. Y acá no puedo evitar acordarme de ese poema precioso de Khalil Gibran: Tus hijos no son tus hijos.  
 
Soltarlos implica confianza en ellos y en nosotros mismos. Creer que hicimos las cosas lo suficientemente bien como para poder darles esa merecida autonomía.
 
También incluye no estar continuamente dando órdenes como un militar frustrado (sobre este tema voy a escribir muy pronto).

Pero qué difícil es a veces, ¿no? La autoexigencia, las opiniones ajenas, las dudas existenciales, los miedos irracionales, la propia experiencia y tantos otros fantasmas que se infiltran de algún modo en nuestras cabezas sin ser bienvenidos.

Soltar significa entender que nuestros hijos son libres. Que han venido al mundo a ser ellos mismos y no una parte de nadie ni nada. Que podemos legarles raíces pero sin olvidarnos de respetar sus alas.

Sostener y soltar. Tan sencillo y tan complejo. Para que sean libres de volar pero también de volver, sabiendo que vamos a estar ahí, incondicionalmente.

lunes, 8 de septiembre de 2014

¿Es necesario poner límites en la crianza?




¿De qué hablamos cuando hablamos de límites? Pareciese que los límites son un concepto abstracto. Dice Casilda Rodrigáñez: ¿poner límites o informar de los límites? A mí en particular no me gusta nada hablar de límites. Hablaría de transmitir valores, reglas y demás. Como dice el Dr. Carlos González, en la adultez llevar adelante cualquier acción "sin límites" es sinónimo de algo positivo, ¿entonces por qué en los niños es algo deseable?


Sí, muchas veces habrá que decirles que no a los chicos y lograr que hagan cosas que no desean.

No, la crianza respetuosa no se trata de dejar "que hagan lo que quieran" ni de ser permisivos, esto es un reduccionismo en el que no deberíamos caer.

¿Pero queremos dialogar con nuestros hijos, escucharlos y que nos respeten verdaderamente? ¿O que tengan temor al castigo y se sientan incomprendidos? Es la diferencia entre la autoridad vertical y la horizontal de la que habla Rosa Jové.

Yo elijo la autoridad horizontal. Quiero legarle a mi hijo herramientas para su vida y valores que considero positivos. Pero, sobre todo, quiero que sea una persona segura y autónoma. Y que sepa tomar decisiones por sí mismo.

Algunos me suelen decir que yo llamo de otro modo a algo que es lo mismo. Pero creo que el lenguaje no es un hecho menor. Si quiero proponer algo nuevo, está bueno empezar por nombrarlo distinto. El límite tiene, claramente, una connotación negativa. "Ese chico esté buscando el límite". "A este otro le faltaron límites". Todas ellas son concepciones condescendientes. Lo que ocultan es la contracara adulta: falta de escucha y de empatía. Es más fácil castigar. Y más rápido el resultado. Es la sencilla y triste razón por la cual triunfa el conductismo en la crianza.

Nos pese o no, nuestros hijos nacen con alas. Está en nosotros cortarlas o enseñarles a volar.

Incluso "poner límites" se convierte en una tarea más en la (extensísima) lista de "deberes parentales". Como si se tratase de algo separado de la vida cotidiana. Nada más lejos de la realidad: nosotros enseñamos guías de comportamiento y valores cada día, con nuestras actitudes, palabras y acciones. Justamente no necesitamos generar más "deberes para el hogar". Eduquemos con el ejemplo, hablemos y escuchemos. Apostemos a una crianza en paz.

Esto no es más que una reflexión, una invitación a abrirnos y pensar desde otro lado. Les dejo más abajo algunos extractos de diferentes autores que suman al tema. Me gustaría leer sus opiniones.

Rosa Jové, La crianza feliz
El adultocentrismo es una forma de educar basada en la obediencia ciega y en la idea de que las normas se imponen de arriba abajo, es decir, de padres a hijos. Cualquier límite es un obstáculo para una crianza feliz. Yo no limito a mi marido, ni mi marido a mí: simplemente hemos hablado de lo que nos va bien en nuestra convivencia y lo hacemos. La palabra «límite» es una coacción a la libertad. Hemos de hablar a nuestros hijos de valores y no de límites. El hecho de usar la palabra «límite» casi exclusivamente con niños es un claro ejemplo de adultocentrismo.

Carlos González

¿Tiene sentido esperar de un hijo que obedezca sin rechistar? ¿No preferiríamos un hijo que es él mismo, que sabe expresar sus preferencias y negarse a algo que no le agrada? Y es aquí donde entran la perspectiva y la flexibilidad.

sábado, 23 de agosto de 2014

Por qué elijo educar sin castigar


Estaba navegando por ahí y encontré la siguiente frase: “Es abuso cualquier comportamiento encaminado a controlar y subyugar a otro ser humano mediante el recurso al miedo y la humillación, y valiéndose de ataques físicos o verbales.” (Susan Forward, terapeuta y conferenciante). Inmediatamente pensé en los castigos.

Hace tiempo que vengo leyendo sobre el tema y cada día me convenzo más de que castigar a los chicos es un ejercicio de prepotencia, como dice el Dr. Carlos González. Dicha sea la verdad, son muchas las veces que los padres nos sobrepasamos, gritamos y hacemos cosas que no nos gustan. Pero siempre hay tiempo para tomarse cinco minutos y pensar. ¿Podemos hacerlo de otro modo? 

En este sentido les recomiendo Parenting without punishing (crianza sin castigos) de Norm Lee (online y en español); Crecer con confianza, educar sin castigos ni recompensas de Justine Mol; Creciendo juntos, de la infancia a la adolescencia con cariño y respeto de Carlos González; El niño feliz de Dorothy Corkille Briggs; La crianza feliz de Rosa Jové, entre otros.

En Parenting without punishing, una publicación gratuita de Norm Lee, se habla de una investigación llevada a cabo en Estados Unidos sobre violencia familiar. Los resultados demostraron que más del 95% de las personas habían sido golpeados, cacheteados y humillados de otras maneras durante la niñez, experimentando el horror y el trauma de ser atacados por aquellos adultos de quienes no tenían otra opción que depender para sobrevivir y tener amor y protección. No creo que los resultados hubiesen sido muy distintos en Argentina. Hagamos un poco de introspección y memoria.

Norm Lee dice: "La primera objeción al castigo es que no funciona. Que no sirve a nuestro propósito de "reformar" al niño, pues aunque el comportamiento externo pudiera cambiar temporalmente para evitar el castigo, la humillación es internalizada, sólo para resurgir más tarde. El castigo empeora las cosas casi sin excepción, sin importar que sea o no aparente inmediatamente. (...) La mayor parte de la gente cree en la efectividad del castigo porque brinda una apariencia de control. Pero al reprimir la hostilidad, impulsa la mentira, el engaño y la hipocresía y cosas aún peores."

El hecho es que vivimos en un mundo violento y plagado de disfuncionalidad familiar, ¿por qué no analizar las causas y condicionamientos que surgen en infancia misma?

Continua Lee (y yo comparto su visión): "Creemos en los valores tradicionales de la familia: La honestidad, responsabilidad, gentileza, respeto, valor, libertad, paciencia y auto-confianza. (...) Creemos en la auto-disciplina, tanto para padres como para niños." 

QUÉ ES LO QUE PROVOCA EL CASTIGO EN LOS NIÑOS

1. Le enseña que la violencia y la intimidación es el camino para lograr el poder, el control, respeto y madurez.


2. Produce sentimientos de ira y resentimiento. 


3. Hace que el niño se sienta culpable y desvalorizado, minando su autoestima. (sobre la importancia de la autoestima como base psicológica de todo ser humano leer El niño feliz).


4. Impide que el niño pueda madurar y aceptar su responsabilidad.

5. Mata la espontaneidad, el humor, la buena voluntad y la alegría de la niñez.

6. Disminuye su capacidad y habilidad de amar.

7. Ata psicológicamente al niño a la persona que lo castiga en un círculo vicioso que destruye su independencia y rompe su espíritu.

8. Daña el valor y la confianza, produciendo timidez y cobardía.

9. Induce el temor y la ansiedad, generalmente de por vida.

10. Priva al niño de la experiencia de la libertad y del derecho a una niñez feliz.

En Crecer con confianza, de Justine Mol, la autora menciona: "En un sistema de premios y castigos, los niños en lugar de cooperar, vivir en perfecta armonía y respetar a los demás, aprenden sobre la dominación: la persona con mayor poder es la que corta el bacalao y al resto no le queda más remedio que pasar por el aro o rebelarse." Para criar personas seguras de sí mismas debemos prescindir de los castigos.

Por su lado, el Carlos González en su libro más reciente retoma el mismo tema y es bastante categórico: "El castigo es completamente innecesario para la educación de los hijos. (...) Por desgracia, a todo el mundo le gusta las soluciones fáciles y rápidas que las que requieren tiempo y esfuerzo. (...) La palabra castigo se inventó para no llamarlo por su verdadero nombre: venganza."

¿Y cuáles son las alternativas? Muchas. ¿Se necesita paciencia? Seguramente. Y cambiar los patrones bajo los cuales venimos siendo criados (en la mayoría de los casos). Fomentar el diálogo, escuchar activamente, poner reglas claras que se consensúen en familia, respetar los sentimientos y pensamientos de nuestros hijos (aun cuando no estemos de acuerdo), preferir siempre la autoridad democrática u horizontal, confiar en nuestros instintos y en los chicos mismos. Les recomiendo los libros que cité al comienzo. Es un camino que vale la pena comenzar a transitar. ¿Ustedes qué piensan?

viernes, 4 de julio de 2014

La importancia del juego en la niñez



¿No sienten que vivimos en una época que le exige mucho a los chicos? Cada vez más temprano tienen actividades todo el día y, en muchos casos, al llegar a casa además tienen tarea de la escuela y poco tiempo de juego.

Tenía este tema en la cabeza y se me ocurrió consultarlo con mi amiga Daniela Ferazzini (*), que además de ser Licenciada en Psicología, tiene mucha experiencia con chicos y coordina el Taller de juego terapéutico para Niños.

Les dejo sus palabras y los invito a que reflexionemos juntos.

"Es cierto, los tiempos cambian y las costumbres también. Hoy en día la mayoría de los niños tienen agendas más cargadas que algunos adultos: el jardín o la escuela (en algunos casos de doble jornada) y luego actividades para que “descarguen” o aprendan diversos idiomas o deportes o técnicas y… ¿Cuándo juegan libremente? ¿En los recreos? No duran más de media hora en total. ¡Pero en clase hacen un montón de juegos! 

La realidad es que la mayoría de las actividades que realizan los niños en la escuela tienen apariencia o cobertura lúdica pero el verdadero objetivo de estas actividades es pedagógico.

Incluso los dibujos animados han cambiado. Hoy Mickey Mouse no persigue a Minnie para jugar juntos, o hacer travesuras con Pluto y el pato Donald. Estos personajes se juntan a buscar la mouske-herramienta correcta ¡para resolver problemas! 

Los dibujitos animados dejan de ser un espacio libre para la imaginación, ya no puede pasar cualquier cosa. ¿Se acuerdan de los agujeros negros del correcaminos, de esa especie de alfombrita removible llena de magia? Bueno, eso ya fue, no existe tal cosa y encima ¡no nos enseña nada!

“En el juego, y sólo en él, pueden el niño o el adulto crear y usar toda la personalidad, y el individuo descubre su persona solo cuando se muestra creador.” D.W. Winnicott

Ocurre que a veces el jugar e imaginar se asocian con “perder el tiempo” principalmente cuando esta actividad la realiza un adulto, pero también con los niños. ¿Perder el tiempo en nuestra época no está muy bien visto, no? Todo se trata de acortar plazos, acelerar la productividad, ganarle al reloj, etc.

Mi intención aquí es resaltar la importancia, la necesidad indispensable de que un niño juegue por puro placer, sin ningún otro objetivo o meta que el mismo jugar.

¿Y si en vez de pedirles a nuestros hijos que sean más adultos nos hacemos un tiempo para ganarlo con ellos y jugamos como niños por un ratito? ¿Cómo se hace? 

A muchos papás se les dificulta e incluso algunos dicen no saber cómo jugar con sus hijos, pero la respuesta está en los niños. ¡Ellos saben bien cómo jugar con un adulto! Lo principal es soportar el vértigo del dejarse llevar por el “Dale que éramos (…) y hacíamos (…)” y así convertirse y hacer cualquier cosa por un ratito: un superhéroe, un perrito, la seño, o ser el hijo de nuestro hijo o jugar a la lucha y dejarse matar: ¡total es de jugando! Lo importante es no intentar que haya allí algo en relación a un aprendizaje, que los niños sean realmente libres de crear ese mundo de fantasía tal cual lo necesitan. 

Por último, considero que lo mejor que le podemos dar a nuestros hijos no es la mayor cantidad de juguetes ni los más caros, sino un ratito de tiempo con ellos, juguetes que se puedan romper sin culpa, y brindar materiales que se puedan transformar usando la imaginación (telas, cartones, broches de ropa, lanas, etc.), o mejor aún ¡construir juguetes y cuentos con ellos!"

¡Cuántas veces nos pasa que a nuestro hijo le regalan un juguete carísimo y lo más usado termina siendo la caja! 


Me encantó la revalorización que Daniela hace sobre jugar como chicos, al principio puede resultar raro pero es totalmente liberador. Y nunca había pensado en cómo han cambiado los dibujos animados, realmente me quedo pensando. ¿Y ustedes?


(*) Daniela Ferazzini es Licenciada en Psicología (UBA). Además, es concurrente del equipo Infanto-Juvenil del C.S.M. N° 3 Dr. Arturo Ameghino. Realiza tratamientos individuales y grupales para niños, adolescentes y padres. Para contactarse: d.ferazzini@gmail.com,  jugandoeneltaller@gmail.com click acá.

lunes, 30 de junio de 2014

La crianza también tiene que ser respetuosa con los padres


"Una crianza feliz y respetuosa es aquella que tiene en cuenta las necesidades físicas y emocionales del niño, siendo atendidas de forma que se respete al menor como persona" (Rosa Jové).

¿Esto implica que dejamos que los chicos hagan absolutamente todo lo que quieren? Por supuesto que no. ¿Implica que dejemos de lado nuestros deseos y necesidades? Tampoco. ¿Implica sentirnos culpables por no poder cumplir un supuesto "deber ser"? Menos.

La crianza respetuosa implica dos cosas básicas: amor y respeto. Reconocer a nuestros hijos como individuos, como sujetos de derecho. Desde que nacen. Aceptar que tienen expresiones propias y que no siempre estaremos de acuerdo en todo. Que habrá conflictos. Que habrá enfrentamientos. Que habrá emociones encontradas. ¡Y que eso es sano y bueno! Claro, también habrá miles de momentos donde nos sobrepasemos y nos sintamos cansados; pero si estamos convencidos de estas premisas estoy segura de que nuestra mirada será distinta.

Hay una realidad. No siempre tenemos disponibilidad, ni tolerancia ni la empatía a flor de piel. Somos humanos: a veces estamos agotados, enojados con el trabajo o simplemente nuestra paciencia no está pasando su mejor día. ¡Somos seres humanos! Si hay algo que tendríamos que hacer de una vez y para siempre es despojarnos de los modelos idealizados y las exigencias desmedidas. No existen los padres perfectos (y si existieran serían aburridísimos).


Todos los padres nos equivocamos y aprendemos en el proceso. El respeto también tiene que ser hacia nosotros mismos: qué queremos, qué es mejor para nuestra familia en este momento, qué podemos y qué no podemos hacer, con honestidad, sin prejuicios


Yo estoy convencida de que es necesario un cambio de paradigma en la crianza: apostar al amor, al respeto, a la tolerancia, a la igualdad y a la libertad nos asegura un futuro mejor a todos. Pero eso no quiere decir que los niños reinen el mundo (de hecho estoy bastante cansada de que se malinterprete la crianza respetuosa como crianza "niño-céntrica" o permisiva). Quiere decir que necesitamos ser una sociedad más tolerante. No sólo con los niños, sino principalmente con sus padres.

martes, 24 de junio de 2014

Los benditos berrinches

¡Los berrinches! Una etapa difícil de superar siendo padres. Claro, es fácil hablar de tolerancia y respeto cuando nuestro hijo es un ángel caído del cielo, la verdad de la milanesa aparece cuando se comporta como el mismísimo hijo de Satanás.

Siempre me llamó la atención ver en la calle nenes y nenas siendo arrastrados del brazo, gritando, pataleando, llorando... Y padres totalmente superados, enojados, avergonzados. Porque al menos en nuestra ciudad esto de los berrinches está pésimamente catalogado. La opinión pública dice que son caprichos y que si no ponemos un freno a este comportamiento seremos esclavos de los deseos (incoherentes) de nuestros vástagos por siempre.

Por eso cuando leí por primera vez a Rosa Jové me quedé pensando. Ella compara esa situación cotidiana padre-hijo con una situación similar pero donde los protagonistas son marido-mujer. Una mujer que se niega a hacer algo y es arrastrada con su marido, a los gritos, por la calle. El horror. Y es tan cierto... ¡Qué hipócritas somos! ¿Por qué ese maltrato va a estar bien en chicos pero no en adultos? 

En el libro La crianza feliz de la psicóloga Rosa Jové se explica el por qué de los temidos berrinches. Parece ser que los chicos de 2 a 4 años inician una etapa de independencia y es un momento en que pretenden hacerlo todo solos llevando la contra. Pero ella deja claro que no los hacen para «fastidiar» sino para probar cosas nuevas y experimentar con el entorno. "Suele ser un período difícil, y los problemas de comportamiento se disparan debido a la incomprensión de los padres (...) ¿Cómo hace el niño para manifestar su independencia? Pues, dada su edad, es una estrategia muy simple: consiste solamente en negar al otro. Su palabra más utilizada es «no», y resulta fácil de entender, porque negando al otro empieza a expresar lo que él «no es», puesto que aún no sabe realmente lo que «es»." Una revelación, al menos para mí. Mi hijo hoy tiene 22 meses y ya hace un par que su palabra estrella es el NO.

La autora también dice: "El único problema es que esto implica un conflicto emocional importante para los niños porque, como los padres no entienden lo que pasa y normalmente se enfadan con ellos, notan que se están enfrentando a los seres que más quieren y ello les provoca una ambivalencia de sentimientos. Eso, nada más y nada menos, son las famosas rabietas: una lucha interior entre lo que debo hacer por naturaleza y la incomprensión de mis padres hacia tales actos, que me provoca unos sentimientos ambivalentes («Quiero a mis padres pero ahora los odio»). En ese momento se dan dos deseos enfrentados y contradictorios: el deseo del niño y el de los padres. Y el niño no entiende por qué."

OK. Es una etapa. Pero, ¿qué hacemos? Yo creo que, simplemente, sabiendo que es algo normal y no una lucha de poderes ya nos vamos a tomar el tema con mucha más liviandad. Jové dice: "Muchos padres viven esta etapa con mucha ansiedad porque piensan que es una forma que tienen sus hijos de rebeldía, de desobediencia o de tomarles el pelo. Nada más lejos de la realidad. En estas conductas del niño no hay ningún sentido de «ponernos a prueba» ni ningún juego de poder en medio."

No los quiero desalentar -nada más lejos de mis intenciones- pero parece que las rabietas aparecen hacia los 2 años y suelen terminar... ¡antes de los 5! Habrá que tener mucha paciencia. Pero acá lo más importante es ¿qué hacemos para manejar con calma un berrinche? Rosa Jové da algunos buenos consejos y un método bastante simple que les aseguro que funciona incluso con chicos más grandes.

Ella dice: "Podemos resumir en seis puntos la mejor manera de superar las rabietas: 1. Comprendiendo que el niño no pretende tomarnos el pelo. 2. Dejando que pueda hacer aquello que quiere (siempre que sea posible, muchas veces nos negamos a hacer cosas porque nos parecen irrelevantes, pero para ellos no lo son). 3. Evitando tentaciones (no pasemos por el kiosco si podemos evitarlo) 4. Hablando con ellos. (...) En caso de que surja la rabieta, conviene aplicar la técnica de los tres pasos: primero, comprender al niño; segundo, educarle y explicarle qué es lo que se espera de él, y tercero, dejarle elegir sus propias soluciones."

La técnica de los tres pasos es, básicamente, intentar no decir NO a todo. No valorar negativamente la conducta, no prohibir y no gritar. Por ejemplo: Matías salta en la cama, en lugar de gritarle que no se puede y empezar una batalla campal, decirle algo del estilo "Es divertido saltar en la cama (comprensión), pero las camas se rompen y son para dormir, hay que cuidarlas (educación). Juguemos a pintar y mañana vamos a la cama elástica, ¿o preferís jugar a los autos? (elección).

Suena medio rebuscado pero funciona. Yo a esto agrego una obviedad pero que también es muy útil, con nenes muy chiquitos lo mejor para evitar un berrinche es la distracción y una mínima explicación (aunque no lo crean un bebé de menos de 24 meses entiende muchas cosas). "No te doy el cuchillo porque corta, tomá esta cucharita."

Rosa Jové también aclara algo importante: "Si el niño se ha desbordado emocionalmente, hay que permanecer a su lado, intentar el contacto físico y el abrazo y repetirle que, aunque en ese momento no nos entendamos, le queremos ayudar." O sea, el arrastre y los gritos no van (por si había dudas, jaja).

En fin, espero que estas palabras nos hagan un poco más fácil la dura tarea de sobrevivir a las rabietas. ¿Alguien se anima a sumar algún consejo o anécdota?

domingo, 8 de junio de 2014

¿Qué es la Crianza Respetuosa?

Foto de Kambrosis

Antes de ser mamá nunca había pensado estos temas. No conocía los términos y nunca había leído sobre crianza. Mientras esperaba a mi hijo tuve la suerte de que dos amigas me recomendaran a Laura Gutman. Desde ese momento un libro llevó a otro, un link  a otro, y en poco tiempo leí todo lo que encontré a mi alcance.


De ese modo, desordenado, conocí al pediatra español Carlos González y a Rosa Jové, una psicóloga española especialista en psicología  infantil y juvenil, y psicopediatra. Entonces descubrí que existían teorías de crianza con apego, crianza natural y crianza respetuosa.

También noté que en algunos círculos estos temas estaban más bien "de moda" y que muchas mamás se sentían sobrepasadas e incluso angustiadas por tener que "cumplir" con estas teorías. Finalmente, lejos de ser liberadoras, era una carga (nada más lejos de su verdadera intención).

Con todo esto quiero decir que está buenísimo pensar más allá de lo dado y no quedarnos en el sentido común. Pero no nos pongamos objetivos inalcanzables.

De hecho, ¡usemos esta información a nuestro favor! La crianza con apego revaloriza conceptos que son antiquísimos y que tienen que ver con el contacto físico, la lactancia a demanda, el colecho (dormir con los hijos) y la atención temprana de las necesidades del bebé. Todas cosas que deberían liberarnos de los mandatos establecidos del "se mal acostumbra a los brazos", el "no lo sacás más de la cama" y el horroroso "ya te tomó el tiempo". 

A mí me gusta pensar en términos de Crianza Respetuosa porque abarca mucho más allá de la instancia del bebé y me permite poner en orden la base de lo que considero importante. Siempre habrá momentos donde todos los conceptos serán impracticables, donde perdamos los estribos y gritemos como el increíble Hulk y todo esto parezca una utopía. Pero nunca está de más tener una base teórica donde apoyarnos y a la cual regresar si sentimos que perdimos el rumbo.

Quiero transcribir algunos puntos de La crianza feliz, de Rosa Jové. Espero que los ayude tanto como a mí.

  • "Una crianza feliz y respetuosa es aquella que tiene en cuenta las necesidades físicas y emocionales del niño, siendo atendidas de forma que se respete al menor como persona."
  • "Todos los niños son seres humanos. No se pueden utilizar con ellos medios, modos y métodos que no serían aceptables en otro ser humano."
  • "Los obstáculos a este tipo de crianza están muy arraigados en nuestra sociedad, por ello, es importante cambiar las ideas preconcebidas y los mitos. En definitiva, cambiar el paradigma de la crianza infantil."
  • "Las recetas mágicas para criar niños no existen [las orientaciones que damos se enmarcan en] los principales valores democráticos: el respeto, la tolerancia y el pluralismo."
  • "Nadie pide lo que no necesita. Si su hijo llora, atiéndale siempre."
  • "(...) es imprescindible que haya empatía, predisposición a comprender y amor."


¿Ustedes tienen principios que quieran sumar?