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martes, 10 de mayo de 2016

Enfrentarse a un embarazo de alto riesgo


¿Qué es un embarazo de alto riesgo? ¿Por qué se habla tan poco del tema? Seguramente tenés algún caso conocido alrededor. ¿Sabemos lo suficiente? ¿Podemos acompañar a una mujer que pasa por una de las situaciones más estresantes de su vida?
Según la Unidad de Medicina Fetal del Hospital Italiano se denomina Embarazo de Alto Riesgo a aquellos embarazos en los cuales existe algún factor que hace que la probabilidad de complicaciones para la madre, el bebé o ambos sea más alta que la generalidad de las gestaciones. Estos embarazos representan el 5% a 10% de todas las gestaciones, y requieren una estrategia de seguimiento especial y generalmente más frecuente. Este tipo de embarazo se puede dividir en 4 grandes grupos: 1. Mujeres que tienen problemas médicos antes del embarazo; 2. Mujeres que desarrollan problemas médicos o quirúrgicos durante el embarazo; 3. Mujeres con problemas propios del embarazo; y 4. Problemas fetales.
Reposo absoluto y otros fantasmas
Una de las indicaciones más comunes ante un embarazo de este tipo es el reposo absoluto. Sin embargo, no es nada fácil permanecer días (y a veces meses, incluso todo el embarazo) inmóvil en una cama, asaltada por los miedos y las dudas. “Mi sentimiento fue incertidumbre, hambre de información, mil preguntas y mil dudas. Cada día surgía algo nuevo en mi pensamiento… ¿Y si nace con 500 gramos? ¿Y si me agacho a buscar algo que se me cayó y empiezo con contracciones? Soledad, tristeza, incertidumbre frente al mañana. El reposo no implicó cama solamente, sino la clara imposibilidad de caminar, de hacer mis días de vida normal. De bañarme, trabajar, etc.” dice Anabella, una mamá joven, que se enfrentó a una condición poco frecuente de malformación del útero.
El caso de Sabrina es muy similar y denota la vivencia de días extremadamente angustiantes: “Fue terrible pero no por el dolor… De golpe me encontré en una cama, sin saber qué hacer. En ese momento era desesperante ver cómo se me iba la vida en la cama. El reposo lo transité con dudas porque no sabían decirme qué provocaba las contracciones, sólo que había muchas posibilidades de que si nacía él capaz yo no resistía el parto o al revés”.
¿Pero el reposo es siempre necesario, es siempre imprescindible, es siempre la mejor opción? Carla Menéndez Toro, Lic. en Psicología, responde: “En el campo de la medicina se está comenzando a discutir acerca de los reales beneficios del reposo absoluto durante el embarazo ya que conlleva vivencias estresantes para la mujer gestante, sobre todo si es un hecho repentino e inesperado. Esta situación implica que hay algo que no está marchando bien por lo que debe elaborar y procesar altos montos de angustia e incertidumbre en un contexto en el que se siente privada de todas las actividades y personas que rodeaban su vida cotidiana”.
Esto nos lleva a otro tema peliagudo: la medicina frente a embarazos de alto riesgo. Una madre muy joven que prefiere permanecer anónima lo describe de este modo: “Sentía que mi médico no me explicaba bien qué pasaba”. Y quien escribe tuvo una experiencia casi idéntica.
¿Los médicos a veces prefieren omitir información? ¿Cuentan con la posibilidad de dar contención y apoyo?
La importancia del equipo médico
Anabella relata que pasó por una larga lista de obstetras hasta encontrar a una médica que supo atender sus necesidades. “Sufrí algunos maltratos, por así decirlo. Que me digan que no podía quedar embarazada y hasta cuando quedé, que la iba a perder, o que me prepare para lo peor. O simplemente ir a una consulta y que no me pesen, no me manden estudios de rutina, no me pregunten como me sentía”.
Toda mujer tiene el derecho de ser atendida correctamente y esto está debidamente formalizado bajo la Ley Nacional Nº 25.929. Entre muchos otros, las mujeres tenemos derecho a: Ser tratadas en forma respetuosa y digna. Ser informadas sobre las distintas intervenciones médicas que pudieren tener lugar de manera de poder optar libremente cuando existieren diferentes alternativas. Ser tratadas con respeto, y de modo individual y personalizado.
Sin embargo, y lamentablemente, muchos testimonios parecieran evidenciar que esto muchas veces no se cumple. “Siento que tendrían que haberme acompañado más, cuidado más y escuchado. A veces por ser primerizas no nos escuchan y nos tratan de exageradas. Escuchar a la mujer siempre es mejor“. “Estoy segura de que mi obstetra me ocultó información. Si hubiese contado con esa información sin duda hubiera evitado exponerme de la manera en que lo hice, sólo por el hecho de no saber”.
Margarita, mamá de Mora, tuvo una historia con final feliz. “Me considero una privilegiada, porque yo conté con el afiladísimo olfato de mi obstetra. Pero me parece que, ante la sentencia de un embarazo riesgoso, que todo se viene abajo, los profesionales de la salud tienen que contar con entrenamiento y maneras para decir las cosas, y herramientas para el acompañamiento, para ayudarte con el miedo y con el después”.
Buscar un equipo médico adecuado, contenedor y especializado en embarazos de riesgo parece ser el mejor camino. Mejor aun si el equipo es interdisciplinario.
¿Y el acompañamiento emocional?
“Frente a esta situación lo importante y fundamental es validar los sentimientos y contar con un entorno que ayude, acompañe y sostenga a la mujer y su familia, este entorno puede estar formado por su pareja, familia, amigos, doulas o todo aquel que desee acompañar este momento”, sostiene Carla Menéndez Toro.
Anabella dice: “Es muy importante el diálogo con el profesional que te acompaña. Encontrar contención, un hombro, un abrazo cálido”. Julieta lo recuerda de este modo: “Lo que necesitaba en ese momento era empatía. Era que me ayudaran a ver que mi casa no era un desastre, pero más necesitaba que contengan a mi hijo y mi marido porque yo sentía que no podía contenerlos y que mis miedos se apoderaban de mí”.
“Como terapeuta se puede ofrecer visitas a domicilio o conversaciones telefónicas para facilitar un espacio que permita trabajar sobre los afectos y emociones de la mujer frente a su embarazo considerado como “embarazo de riesgo”, teniendo en cuenta que es una etapa de la vida que ya de por si reviste la necesidad de elaborar muchísimas vivencias y emociones. Es importante que durante sus días de reposo pueda crear una rutina que permita reorganizar y resignificar su vida cotidiana en función de este estado que se impone, se busca que las actividades a realizar sean lo más placenteras posibles, leer libros, recibir visitas, nutrirse de información y energía positiva”, recomienda Carla Menéndez Toro. Por ejemplo, Sabrina recuerda que leía mucho y tejía sin parar.
Para la familia y personas que rodean a una mujer gestante en riesgo puede ser muy difícil responder adecuadamente a sus necesidades. Por eso las opciones de buscar ayuda psicológica, grupos de apoyo o el acompañamiento de una doula se vuelven casi imprescindibles.
Un camino de aprendizaje
Todas las madres coinciden en que su embarazo de riesgo significó, sin duda, un aprendizaje. “Entendí un mundo nuevo, desde esa camita, y esa quietud comprendí a otras personas que sufrían, que no podían moverse. En ese sentido hubo un halo de aprendizaje muy importante, me humanicé más que nunca en mi vida, me conecté con la realidad misma” cuenta Anabella. Y Sabrina agrega: “Mi pequeño me enseñó a bajar mil cambios, a ver y a disfrutar la vida de otra forma”.
Sin duda aprender de esa experiencia y compartirlo con otras mujeres es lo más positivo que podemos extraer de ese camino tan angustioso. Que nuestros bebés sepan que, pese a todo, nos sobreponemos a los miedos y el desconcierto y salimos adelante, fortalecidas.
Anabella lo resume hermosamente: “Sí. Me sentí sola. Pero también canté. Canté muy fuerte para ella, para que sepa que ahí estaba yo y que la iba a pelear hasta el final”.

Este post perteneció originalmente a mi blog en Infobae.com

El dolor de perder un bebé: Cómo enfrentar el duelo gestacional y perinatal


Les dejo una maravillosa nota sobre uno de los temas más difíciles y dolorosos de tratar. Para que lo visibilicemos y podamos ayudar a transitar esta pérdida a aquellas familias que lo necesiten. No dejen de compartirla, alguien puede estar necesitando esta información. Su autora es la psicóloga perinatal Carolina Mora.

La temática del duelo gestacional y perinatal constituye un tabú para nuestra sociedad occidental. De eso no se habla, no hablan los profesionales de la salud, no hablan los medios de comunicación, no hablan las leyes, se acalla a los padres que están viviendo este dolor. Familiares y amigos, no saben cómo enfrentar esta situación, y surge el vacío del silencio.
Dónde se espera la vida llega la muerte
La muerte que ocurre en el útero durante la gestación del embrión o la muerte fetal temprana (primer y segundo trimestre) se denomina pérdida gestacional. Hablamos de pérdida perinatal cuando la muerte ocurre en el tercer trimestre, durante el parto o los primeros 7 días luego del nacimiento. Cuando la muerte ocurre durante los 7 y 28 días tras el nacimiento se denomina muerte neonatal tardía. Recibir la muerte cuando esperamos la vida, dice Mónica Álvarez, psicóloga especialista en duelo gestacional y perinatal, es un hecho para el cual nadie está preparado. Marca a fuego a la mujer y su pareja, es la pérdida de la inocencia, de la idea de que “todo saldrá bien y de la certeza de que como producto de un embarazo llegará un bebé sano y feliz.
La falta de validación social del dolor en las pérdidas tempranas es inmensa y dificulta en gran medida el proceso del duelo. Las mujeres deben retomar sus actividades laborales con rapidez, ya que no se reconoce una licencia acorde a las condiciones del duelo. Volver a la rutina y “hacer como si nada” es una exigencia del entorno. Para el padre es doblemente difícil expresar sus sentimientos ante la pérdida, ya que al no haber vivido sobre su cuerpo el proceso aún se valida menos su dolor e incluso a ellos mismos les cuesta reconocerlo.
Al dolor de las pérdidas más tempranas se le suma el no reconocimiento legal, ya que en nuestro país no es posible la inscripción en el registro civil como hijos del matrimonio, para así poder ponerle un nombre e incluirlos en el linaje familiar. A esto se suma el poco cuidado que se tiene desde las instituciones médicas, ya que muchas son las familias a quienes les entregan el cuerpo de sus hijos en la sección de “residuos patológicos.
Recibir y trasmitir la noticia
Cuando se confirma la detención del embarazo o la muerte fetal, las mujeres suelen enfrentarse con momento de inmenso shock emocional. La idea de estar gestando vida en su interior, de estar habitadas por lo más hermoso y preciado da lugar ahora a la sensación de desconocimiento y extrañeza, incluso a la fantasía de monstruosidad. Es un sentimiento intenso, difícil de procesar en lo inmediato que puede generar diversas reacciones. En algunas mujeres aparece la urgencia por acabar con todo el proceso y no soportan un segundo más convivir con la muerte en su interior, y las lleva a solicitar un legrado o intervención. Generalmente este pedido es aceptado sin cuestionar o acompañar con otras alternativas posibles, y muchas veces esta urgencia no permite generar un espacio de despedida, el duelo se posterga y reaparecerá en otras circunstancias.
Otras mujeres necesitan un tiempo de despedida o prefieren que el proceso se produzca lo más fisiológico posible y es en estos casos cuando más se dificulta el ser escuchadas por el personal médico, quien trae la prisa consigo de la mano de la medicalización y el intervencionismo. Numerosos estudios detallan la posibilidad del manejo expectante del aborto, avalando su viabilidad en casos donde no hay urgencia médica, pero muchas veces no es una opción tenida en cuenta o comunicada por los profesionales tratantes. Es importante tener en cuenta, que cual sea el método elegido, la prisa y el no respeto por la intimidad en la despedida dificultan y entorpecen el proceso del duelo.
Sin dudas para el personal médico esta situación es de una angustia enorme, y es ocultada bajo la urgencia del intervencionismo y el tecnicismo en el lenguaje como formas de no conectarse emocionalmente con la perdida.
¿Cómo podría el personal médico contribuir a que la despedida sea lo más saludable posible?
-Preguntar a los padres qué desean, cómo les gustaría despedirse.
-Ofrecerles un tiempo a solas cuando reciben la noticia, silencio en vez de avasallar con información técnica o de procedimientos.
- No apurarlos a decidir inmediatamente si no es una situación de urgencia, seguramente estarán en un estado de shock.
-Convocar al servicio de psicología perinatal del hospital para ponerse a disposición y colaborar con la situación.
-Evitar la internación en el área de maternidad, no imaginan lo desgarrador que puede ser para unos padres que se están despidiendo convivir con otros que están en el encuentro, intentar en lo posible encontrar una habitación individual donde puedan estar en intimidad.
-Una vez finalizado el proceso, ofrecer a los padres ver los restos o conocer a su bebé, esto ayuda a disipar fantasías al respecto. Si el cuerpito presenta alguna malformación evidente o esta muy dañado pueden verlo envuelto en una mantita o con un gorrito, incluso a través de una fotografía si así lo prefieren.
-Colaborar para realizar todos los estudios necesarios que puedan determinar las causas de la perdida. Muchas veces no surgen causas médicas,pero es importante para esa familia el intento de descartarlas.
-Evitar denominaciones despectivas respecto de los restos del bebé, en lo posible llamarlo por el nombre elegido. Recordar que por más pequeño que sea, para esos padres representa lo más preciado.
-Brindar opciones saludables para el manejo de la subida de la leche (si es que ocurre).
Es de suma importancia que se establezcan protocolos para la atención del aborto que protejan la integridad física y emocional de las mujeres, para que no se incurra en violencia obstétrica, la cual dificultara aún mas el proceso de recuperación.
El duelo gestacional es uno de los duelos más acallados socialmente. Muchas veces la reacción más común, al no saber qué hacer, es ignorar el dolor de los padres, silenciarlo, minimizarlo. Otras, surgen palabras que lastiman, se clavan en los corazones y las mentes de quienes las escuchan para siempre: “Eres joven, ya tendrás otro”, “Mejor ahora que más adelante”, “Mirá si tenías un niño con problemas”… Los padres mayormente quedan atravesando ese dolor solos, en silencio, se hace evidente la falta de apoyo y empatía del entorno. Mónica Alvarez en su libro sobre duelo gestacional y perinatal aconseja no decir lo que no diríamos ante otro duelo. Si fallece el padre de un amigo jamás se nos ocurriría decirle “tranquilo, ya tendrás otro”.
¿Cómo pueden ayudar los familiares y amigos a enfrentar la pérdida?
-Ante todo, entendiendo que el duelo es un proceso personal, con tiempos y vivencias singulares. Entendiendo que lo que perdieron esos padres es un hijo, la ilusión de los momentos deseados, imaginados, una vida entera juntos.
-Validando los sentimientos. Los padres tienen derecho a sentirse así.
-Acompañando. No hace falta decir nada, o simplemente un “estoy aquí para lo que necesites”. La sola presencia es sanadora. Si se necesita hacer, pensar en cosas que puedan aliviarles el día a día a los padres: cocinar, ayudar con los quehaceres, etc.
-Ofrecer un oído. Dejar al otro expresar su dolor, llorar, hablar de sus sentimientos, recordar los momentos felices del embarazo… hacer su camino.
-Reconocerlos como padres, aunque su bebé no este con ellos, lo son.
-Sugerir de ser necesario acompañamiento psicológico especializado en duelo gestacional y perinatal.
¿Qué podrían hacer el Estado y los empleadores?
Además de todo lo anterior, es fundamental otorgar a ambos padres una licencia laboral acorde para superar este momento. Validar y permitir la inscripción de los hijos fallecidos en los registros civiles, con nombre y apellido.
Para los padres, quienes atraviesan la parte más dolorosa, es importante que puedan tomarse el tiempo que sea necesario para transitar el trabajo de duelo. No será de una vez y para siempre, habrá momentos de altibajos, recaídas, fechas que marquen ese ritmo, aniversarios que traerán nuevamente al dolor. Pero, aunque sea muy difícil de imaginar, volverán a sonreír, habrá momentos de felicidad, o simplemente de paz. Pedir ayuda, encontrar compañías que sanen, personas que los escuchen, poder hablar con otros padres que hayan pasado por lo mismo puede aliviar.
Tener en cuenta rituales que ayuden a procesar la pérdida, cartas de despedida, armar una caja de recuerdos, poner el dolor en movimiento. Escuchar al cuerpo, buscar actividades que brinden placer y alivien. Sobretodo, ser paciente con uno mismo.
Para terminar, cito aquí un fragmento del libro “Las voces olvidadas” de Mónica Alvarez: “Lo esencial es invisible a los ojos. Un embrión es igual al resto de millones de embriones. Pero, de alguna forma, es único, especial, diferente. Como la rosa que cuidó el Principito y que se hizo especial para él precisamente por el tiempo que le dedicó, así el pequeño ser que vivió en el vientre de su madre es importante por el tiempo que le dedicó mientras latía en su interior, por ese tiempo que pasó pensando en él, imaginando como crecería la panza, el parto, el bebé soñado. Para parte de la sociedad no es más que un puñado de células muertas por las que no merece la pena gastar ni un segundo más. En cambio para la madre y el padre es especial, siempre estará en su corazón, y merece que se detenga su vida unos instantes para recordarlo, llorarlo, sentir lo feliz que se fue mientras estuvo vivo en el seno, despedirse de él y dejarlo ir“.
Más información:
Mónica Alvarez: Libros “La cuna vacía” y “Las voces olvidadas”
- Asociación Era en Abril
- Foro Superando un aborto
Explícame que ha pasado. Libro para ayudar a los niños a superar un duelo
Este post perteneció originalmente a mi blog de Infobae.com

martes, 19 de mayo de 2015