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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Jardines de infantes y control de esfínteres

Tal vez algunos no lo saben, pero existen jardines de infantes en la Ciudad de Buenos Aires que no permiten el ingreso a niños de 2 y 3 años con pañales.
No sólo eso, sino que aducen “no poder tocar a los chicos”, por lo cual si tienen un “accidente” debe venir su padre o madre a cambiarlo personalmente. Esto implica minutos u horas, depende del caso, de un niño sucio e incómodo frente a todos su compañeros (o recluido en un baño). Y para los que ya dejaron los pañales tampoco es tan sencillo, porque tienen que ir al baño solos y limpiarse por sí mismos. Acción nada sencilla para una persona de estas edades.
¿Cómo es que nadie tiene en cuenta que el control de esfínteres no es una imposición ni depende de ninguna edad, sino que es un proceso madurativo natural, como caminar? ¿De dónde viene esta regla -aparentemente- tan arbitraria?
Curiosa por saber más de este tema (y en solidaridad con las muchas madres que me hacen llegar su preocupación) investigué el Reglamento del Sistema Educativo de Gestión Pública dependiente del Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Para mi sorpresa el tema esfínteres o ida al baño ni siquiera se menciona.

Existe sí una Ley (la N° 621, para jardines privados con niños de 45 días a 4 años) donde además de especificar los derechos del niño a la contención, la identidad y la calidad, se dictamina que es necesario priorizar los vínculos, favorecer un clima de afecto y respetar normas de higiene. En esta misma ley se habla de la obligatoriedad de que existan cambiadores y los detalles de higiene de cómo debe realizarse el cambiado. ¿Entonces?
Por otro lado esta Ley decreta que cuando el conjunto de las salas de 2, 3 y 4 años superen los quince niños deberá haber un auxiliar y que la cantidad máxima de niños por sala es de: Sala Lactarios hasta 9 niños; Sala Deambuladores, hasta 14 niños; Sala de 2 años, hasta 20 niños; Sala de 3 años, hasta 25 niños; Sala de 4 años, hasta 30 niños. ¿Todo esto se cumple, me pregunto? Porque si así fuera habría siempre alguien disponible para cambiar a los niños, ¿verdad?
Buscando un poco más, encontré la Guía Federal de Orientaciones para la intervención educativa en situaciones complejas relacionadas con la vida escolar (publicado por el Ministerio de Educación) donde se lee con claridad: “Cabe destacar que no existe legislación alguna que impida cumplir con el cuidado de los niños y las niñas en relación con el aseo y cambio de pañales o ropa cuando la situación lo requiera.” Interesante.

Hace unos años Diario Perfil: escribía:”Si bien no se trata de una modalidad impuesta o masivamente extendida, cada vez son más los maestros que prefieren evitar el contacto físico con los chicos y los jardines que prohíben las demostraciones corporales de afecto como consecuencia de la creciente cantidad de denuncias sobre abusos sexuales en los jardines de infantes que los medios, además, reproducen con constancia.”
El delicado tema del abuso

¿Realmente el pretexto de esta medida es la prevención de abusos sexuales? Intento comprender la desprotección que sufren los docentes ante ciertas acusaciones infundadas, pero, ante todo, ¿si no confiamos en una institución y sus miembros para la higiene corporal de nuestros hijos… directamente confiamos? ¿Podemos dejarlos con tranquilidad en ese lugar? Segundo punto, ¿no existen psicotécnicos antes de tomar a un docente que trabajará con niños? ¿Podemos considerar que alguien tan enfermo como para abusar de un menor dejará de hacerlo gracias a esta regla? ¿O simplemente la escuela se “cubre” ante posibles denuncias?
Dejo abierta la puerta a las opiniones docentes y/o institucionales. No he conseguido que el Ministerio de Educación se pronuncie respecto de este tema. Sobre todo porque no hay legislación que lo avale, presupongo.
Desde la defensa de los niños me gustaría recordar algunas cosas. Primero, que existe una Ley de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y AdolescentesCon esto quiero decir que no es un mero capricho respetarlos. Los Derechos a la Dignidad y Respeto se enmarcan dentro de esta legislación. ¿Acaso exigir que no usen pañales no es faltarles el respeto? ¿Dejarlos sucios no es faltarles el respeto? ¿No ayudarlos en su higiene personal no es faltarles el respeto? ¿Acaso todo lo mencionado no es humillante (y contrario a la dignidad)?

¿Y qué me dicen del Derecho a la Protección de la salud (que implica combatir las enfermedades)? Son varias las mamás, principalmente de nenas, que me cuentan que sus hijas acabaron con varias infecciones urinarias a lo largo del año. Claro, ellas, con sólo 2 y 3 años, se higienizan incorrectamente, llevando bacterias a su tracto urinario. Y ni hablemos de la salud mental. Lamentablemente son muchos los niños presionados para dejar el pañal antes de tiempo que terminan con serios problemas derivados del estrés de enfrentarse a esta situación.

Los abogados consultados (que prefirieron permanecer anónimos) afirmaron que, claramente, una regla como tal es contraria a los derechos de los niños. Los nombrados y, seguramente, muchos otros.
La mirada de los expertos

En la nota de Perfil mencionada se incluye una interesante cita respecto de la importancia del contacto físico en la primera infancia (otro tema nada menor). “Todo lo que sea contacto corporal para la primera infancia es fundamental para el desarrollo emocional de los chicos, no sólo para el aprendizaje” (…) señala la licenciada y profesora en psicopedagogía Cecilia Kornblit. Un docente que “no puede” tocar a sus alumnos les está creando una barrera perjudicial para su confianza y desarrollo.”

Cecilia Giana, Licenciada en Ciencias de la Educación, afirma: “La negativa de cambiar pañales en las escuelas a partir de la sala de tres surge en la mayoría de los casos por el miedo de las instituciones de ser acusadas de abuso deshonesto a los niños, esta situación nos lleva a preguntarnos diversas cuestiones, ¿qué está enseñando con sus actos una escuela que por temor deja de responder a las necesidades de los más pequeños?, ¿qué lugar ocupa la confianza que debe existir entre las familias y los docentes?, ¿qué sucede con la construcción de los vínculos tempranos cuando se educa desde el temor? Las preguntas precedentes dan cuenta de un posicionamiento ético-pedagógico que necesita ser repensado para poder alojar a los más pequeños en las instituciones educativas que deben responder por ellos.”
Las Licenciadas en Psicología Carolina Mora y Natalia Liguori tienen una opinión determinante sobre el tema. “La mayoría de las veces las familias se ven afectadas por estas imposiciones externas que intervienen en las decisiones de crianza, siendo los niños los principales afectados. En poco tiempo tienen que acostumbrarse a la idea de dejar a sus papás y a sus juguetes queridos “que no pueden ir al jardín con ellos”, y como si esto fuera poco, por imposición de un modelo adultocentrista en el que el tiempo vale oro, se los apura a dejar los pañales y a controlar esfínteres, cuando se sabe que esto depende de su maduración y que es un proceso. Esta carrera conlleva un estrés e impacta a nivel emocional en los padres y principalmente en el niño. A la presión de dejar los pañales, algo que les da seguridad, por imposición externa sin contemplar los tiempos singulares, se le suma la posibilidad de quedar expuestos en episodios donde se ensucian por no lograr controlar sus esfínteres. Los niños sienten que no saben y no pueden hacerlo, con la frustración que esto conlleva para sí mismos y sus padres. Esto nos lleva a preguntarnos ¿al servicio de quien está el sistema?, ¿en benéfico de quiénes se plantea esta norma?
Por su lado Laura Lagos, Licenciada en Ciencias de la Comunicación con orientación en Procesos Educativos, opina que ”es lamentable que se obligue a un niño a acelerar sus ritmos sin contemplar lo particular de cada uno. Es una medida que tiende a homogeneizar y eso no está bien. Además, el hecho de usar pañales se estigmatiza. Los padres muchas veces siguen estas reglas por vergüenza, porque sienten que sus hijos están “fuera de la norma”, es decir, que no cumplen con los pasos esperados. Es en estas condiciones que una regla tan arbitraria puede funcionar. Hace falta mayor cuestionamiento.”
Como padres es nuestro deber asegurar que nuestros hijos tienen sus derechos cubiertos. Preguntar, repreguntar y hacer valer nuestro poder ciudadano. Y si la escuela no los cumple, no nos callemos.

PD: Esta nota perteneció a mi antiguo blog de Infobae.

martes, 13 de septiembre de 2016

Entrevista a Mariel Bonnefon: "Es el momento de amar sin reservas"



Mariel Bonnefon es argentina, residente en Uruguay actualmente. Se formó como psicóloga en la Universidad de la República del Uruguay e inmediatamente después realizó la formación como Psicoterapeuta Corporal Reichiana, en el Taller de Estudios y Análisis Bioenergético. Trabajó durante varios años en clínica individual y grupal, siempre apuntando a la generación de nuevas formas de vivir, con más gozo y libertad.
 
En el 2012 llegó la maternidad y con ella un enorme cambio. Desde entonces se ha dedicado a trabajar en temas relacionados a la crianza respetuosa, autorregulada y consciente. Coordina talleres y grupos de crianza. Se formó como Promotora de Lactancia de la Liga de la Leche y como Asesora de Porteo Mimos y Teta. Actualmente se encuentra realizando la formación de Especialista en Ecología de los Sistemas Humanos de la EsTeR

Pueden conocer su trabajo a través de su página Crianza y Energía y de su comunidad en Facebook.

NS: Hola Mariel, muchas gracias por tu tiempo. Voy a comenzar haciéndote una pregunta que hago siempre. ¿Cómo cambió tu mirada profesional a partir de la maternidad?

MB: (Risas) La respuesta fácil sería decirte que si no hubiera sido mamá hoy no estaríamos conversando. La respuesta más larga es que cambió rotundamente, porque el contactar desde mi corazón con mi hijo me hizo abrirme a un mundo totalmente nuevo. 

Vivimos en una sociedad y una cultura eminentemente adultocéntricas y yo no había escapado de eso. Como psicóloga, sabía de primera infancia lo que se estudia en la formación básica de grado, que es bastante pobre. Mi trabajo clínico fue siempre orientado a adultos. No lograba conectar con los niños si alguna vez venían a mi consulta. Y si bien estaba formada como psicoterapeuta corporal reichiana, en mi cabeza no había hecho el "click" de que si la coraza caracterial se generaba en los vínculos tempranos, había algo que los adultos estábamos haciendo muy mal.

Cuando Thiago nació el mundo se me puso patas arriba. Lo único que yo quería era tener a mi cachorro pegado a mí, yo, ¡la súper profesional eficiente y responsable! Empecé a darme cuenta cuán errados estaban los conceptos que había aceptado sin más, sin cuestionarlos: separar al bebé de su madre... que duerma en su cuarto después del primer mes... el jardín de infantes desde el año es lo ideal... etc. etc. Me da hasta vergüenza recordar que, antes de ser mamá, algunas veces vi un niño llorando en el súper y pensé "esa madre no puso suficientes límites".

Por suerte pude tener la conciencia suficiente para darme cuenta que Thiago me estaba abriendo una puerta... y me tiré de cabeza al túnel. Ha sido un camino maravilloso, y doloroso también, porque tuve que enfrentarme con muchos puntos oscuros en mí misma... y los que faltan. Pero no puedo estar más que eternamente agradecida con él por haber llegado y despertarme.

NS: Vos decís que "en una forma más ecológica de vivir está la clave para crear un mundo más feliz, justo, sano". Me encanta la frase. Si hablamos específicamente de la crianza... ¿A qué se denomina crianza ecológica?

MB: La crianza ecológica es una forma de criar que intenta respetar lo más posible al bebé o niño. Se parte de la idea de que ellos llegan a este mundo con bastante más "salud" -si es que eso puede cuantificarse- que nosotros los adultos. 

Y se sabe, por años y años de investigaciones y observaciones, que las intervenciones que atentan contra el desarrollo natural del bebé humano son las que a su vez generan modos de vincularse y de vivir patológicos, no regulados. No estoy hablando de enfermedades psíquicas graves, sino de la "normalidad". Todos nosotros cargamos con heridas de nuestra infancia en nuestro cuerpo. A todos nos cuesta expresar nuestras emociones en mayor o menor medida, todos vivimos nuestra sexualidad de forma más o menos coartada, todos tenemos un anhelo de amor largamente ninguneado. Esas heridas configuran, como decía, formas de vivir, de relacionarse, que no son las naturales. 

Alexander Neill, colaborador de Wilhelm Reich, decía que nacemos con una capacidad innata para amar. Es obvio, si prendemos la tele a la hora del informativo, que el amor no nos está guiando en nuestro paso por el mundo. 


Entonces, de lo que estamos hablando es de Prevención. Estoy convencida, junto a muchos otros que trabajamos en este camino, que a través de criar de esta manera, estaremos ayudando a las próximas generaciones a crecer de otra manera, con menos peso en sus mochilas, con más herramientas para crear el mundo que todos nos merecemos.

Claro que no se puede hablar en términos absolutos, por eso digo que "intenta respetar lo más posible al niño". Ninguno de nosotros logrará una crianza autorregulada -o ecológica- al 100%, porque justamente cargamos con nuestras propias heridas. Esas heridas generan en nosotros patrones de relacionamiento tóxicos. Entonces, hacemos o decimos cosas que en realidad no están en contacto con lo que sentimos. 

Un ejemplo clásico: estoy cansada de un día agotador en el trabajo, llego a casa y le grito a mi hijo porque desordenó su cuarto. Es evidente que no es mi hijo el que provoca ese disestrés en mí. Pero seguramente por la crianza autoritaria que yo viví, no puedo gritarle a mi jefe o rebelarme contra el sistema laboral que me agota. Entonces me descargo con quien no corresponde, por así decirlo.

Cuál es la salida entonces? Intentar, paso a paso, ir desarmando esos patrones de relación. Ser concientes de nuestros propios límites, y respetarlos. Intentar ponernos en el lugar de nuestros hijos. No culparse -la culpa no sirve de nada-, pero sí responsabilizarse, y tomar acción en cambiar.
Seguramente, nosotros no lo veamos. Pero tal vez, nuestros nietos, o bisnietos, sí. Se trata de cortar con la cadena de transmisión. Y dejar que la energía, al servicio del amor y la vida como es natural, haga el resto

NS: ¿Cuál ha sido tu mayor desafío como psicóloga?

MB: Darme cuenta de que quienes acuden a pedirme ayuda están en su propio camino y que por más que quiera no puedo llevarlos al que yo considere correcto. Ellos tienen que descubrir hacia dónde ir, y yo sólo puedo acompañarlos y poner luz donde mis capacidades me permitan.

NS: ¿Y como mamá? 

MB: Uff... ¿tenés un par de años para que te cuente? (Risas)
Cada día es un desafío. Y también es un regalo. En este momento puedo hablarte de mi momento actual; mi mayor desafío es encontrar el equilibrio entre dejar fluir a Thiago y cuidarlo. Tiene 4 años y mucha voluntad...  

Cuando era más pequeño el desafío fue dejarme fluir a mí misma. Durante mucho tiempo tenía una gran autoexigencia, la mamá perfecta, la crianza perfecta, etc. Una locura.  

NS: Claro, y la autoexigencia desmedida genera culpa. ¡Es un círculo vicioso! Otro de los temas que quería tocar, dado que siento que caminamos el mismo camino: ¿realmente podemos creer en una revolución del amor? ¿Es la crianza la base para soñar con esto?

MB: Ay, espero que sí. Yo lo creo profundamente. Lo cual no quiere decir que piense que todos deberían dejar de hacer lo que hacen y ponerse a criar hijos (Risas). Pero es la militancia que yo he escogido. 

Yo creo que en este momento estamos siendo testigos, sin darnos cuenta, de un momento-bisagra. Hay una revolución, más o menos silenciosa, que ya ha comenzado. Un cambio de paradigma. No puede ser coincidencia que tanta gente al mismo tiempo, en distintos lugares, se plantee este tipo de preguntas.  
 

NS: ¡Me emociona mucho tu respuesta! Si bien veo ese cambio, todavía queda mucho por hacer. ¿Por qué seguimos persiguiendo los "límites", la "obediencia" y otros tantos supuestos "santos griales" de la crianza? ¿En algún momento creés que esto cambiará?

MB: Porque estamos perdidos. No tenemos conexión con nosotros mismos, con nuestro corazón, con nuestra energía. Necesitamos cosas externas de las que aferrarnos. Lo que buscamos es que nos digan qué hacer. Porque somos testigos de la vida exultante de nuestros hijos y no sabemos qué hacer con eso. Nos da miedo la pérdida de control.

Y ojo, que pasa lo mismo con el "Santo Grial" de la Crianza con Apego. Lo veo mucho; mamás y papás -yo misma lo viví en algún momento- que dan teta, colechan y portean porque "es lo que hay que hacer", no porque estén en contacto con las necesidades de sus hijos, y las propias. Entonces, cuando el bebé igual llora toda la noche... o el nene igual hace el berrinche... se desesperan. ¿Cómo? ¿No era ésta la solución a todos los males? 

Y no. No hay soluciones mágicas. Porque intentar criar respetuosamente implica, sí o sí, enfrentarte con tu propia rabia y tristeza, por no haber sido respetado. Si no contactás con eso, si seguís barriendo bajo la alfombra... va a llegar un momento en que te vas a ver superado. Los niños son campeones en eso (Risas). Saben encontrar nuestros puntos ciegos. Y en ese momento es que tenés la oportunidad: te tirás a la pileta o seguís de largo.  

Sobre tu segunda pregunta... no sé si cambiará a fondo. Pero sí veo que hay cada vez más gente con inquietud, con ganas de buscar, de inventar su propia historia. 

NS: ¡Seguiremos trabajando para que así sea! ¿Querés dejarnos alguna reflexión más?

MB: Creo, como te dije antes, que estamos en un momento bisagra. Es el momento de aprovechar esta energía, hacerla colectiva, jugárnosla por el otro, amar sin reservas a nuestros hijos y a quienes tengamos cerca. Cultivar vínculos que nos sostengan en este camino, generar tribu. Es el mejor regalo que podemos dejarles a las futuras generaciones. ¡Muchas gracias Noelia por permitirme este contacto con tus lectores!

Gracias a vos, Mariel, y que se siga multiplicando el amor. 

sábado, 26 de marzo de 2016

Ivana Raschkovan: "Como sociedad tenemos una gran deuda hacia la infancia"

Foto: Propiedad de Ivana Raschkovan

Ivana, muchas gracias por tu tiempo y por tener ganas de compartir tu experiencia profesional y maternal con nosotros. ¿Sentís que la maternidad te cambió la perspectiva como psicóloga? ¿En qué aspectos?
La experiencia de la maternidad me atravesó de múltiples maneras y una de ellas es sin dudas desde mi rol profesional. Como primer medida me condujo a interrogar y cuestionar ciertos discursos sociales o mitos acerca de los niños y de la crianza, que hasta ese momento ni sabía que existían. Nunca me los había cuestionado simplemente porque desde mi perspectiva profesional no me resultaban visibles e incluso sin darme cuenta contribuía a perpetuarlos.
¿Cambiaste de opinión o enriqueciste tu mirada sobre algún tema?
¡Uf, sobre muchos! Casi todo el edificio conceptual tuvo que ser sometido a revisión al abrirse ante mí un nuevo universo respecto de lo que implica el vínculo de una mamá y su bebé. Sentí la necesidad de estudiar más sobre lactancia, fisiología, neurociencias, psicomotricidad. Acompañar a mi hijo en su desarrollo me condujo a querer aprender sobre muchas cosas que antes no me resultaban tan esenciales. Esto indudablemente enriqueció mi mirada como psicoanalista y, sobre todo, al encontrarme durante esa búsqueda con la crianza respetuosa. Este encuentro marcó un verdadero acontecimiento en mi formación profesional

¿Cómo son tus encuentros de crianza? ¿Qué es lo más enriquecedor de ellos?
En los encuentros de crianza participan papás y mamás con sus bebés. Es un espacio de intercambio donde se habla sobre temas referidos a la crianza, se plantean preguntas, se comparten miedos y las experiencias de cada familia. En nuestra sociedad actual y en ciudades como Buenos Aires, criar a los hijos se ha vuelto una tarea muy solitaria y nos encontramos con muchas mamás que suelen sentirse encerradas y solas en la crianza. Desde mi punto de vista esto es lo más enriquecedor de los encuentros, la posibilidad de que las mamás y también los papás, se encuentren con otros a quienes les suceden cosas parecidas. Lo que intentamos desde nuestra posición profesional es no bajar una línea ni dar “consejos” prefabricados, porque confiamos y creemos en el saber que trae cada familia. Nuestra principal función es la de brindar una matriz de apoyo a los padres, facilitar información, contener y sostener lo que cada familia elige. ¿Quiénes somos nosotras para decirle a una mamá o a un papá cómo debe criar a su hijo? Fomentar el encuentro de madres y padres con otros a los que les suceden las mismas cosas ya de por sí  es muy enriquecedor.

Los padres solemos hacer muchas preguntas de crianza a los psicólogos. ¿Cómo es tu acercamiento a estos temas?
Mi funcióncomo profesional, tanto en los encuentros como en las consultas sobre crianza, creo que tiene que ver con acompañar, sostener a los padres, pensar con ellos y muchas veces ayudarlos a ayudar a sus hijos. Incluso es algo que también trabajo mucho en los tratamientos terapéuticos con niños. Atender a un niño, brindar tratamiento psicoterapéutico implica la mayoría de las veces un trabajo con el chico y con la familia. Nunca para juzgar ni mucho menos para decirle a una mamá o a un papá lo que debe hacer, sino para entender juntos qué le sucede a su hijo e intentar ayudarlo. El objetivo es que luego de un tiempo de trabajo, ese niño o esa familia ya no me necesite más. Acompaño mientras sea necesario, una vez que el trabajo terapéutico está hecho, considero que hasta puede ser perjudicial extender el tratamiento.

¿Hay temas prefieras evitar?
Intento en lo posible evitar lo que no me compete profesionalmente. No por evitar ciertos temas, sino por no estar formada para hablar sobre eso. Muchas veces me consultan por temas que no son para ser abordados en una consulta psicológica, mi intervención en esos casos consiste en acompañar y orientar a la familia hacia un profesional de otra disciplina como una puericultora o el pediatra. Para eso estamos armando una Red Interdisciplinaria de Profesionales a favor de la Crianza Respetuosa, porque necesitamos contar con profesionales de distintas disciplinas.

¿Qué cosa es fundamental no dejar de lado al hablar de crianza con las familias?
Para mí siempre es importante no perder de vista el respeto hacia el niño como sujeto de derechos, así como tambien resulta esencial hablar de las necesidades afectivas de los bebés y los niños. Vivimos en una época en la cual los discursos culturales promueven el desapego, se reivindica la individualidad y la independencia, a veces, a cualquier precio. Creo que como sociedad tenemos una gran deuda hacia la infancia, de ofrecerle un lugar y un cuidado diferente. Muchos de nosotros crecimos en familias adultocéntricas, en las cuales lo infantil quedaba relegado a algo menor y sin importancia. No creo que se trate tampoco, como sostienen algunos autores, de volvernos bebecéntricos porque entonces estaríamos descuidando las necesidades y los deseos de cada mamá y papá. En todo caso considero que se trata de conciliar, de cuidar el vínculo y a cada integrante del mismo. Plantear la crianza en términos de adultocentrismo o bebecentrismo nos confronta con las limitaciones propias de las oposiciones binarias. Creo que debemos superar esas diferencias oposicionales para no caer en reduccionismos unilaterales.

Te definís a favor de la crianza con apego o crianza respetuosa. ¿Quiénes serían tus referentes?
Yo suelo preferir hablar de crianza respetuosa más que de crianza con apego, porque la noción de crianza con apego no me parece precisa, resulta ambigua y redundante. Todos criamos con apego, sólo que hay distintos tipos de apego según la teoría que lleva su nombre. En cambio, hablar de crianza respetuosa creo tiene que ver con una posición ética por parte del adulto, que reconoce al niño como otro diferente y que merece el mismo respeto que cualquier ser humano. Es difícil nombrar referentes porque hay muchas publicaciones de crianza que tienen una posición a mi gusto demasiado radical y considero que el problema al oponerse es que corren el riesgo de volverse tan fundamentalistas y extremas como aquello que buscan cuestionar. Pienso que bajar una línea y decirle a una madre o a un padre lo que tiene que hacer o cómo debe criar a su hijo, no es ser respetuoso de la singularidad, del deseo y de la idiosincrasia de cada familia. Alguien a quien admiro y respeto mucho por su posición es al Dr. Carlos González (pediatra español), creo que además de saber mucho sobre pediatría y crianza, tiene un modo muy amable de dirigirse a los padres y a los niños. Por otro lado, admiro profundamente al pediatra psicoanalista Donald Winnicott, creo que es un claro exponente de que es posible hacer un psicoanálisis respetuoso: respetuoso de los procesos madurativos el niño y de los padres que conforman el ambiente (facilitador o no) en el cual se encuentra inmerso.

Foto: Propiedad de Ivana Raschkovan


Ivana Raschkovan es Psicóloga Clínica, docente de la Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), integrante de equipo de investigación de proyecto UBACyT, Coordinadora Institucional de APRIN Psicología, Coordinadora de Crianza Infantil, psicoanalista de niños y adolescentes, coordinadora de grupos de crianza y de talleres mama-bebé. Brinda charlas a instituciones educativas y consultas de orientación a padres.  ivana@aprinpsicologia.com.ar 
www.crianzainfantil.com
www.aprinpsicologia.com.ar 

jueves, 11 de junio de 2015

¿Qué pasaba en los años 30 cuando no existía el TDAH?

Foto: Kambrosis

Ken Robinson es un educador, escritor y conferencista británico. Doctor por la Universidad de Londres, ha investigado sobre la aplicación del teatro en la educación. Robinson es considerado un experto en asuntos relacionados con la creatividad, la calidad de la enseñanza, la innovación y los recursos humanos. ¿Por qué les cuento esto?

Hace tiempo que me preocupa la liviandad con que algunas personas se sienten capacitadas para "diagnosticar" a los niños. Si es inquieto, si es callado, si es distraído... enseguida sobrevuelan las preguntas, las etiquetas, los posibles trastornos y las preocupaciones.

¿Será como dice el Dr. Carlos González? ¿Estamos perdiendo la paciencia con los niños? ¿Somos incapaces de tolerar una conducta normal? ¿Patologizamos la infancia?

Y entonces me acordé de esta charla TED de Ken Robinson. Quiero compartir algunos párrafos con ustedes. Simplemente para seguir pensando sobre el tema.

"Esto me trae a una conversación que tuve con una mujer maravillosa de la quizás no han oído hablar, se llama Gillian Lynne, ¿la conocen? Algunos si. Es coreógrafa y todo el mundo conoce su trabajo. Ella hizo "Cats" y "El fantasma de la ópera". Es fantástica. Yo solía estar en el concejo del Royal Ballet, en Inglaterra, como pueden ver. Almorcé con Gillian un día y le pregunté: "¿Cómo llegaste a ser bailarina?" Fue interesante, ella era incompetente en la escuela y la escuela, en los años 30, le escribió a sus padres diciendo "Creemos que Gillian tiene un trastorno de aprendizaje". No se podía concentrar, se movía nerviosamente. Creo que hoy dirían que tenía TDAH (Déficit de Atención). Pero esto era en los 30 y no se había inventado el TDAH. No era un trastorno disponible (risas). La gente no sabía que podían tener eso."

"Ella fue a ver a un especialista con su mamá y la llevaron y la sentaron en una silla en el rincón y ella se sentó sobre sus manos por 20 minutos mientras el hombre hablaba con su mamá sobre los problemas que Gillian tenía en la escuela. Ella molestaba a los otros, entregaba tarde la tarea... una pequeña niña de 8 años. Al final el doctor se sentó junto a Gillian y le dijo: "Gillian, escuché todo lo que tu mamá me dijo y necesito hablar en privado con ella". Le dijo: "Espera aquí, no nos vamos a tardar" y se fueron y la dejaron sola. Pero al salir de la sala, él encendió la radio que estaba sobre su escritorio. Y cuando salieron de la habitación, él le dijo a su madre: "Sólo espere y observémosla". Y en el momento en que salieron Gillian se paró y comenzó a moverse al ritmo de la música. Y la miraron por unos minutos y el doctor se volvió a su madre y le dijo: "Sra. Lynne, Gillian no está enferma, ella es una bailarina, llévela a la escuela de danza"."

"Le dije: "Y ¿qué pasó?" Ella dijo: "Me llevó y fue maravilloso. Entramos a esta habitación y estaba llena de gente como yo. Gente que no se podía quedar quieta. Gente que tenía que moverse para pensar". Practicaban ballet, tap, jazz, danza moderna y contemporánea. Eventualmente entró a la escuela del Royal Ballet, se volvió solista, tuvo una carrera maravillosa con el Royal Ballet. Eventualmente se graduó de la escuela y fundó su propia compañía, la Compañía de Danza de Gillian Lynne, conoció a Andrew Lloyd Weber. Ella ha sido la responsable de algunas de las obras musicales más exitosas de la historia, le ha dado placer a millones, y es multimillonaria. Otro médico quizás la habría medicado y le habría dicho que se calmara."

¿Para pensar, no?

Para escuchar la charla completa de Ken Robinson hacé click acá: How schools kill creativity.