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martes, 10 de mayo de 2016

El dolor de perder un bebé: Cómo enfrentar el duelo gestacional y perinatal


Les dejo una maravillosa nota sobre uno de los temas más difíciles y dolorosos de tratar. Para que lo visibilicemos y podamos ayudar a transitar esta pérdida a aquellas familias que lo necesiten. No dejen de compartirla, alguien puede estar necesitando esta información. Su autora es la psicóloga perinatal Carolina Mora.

La temática del duelo gestacional y perinatal constituye un tabú para nuestra sociedad occidental. De eso no se habla, no hablan los profesionales de la salud, no hablan los medios de comunicación, no hablan las leyes, se acalla a los padres que están viviendo este dolor. Familiares y amigos, no saben cómo enfrentar esta situación, y surge el vacío del silencio.
Dónde se espera la vida llega la muerte
La muerte que ocurre en el útero durante la gestación del embrión o la muerte fetal temprana (primer y segundo trimestre) se denomina pérdida gestacional. Hablamos de pérdida perinatal cuando la muerte ocurre en el tercer trimestre, durante el parto o los primeros 7 días luego del nacimiento. Cuando la muerte ocurre durante los 7 y 28 días tras el nacimiento se denomina muerte neonatal tardía. Recibir la muerte cuando esperamos la vida, dice Mónica Álvarez, psicóloga especialista en duelo gestacional y perinatal, es un hecho para el cual nadie está preparado. Marca a fuego a la mujer y su pareja, es la pérdida de la inocencia, de la idea de que “todo saldrá bien y de la certeza de que como producto de un embarazo llegará un bebé sano y feliz.
La falta de validación social del dolor en las pérdidas tempranas es inmensa y dificulta en gran medida el proceso del duelo. Las mujeres deben retomar sus actividades laborales con rapidez, ya que no se reconoce una licencia acorde a las condiciones del duelo. Volver a la rutina y “hacer como si nada” es una exigencia del entorno. Para el padre es doblemente difícil expresar sus sentimientos ante la pérdida, ya que al no haber vivido sobre su cuerpo el proceso aún se valida menos su dolor e incluso a ellos mismos les cuesta reconocerlo.
Al dolor de las pérdidas más tempranas se le suma el no reconocimiento legal, ya que en nuestro país no es posible la inscripción en el registro civil como hijos del matrimonio, para así poder ponerle un nombre e incluirlos en el linaje familiar. A esto se suma el poco cuidado que se tiene desde las instituciones médicas, ya que muchas son las familias a quienes les entregan el cuerpo de sus hijos en la sección de “residuos patológicos.
Recibir y trasmitir la noticia
Cuando se confirma la detención del embarazo o la muerte fetal, las mujeres suelen enfrentarse con momento de inmenso shock emocional. La idea de estar gestando vida en su interior, de estar habitadas por lo más hermoso y preciado da lugar ahora a la sensación de desconocimiento y extrañeza, incluso a la fantasía de monstruosidad. Es un sentimiento intenso, difícil de procesar en lo inmediato que puede generar diversas reacciones. En algunas mujeres aparece la urgencia por acabar con todo el proceso y no soportan un segundo más convivir con la muerte en su interior, y las lleva a solicitar un legrado o intervención. Generalmente este pedido es aceptado sin cuestionar o acompañar con otras alternativas posibles, y muchas veces esta urgencia no permite generar un espacio de despedida, el duelo se posterga y reaparecerá en otras circunstancias.
Otras mujeres necesitan un tiempo de despedida o prefieren que el proceso se produzca lo más fisiológico posible y es en estos casos cuando más se dificulta el ser escuchadas por el personal médico, quien trae la prisa consigo de la mano de la medicalización y el intervencionismo. Numerosos estudios detallan la posibilidad del manejo expectante del aborto, avalando su viabilidad en casos donde no hay urgencia médica, pero muchas veces no es una opción tenida en cuenta o comunicada por los profesionales tratantes. Es importante tener en cuenta, que cual sea el método elegido, la prisa y el no respeto por la intimidad en la despedida dificultan y entorpecen el proceso del duelo.
Sin dudas para el personal médico esta situación es de una angustia enorme, y es ocultada bajo la urgencia del intervencionismo y el tecnicismo en el lenguaje como formas de no conectarse emocionalmente con la perdida.
¿Cómo podría el personal médico contribuir a que la despedida sea lo más saludable posible?
-Preguntar a los padres qué desean, cómo les gustaría despedirse.
-Ofrecerles un tiempo a solas cuando reciben la noticia, silencio en vez de avasallar con información técnica o de procedimientos.
- No apurarlos a decidir inmediatamente si no es una situación de urgencia, seguramente estarán en un estado de shock.
-Convocar al servicio de psicología perinatal del hospital para ponerse a disposición y colaborar con la situación.
-Evitar la internación en el área de maternidad, no imaginan lo desgarrador que puede ser para unos padres que se están despidiendo convivir con otros que están en el encuentro, intentar en lo posible encontrar una habitación individual donde puedan estar en intimidad.
-Una vez finalizado el proceso, ofrecer a los padres ver los restos o conocer a su bebé, esto ayuda a disipar fantasías al respecto. Si el cuerpito presenta alguna malformación evidente o esta muy dañado pueden verlo envuelto en una mantita o con un gorrito, incluso a través de una fotografía si así lo prefieren.
-Colaborar para realizar todos los estudios necesarios que puedan determinar las causas de la perdida. Muchas veces no surgen causas médicas,pero es importante para esa familia el intento de descartarlas.
-Evitar denominaciones despectivas respecto de los restos del bebé, en lo posible llamarlo por el nombre elegido. Recordar que por más pequeño que sea, para esos padres representa lo más preciado.
-Brindar opciones saludables para el manejo de la subida de la leche (si es que ocurre).
Es de suma importancia que se establezcan protocolos para la atención del aborto que protejan la integridad física y emocional de las mujeres, para que no se incurra en violencia obstétrica, la cual dificultara aún mas el proceso de recuperación.
El duelo gestacional es uno de los duelos más acallados socialmente. Muchas veces la reacción más común, al no saber qué hacer, es ignorar el dolor de los padres, silenciarlo, minimizarlo. Otras, surgen palabras que lastiman, se clavan en los corazones y las mentes de quienes las escuchan para siempre: “Eres joven, ya tendrás otro”, “Mejor ahora que más adelante”, “Mirá si tenías un niño con problemas”… Los padres mayormente quedan atravesando ese dolor solos, en silencio, se hace evidente la falta de apoyo y empatía del entorno. Mónica Alvarez en su libro sobre duelo gestacional y perinatal aconseja no decir lo que no diríamos ante otro duelo. Si fallece el padre de un amigo jamás se nos ocurriría decirle “tranquilo, ya tendrás otro”.
¿Cómo pueden ayudar los familiares y amigos a enfrentar la pérdida?
-Ante todo, entendiendo que el duelo es un proceso personal, con tiempos y vivencias singulares. Entendiendo que lo que perdieron esos padres es un hijo, la ilusión de los momentos deseados, imaginados, una vida entera juntos.
-Validando los sentimientos. Los padres tienen derecho a sentirse así.
-Acompañando. No hace falta decir nada, o simplemente un “estoy aquí para lo que necesites”. La sola presencia es sanadora. Si se necesita hacer, pensar en cosas que puedan aliviarles el día a día a los padres: cocinar, ayudar con los quehaceres, etc.
-Ofrecer un oído. Dejar al otro expresar su dolor, llorar, hablar de sus sentimientos, recordar los momentos felices del embarazo… hacer su camino.
-Reconocerlos como padres, aunque su bebé no este con ellos, lo son.
-Sugerir de ser necesario acompañamiento psicológico especializado en duelo gestacional y perinatal.
¿Qué podrían hacer el Estado y los empleadores?
Además de todo lo anterior, es fundamental otorgar a ambos padres una licencia laboral acorde para superar este momento. Validar y permitir la inscripción de los hijos fallecidos en los registros civiles, con nombre y apellido.
Para los padres, quienes atraviesan la parte más dolorosa, es importante que puedan tomarse el tiempo que sea necesario para transitar el trabajo de duelo. No será de una vez y para siempre, habrá momentos de altibajos, recaídas, fechas que marquen ese ritmo, aniversarios que traerán nuevamente al dolor. Pero, aunque sea muy difícil de imaginar, volverán a sonreír, habrá momentos de felicidad, o simplemente de paz. Pedir ayuda, encontrar compañías que sanen, personas que los escuchen, poder hablar con otros padres que hayan pasado por lo mismo puede aliviar.
Tener en cuenta rituales que ayuden a procesar la pérdida, cartas de despedida, armar una caja de recuerdos, poner el dolor en movimiento. Escuchar al cuerpo, buscar actividades que brinden placer y alivien. Sobretodo, ser paciente con uno mismo.
Para terminar, cito aquí un fragmento del libro “Las voces olvidadas” de Mónica Alvarez: “Lo esencial es invisible a los ojos. Un embrión es igual al resto de millones de embriones. Pero, de alguna forma, es único, especial, diferente. Como la rosa que cuidó el Principito y que se hizo especial para él precisamente por el tiempo que le dedicó, así el pequeño ser que vivió en el vientre de su madre es importante por el tiempo que le dedicó mientras latía en su interior, por ese tiempo que pasó pensando en él, imaginando como crecería la panza, el parto, el bebé soñado. Para parte de la sociedad no es más que un puñado de células muertas por las que no merece la pena gastar ni un segundo más. En cambio para la madre y el padre es especial, siempre estará en su corazón, y merece que se detenga su vida unos instantes para recordarlo, llorarlo, sentir lo feliz que se fue mientras estuvo vivo en el seno, despedirse de él y dejarlo ir“.
Más información:
Mónica Alvarez: Libros “La cuna vacía” y “Las voces olvidadas”
- Asociación Era en Abril
- Foro Superando un aborto
Explícame que ha pasado. Libro para ayudar a los niños a superar un duelo
Este post perteneció originalmente a mi blog de Infobae.com

martes, 26 de abril de 2016

Mantra para un bebé ángel




Estas palabras están dedicadas con mucho amor y respeto a L. y a todas aquellas mamás que perdieron un bebé por nacer; esperando que el dolor pese un poco menos.

Te soñé, sentí, acuné. Te nombré. Cerré los ojos y hasta te vi. Tibio. Un corazón diminuto latiendo al compás del mío ¿Te acordás? Llegaste ese día para modificar mi vida para siempre. En estas cosas no hay retorno: el amor es así, te atraviesa. Lo que toca el alma trasciende y habita en algún lugar, aunque a veces sea un lugar olvidado y desconocido. De algún modo seguís acá, presente en cada caricia, en cada palabra, en cada recuerdo y en cada paso. Presente. Para siempre. Porque si los hijos nos enseñan a amar incondicionalmente, vos llevaste esa enseñanza hasta el infinito. Gracias por el tiempo que compartimos. Gracias por elegirme.
Mamá

lunes, 24 de agosto de 2015

¿Las madres no tenemos derecho a sentir?


Foto: Kambrosis

Como doula tengo el privilegio de acompañar mujeres en sus maternidades. Embarazos, partos, puerperios, lactancias y crianzas. Todas experiencias distintas. Todas vivencias significativas.

Esta semana me encuentra contrariada. Dos historias totalmente distintas que me enfrentan a una pregunta incómoda. ¿Las madres no tenemos derecho a sentir?

Una mujer que se dice "tonta" por no haber sanado una probable (inne)cesárea. Que meses después todavía no puede poner en palabras tantos recuerdos confusos y una pila de emociones contradictorias. Se siente sola, incomprendida, torpe, anormal. "Hay que estar feliz". "Hay que agradecer que el bebé es sanito". "Hay que seguir adelante".

Otra mujer llora sin control cuando descubre que perdió un embarazo de pocas semanas. Sólo sabe que le duele. Del otro lado encuentra miradas pedantes, frases vacías y la horrible sensación de estar haciendo todo mal. "Qué suerte que fue ahora". "Pensá en tus otros hijos". "Mejor antes que después".

Y el vacío.

La espantosa y desoladora certeza de no encajar.

De soledad.

¿Las madres no tenemos permiso para llorar?

¿Las madres no podemos sufrir?

¿Quién puede decirle a otro ser humano qué sentir?

¿Quién puede ser tan soberbio de creer que tiene derecho sobre las emociones de otra persona?

Si alguien sufre por una causa que me parece menor... ¿entonces ese sufrimiento vale menos? ¿Esas lágrimas son menos amargas? ¿Ese dolor es menos devastador?

Pareciera que las madres no tenemos derecho. Que la rueda debe seguir girando a cualquier precio. Pero no.

Las mujeres madres también sufrimos. 

Que se enteren los ecografistas indiferentes, las eminencias médicas, los vecinos metidos, los amigos bienintencionados y también la familia.

Se puede sufrir por un parto violento aunque hayan pasado años. Se puede llorar una pérdida de 10 semanas aunque nos hayamos enterado ayer. Se puede odiar estar embarazada aunque sea nuestro mayor deseo.

Todas las emociones valen. Y necesitan reconocimiento y apoyo. Una sociedad que descuida a sus madres es una sociedad destinada a la violencia y al desamor.

¿Esa es la sociedad que queremos?