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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Jardines de infantes y control de esfínteres

Tal vez algunos no lo saben, pero existen jardines de infantes en la Ciudad de Buenos Aires que no permiten el ingreso a niños de 2 y 3 años con pañales.
No sólo eso, sino que aducen “no poder tocar a los chicos”, por lo cual si tienen un “accidente” debe venir su padre o madre a cambiarlo personalmente. Esto implica minutos u horas, depende del caso, de un niño sucio e incómodo frente a todos su compañeros (o recluido en un baño). Y para los que ya dejaron los pañales tampoco es tan sencillo, porque tienen que ir al baño solos y limpiarse por sí mismos. Acción nada sencilla para una persona de estas edades.
¿Cómo es que nadie tiene en cuenta que el control de esfínteres no es una imposición ni depende de ninguna edad, sino que es un proceso madurativo natural, como caminar? ¿De dónde viene esta regla -aparentemente- tan arbitraria?
Curiosa por saber más de este tema (y en solidaridad con las muchas madres que me hacen llegar su preocupación) investigué el Reglamento del Sistema Educativo de Gestión Pública dependiente del Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Para mi sorpresa el tema esfínteres o ida al baño ni siquiera se menciona.

Existe sí una Ley (la N° 621, para jardines privados con niños de 45 días a 4 años) donde además de especificar los derechos del niño a la contención, la identidad y la calidad, se dictamina que es necesario priorizar los vínculos, favorecer un clima de afecto y respetar normas de higiene. En esta misma ley se habla de la obligatoriedad de que existan cambiadores y los detalles de higiene de cómo debe realizarse el cambiado. ¿Entonces?
Por otro lado esta Ley decreta que cuando el conjunto de las salas de 2, 3 y 4 años superen los quince niños deberá haber un auxiliar y que la cantidad máxima de niños por sala es de: Sala Lactarios hasta 9 niños; Sala Deambuladores, hasta 14 niños; Sala de 2 años, hasta 20 niños; Sala de 3 años, hasta 25 niños; Sala de 4 años, hasta 30 niños. ¿Todo esto se cumple, me pregunto? Porque si así fuera habría siempre alguien disponible para cambiar a los niños, ¿verdad?
Buscando un poco más, encontré la Guía Federal de Orientaciones para la intervención educativa en situaciones complejas relacionadas con la vida escolar (publicado por el Ministerio de Educación) donde se lee con claridad: “Cabe destacar que no existe legislación alguna que impida cumplir con el cuidado de los niños y las niñas en relación con el aseo y cambio de pañales o ropa cuando la situación lo requiera.” Interesante.

Hace unos años Diario Perfil: escribía:”Si bien no se trata de una modalidad impuesta o masivamente extendida, cada vez son más los maestros que prefieren evitar el contacto físico con los chicos y los jardines que prohíben las demostraciones corporales de afecto como consecuencia de la creciente cantidad de denuncias sobre abusos sexuales en los jardines de infantes que los medios, además, reproducen con constancia.”
El delicado tema del abuso

¿Realmente el pretexto de esta medida es la prevención de abusos sexuales? Intento comprender la desprotección que sufren los docentes ante ciertas acusaciones infundadas, pero, ante todo, ¿si no confiamos en una institución y sus miembros para la higiene corporal de nuestros hijos… directamente confiamos? ¿Podemos dejarlos con tranquilidad en ese lugar? Segundo punto, ¿no existen psicotécnicos antes de tomar a un docente que trabajará con niños? ¿Podemos considerar que alguien tan enfermo como para abusar de un menor dejará de hacerlo gracias a esta regla? ¿O simplemente la escuela se “cubre” ante posibles denuncias?
Dejo abierta la puerta a las opiniones docentes y/o institucionales. No he conseguido que el Ministerio de Educación se pronuncie respecto de este tema. Sobre todo porque no hay legislación que lo avale, presupongo.
Desde la defensa de los niños me gustaría recordar algunas cosas. Primero, que existe una Ley de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y AdolescentesCon esto quiero decir que no es un mero capricho respetarlos. Los Derechos a la Dignidad y Respeto se enmarcan dentro de esta legislación. ¿Acaso exigir que no usen pañales no es faltarles el respeto? ¿Dejarlos sucios no es faltarles el respeto? ¿No ayudarlos en su higiene personal no es faltarles el respeto? ¿Acaso todo lo mencionado no es humillante (y contrario a la dignidad)?

¿Y qué me dicen del Derecho a la Protección de la salud (que implica combatir las enfermedades)? Son varias las mamás, principalmente de nenas, que me cuentan que sus hijas acabaron con varias infecciones urinarias a lo largo del año. Claro, ellas, con sólo 2 y 3 años, se higienizan incorrectamente, llevando bacterias a su tracto urinario. Y ni hablemos de la salud mental. Lamentablemente son muchos los niños presionados para dejar el pañal antes de tiempo que terminan con serios problemas derivados del estrés de enfrentarse a esta situación.

Los abogados consultados (que prefirieron permanecer anónimos) afirmaron que, claramente, una regla como tal es contraria a los derechos de los niños. Los nombrados y, seguramente, muchos otros.
La mirada de los expertos

En la nota de Perfil mencionada se incluye una interesante cita respecto de la importancia del contacto físico en la primera infancia (otro tema nada menor). “Todo lo que sea contacto corporal para la primera infancia es fundamental para el desarrollo emocional de los chicos, no sólo para el aprendizaje” (…) señala la licenciada y profesora en psicopedagogía Cecilia Kornblit. Un docente que “no puede” tocar a sus alumnos les está creando una barrera perjudicial para su confianza y desarrollo.”

Cecilia Giana, Licenciada en Ciencias de la Educación, afirma: “La negativa de cambiar pañales en las escuelas a partir de la sala de tres surge en la mayoría de los casos por el miedo de las instituciones de ser acusadas de abuso deshonesto a los niños, esta situación nos lleva a preguntarnos diversas cuestiones, ¿qué está enseñando con sus actos una escuela que por temor deja de responder a las necesidades de los más pequeños?, ¿qué lugar ocupa la confianza que debe existir entre las familias y los docentes?, ¿qué sucede con la construcción de los vínculos tempranos cuando se educa desde el temor? Las preguntas precedentes dan cuenta de un posicionamiento ético-pedagógico que necesita ser repensado para poder alojar a los más pequeños en las instituciones educativas que deben responder por ellos.”
Las Licenciadas en Psicología Carolina Mora y Natalia Liguori tienen una opinión determinante sobre el tema. “La mayoría de las veces las familias se ven afectadas por estas imposiciones externas que intervienen en las decisiones de crianza, siendo los niños los principales afectados. En poco tiempo tienen que acostumbrarse a la idea de dejar a sus papás y a sus juguetes queridos “que no pueden ir al jardín con ellos”, y como si esto fuera poco, por imposición de un modelo adultocentrista en el que el tiempo vale oro, se los apura a dejar los pañales y a controlar esfínteres, cuando se sabe que esto depende de su maduración y que es un proceso. Esta carrera conlleva un estrés e impacta a nivel emocional en los padres y principalmente en el niño. A la presión de dejar los pañales, algo que les da seguridad, por imposición externa sin contemplar los tiempos singulares, se le suma la posibilidad de quedar expuestos en episodios donde se ensucian por no lograr controlar sus esfínteres. Los niños sienten que no saben y no pueden hacerlo, con la frustración que esto conlleva para sí mismos y sus padres. Esto nos lleva a preguntarnos ¿al servicio de quien está el sistema?, ¿en benéfico de quiénes se plantea esta norma?
Por su lado Laura Lagos, Licenciada en Ciencias de la Comunicación con orientación en Procesos Educativos, opina que ”es lamentable que se obligue a un niño a acelerar sus ritmos sin contemplar lo particular de cada uno. Es una medida que tiende a homogeneizar y eso no está bien. Además, el hecho de usar pañales se estigmatiza. Los padres muchas veces siguen estas reglas por vergüenza, porque sienten que sus hijos están “fuera de la norma”, es decir, que no cumplen con los pasos esperados. Es en estas condiciones que una regla tan arbitraria puede funcionar. Hace falta mayor cuestionamiento.”
Como padres es nuestro deber asegurar que nuestros hijos tienen sus derechos cubiertos. Preguntar, repreguntar y hacer valer nuestro poder ciudadano. Y si la escuela no los cumple, no nos callemos.

PD: Esta nota perteneció a mi antiguo blog de Infobae.

miércoles, 9 de julio de 2014

Control de esfínteres: ¿Estamos sacando los pañales demasiado pronto y sin respeto?

Foto: Disciplina Positiva

Mi hijo en breve cumple 2 años: lo cual significa que ya me acechan las preguntas del tipo ¿En el verano ya podría dejar el pañal, no? Incluso ya le regalaron una amplia variedad de ropa interior miniatura.

Al principio esta invasión me produjo rechazo, angustia y un millón y medio de preguntas. ¿Cómo se supone que se enseña eso? Por suerte para mi salud mental fui recolectando información sobre el tema, data que pretendo resumirles con el único fin de que podamos enfrentar esta importante fase en la vida de nuestros hijos de forma respetuosa para ellos y para nosotros como padres.

Laura Gutman dice que hemos impuesto a los niños el control de esfínteres alrededor de los dos años de edad, y con esto lo hemos convertido en un problema. Tan simple como eso. Ella, de hecho, asegura que si observáramos sin prejuicios el proceso natural, estaríamos ante la evidencia de que los niños humanos la realizan después de los tres años, algunos después de los tres años y medio, o incluso después de los cuatro. "Sacar los pañales porque “llegó el verano”, decidir que ya tiene dos años y tiene que aprender, responde a la incomprensión de la especificidad del niño pequeño y de la evolución esperable de su crecimiento. (...) Controlar esfínteres no se aprende por repetición, como leer y escribir. Se adquiere naturalmente cuando se está listo, como la marcha o el lenguaje verbal." Incluso relaciona quitar el pañal antes de tiempo con problemas de enuresis (hacerse pis encima) en chicos más grandes.

El pediatra Carlos González, por su parte, opina algo muy similar: "(...) aprender a no hacerse pipí encima, lo mismo que aprender a caminar, a sentarse o a hablar, son cosas que no requieren estudio ni enseñanza. Cuando los padres hacen algo, cuando sientan al niño a ciertas horas en el orinal, cuando le obligan a estar sentado hasta que hace algo, cuando le riñen si se lo hace encima, a la larga el niño aprenderá también a ir al retrete, pero será desgraciado en el proceso (y sus padres también)."

Él recomienda explicarle al niño lo que se espera de él: «Cuando tengas ganas de hacer pipí o caca, avisa. » Pero no caer en el típico error de preguntar cada 5 minutos  el famoso ¿querés hacer pis? ni tampoco obligarlo a sentarse en la pelela y mucho menos burlarse o castigarlo si tiene un "accidente".

La pediatra Ana Ghea va por el mismo camino: “el control de esfínteres no es algo innato en sí, depende de un sistema anátomo-fisiológico, que requiere un período de maduración propio de cada chico. Son ellos los que a través de algunos indicios, como por ejemplo que se molesten cuando tienen caca o mucho pis en el pañal, que se escondan en algún lugar para hacer caca, o que suelan imitar a sus padres o hermanos y se sienten en el inodoro, aunque sea para jugar, nos van a decir cuando están listos”.

Nayeli Herrera (Guía de Mamá) nos da este listado muy bueno de señales para que sepamos cuándo nuestros hijos están preparados; y algunas recomendaciones para acompañarlos de la mejor forma posible. Se las copio:

Señales Fisiológicas
- El niño toma ciertas posturas
- Hace gestos
- Camina con las piernas un poco abiertas
- Brinca con los pies juntos
- Sube escaleras alternando ambos pies
- Se toca sus genitales
- Esta inquieto

Señales de Madurez Neuronal (en esta etapa ya debe haber un dominio del lenguaje)
- Se esconde tras un mueble
- Empieza a avisar de que quiere hacer pis o caca
- Es capaz de detectar la sensación de hacer del baño y retiene sus esfínteres
- No se deja cambiar el pañal y lo tienes que corretear por la casa

Señales Emocionales
- Ya no quiere usar el pañal y pide que se le retire
- Acepta una nueva responsabilidad sobre sí mismo, sobre su cuerpo e higiene personal
- Te da la mano voluntariamente para ir al baño sin presión
- Es capaz de encadenar las acciones que supone ir al baño: decir que quiere hacer del baño, caminar hasta el cuarto de baño, bajarse el pantalón, sentarse, etc.
- Desconectar del juego para ir al baño
- Tiene curiosidad por ver a los mayores y los empiezan a imitar

¿Cómo puedo acompañarle respetuosamente y sin presiones al detectar sus necesidades y emociones?
- Con preguntas y afirmaciones, es decir, si observas que ya es el momento dile: “Ya vas a hacer del baño, ¿verdad?” Esto le ayudará a asociar su estado emocional con la sensación de hacer del baño.
- Ofrecer el baño: “¿Quieres que vayamos al cuarto de baño para que hagas ahí?”
- Reafirmándole: “Si te anda de la pipí o popó avísame, cariño!” De esta manera, le ayudas a identificar su necesidad sin presionar.

¿Qué actitudes y comentarios evitar durante este proceso?
Sin ser pasivos pero, tampoco agresivos podemos expresar nuestra opinión y defender a nuestros hijos de comentarios propios y ajenos que afecten sus emociones como:

- ¿Tan grande y todavía usas pañal?
- ¡Este niño huele feo!
- ¡Ya deja los pañales, ya no eres un bebé!
- ¡Ya te dije que hagas en el baño, porque no me entiendes!

Actitudes Inapropiadas:
- No regañes a tu hijo si se hace encima
- No premies o castigues si hace o no en el inodoro
- No lo obligues a permanecer sentado con un libro o cuento hasta que haga del baño
- No grites si hace fuera del baño y moja la casa
- No establezcas horarios
- No lo compares con otros niños

Como dice la psicóloga Rosa Jové, los pañales los ponemos los padres por comodidad, seamos respetuosos al quitarlos y consideremos las necesidades de cada niño. Estuve leyendo además muchas experiencias de otros padres de diferentes países (en algunos grupos a los que pertenezco) e invariablemente todos relatan más o menos lo mismo. Muchos probaron quitar los pañales a los 2 años, vieron que no era momento, esperaron y casi a los 3 (a veces antes) sus hijos solos empezaron a pedir ir al baño. Creo que nos falta paciencia y confiar más en nuestros hijos (un mal común de nuestro tiempo: la ansiedad y el querer todo YA, ¿no les parece?).

Espero que estas herramientas los acompañen facilitando la transición. Y si las presiones externas son demasiadas a mí me gusta mucho decir cosas del estilo "Ya no se usa más sacar los pañales a los 2 años", "En otros países los pañales se sacan a los 3" o "Está comprobado que si un niño deja los pañales más tarde no tiene problemas de control de esfínteres cuando es mayor". Y si la cosa se pone muy densa, siempre podemos citar a algún pediatra, a la OMS o a Wikipedia, ya que estamos.

¿Quieren compartir su experiencia?