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sábado, 2 de septiembre de 2017

¿Tu peque no se quiere bañar? Algunos recursos, ideas y reflexiones.



Es muy usual que alrededor de los 2 años (y en otros momentos también, claro) los niños comiencen a resistirse a la hora del baño. ¿Te pasó?

Si bien suele ser una etapa más o menos pasajera la rutina diaria puede convertirse en un martirio. En este post ensayo algunas reflexiones e ideas para lograr sortear este desafío con la mayor integridad posible (¡vamos que se puede!).

Ante todo, es importante comprender que los niños empiezan a desarrollar su autonomía a edades tempranas y parte de este proceso saludable y normal es hacer uso y abuso de la palabra mágica... ¡NO! Nos pasa a todas las familias y se sobrevive, se los aseguro. Y si logramos pasarla con menos enojos y conflictos, mucho mejor.

Habiendo aclarado esto, ¿pensaste en bañar un poco menos a tu peque? Por lo menos en Argentina existe la costumbre de bañar a los niños todos los días, lo cual es muy distinto en otros países, ¿sabías? Si la hora del baño es un problema a veces funciona espaciar los baños. No es indispensable que sea a diario, la higiene se puede lograr igual y, de hecho, hasta es mejor para la piel y el pelo. Más info acá.

El humor y el juego siempre son buenos recursos, a cualquier edad. Convertir el baño en un momento lúdico es el ABC, aunque también es una buena opción brindar alternativas: ¿querés bañarte con este muñeco o con un barquito de papel? ¿Querés bañarte antes de comer o después?

Algo fundamental que descubrí bastante antes de los temidos 2 años fue el antideslizante. Los chicos de estas edades ya tienen una gran movilidad propia y no paran de ejercerla. Es así como cambiar pañales de pie, dejarlos comer mientras van y vienen, ó darles la opción de pararse en la bañera comienzan a ser prácticas casi obligadas para convivir con un toddler. Por algo se los llaman "deambuladores"... El antideslizante es una goma con sopapas que se pega en el fondo de la bañera y minimiza las posibilidades de resbalar, se puede comprar una alfombra entera o pequeñas figuras y colocarlas una al lado de la otra. Si todavía estás usando la pequeña bañaderita de plástico y tu hijo se enoja allí dentro, ¡probá llenar la bañera grande!

Pero a veces mucha agua los asusta: una buena opción es no llenar la bañera y dejarlos jugar con la canilla abierta y varios recipientes. Esta es una edad donde el trasvasado es un hit.

Otros recursos que suelen tener gran éxito: las burbujas y la espuma. Eso sí: asegurate que el jabón que utilices para hacer espuma sea lo más natural posible y adecuado para estar en contacto con la piel.

El agua con color y las pinturas para azulejos también son bastante exitosas. Se venden pastillas y pinturas ya hechas, pero también podés hacerlas vos. Algunas ideas acá. Yo utilizo colorante vegetal comestible. Una pizca tiñe toda la bañera (pero no la piel).

¡A probar opciones! Un día, dentro de no tanto, te vas a acordar de este momento con una sonrisa, te lo aseguro. ¿Tenés más ideas? ¡Contanos!

jueves, 2 de marzo de 2017

La empatía está en las pequeñas cosas


Es tarde. Estamos llegando tardísimo a la colonia. Son las 9 y 20 y corremos. Mochila: lista. Desayuno: listo. Repelente: listo. Todo está dentro de los límites de lo predecible hasta que mi hijo de 4 años lanza una pregunta fatal: "¿Dónde está mi pokebola?". Ah, porque sin la pokebola, nada. 

Corro por toda la casa como esos videos a los que les aumentaron la velocidad. ¿Dónde está la bendita pokebola? Busco en los cajones, en la cocina, hasta en mi cartera. Nada. No aparece. Es tarde. Es todavía más tarde que antes. El padre osa sugerir otro juguete. Quienes tengan niños de estas edades saben muy bien que esa NO ES UNA OPCIÓN VIABLE BAJO NINGÚN CONCEPTO.

Estoy a punto de enojarme. ¡Es un juguete! ¿No puede llevar otro juguete? ¿No puede ir sin juguetes? Respiro. Estoy pensando como adulta, y no sirve. Respiro de nuevo. Yo sé qué es importante aunque no termino de entender bien el por qué. Sí, una bola roja de plástico puede ser de suma importancia a los 4. Casi como el color del vaso o la forma en que está cortado el borde del sándwich (¿les suena?).

Respiro por tercera vez y dejo ir el enojo. Pienso. Me acuerdo. La encuentro. Entonces salimos: Octavio, la pokebola y yo. Tarde, tardísimo.

Llegamos, me dice un "chau" sonriente y lo veo correr hacia el grupo. Varios nenes se le acercan, lo saludan y todos se sientan en ronda, intercambiando sus tesoros. Sus caras de dormidos se iluminan. Y de repente lo entiendo. La pokebola es una llave. Una forma sencilla de quebrar el hielo de la mañana. La excusa perfecta para socializar, conversar, compartir. No es un juguete. ¡Es mucho más que eso! Se me escapa una lágrima y apuro el paso.

Pensar que casi salgo sin nada, ¡cómo me hubiera equivocado! A los 4 el mundo es muy diferente que a los 34, pasa que una se olvida. Me escribo una nota mental a mí misma: la empatía está en las pequeñas cosas. Nunca sabemos cuán importante es algo para alguien. La próxima trataré de no olvidarme con tanta facilidad.

viernes, 19 de agosto de 2016

Mi regalo se llama PACIENCIA

 

Cada año llegan estas fechas y un remolino de ideas y emociones me envuelve sin previo aviso. Cumpleaños número 4, día del niño, comienzo del jardín, segunda mitad del año, proyectos personales, balances maternales.

Lo cierto es que el día a día (ese mismo que a veces se hace tan difícil y agotador) parece empeñarse en mostrarme que, efectivamente, el tiempo vuela.

¿Qué decir respecto del día del niño? ¿Cómo no caer en trivialidades y frases hechas? ¿Qué quiero regalarle a mi hijo, a mi familia, a mí misma?

Hace poco escribí sobre la comunicación y el gran desafío de desterrar de mi casa los gritos. Este post viene de la mano. Hoy mi regalo es la paciencia.

Quiero regalarle a mi niño aun más juegos compartidos. De esos que te hacen perder la noción del tiempo. Juegos con castillos, serpientes, lobos y charcos. Sin principio ni fin ni meta más que jugar.

También más abrazos cuando haya enojos. Un respiro para esos días en que el cansancio agobia y la rutina me hunde.

¡Y más tolerancia a sus pequeños ritmos! Porque sus pies caminan con pasos cortos y sus tiempos no son los que marca el reloj. Quiero más paciencia para recordar que los minutos son relativos y que la vida se construye de momentos eternos.

Además, más cuadras que cuenten historias. Ríos de lluvia que son un desafío o cuentos repentinos que nacen en un semáforo (en eso él es un experto).

Y muchos, pero muchos, menos mandatos.

Él crece pero yo también. De su mano todo es más fácil.

martes, 10 de mayo de 2016

#SerMadres nos cambia la vida


A pesar del famoso saber popular que reza que la maternidad te cambia la vida; yo solía ser arrogante. Era de esas que pensaban que cualquiera puede ser madre, que no es algo especial, que el embarazo es natural y sencillísimo y que iba a poder con todo. Embarazada de 8 semanas, me fui de viaje sin pensarlo demasiado. “Estar embarazada no es estar enferma”, me había dicho el obstetra.
Incluso volví del viaje con ese mismo sentimiento omnipotente y me fui sola (claro, si yo no necesitaba a nadie) a la primer ecografía. No les miento: en el fondo estaba aterrada. Pero algo pasó en ese consultorio. La ecógrafa me revisó, me dijo que todo andaba bien y me preguntó: ¿querés escuchar su corazón? Entonces encendió el sonido y un ritmo maravilloso invadió el consultorio, que hasta ese momento no era otra cosa que una habitación blanca y estéril. Y fue uno de esos momentos bisagra que se graban en cada fibra de tu cuerpo y te desarman. Sentí que mi mundo conocido colapsaba y que las lágrimas me ganaban y caían, casi ajenas. Esa yo, autosuficiente, profesional, responsable, control freak y no sé cuántas cosas más, estaba llorando de emoción. Algo impensado e incontrolable. La ecógrafa me dejó sola, me dijo que me tome el tiempo que quiera y cerró la puerta.
Ahí nos encontramos: mi nueva yo y el corazón de mi bebé. El mejor sonido del universo concentrado en un repiqueteo mínimo, constante, hermoso. La evidencia de la vida, una verdad concreta y crudamente real. Y lloré de emoción, alegría, pánico y amor. Lloré porque me di cuenta de que ya no era la misma. Lloré porque supe que ahora ese corazón iba a ser parte de mí para siempre. Lloré porque entendí que no estaba embarazada, sino que iba a ser mamá.
Dicen que la maternidad te cambia la vida. Claro que te cambia la vida. Menos mal que te cambia la vida.

Este post perteneció originalmente a mi blog en Infobae.com

Enfrentarse a un embarazo de alto riesgo


¿Qué es un embarazo de alto riesgo? ¿Por qué se habla tan poco del tema? Seguramente tenés algún caso conocido alrededor. ¿Sabemos lo suficiente? ¿Podemos acompañar a una mujer que pasa por una de las situaciones más estresantes de su vida?
Según la Unidad de Medicina Fetal del Hospital Italiano se denomina Embarazo de Alto Riesgo a aquellos embarazos en los cuales existe algún factor que hace que la probabilidad de complicaciones para la madre, el bebé o ambos sea más alta que la generalidad de las gestaciones. Estos embarazos representan el 5% a 10% de todas las gestaciones, y requieren una estrategia de seguimiento especial y generalmente más frecuente. Este tipo de embarazo se puede dividir en 4 grandes grupos: 1. Mujeres que tienen problemas médicos antes del embarazo; 2. Mujeres que desarrollan problemas médicos o quirúrgicos durante el embarazo; 3. Mujeres con problemas propios del embarazo; y 4. Problemas fetales.
Reposo absoluto y otros fantasmas
Una de las indicaciones más comunes ante un embarazo de este tipo es el reposo absoluto. Sin embargo, no es nada fácil permanecer días (y a veces meses, incluso todo el embarazo) inmóvil en una cama, asaltada por los miedos y las dudas. “Mi sentimiento fue incertidumbre, hambre de información, mil preguntas y mil dudas. Cada día surgía algo nuevo en mi pensamiento… ¿Y si nace con 500 gramos? ¿Y si me agacho a buscar algo que se me cayó y empiezo con contracciones? Soledad, tristeza, incertidumbre frente al mañana. El reposo no implicó cama solamente, sino la clara imposibilidad de caminar, de hacer mis días de vida normal. De bañarme, trabajar, etc.” dice Anabella, una mamá joven, que se enfrentó a una condición poco frecuente de malformación del útero.
El caso de Sabrina es muy similar y denota la vivencia de días extremadamente angustiantes: “Fue terrible pero no por el dolor… De golpe me encontré en una cama, sin saber qué hacer. En ese momento era desesperante ver cómo se me iba la vida en la cama. El reposo lo transité con dudas porque no sabían decirme qué provocaba las contracciones, sólo que había muchas posibilidades de que si nacía él capaz yo no resistía el parto o al revés”.
¿Pero el reposo es siempre necesario, es siempre imprescindible, es siempre la mejor opción? Carla Menéndez Toro, Lic. en Psicología, responde: “En el campo de la medicina se está comenzando a discutir acerca de los reales beneficios del reposo absoluto durante el embarazo ya que conlleva vivencias estresantes para la mujer gestante, sobre todo si es un hecho repentino e inesperado. Esta situación implica que hay algo que no está marchando bien por lo que debe elaborar y procesar altos montos de angustia e incertidumbre en un contexto en el que se siente privada de todas las actividades y personas que rodeaban su vida cotidiana”.
Esto nos lleva a otro tema peliagudo: la medicina frente a embarazos de alto riesgo. Una madre muy joven que prefiere permanecer anónima lo describe de este modo: “Sentía que mi médico no me explicaba bien qué pasaba”. Y quien escribe tuvo una experiencia casi idéntica.
¿Los médicos a veces prefieren omitir información? ¿Cuentan con la posibilidad de dar contención y apoyo?
La importancia del equipo médico
Anabella relata que pasó por una larga lista de obstetras hasta encontrar a una médica que supo atender sus necesidades. “Sufrí algunos maltratos, por así decirlo. Que me digan que no podía quedar embarazada y hasta cuando quedé, que la iba a perder, o que me prepare para lo peor. O simplemente ir a una consulta y que no me pesen, no me manden estudios de rutina, no me pregunten como me sentía”.
Toda mujer tiene el derecho de ser atendida correctamente y esto está debidamente formalizado bajo la Ley Nacional Nº 25.929. Entre muchos otros, las mujeres tenemos derecho a: Ser tratadas en forma respetuosa y digna. Ser informadas sobre las distintas intervenciones médicas que pudieren tener lugar de manera de poder optar libremente cuando existieren diferentes alternativas. Ser tratadas con respeto, y de modo individual y personalizado.
Sin embargo, y lamentablemente, muchos testimonios parecieran evidenciar que esto muchas veces no se cumple. “Siento que tendrían que haberme acompañado más, cuidado más y escuchado. A veces por ser primerizas no nos escuchan y nos tratan de exageradas. Escuchar a la mujer siempre es mejor“. “Estoy segura de que mi obstetra me ocultó información. Si hubiese contado con esa información sin duda hubiera evitado exponerme de la manera en que lo hice, sólo por el hecho de no saber”.
Margarita, mamá de Mora, tuvo una historia con final feliz. “Me considero una privilegiada, porque yo conté con el afiladísimo olfato de mi obstetra. Pero me parece que, ante la sentencia de un embarazo riesgoso, que todo se viene abajo, los profesionales de la salud tienen que contar con entrenamiento y maneras para decir las cosas, y herramientas para el acompañamiento, para ayudarte con el miedo y con el después”.
Buscar un equipo médico adecuado, contenedor y especializado en embarazos de riesgo parece ser el mejor camino. Mejor aun si el equipo es interdisciplinario.
¿Y el acompañamiento emocional?
“Frente a esta situación lo importante y fundamental es validar los sentimientos y contar con un entorno que ayude, acompañe y sostenga a la mujer y su familia, este entorno puede estar formado por su pareja, familia, amigos, doulas o todo aquel que desee acompañar este momento”, sostiene Carla Menéndez Toro.
Anabella dice: “Es muy importante el diálogo con el profesional que te acompaña. Encontrar contención, un hombro, un abrazo cálido”. Julieta lo recuerda de este modo: “Lo que necesitaba en ese momento era empatía. Era que me ayudaran a ver que mi casa no era un desastre, pero más necesitaba que contengan a mi hijo y mi marido porque yo sentía que no podía contenerlos y que mis miedos se apoderaban de mí”.
“Como terapeuta se puede ofrecer visitas a domicilio o conversaciones telefónicas para facilitar un espacio que permita trabajar sobre los afectos y emociones de la mujer frente a su embarazo considerado como “embarazo de riesgo”, teniendo en cuenta que es una etapa de la vida que ya de por si reviste la necesidad de elaborar muchísimas vivencias y emociones. Es importante que durante sus días de reposo pueda crear una rutina que permita reorganizar y resignificar su vida cotidiana en función de este estado que se impone, se busca que las actividades a realizar sean lo más placenteras posibles, leer libros, recibir visitas, nutrirse de información y energía positiva”, recomienda Carla Menéndez Toro. Por ejemplo, Sabrina recuerda que leía mucho y tejía sin parar.
Para la familia y personas que rodean a una mujer gestante en riesgo puede ser muy difícil responder adecuadamente a sus necesidades. Por eso las opciones de buscar ayuda psicológica, grupos de apoyo o el acompañamiento de una doula se vuelven casi imprescindibles.
Un camino de aprendizaje
Todas las madres coinciden en que su embarazo de riesgo significó, sin duda, un aprendizaje. “Entendí un mundo nuevo, desde esa camita, y esa quietud comprendí a otras personas que sufrían, que no podían moverse. En ese sentido hubo un halo de aprendizaje muy importante, me humanicé más que nunca en mi vida, me conecté con la realidad misma” cuenta Anabella. Y Sabrina agrega: “Mi pequeño me enseñó a bajar mil cambios, a ver y a disfrutar la vida de otra forma”.
Sin duda aprender de esa experiencia y compartirlo con otras mujeres es lo más positivo que podemos extraer de ese camino tan angustioso. Que nuestros bebés sepan que, pese a todo, nos sobreponemos a los miedos y el desconcierto y salimos adelante, fortalecidas.
Anabella lo resume hermosamente: “Sí. Me sentí sola. Pero también canté. Canté muy fuerte para ella, para que sepa que ahí estaba yo y que la iba a pelear hasta el final”.

Este post perteneció originalmente a mi blog en Infobae.com

El dolor de perder un bebé: Cómo enfrentar el duelo gestacional y perinatal


Les dejo una maravillosa nota sobre uno de los temas más difíciles y dolorosos de tratar. Para que lo visibilicemos y podamos ayudar a transitar esta pérdida a aquellas familias que lo necesiten. No dejen de compartirla, alguien puede estar necesitando esta información. Su autora es la psicóloga perinatal Carolina Mora.

La temática del duelo gestacional y perinatal constituye un tabú para nuestra sociedad occidental. De eso no se habla, no hablan los profesionales de la salud, no hablan los medios de comunicación, no hablan las leyes, se acalla a los padres que están viviendo este dolor. Familiares y amigos, no saben cómo enfrentar esta situación, y surge el vacío del silencio.
Dónde se espera la vida llega la muerte
La muerte que ocurre en el útero durante la gestación del embrión o la muerte fetal temprana (primer y segundo trimestre) se denomina pérdida gestacional. Hablamos de pérdida perinatal cuando la muerte ocurre en el tercer trimestre, durante el parto o los primeros 7 días luego del nacimiento. Cuando la muerte ocurre durante los 7 y 28 días tras el nacimiento se denomina muerte neonatal tardía. Recibir la muerte cuando esperamos la vida, dice Mónica Álvarez, psicóloga especialista en duelo gestacional y perinatal, es un hecho para el cual nadie está preparado. Marca a fuego a la mujer y su pareja, es la pérdida de la inocencia, de la idea de que “todo saldrá bien y de la certeza de que como producto de un embarazo llegará un bebé sano y feliz.
La falta de validación social del dolor en las pérdidas tempranas es inmensa y dificulta en gran medida el proceso del duelo. Las mujeres deben retomar sus actividades laborales con rapidez, ya que no se reconoce una licencia acorde a las condiciones del duelo. Volver a la rutina y “hacer como si nada” es una exigencia del entorno. Para el padre es doblemente difícil expresar sus sentimientos ante la pérdida, ya que al no haber vivido sobre su cuerpo el proceso aún se valida menos su dolor e incluso a ellos mismos les cuesta reconocerlo.
Al dolor de las pérdidas más tempranas se le suma el no reconocimiento legal, ya que en nuestro país no es posible la inscripción en el registro civil como hijos del matrimonio, para así poder ponerle un nombre e incluirlos en el linaje familiar. A esto se suma el poco cuidado que se tiene desde las instituciones médicas, ya que muchas son las familias a quienes les entregan el cuerpo de sus hijos en la sección de “residuos patológicos.
Recibir y trasmitir la noticia
Cuando se confirma la detención del embarazo o la muerte fetal, las mujeres suelen enfrentarse con momento de inmenso shock emocional. La idea de estar gestando vida en su interior, de estar habitadas por lo más hermoso y preciado da lugar ahora a la sensación de desconocimiento y extrañeza, incluso a la fantasía de monstruosidad. Es un sentimiento intenso, difícil de procesar en lo inmediato que puede generar diversas reacciones. En algunas mujeres aparece la urgencia por acabar con todo el proceso y no soportan un segundo más convivir con la muerte en su interior, y las lleva a solicitar un legrado o intervención. Generalmente este pedido es aceptado sin cuestionar o acompañar con otras alternativas posibles, y muchas veces esta urgencia no permite generar un espacio de despedida, el duelo se posterga y reaparecerá en otras circunstancias.
Otras mujeres necesitan un tiempo de despedida o prefieren que el proceso se produzca lo más fisiológico posible y es en estos casos cuando más se dificulta el ser escuchadas por el personal médico, quien trae la prisa consigo de la mano de la medicalización y el intervencionismo. Numerosos estudios detallan la posibilidad del manejo expectante del aborto, avalando su viabilidad en casos donde no hay urgencia médica, pero muchas veces no es una opción tenida en cuenta o comunicada por los profesionales tratantes. Es importante tener en cuenta, que cual sea el método elegido, la prisa y el no respeto por la intimidad en la despedida dificultan y entorpecen el proceso del duelo.
Sin dudas para el personal médico esta situación es de una angustia enorme, y es ocultada bajo la urgencia del intervencionismo y el tecnicismo en el lenguaje como formas de no conectarse emocionalmente con la perdida.
¿Cómo podría el personal médico contribuir a que la despedida sea lo más saludable posible?
-Preguntar a los padres qué desean, cómo les gustaría despedirse.
-Ofrecerles un tiempo a solas cuando reciben la noticia, silencio en vez de avasallar con información técnica o de procedimientos.
- No apurarlos a decidir inmediatamente si no es una situación de urgencia, seguramente estarán en un estado de shock.
-Convocar al servicio de psicología perinatal del hospital para ponerse a disposición y colaborar con la situación.
-Evitar la internación en el área de maternidad, no imaginan lo desgarrador que puede ser para unos padres que se están despidiendo convivir con otros que están en el encuentro, intentar en lo posible encontrar una habitación individual donde puedan estar en intimidad.
-Una vez finalizado el proceso, ofrecer a los padres ver los restos o conocer a su bebé, esto ayuda a disipar fantasías al respecto. Si el cuerpito presenta alguna malformación evidente o esta muy dañado pueden verlo envuelto en una mantita o con un gorrito, incluso a través de una fotografía si así lo prefieren.
-Colaborar para realizar todos los estudios necesarios que puedan determinar las causas de la perdida. Muchas veces no surgen causas médicas,pero es importante para esa familia el intento de descartarlas.
-Evitar denominaciones despectivas respecto de los restos del bebé, en lo posible llamarlo por el nombre elegido. Recordar que por más pequeño que sea, para esos padres representa lo más preciado.
-Brindar opciones saludables para el manejo de la subida de la leche (si es que ocurre).
Es de suma importancia que se establezcan protocolos para la atención del aborto que protejan la integridad física y emocional de las mujeres, para que no se incurra en violencia obstétrica, la cual dificultara aún mas el proceso de recuperación.
El duelo gestacional es uno de los duelos más acallados socialmente. Muchas veces la reacción más común, al no saber qué hacer, es ignorar el dolor de los padres, silenciarlo, minimizarlo. Otras, surgen palabras que lastiman, se clavan en los corazones y las mentes de quienes las escuchan para siempre: “Eres joven, ya tendrás otro”, “Mejor ahora que más adelante”, “Mirá si tenías un niño con problemas”… Los padres mayormente quedan atravesando ese dolor solos, en silencio, se hace evidente la falta de apoyo y empatía del entorno. Mónica Alvarez en su libro sobre duelo gestacional y perinatal aconseja no decir lo que no diríamos ante otro duelo. Si fallece el padre de un amigo jamás se nos ocurriría decirle “tranquilo, ya tendrás otro”.
¿Cómo pueden ayudar los familiares y amigos a enfrentar la pérdida?
-Ante todo, entendiendo que el duelo es un proceso personal, con tiempos y vivencias singulares. Entendiendo que lo que perdieron esos padres es un hijo, la ilusión de los momentos deseados, imaginados, una vida entera juntos.
-Validando los sentimientos. Los padres tienen derecho a sentirse así.
-Acompañando. No hace falta decir nada, o simplemente un “estoy aquí para lo que necesites”. La sola presencia es sanadora. Si se necesita hacer, pensar en cosas que puedan aliviarles el día a día a los padres: cocinar, ayudar con los quehaceres, etc.
-Ofrecer un oído. Dejar al otro expresar su dolor, llorar, hablar de sus sentimientos, recordar los momentos felices del embarazo… hacer su camino.
-Reconocerlos como padres, aunque su bebé no este con ellos, lo son.
-Sugerir de ser necesario acompañamiento psicológico especializado en duelo gestacional y perinatal.
¿Qué podrían hacer el Estado y los empleadores?
Además de todo lo anterior, es fundamental otorgar a ambos padres una licencia laboral acorde para superar este momento. Validar y permitir la inscripción de los hijos fallecidos en los registros civiles, con nombre y apellido.
Para los padres, quienes atraviesan la parte más dolorosa, es importante que puedan tomarse el tiempo que sea necesario para transitar el trabajo de duelo. No será de una vez y para siempre, habrá momentos de altibajos, recaídas, fechas que marquen ese ritmo, aniversarios que traerán nuevamente al dolor. Pero, aunque sea muy difícil de imaginar, volverán a sonreír, habrá momentos de felicidad, o simplemente de paz. Pedir ayuda, encontrar compañías que sanen, personas que los escuchen, poder hablar con otros padres que hayan pasado por lo mismo puede aliviar.
Tener en cuenta rituales que ayuden a procesar la pérdida, cartas de despedida, armar una caja de recuerdos, poner el dolor en movimiento. Escuchar al cuerpo, buscar actividades que brinden placer y alivien. Sobretodo, ser paciente con uno mismo.
Para terminar, cito aquí un fragmento del libro “Las voces olvidadas” de Mónica Alvarez: “Lo esencial es invisible a los ojos. Un embrión es igual al resto de millones de embriones. Pero, de alguna forma, es único, especial, diferente. Como la rosa que cuidó el Principito y que se hizo especial para él precisamente por el tiempo que le dedicó, así el pequeño ser que vivió en el vientre de su madre es importante por el tiempo que le dedicó mientras latía en su interior, por ese tiempo que pasó pensando en él, imaginando como crecería la panza, el parto, el bebé soñado. Para parte de la sociedad no es más que un puñado de células muertas por las que no merece la pena gastar ni un segundo más. En cambio para la madre y el padre es especial, siempre estará en su corazón, y merece que se detenga su vida unos instantes para recordarlo, llorarlo, sentir lo feliz que se fue mientras estuvo vivo en el seno, despedirse de él y dejarlo ir“.
Más información:
Mónica Alvarez: Libros “La cuna vacía” y “Las voces olvidadas”
- Asociación Era en Abril
- Foro Superando un aborto
Explícame que ha pasado. Libro para ayudar a los niños a superar un duelo
Este post perteneció originalmente a mi blog de Infobae.com

miércoles, 10 de febrero de 2016

Esas cosas que nadie dice sobre el puerperio inmediato

Foto: Jade Beall

Me enamoran esas fotos de partos impecables, con expresiones de emoción y sonrisas, con bebés en paz reposando sobre los pechos de sus madres. Quietud, silencio, felicidad. Hace unos días miraba una serie de fotos como esas cuando me puse a pensar en el puerperio inmediato. Ese primer mes (por ponerle una arbitraria noción temporal) donde la maternidad nos atraviesa, como diría Cortázar, como "un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio". Porque esos días podrán estar teñidos con el amor más profundo y, muchas veces, por una inexplicable sensación de omnipotencia, pero ¿dónde están las fotos que visibilizan esas horas eternas?

¿Dónde y cómo aprendemos sobre sueño a deshoras, ojeras tatuadas, cuerpos cansados? ¿Por qué no nos cuentan que dar la teta puede significar horas y horas de un bebé prendido y que eso es bueno y sano y esperable y absolutamente normal?

El puerperio inmediato puede ser atemorizante, doloroso, agridulce. Puede incluir lágrimas de amor pero también de frustración y miedo. Son días de recuperación, de sanar heridas (y no sólo las tangibles), de sábanas pegoteadas de leche, de dolores, de tiempos extraños sin principio ni fin.

Esos primeros días, les aseguro, no son como ninguna foto. Son momentos para conocerse, ordenarse, aprender, descansar, reponerse, amar, reconstruir y crecer. 

Nadie puede contar exactamente cómo es el puerperio inmediato, porque es un camino propio que cada mujer transita. Y creo que proteger esos primeros días en cada familia que acaba de celebrar un nacimiento debería ser una prioridad. Ya habrá innumerables ocasiones para visitas, saludos, regalos y eventos sociales. ¿No les parece?

martes, 8 de diciembre de 2015

La buena crianza: entre sostener y soltar

Foto: Kambrosis

Últimamente me desvelo pensando en este tema. Será que leo tantos comentarios preocupados de padres y madres falsamente acusados de malcriar. ¿Por qué será que nuestra sociedad tiene tantos problemas con el contacto físico? Se me ocurren algunas respuestas, pero eso es tema para otro post.

Muchas veces dije esto de que la crianza es un permanente equilibrio entre sostener y soltar.

Si hablamos de un bebé recién nacido el sostén será prácticamente 24 horas (mal que le pese a algunas personas), pero a medida que pasan los meses y los años indefectiblemente tenemos que aprender a soltar. Y acá no puedo evitar acordarme de ese poema precioso de Khalil Gibran: Tus hijos no son tus hijos.  
 
Soltarlos implica confianza en ellos y en nosotros mismos. Creer que hicimos las cosas lo suficientemente bien como para poder darles esa merecida autonomía.
 
También incluye no estar continuamente dando órdenes como un militar frustrado (sobre este tema voy a escribir muy pronto).

Pero qué difícil es a veces, ¿no? La autoexigencia, las opiniones ajenas, las dudas existenciales, los miedos irracionales, la propia experiencia y tantos otros fantasmas que se infiltran de algún modo en nuestras cabezas sin ser bienvenidos.

Soltar significa entender que nuestros hijos son libres. Que han venido al mundo a ser ellos mismos y no una parte de nadie ni nada. Que podemos legarles raíces pero sin olvidarnos de respetar sus alas.

Sostener y soltar. Tan sencillo y tan complejo. Para que sean libres de volar pero también de volver, sabiendo que vamos a estar ahí, incondicionalmente.

lunes, 24 de agosto de 2015

¿Las madres no tenemos derecho a sentir?


Foto: Kambrosis

Como doula tengo el privilegio de acompañar mujeres en sus maternidades. Embarazos, partos, puerperios, lactancias y crianzas. Todas experiencias distintas. Todas vivencias significativas.

Esta semana me encuentra contrariada. Dos historias totalmente distintas que me enfrentan a una pregunta incómoda. ¿Las madres no tenemos derecho a sentir?

Una mujer que se dice "tonta" por no haber sanado una probable (inne)cesárea. Que meses después todavía no puede poner en palabras tantos recuerdos confusos y una pila de emociones contradictorias. Se siente sola, incomprendida, torpe, anormal. "Hay que estar feliz". "Hay que agradecer que el bebé es sanito". "Hay que seguir adelante".

Otra mujer llora sin control cuando descubre que perdió un embarazo de pocas semanas. Sólo sabe que le duele. Del otro lado encuentra miradas pedantes, frases vacías y la horrible sensación de estar haciendo todo mal. "Qué suerte que fue ahora". "Pensá en tus otros hijos". "Mejor antes que después".

Y el vacío.

La espantosa y desoladora certeza de no encajar.

De soledad.

¿Las madres no tenemos permiso para llorar?

¿Las madres no podemos sufrir?

¿Quién puede decirle a otro ser humano qué sentir?

¿Quién puede ser tan soberbio de creer que tiene derecho sobre las emociones de otra persona?

Si alguien sufre por una causa que me parece menor... ¿entonces ese sufrimiento vale menos? ¿Esas lágrimas son menos amargas? ¿Ese dolor es menos devastador?

Pareciera que las madres no tenemos derecho. Que la rueda debe seguir girando a cualquier precio. Pero no.

Las mujeres madres también sufrimos. 

Que se enteren los ecografistas indiferentes, las eminencias médicas, los vecinos metidos, los amigos bienintencionados y también la familia.

Se puede sufrir por un parto violento aunque hayan pasado años. Se puede llorar una pérdida de 10 semanas aunque nos hayamos enterado ayer. Se puede odiar estar embarazada aunque sea nuestro mayor deseo.

Todas las emociones valen. Y necesitan reconocimiento y apoyo. Una sociedad que descuida a sus madres es una sociedad destinada a la violencia y al desamor.

¿Esa es la sociedad que queremos?

miércoles, 6 de agosto de 2014

El puerperio (por la Lic. Yanina Benasus)

Foto: Jade Beall

“Había una vez, una pareja que se amaba mucho, mucho. Fruto de ese amor, nació un hermoso bebé. Luego de haber dado a luz y de regresar a su hogar, la pareja estaba muy feliz, a pesar del cansancio lógico de los días posteriores al parto. Esa primera noche, se encontraron con la realidad de estar solos en su casa y como en los cuentos de hadas todo parecía fácil... Solo había que amamantar al bebé a libre demanda, cambiarle el pañal y acunarlo para dormir… la mamá iba a entender el llanto de su bebé y este dormiría, tomaría el pecho y los tres estarían felices y comerían perdices….Todo era color de rosa… pero colorín colorado este cuento ha acabado…”

Esa primera noche, la mayoría de las mamás y papás, la recuerdan perfectamente. Y más, los padres primerizos que no tienen idea de cómo será. Los tres llegan a casa, la mamá muy dolorida por su parto vaginal o por su cesárea, los pechos llenos de leche, el cansancio de las noches sin dormir, el mal humor propio de todo este panorama, los intercambio entre la pareja. La mujer se siente vulnerable, sola, con tantas dudas y preguntas y sumado a todo, el bebé que no quiere dormir en su cuna y el mensaje fue claro: no duerman con el bebé en la cama que lo pueden aplastar, y uno realmente tiene miedo de hacerlo, entonces pasamos las primeras noches en vela, turnándonos con la pareja o con la ayuda que uno tenga y el bebé duerme feliz en nuestros brazos y nosotras con el cuello duro y esa primer noche, lejos de un cuento de hadas, nos encontramos con la dura realidad de estar ahí los tres, solos, sin saber bien qué hacer… y a pesar de todo este escenario de incertidumbre y desconcierto, felices y emocionados por la llegada de nuestro bebé…. Así empieza el puerperio.

No es el comienzo más feliz para esta etapa, que por suerte, como todo, no es permanente. El puerperio es el periodo que inmediatamente le sigue al parto. Según su desarrollo podemos dividirlo en cuatro etapas (inmediato, puerperio propiamente dicho, tardío y alejado) y la teoría dice que va desde el momento posterior al parto hasta los 6 meses del bebé. Es claro que la teoría no siempre acompaña a la realidad, para muchas madres este periodo se extiende hasta el año del bebe y para muchas otras hasta los 2 años.
Y así los días y las noches van pasando y de a poco, todos están más “adaptados” (por decirlo de alguna manera) a esta nueva vida y rutina. La mamá con el sueño muy liviano controlando a cada segundo la respiración de sus bebé, el compañero que no sabe muy bien cómo ayudar y la familia que colabora como puede, en el mejor de los casos. En muchas oportunidades esa nueva mamá se encontrará teniendo muchas preguntas y la mayoría de las veces, ¡sólo Google para responderlas!  Por eso cuando empezamos a atravesar el Puerperio es fundamental encontrar un espacio con mamás como una que están pasando en ese momento por la misma situación. Llamémosle a este grupo: grupo de apoyo, de contención, de paridad. Es así como buscar un taller de crianza, una charla de puerperio, un taller de masaje infantil para mamás con bebés puede ser muy útil y una buena alternativa para atravesar este periodo. Estos encuentros con un grupo de pares puede significar para esta mamá mucho más de lo que parece, ya que no sólo habilita el espacio para el encuentro con mamás en igual situación y condición, sino que brinda la posibilidad de salir de la casa, de tener algo programado con horario, de poder sacarse el pijama y arreglarse un poco para salir, muchas veces significa poder volver a conectarse con el mundo exterior lo cual ayuda mucho durante la primera etapa del puerperio.

Durante el puerperio la inestabilidad emocional que sobreviene a la mamá es desestructuraste, por lo menos en el primer tiempo. El cuerpo comienza a cambiar y a volver a ser el que era, pero continua diferente. La mujer se siente gorda, fea, poco atractiva. El sexo no abunda por que la libido está puesta en el bebé y los estados emocionales fluctúan en un vaivén sin sentido, el cual no podemos explicar y por momentos una se siente bien, plena y feliz y en pocos minutos, la sensación puede convertirse en tristeza, angustia, culpa, incertidumbre. Por lo cual para aquellas personas que estén acompañando a la mujer puérpera también será de gran ayuda contar con determinada información y sobretodo tener mucha paciencia para poder acompañar, apoyar y asistir. El puerperio trae aparejado cambios emocionales, físicos y psicológicos. Por supuesto que cómo cada mamá atravesará esta etapa dependerá en gran medida de muchos factores, acá no hay verdades universales ni todas las recetas sirven para todas las personas. Pero sí tenemos opciones y herramientas que nos permitirán sentirnos contenidas cuando tengamos la sensación de desborde, sentirnos acompañadas cuando creamos que nadie nos entiende y poder hablar con otras mamás de nuestros bebes nos hará sentir más plenas, acompañadas y sostenidas.

Por lo cual, buscar y encontrar un grupo de apoyo, de sostén, de igualdad es muy recomendable para sostenerse en esta etapa. A veces la ayuda de la familia, de los amigos y de la pareja (que por más que haga el intento, no logra entendernos), no alcanza y es bueno formar lazos que nos ayuden a construir otras verdades y ver que la realidad es que nadie nace sabiendo cómo es ser madre, ni mucho menos como es ser “buena” madre. Un placer y un alivio poder hablar de nuestro bebé horas y horas, intercambiar mails y compartir anécdotas de nuestros hijos, con mamás que realmente quieran escucharlas. ¡Qué bueno poder hablar de sexualidad y que los demás te entiendan porque les pasa lo mismo! Así de apoco, la maternidad empieza a disfrutarse mucho más y la soledad que varias veces genera la incertidumbre de no saber qué hacer ante determinadas situaciones empieza a sentirse más tolerante. Definitivamente cuando una siente que sola no puede, de nada sirve seguir intentándolo, sino más bien buscar qué alternativas (grupos, foros por Internet, centros y charlas gratuitas de lactancia) puedo encontrar.

Lo bueno del puerperio es que pasa, como todas las etapas de la vida y sirve para transformarnos. A pesar de la angustia, la incertidumbre y el cansancio propios de esta etapa, una nueva mamá tiene herramientas para transitarla de una manera más placentera. Lo único que resta decir es que a pesar de todo lo movilizarte de lo que implica ser una mujer puérpera, cuando logren encontrar esos momentos de tranquilidad, armonía y conexión con su bebé y se vean enamoradas, perdidas en la mirada de ese nuevo ser que llegó para cambiarnos la vida, se darán cuenta de que sólo estamos transitando una de las mejores etapas de nuestras vidas y ojalá desde esa perspectiva, podamos aprovechar este espacio de transformación fascinante del nuevo mundo de ser mamás.

Y ahora sí… colorín colorado, este cuento se ha terminado.


Yanina G. Benasus
Mamá, Lic. en Psicología, Educadora de Masaje Infantil (AIMI), Fundadora de Pequeño Mundo - Masaje InfantilEspecialista en Embarazo, Maternidad y Puerperio (Sistema Natal),Terapia Sexual estratégica (ISDEBA) y Psicología de la Infertilidad (ALMER).