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martes, 13 de septiembre de 2016

Entrevista a Mariel Bonnefon: "Es el momento de amar sin reservas"



Mariel Bonnefon es argentina, residente en Uruguay actualmente. Se formó como psicóloga en la Universidad de la República del Uruguay e inmediatamente después realizó la formación como Psicoterapeuta Corporal Reichiana, en el Taller de Estudios y Análisis Bioenergético. Trabajó durante varios años en clínica individual y grupal, siempre apuntando a la generación de nuevas formas de vivir, con más gozo y libertad.
 
En el 2012 llegó la maternidad y con ella un enorme cambio. Desde entonces se ha dedicado a trabajar en temas relacionados a la crianza respetuosa, autorregulada y consciente. Coordina talleres y grupos de crianza. Se formó como Promotora de Lactancia de la Liga de la Leche y como Asesora de Porteo Mimos y Teta. Actualmente se encuentra realizando la formación de Especialista en Ecología de los Sistemas Humanos de la EsTeR

Pueden conocer su trabajo a través de su página Crianza y Energía y de su comunidad en Facebook.

NS: Hola Mariel, muchas gracias por tu tiempo. Voy a comenzar haciéndote una pregunta que hago siempre. ¿Cómo cambió tu mirada profesional a partir de la maternidad?

MB: (Risas) La respuesta fácil sería decirte que si no hubiera sido mamá hoy no estaríamos conversando. La respuesta más larga es que cambió rotundamente, porque el contactar desde mi corazón con mi hijo me hizo abrirme a un mundo totalmente nuevo. 

Vivimos en una sociedad y una cultura eminentemente adultocéntricas y yo no había escapado de eso. Como psicóloga, sabía de primera infancia lo que se estudia en la formación básica de grado, que es bastante pobre. Mi trabajo clínico fue siempre orientado a adultos. No lograba conectar con los niños si alguna vez venían a mi consulta. Y si bien estaba formada como psicoterapeuta corporal reichiana, en mi cabeza no había hecho el "click" de que si la coraza caracterial se generaba en los vínculos tempranos, había algo que los adultos estábamos haciendo muy mal.

Cuando Thiago nació el mundo se me puso patas arriba. Lo único que yo quería era tener a mi cachorro pegado a mí, yo, ¡la súper profesional eficiente y responsable! Empecé a darme cuenta cuán errados estaban los conceptos que había aceptado sin más, sin cuestionarlos: separar al bebé de su madre... que duerma en su cuarto después del primer mes... el jardín de infantes desde el año es lo ideal... etc. etc. Me da hasta vergüenza recordar que, antes de ser mamá, algunas veces vi un niño llorando en el súper y pensé "esa madre no puso suficientes límites".

Por suerte pude tener la conciencia suficiente para darme cuenta que Thiago me estaba abriendo una puerta... y me tiré de cabeza al túnel. Ha sido un camino maravilloso, y doloroso también, porque tuve que enfrentarme con muchos puntos oscuros en mí misma... y los que faltan. Pero no puedo estar más que eternamente agradecida con él por haber llegado y despertarme.

NS: Vos decís que "en una forma más ecológica de vivir está la clave para crear un mundo más feliz, justo, sano". Me encanta la frase. Si hablamos específicamente de la crianza... ¿A qué se denomina crianza ecológica?

MB: La crianza ecológica es una forma de criar que intenta respetar lo más posible al bebé o niño. Se parte de la idea de que ellos llegan a este mundo con bastante más "salud" -si es que eso puede cuantificarse- que nosotros los adultos. 

Y se sabe, por años y años de investigaciones y observaciones, que las intervenciones que atentan contra el desarrollo natural del bebé humano son las que a su vez generan modos de vincularse y de vivir patológicos, no regulados. No estoy hablando de enfermedades psíquicas graves, sino de la "normalidad". Todos nosotros cargamos con heridas de nuestra infancia en nuestro cuerpo. A todos nos cuesta expresar nuestras emociones en mayor o menor medida, todos vivimos nuestra sexualidad de forma más o menos coartada, todos tenemos un anhelo de amor largamente ninguneado. Esas heridas configuran, como decía, formas de vivir, de relacionarse, que no son las naturales. 

Alexander Neill, colaborador de Wilhelm Reich, decía que nacemos con una capacidad innata para amar. Es obvio, si prendemos la tele a la hora del informativo, que el amor no nos está guiando en nuestro paso por el mundo. 


Entonces, de lo que estamos hablando es de Prevención. Estoy convencida, junto a muchos otros que trabajamos en este camino, que a través de criar de esta manera, estaremos ayudando a las próximas generaciones a crecer de otra manera, con menos peso en sus mochilas, con más herramientas para crear el mundo que todos nos merecemos.

Claro que no se puede hablar en términos absolutos, por eso digo que "intenta respetar lo más posible al niño". Ninguno de nosotros logrará una crianza autorregulada -o ecológica- al 100%, porque justamente cargamos con nuestras propias heridas. Esas heridas generan en nosotros patrones de relacionamiento tóxicos. Entonces, hacemos o decimos cosas que en realidad no están en contacto con lo que sentimos. 

Un ejemplo clásico: estoy cansada de un día agotador en el trabajo, llego a casa y le grito a mi hijo porque desordenó su cuarto. Es evidente que no es mi hijo el que provoca ese disestrés en mí. Pero seguramente por la crianza autoritaria que yo viví, no puedo gritarle a mi jefe o rebelarme contra el sistema laboral que me agota. Entonces me descargo con quien no corresponde, por así decirlo.

Cuál es la salida entonces? Intentar, paso a paso, ir desarmando esos patrones de relación. Ser concientes de nuestros propios límites, y respetarlos. Intentar ponernos en el lugar de nuestros hijos. No culparse -la culpa no sirve de nada-, pero sí responsabilizarse, y tomar acción en cambiar.
Seguramente, nosotros no lo veamos. Pero tal vez, nuestros nietos, o bisnietos, sí. Se trata de cortar con la cadena de transmisión. Y dejar que la energía, al servicio del amor y la vida como es natural, haga el resto

NS: ¿Cuál ha sido tu mayor desafío como psicóloga?

MB: Darme cuenta de que quienes acuden a pedirme ayuda están en su propio camino y que por más que quiera no puedo llevarlos al que yo considere correcto. Ellos tienen que descubrir hacia dónde ir, y yo sólo puedo acompañarlos y poner luz donde mis capacidades me permitan.

NS: ¿Y como mamá? 

MB: Uff... ¿tenés un par de años para que te cuente? (Risas)
Cada día es un desafío. Y también es un regalo. En este momento puedo hablarte de mi momento actual; mi mayor desafío es encontrar el equilibrio entre dejar fluir a Thiago y cuidarlo. Tiene 4 años y mucha voluntad...  

Cuando era más pequeño el desafío fue dejarme fluir a mí misma. Durante mucho tiempo tenía una gran autoexigencia, la mamá perfecta, la crianza perfecta, etc. Una locura.  

NS: Claro, y la autoexigencia desmedida genera culpa. ¡Es un círculo vicioso! Otro de los temas que quería tocar, dado que siento que caminamos el mismo camino: ¿realmente podemos creer en una revolución del amor? ¿Es la crianza la base para soñar con esto?

MB: Ay, espero que sí. Yo lo creo profundamente. Lo cual no quiere decir que piense que todos deberían dejar de hacer lo que hacen y ponerse a criar hijos (Risas). Pero es la militancia que yo he escogido. 

Yo creo que en este momento estamos siendo testigos, sin darnos cuenta, de un momento-bisagra. Hay una revolución, más o menos silenciosa, que ya ha comenzado. Un cambio de paradigma. No puede ser coincidencia que tanta gente al mismo tiempo, en distintos lugares, se plantee este tipo de preguntas.  
 

NS: ¡Me emociona mucho tu respuesta! Si bien veo ese cambio, todavía queda mucho por hacer. ¿Por qué seguimos persiguiendo los "límites", la "obediencia" y otros tantos supuestos "santos griales" de la crianza? ¿En algún momento creés que esto cambiará?

MB: Porque estamos perdidos. No tenemos conexión con nosotros mismos, con nuestro corazón, con nuestra energía. Necesitamos cosas externas de las que aferrarnos. Lo que buscamos es que nos digan qué hacer. Porque somos testigos de la vida exultante de nuestros hijos y no sabemos qué hacer con eso. Nos da miedo la pérdida de control.

Y ojo, que pasa lo mismo con el "Santo Grial" de la Crianza con Apego. Lo veo mucho; mamás y papás -yo misma lo viví en algún momento- que dan teta, colechan y portean porque "es lo que hay que hacer", no porque estén en contacto con las necesidades de sus hijos, y las propias. Entonces, cuando el bebé igual llora toda la noche... o el nene igual hace el berrinche... se desesperan. ¿Cómo? ¿No era ésta la solución a todos los males? 

Y no. No hay soluciones mágicas. Porque intentar criar respetuosamente implica, sí o sí, enfrentarte con tu propia rabia y tristeza, por no haber sido respetado. Si no contactás con eso, si seguís barriendo bajo la alfombra... va a llegar un momento en que te vas a ver superado. Los niños son campeones en eso (Risas). Saben encontrar nuestros puntos ciegos. Y en ese momento es que tenés la oportunidad: te tirás a la pileta o seguís de largo.  

Sobre tu segunda pregunta... no sé si cambiará a fondo. Pero sí veo que hay cada vez más gente con inquietud, con ganas de buscar, de inventar su propia historia. 

NS: ¡Seguiremos trabajando para que así sea! ¿Querés dejarnos alguna reflexión más?

MB: Creo, como te dije antes, que estamos en un momento bisagra. Es el momento de aprovechar esta energía, hacerla colectiva, jugárnosla por el otro, amar sin reservas a nuestros hijos y a quienes tengamos cerca. Cultivar vínculos que nos sostengan en este camino, generar tribu. Es el mejor regalo que podemos dejarles a las futuras generaciones. ¡Muchas gracias Noelia por permitirme este contacto con tus lectores!

Gracias a vos, Mariel, y que se siga multiplicando el amor. 

sábado, 26 de marzo de 2016

Ivana Raschkovan: "Como sociedad tenemos una gran deuda hacia la infancia"

Foto: Propiedad de Ivana Raschkovan

Ivana, muchas gracias por tu tiempo y por tener ganas de compartir tu experiencia profesional y maternal con nosotros. ¿Sentís que la maternidad te cambió la perspectiva como psicóloga? ¿En qué aspectos?
La experiencia de la maternidad me atravesó de múltiples maneras y una de ellas es sin dudas desde mi rol profesional. Como primer medida me condujo a interrogar y cuestionar ciertos discursos sociales o mitos acerca de los niños y de la crianza, que hasta ese momento ni sabía que existían. Nunca me los había cuestionado simplemente porque desde mi perspectiva profesional no me resultaban visibles e incluso sin darme cuenta contribuía a perpetuarlos.
¿Cambiaste de opinión o enriqueciste tu mirada sobre algún tema?
¡Uf, sobre muchos! Casi todo el edificio conceptual tuvo que ser sometido a revisión al abrirse ante mí un nuevo universo respecto de lo que implica el vínculo de una mamá y su bebé. Sentí la necesidad de estudiar más sobre lactancia, fisiología, neurociencias, psicomotricidad. Acompañar a mi hijo en su desarrollo me condujo a querer aprender sobre muchas cosas que antes no me resultaban tan esenciales. Esto indudablemente enriqueció mi mirada como psicoanalista y, sobre todo, al encontrarme durante esa búsqueda con la crianza respetuosa. Este encuentro marcó un verdadero acontecimiento en mi formación profesional

¿Cómo son tus encuentros de crianza? ¿Qué es lo más enriquecedor de ellos?
En los encuentros de crianza participan papás y mamás con sus bebés. Es un espacio de intercambio donde se habla sobre temas referidos a la crianza, se plantean preguntas, se comparten miedos y las experiencias de cada familia. En nuestra sociedad actual y en ciudades como Buenos Aires, criar a los hijos se ha vuelto una tarea muy solitaria y nos encontramos con muchas mamás que suelen sentirse encerradas y solas en la crianza. Desde mi punto de vista esto es lo más enriquecedor de los encuentros, la posibilidad de que las mamás y también los papás, se encuentren con otros a quienes les suceden cosas parecidas. Lo que intentamos desde nuestra posición profesional es no bajar una línea ni dar “consejos” prefabricados, porque confiamos y creemos en el saber que trae cada familia. Nuestra principal función es la de brindar una matriz de apoyo a los padres, facilitar información, contener y sostener lo que cada familia elige. ¿Quiénes somos nosotras para decirle a una mamá o a un papá cómo debe criar a su hijo? Fomentar el encuentro de madres y padres con otros a los que les suceden las mismas cosas ya de por sí  es muy enriquecedor.

Los padres solemos hacer muchas preguntas de crianza a los psicólogos. ¿Cómo es tu acercamiento a estos temas?
Mi funcióncomo profesional, tanto en los encuentros como en las consultas sobre crianza, creo que tiene que ver con acompañar, sostener a los padres, pensar con ellos y muchas veces ayudarlos a ayudar a sus hijos. Incluso es algo que también trabajo mucho en los tratamientos terapéuticos con niños. Atender a un niño, brindar tratamiento psicoterapéutico implica la mayoría de las veces un trabajo con el chico y con la familia. Nunca para juzgar ni mucho menos para decirle a una mamá o a un papá lo que debe hacer, sino para entender juntos qué le sucede a su hijo e intentar ayudarlo. El objetivo es que luego de un tiempo de trabajo, ese niño o esa familia ya no me necesite más. Acompaño mientras sea necesario, una vez que el trabajo terapéutico está hecho, considero que hasta puede ser perjudicial extender el tratamiento.

¿Hay temas prefieras evitar?
Intento en lo posible evitar lo que no me compete profesionalmente. No por evitar ciertos temas, sino por no estar formada para hablar sobre eso. Muchas veces me consultan por temas que no son para ser abordados en una consulta psicológica, mi intervención en esos casos consiste en acompañar y orientar a la familia hacia un profesional de otra disciplina como una puericultora o el pediatra. Para eso estamos armando una Red Interdisciplinaria de Profesionales a favor de la Crianza Respetuosa, porque necesitamos contar con profesionales de distintas disciplinas.

¿Qué cosa es fundamental no dejar de lado al hablar de crianza con las familias?
Para mí siempre es importante no perder de vista el respeto hacia el niño como sujeto de derechos, así como tambien resulta esencial hablar de las necesidades afectivas de los bebés y los niños. Vivimos en una época en la cual los discursos culturales promueven el desapego, se reivindica la individualidad y la independencia, a veces, a cualquier precio. Creo que como sociedad tenemos una gran deuda hacia la infancia, de ofrecerle un lugar y un cuidado diferente. Muchos de nosotros crecimos en familias adultocéntricas, en las cuales lo infantil quedaba relegado a algo menor y sin importancia. No creo que se trate tampoco, como sostienen algunos autores, de volvernos bebecéntricos porque entonces estaríamos descuidando las necesidades y los deseos de cada mamá y papá. En todo caso considero que se trata de conciliar, de cuidar el vínculo y a cada integrante del mismo. Plantear la crianza en términos de adultocentrismo o bebecentrismo nos confronta con las limitaciones propias de las oposiciones binarias. Creo que debemos superar esas diferencias oposicionales para no caer en reduccionismos unilaterales.

Te definís a favor de la crianza con apego o crianza respetuosa. ¿Quiénes serían tus referentes?
Yo suelo preferir hablar de crianza respetuosa más que de crianza con apego, porque la noción de crianza con apego no me parece precisa, resulta ambigua y redundante. Todos criamos con apego, sólo que hay distintos tipos de apego según la teoría que lleva su nombre. En cambio, hablar de crianza respetuosa creo tiene que ver con una posición ética por parte del adulto, que reconoce al niño como otro diferente y que merece el mismo respeto que cualquier ser humano. Es difícil nombrar referentes porque hay muchas publicaciones de crianza que tienen una posición a mi gusto demasiado radical y considero que el problema al oponerse es que corren el riesgo de volverse tan fundamentalistas y extremas como aquello que buscan cuestionar. Pienso que bajar una línea y decirle a una madre o a un padre lo que tiene que hacer o cómo debe criar a su hijo, no es ser respetuoso de la singularidad, del deseo y de la idiosincrasia de cada familia. Alguien a quien admiro y respeto mucho por su posición es al Dr. Carlos González (pediatra español), creo que además de saber mucho sobre pediatría y crianza, tiene un modo muy amable de dirigirse a los padres y a los niños. Por otro lado, admiro profundamente al pediatra psicoanalista Donald Winnicott, creo que es un claro exponente de que es posible hacer un psicoanálisis respetuoso: respetuoso de los procesos madurativos el niño y de los padres que conforman el ambiente (facilitador o no) en el cual se encuentra inmerso.

Foto: Propiedad de Ivana Raschkovan


Ivana Raschkovan es Psicóloga Clínica, docente de la Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), integrante de equipo de investigación de proyecto UBACyT, Coordinadora Institucional de APRIN Psicología, Coordinadora de Crianza Infantil, psicoanalista de niños y adolescentes, coordinadora de grupos de crianza y de talleres mama-bebé. Brinda charlas a instituciones educativas y consultas de orientación a padres.  ivana@aprinpsicologia.com.ar 
www.crianzainfantil.com
www.aprinpsicologia.com.ar 

miércoles, 17 de febrero de 2016

"Mi hijo no me hace caso": Límites, crianza y obediencia.


Un tema que, sin duda, desvela a padres y madres. Por algún motivo la obediencia infantil en el siglo XXI sigue siendo un gran imperativo y el "hacer caso" una conducta deseable y positiva.

¿Es hora de cambiar de paradigma? ¿Podemos pensar la crianza desde otro ángulo? Sobre este tema consultamos a dos psicólogas argentinas especializadas en infancia y crianza: Ivana Raschkovan y Carolina Mora.

¿Cómo abordamos el tema de los famosos "límites" con los niños?
Carolina: Los límites existen, la realidad por si misma los impone. Es imposible hacer todo lo que queremos, tanto para los niños como para los adultos, el transcurrir mismo nos va presentando distintas situaciones donde se nos impone un límite. Ahora bien, como adultos es nuestra responsabilidad durante la crianza transmitir esos límites, comunicarlos en un lenguaje accesible y acorde a la edad del niño, de forma tal que poco a poco, vayan siendo internalizados.
Ivana: Una de las consultas habituales de los padres en los encuentros de crianza con niños pequeños suele ser la comunicación de los límites. “Le digo que no lo haga, me mira y lo hace igual” es una frase recurrente que muchas veces conduce a interpretar ese comportamiento como rebeldía o desafío. ¿Es así? ¿Se trata de una verdadera desobediencia? El sentido que imprimamos a este comportamiento dependerá de cuál sea nuestra concepción de niño y como entendamos los límites. Los niños necesitan de nuestra guía y orientación para conocer el mundo, para aprender cuáles son los comportamientos socialmente aceptables y cuáles no lo son. Ningún chico nace sabiendo esto, no se trata de un conocimiento innato sino de un saber hacer que se construye a partir de la experiencia. Los padres oficiamos como portavoces de la cultura, somos un pedazo de mundo, representantes para el niño de la sociedad. Y como tales somos los encargados de transmitirles además de amor y cuidado, ciertos límites y comportamientos sociales.
¿Y cómo podemos encarar el tema de otro modo?
Si en lugar de pasivizar al niño lo integramos en este proceso como un sujeto activo en la construcción del límite, veremos que se trata de eso, de algo a construir. Si el adulto se impone por la fuerza sacando provecho de su tamaño e intentando dominar al niño mediante retos y castigos, tal vez consiga cierta obediencia pero a costa de infundir miedo y sometimiento. El niño "hace caso" (si es que lo hace) no porque haya aprendido verdaderamente sino por temor a recibir represalias. Los límites no pueden imponerse ni tampoco un chico puede adquirirlos por sí solo. La construcción de los límites consiste en un proceso interno, trabajoso y duradero, pero que paradójicamente se produce afuera del niño, en el "entre", en el encuentro intersubjetivo con los adultos de referencia. Hablar de los límites no es solamente decir que NO, es matizar, ofrecer condiciones de posibilidad, es construir un entramado espacio-temporal. 

¿Cuáles son los desafíos a la hora de construir estas normas juntos en familia?
Ivana: Creo que uno de los mayores desafíos actualmente para la construcción de los límites es el tiempo que deben pasar muchas mamás y papás fuera de su casa. Para poder favorecer este proceso, se necesita de tiempo compartido, juegos (no hay aprendizaje verdadero en la infancia que no pase necesariamente por el jugar) y por sobre todo mucha paciencia. Hace falta que un otro humano esté presente, disponible; son aprendizajes que no pueden darse frente a una pantalla. Entonces, ¿cómo se construye el límite? Jugando, practicando, insistiendo, hablando pero siempre de manera amable y empática. Basta con decirlo amablemente y repetirlo todas las veces que sea necesario, no hay razón para gritar o castigar. Para aprender algo, es inevitable repetirlo muchas veces. Ni los chicos ni los grandes aprendemos a la primera. Es condición que se repita para poder internalizarlo. Si un niño agarra algo que no debe, el error es nuestro por haberlo dejado a su alcance. Si ya lo agarró, podemos explicarle amablemente que eso no debía estar a su alcance y simplemente lo ponemos en un sitio donde el niño no pueda llegar. Seguido a esto podemos ofrecer otra cosa con la que sí pueda jugar. Desviar su atención hacia otra cosa es como decir: con esto no se puede, pero con esto sí. 
Carolina: ¿Cómo comunicar límites acompañando respetuosamente la frustración que esto provoca en el niño? Este es, en sí mismo, el más grande desafío. Frustración que por un lado, se expresa en el enojo del niño, en la rabia por no poder hacer/tener aquello que desea; por otro lado y no menos importante, la frustración que como padres/cuidadores nos genera el tener que lidiar con el enojo del niño. Como adultos tenemos que aprender a tolerar la frustración de los niños, acompañar sus enojos poniendo en palabras comprensibles y sencillas que a pesar de que la realidad impone un límite, nosotros estamos allí para quererlos y contenerlos. Devolver abrazos donde hay patadas, palabras de cariño donde surgen los gritos, ofrecer la calma donde aparece el desborde les permitirá tomar de nosotros las herramientas para en un futuro, aprender a regular sus emociones de forma autónoma y saludable.  
¿Por qué se confunde tanto la crianza respetuosa con la permisividad?
Ivana: Suele confundirse la noción de criar respetuosamente con la ausencia de límites. Yo suelo decir que es todo lo contrario. El respeto hacia el niño no es dejarlo hacer cualquier cosa, sino que de lo que se trata es del modo en que nos dirigimos a él; decir que NO es inevitable y necesario en la crianza, pero podemos hacerlo mediante gritos o enojos, o con amabilidad y paciencia.
 
Carolina: Vivimos en una sociedad aultocéntrica, donde se ha generalizado y lamentablemente naturalizado que la única forma de poner límites es castigando a los niños, ya sea con penitencias, gritos y hasta con golpes. Es alarmante la cantidad de personas que justifican la violencia como forma de enseñanza. Entonces, en este contexto, hablar de respeto hacia el niño, de hablarle amorosamente pero con firmeza, aún cuando no se esté comportando como los adultos esperamos, es interpretado como permisividad. Realmente es una idea revolucionaria la de la crianza respetuosa, entender que para ayudar al niño a calmarse primero debemos mantenernos en calma nosotros, saber que cuando queremos enseñar podemos hacerlo desde el vínculo, pasando tiempo con nuestros niños y sobre todo que mucho de lo que le enseñamos es a través de nuestras propias acciones. Si gritamos con frecuencia aprenderán a usar los gritos para comunicarse, si les castigamos físicamente o verbalmente, adoptarán esa forma de víncularse; en cambio si reciben un trato amoroso, límites claros y firmes, tiempo compartido, les estamos regalando recursos para toda la vida.

Ivana Raschkovan es Psicóloga Clínica, docente de la Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), integrante de equipo de investigación de proyecto UBACyT, Coordinadora Institucional de APRIN Psicología, Coordinadora de Crianza Infantil, psicoanalista de niños y adolescentes, coordinadora de grupos de crianza y de talleres mama-bebé. Brinda charlas a instituciones educativas y consultas de orientación a padres. 
ivana@aprinpsicologia.com.ar 
www.crianzainfantil.com
www.aprinpsicologia.com.ar

Carolina Mora es Lic. en Psicología especializada en psicología perinatal, prevención, lactancia materna, teoría del apego, neurobiología del nacimiento y crianza. También es Doula (Paramana Doula) y miembro de la Red de Psicólogas acompañando la crianza respetuosa.

viernes, 22 de enero de 2016

¿Qué pasa cuando los adultos de la pareja tienen diferentes estilos de crianza?

Foto: She Knows

¿Qué pasa cuando los adultos de la pareja tienen diferentes estilos de crianza? ¿Qué pasa cuando ante un mismo hecho su reacción es totalmente opuesta? ¿Hay modo de conciliar? ¿Podemos evitar entrar en conflicto permanente por cuestiones referidas a la crianza de los hijos?

Se trata de un problema sin duda muy sensible que afecta a miles de hogares y por el cual decidimos consultar a Mariela Cacciola, Psicóloga especializada en Primera Infancia y Crianza.

Mariela, ¿qué pasa cuando los adultos tienen diferentes estilos parentales frente a la crianza de los niños? Es un tema muy recurrente en las consultas que llegan a nuestra página y a nuestro grupo de Facebook. 
MC: Es un muy buen tema para pensar. Surge en todos los talleres. Los diferentes modos de crianza en la pareja. Que inevitablemente están en relación a los modos en los que cada uno fue criado y en la capacidad de cada uno de cuestionarse y no simplemente repetir el modo. El modo de crianza propio está tan arraigado que hace que no sea simple modificarlo a quien no esté dispuesto a hacerlo. Es inevitable que esto traiga conflictos en la pareja, no solo si fueron criados diferentes sino cuando uno sí está dispuesto al cambio y el otro no.

¿Y cómo encontramos un equilibrio?
MC: Para resolver esto en principio debemos apostar a la comunicación, poder conversar, reflexionar juntos que es lo que quieren para sus hijos y su familia. Poder establecer ciertos criterios y ponerse de acuerdo. Esto es lo fundamental, el diálogo. Pero si esto no ocurre, algo que siempre menciono en los talleres es que los chicos van aprendiendo los modos de cada uno y que pueden hacer con cada uno. Muchas veces nos han trasmitido que tenemos que tener un único criterio frente a ellos. Que mamá y papá se tiene que poner de acuerdo, y “bajar una sola línea”. Obviamente esto es lo ideal en ciertos temas pero no en todos.

¿Entonces cómo procedemos ante un tema en el cual no logramos ponernos de acuerdo?
MC: Lo fundamental es cuando están ambos juntos frente al niño no desautorizar al otro. A veces no se ponen de acuerdo, cada uno tiene sus propios criterios, mamá, papá, la abuela o la señorita en el jardín, se diferencian en sus modos y permisos. Ellos van a aprendiendo que pueden hacer con cada uno y que no. Ellos van aprendiendo la modalidad de cada uno. Si es necesario se le puede aclarar, mamá te deja hacer esto, papá no, o al revés. Ellos aprenden, supongamos que mamá es más respetuosa y da explicación a cada cosa que hacen, y papá no, simplemente dice no y no explica más, ellos van a asimilar esas diferencias y sabrán que esperar de cada uno. Esto más para lo cotidiano, reitero, que en las cuestiones más importantes lo ideal es poder ponerse de acuerdo, tanto para el beneficio de los niños como para la pareja.

¿Y si notamos que las diferencias son irreconciliables?
MC: Si no se pueden escuchar ni conciliar, consultar con alguien que pueda generar un espacio para que puedan escucharse y llegar a un acuerdo.

¡Muchas gracias Mariela!

Las palabras claves, entonces, parecen ser dialogar, escuchar, conciliar, respetar, cuestionar. ¿Nos cuestionamos lo suficientemente a menudo el modo en que fuimos criados? No dudemos del cariño y dedicación de nuestros padres, pero sí permitámosnos reconocer que hoy día la información es mayor y el avance de las neurociencias ha modificado algunas creencias antiguamente muy arraigadas.

Dediquemos tiempo a conversar entre adultos, a leer juntos y escucharnos. Y si las diferencias nos acorralan, pidamos ayuda. Ayuda profesional, quizás, o simplemente apoyo en otros padres y madres que buscan encontrar ese equilibrio y esa paz tan necesaria. Porque la paz la construimos entre todos, desde el hogar.

Lic. Mariela Cacciola (MN 34.904)
Lic. en Psicología (UBA). Formación en Psicología Perinatal con Ibone Olza (Terra Mater España) y Alicia Oiberman (UBA). Capacitada en Primera Infancia y Crianza. Coordinadora del espacio Dulce Crianza. Atención clínica a niños y adultos. Orientación a madres y padres. Asesoramiento a instituciones escolares de nivel inicial y primario. Consultorio en Villa Devoto (CABA) y atención mediante Videollamada (Skype).
Teléfono de contacto: (5411)-5954-9790. Correo electrónico: dulcecrianza@gmail.com

lunes, 28 de septiembre de 2015

Beatriz Janin: "El tiempo que el niño está frente a pantallas es un tiempo de no-juego"


Foto: Mark Pakula's blog

Muchas gracias Beatriz por tu tiempo y por estar presente en Criando Pensamientos. Hoy queremos tratar un tema que nos preocupa a todos los padres y madres: los niños frente a las pantallas. En el último encuentro de Forum Infancias has hecho referencia a este tema y mencionaste que en los medios audiovisuales la imagen prevalece sobre la palabra. ¿En qué afecta esto a los niños?
Los afecta porque si bien las imágenes dan una información importante, son mucho más difíciles de procesar que las palabras. Son inmediatas y su efecto es inmediato. No dan tiempo a metabolizar lo que se ve ni a que se fantasee. Si bien uno puede pensar en imágenes las palabras dan una posibilidad de complejización de la que carecen las imágenes.

¿Qué pasa cuando exponemos a bebés y niños muy pequeños (2 o 3 años) a la televisión, la computadora y demás dispositivos electrónicos? ¿Hay un tiempo máximo recomendado o es mejor evitarlos por completo?
El problema es cuando exponemos a niños de menos de dos años, que carecen de palabras para relatar lo que vieron y quedan aturdidos por estímulos muy fuertes. Después, a los dos o tres años, lo mejor es no exponerlos durante demasiado tiempo, eligiendo qué es lo que ven y acompañándolos. Es diferente que un adulto esté con ellos cuando miran un programa a dejarlos solos, porque si hay un adulto el niño podrá preguntar, el adulto le puede explicar lo que parece complicado para un niño, pueden intercambiar sobre lo que están viendo. También, el tiempo que el niño está frente a pantallas es un tiempo de no-juego, cuando para un niño su actividad fundamental tiene que ser jugar. Es a través del juego, sobre todo dramático, que el niño puede elaborar las situaciones que ha vivido y crear nuevos espacios, nuevos mundos. 

"El tiempo que el niño está frente a pantallas es un tiempo de no-juego, cuando para un niño su actividad fundamental tiene que ser jugar".

En el caso de padres que necesitan de las famosas "niñeras electrónicas" algunas horas al día. ¿Cuál sería tu consejo? ¿Cómo acompañar estos procesos que ahora son tan omnipresentes en casi todos los hogares?
Lo más importante es que las “niñeras electrónicas” no sustituyan a los adultos. El niño necesita de seres humanos con los que intercambiar mensajes, con los que aprender a hablar, a cantar, a jugar.

Desde Criando Pensamientos creemos en reivindicar el juego libre y el tiempo compartido en familia, siempre respetando el tiempo evolutivo de cada niño y su contexto. ¿Es lo mismo que un chico esté solo frente a la pantalla o que comparta una película o dibujito con sus padres y/o hermanos?
Es totalmente diferente. Cuando está solo no puede preguntar a nadie sobre lo que no entiende ni puede comentar con otro lo que está pasando. Tampoco va a poder compartir después lo visto. Por el contrario, cuando se ve una película o un dibujito con otros, hay un tema a conversar, los adultos pueden relatarle al niño lo que vieron, que muchas veces es algo que él solo no puede ligar ni entender y esto puede ayudarlo a procesar esos estímulos.

"Lo más importante es que las “niñeras electrónicas” no sustituyan a los adultos. El niño necesita de seres humanos con los que intercambiar".

¿Cómo capitalizamos los medios electrónicos a favor de la educación y el aprendizaje de nuestros hijos? ¿Es posible?
Es posible si los acompañamos en los descubrimientos, si conversamos con él lo que va viendo y si no usamos las pantallas como modo de desconexión.

¿Quisieras añadir algo más?
Que muchas de las dificultades con las que nos encontramos hoy en día en algunos niños, como las dificultades en la adquisión del lenguaje, parecen estar ligadas a este predominio de aparatos y la desconexión de los adultos, que también están absorbidos por las pantallas y los múltiples requerimientos de la vida actual. Otra consecuencia es el predominio de niños hiperactivos y desatentos, que llegan a la escuela acostumbrados a estímulos fuertes, visuales y se encuentran con otro tipo de estímulos a los que les cuesta adaptarse.

Muchas gracias de nuevo por tu tiempo y reflexiones. 


Beatriz Janin es Licenciada en Psicología en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (año 1971). Directora de las Carreras de Especialización en Psicoanálisis con Niños y en Psicoanálisis con Adolescentes de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales. Directora de la revista Cuestiones de Infancia.

Ha publicado numerosos artículos sobre clínica psicoanalítica con niños y adolescentes y sobre psicopatología infanto-juvenil en revistas especializadas de Argentina, España, Francia, Brasil e Italia.