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martes, 10 de mayo de 2016

¿Por qué es necesario dar explicaciones a los niños?

 
Hoy comparto con ustedes un texto pequeño sobre la importancia de hablar con nuestros niños, decirles siempre la verdad, adelantarnos a las situaciones y jamás irnos sin antes despedirnos. Su autora es la psicóloga argentina Alba Pozo.

“Año 1985. Yo era mamá y psicóloga… ( lo sigo siendo). Hacía ocho años que me había recibido y me estaba especializando en psicoanálisis de niños. Leía a Freud, a Ana Freud, a Melanie Klein, a Lacan, a… Pero con todas estas teorías en mi cabeza, creo que era el corazón, sobre todo, el que me indicaba que había que explicarle TANTAS cosas a esa niñita hermosa de casi tres años, que me miraba con esos ojos inteligentes de uvita chinche. Le explicaba, le anticipaba si me iba a trabajar, si iba a salir , con quién se iba a quedar en mi ausencia. A dónde íbamos si salíamos a pasear, si al doctor, o a la casa de alguien. Ella esperaba, necesitaba, pedía esas explicaciones y entendía todo. Y cuando quería preguntaba y preguntaba…
 
Todos los niños necesitan que se les explique, que se les adelanten las situaciones que van a vivir: ir al médico, a la escuela, a otra casa, a la plaza. Si fallece un familiar o amigo, hay que buscar las palabras, simples, pero ofrecérselas. Hasta si tenemos un mal día y estamos de mal humor podemos explicar y hasta disculparnos, si corresponde. Los niños no son objetos que desplazamos. Son personas y entienden muy bien si somos claros con ellos. Explicar, aclarar, responder preguntas: son otras de las formas del respeto y del amor.”


Alba L. Pozo es Lic. en Psicología (UBA) y cuenta con 38 años años de experiencia en la atención psicológica de familias, parejas, niños, adolescentes y adultos.
Este post perteneció originalmente a mi blog de Infobae.com

sábado, 19 de marzo de 2016

Estar en brazos de mamá, una necesidad


Durante los primeros meses luego del nacimiento, si todo anda bien, el bebé experimenta una vivencia de fusión con la madre, que consiste en un estado de indiferenciación entre ambos. No hay diferencia yo/no-yo, no hay separación entre los cuerpos; el niño literalmente habita en el cuerpo materno.
A este proceso se lo denomina exterogestación: el bebé se encuentra fuera del útero pero requiere de cuidados similares a los que recibía dentro de la panza de su mamá.  Necesita del contacto constante con ella. Por esta misma razón la mayoría de los bebés lloran si se los acuesta solos en su cuna y muchas veces se despiertan cuando se los separa de los brazos.
Es la mamá (o quien cumpla dicha función) quien permitirá con sus cuidados que el niño pueda soportar ese estado de dependencia absoluta del que parte al comienzo de la vida y que conduce a que pueda constituirse como un ser diferente de la madre.
Esta individuación será el resultado de un complejo proceso de maduración que le permitirá convertirse en un ser autónomo. Sólo a través de este proceso un chico puede llegar a conformarse como un individuo con una independencia relativa respecto de su madre, dependiendo de ella cada vez menos a lo largo de su desarrollo.
No obstante, recorrer este camino requiere de un tiempo y de ciertas condiciones necesarias provistas por el entorno. Si ese estado primario de fusión al cuerpo materno se ve obstaculizado o separado precozmente, el niño se verá impelido a desarrollar mecanismos defensivos para soportar ese estado de no integración debido a su inmadurez.
 Un bebé que pide por su mamá cuando un extraño lo alza, no lo hace porque es “mamengo”. Simplemente se trata de que ese niño aún no está preparado para soportar por mucho tiempo la distancia con el cuerpo de su madre.
Es muy común ver cómo el pequeño, cuando comienza a explorar el mundo, necesita retornar después de cierto tiempo (que resulta cada vez más prolongado) a refusionarse con su mamá para luego poder volver a seguir explorando.
Si no ofrecemos condiciones para que se establezca ese contacto y ese deambular, no estamos siendo respetuosos y facilitadores de ese proceso.
Una buena unión es necesaria para luego poder separarse y ser seres independientes. Si esa fusión primaria se ve interferida, nos encontraremos con niños inseguros y temerosos, o en el peor de los casos, con individuos desapegados y emocionalmente inestables.
* Lic. Ivana Raschkovan. Psicóloga clínica. Docente de la Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), Cátedra Clínica de Niños y adolescentes; facebook.com/CrianzaInfantil.
 Fuente: Clarín