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martes, 13 de septiembre de 2016

Entrevista a Mariel Bonnefon: "Es el momento de amar sin reservas"



Mariel Bonnefon es argentina, residente en Uruguay actualmente. Se formó como psicóloga en la Universidad de la República del Uruguay e inmediatamente después realizó la formación como Psicoterapeuta Corporal Reichiana, en el Taller de Estudios y Análisis Bioenergético. Trabajó durante varios años en clínica individual y grupal, siempre apuntando a la generación de nuevas formas de vivir, con más gozo y libertad.
 
En el 2012 llegó la maternidad y con ella un enorme cambio. Desde entonces se ha dedicado a trabajar en temas relacionados a la crianza respetuosa, autorregulada y consciente. Coordina talleres y grupos de crianza. Se formó como Promotora de Lactancia de la Liga de la Leche y como Asesora de Porteo Mimos y Teta. Actualmente se encuentra realizando la formación de Especialista en Ecología de los Sistemas Humanos de la EsTeR

Pueden conocer su trabajo a través de su página Crianza y Energía y de su comunidad en Facebook.

NS: Hola Mariel, muchas gracias por tu tiempo. Voy a comenzar haciéndote una pregunta que hago siempre. ¿Cómo cambió tu mirada profesional a partir de la maternidad?

MB: (Risas) La respuesta fácil sería decirte que si no hubiera sido mamá hoy no estaríamos conversando. La respuesta más larga es que cambió rotundamente, porque el contactar desde mi corazón con mi hijo me hizo abrirme a un mundo totalmente nuevo. 

Vivimos en una sociedad y una cultura eminentemente adultocéntricas y yo no había escapado de eso. Como psicóloga, sabía de primera infancia lo que se estudia en la formación básica de grado, que es bastante pobre. Mi trabajo clínico fue siempre orientado a adultos. No lograba conectar con los niños si alguna vez venían a mi consulta. Y si bien estaba formada como psicoterapeuta corporal reichiana, en mi cabeza no había hecho el "click" de que si la coraza caracterial se generaba en los vínculos tempranos, había algo que los adultos estábamos haciendo muy mal.

Cuando Thiago nació el mundo se me puso patas arriba. Lo único que yo quería era tener a mi cachorro pegado a mí, yo, ¡la súper profesional eficiente y responsable! Empecé a darme cuenta cuán errados estaban los conceptos que había aceptado sin más, sin cuestionarlos: separar al bebé de su madre... que duerma en su cuarto después del primer mes... el jardín de infantes desde el año es lo ideal... etc. etc. Me da hasta vergüenza recordar que, antes de ser mamá, algunas veces vi un niño llorando en el súper y pensé "esa madre no puso suficientes límites".

Por suerte pude tener la conciencia suficiente para darme cuenta que Thiago me estaba abriendo una puerta... y me tiré de cabeza al túnel. Ha sido un camino maravilloso, y doloroso también, porque tuve que enfrentarme con muchos puntos oscuros en mí misma... y los que faltan. Pero no puedo estar más que eternamente agradecida con él por haber llegado y despertarme.

NS: Vos decís que "en una forma más ecológica de vivir está la clave para crear un mundo más feliz, justo, sano". Me encanta la frase. Si hablamos específicamente de la crianza... ¿A qué se denomina crianza ecológica?

MB: La crianza ecológica es una forma de criar que intenta respetar lo más posible al bebé o niño. Se parte de la idea de que ellos llegan a este mundo con bastante más "salud" -si es que eso puede cuantificarse- que nosotros los adultos. 

Y se sabe, por años y años de investigaciones y observaciones, que las intervenciones que atentan contra el desarrollo natural del bebé humano son las que a su vez generan modos de vincularse y de vivir patológicos, no regulados. No estoy hablando de enfermedades psíquicas graves, sino de la "normalidad". Todos nosotros cargamos con heridas de nuestra infancia en nuestro cuerpo. A todos nos cuesta expresar nuestras emociones en mayor o menor medida, todos vivimos nuestra sexualidad de forma más o menos coartada, todos tenemos un anhelo de amor largamente ninguneado. Esas heridas configuran, como decía, formas de vivir, de relacionarse, que no son las naturales. 

Alexander Neill, colaborador de Wilhelm Reich, decía que nacemos con una capacidad innata para amar. Es obvio, si prendemos la tele a la hora del informativo, que el amor no nos está guiando en nuestro paso por el mundo. 


Entonces, de lo que estamos hablando es de Prevención. Estoy convencida, junto a muchos otros que trabajamos en este camino, que a través de criar de esta manera, estaremos ayudando a las próximas generaciones a crecer de otra manera, con menos peso en sus mochilas, con más herramientas para crear el mundo que todos nos merecemos.

Claro que no se puede hablar en términos absolutos, por eso digo que "intenta respetar lo más posible al niño". Ninguno de nosotros logrará una crianza autorregulada -o ecológica- al 100%, porque justamente cargamos con nuestras propias heridas. Esas heridas generan en nosotros patrones de relacionamiento tóxicos. Entonces, hacemos o decimos cosas que en realidad no están en contacto con lo que sentimos. 

Un ejemplo clásico: estoy cansada de un día agotador en el trabajo, llego a casa y le grito a mi hijo porque desordenó su cuarto. Es evidente que no es mi hijo el que provoca ese disestrés en mí. Pero seguramente por la crianza autoritaria que yo viví, no puedo gritarle a mi jefe o rebelarme contra el sistema laboral que me agota. Entonces me descargo con quien no corresponde, por así decirlo.

Cuál es la salida entonces? Intentar, paso a paso, ir desarmando esos patrones de relación. Ser concientes de nuestros propios límites, y respetarlos. Intentar ponernos en el lugar de nuestros hijos. No culparse -la culpa no sirve de nada-, pero sí responsabilizarse, y tomar acción en cambiar.
Seguramente, nosotros no lo veamos. Pero tal vez, nuestros nietos, o bisnietos, sí. Se trata de cortar con la cadena de transmisión. Y dejar que la energía, al servicio del amor y la vida como es natural, haga el resto

NS: ¿Cuál ha sido tu mayor desafío como psicóloga?

MB: Darme cuenta de que quienes acuden a pedirme ayuda están en su propio camino y que por más que quiera no puedo llevarlos al que yo considere correcto. Ellos tienen que descubrir hacia dónde ir, y yo sólo puedo acompañarlos y poner luz donde mis capacidades me permitan.

NS: ¿Y como mamá? 

MB: Uff... ¿tenés un par de años para que te cuente? (Risas)
Cada día es un desafío. Y también es un regalo. En este momento puedo hablarte de mi momento actual; mi mayor desafío es encontrar el equilibrio entre dejar fluir a Thiago y cuidarlo. Tiene 4 años y mucha voluntad...  

Cuando era más pequeño el desafío fue dejarme fluir a mí misma. Durante mucho tiempo tenía una gran autoexigencia, la mamá perfecta, la crianza perfecta, etc. Una locura.  

NS: Claro, y la autoexigencia desmedida genera culpa. ¡Es un círculo vicioso! Otro de los temas que quería tocar, dado que siento que caminamos el mismo camino: ¿realmente podemos creer en una revolución del amor? ¿Es la crianza la base para soñar con esto?

MB: Ay, espero que sí. Yo lo creo profundamente. Lo cual no quiere decir que piense que todos deberían dejar de hacer lo que hacen y ponerse a criar hijos (Risas). Pero es la militancia que yo he escogido. 

Yo creo que en este momento estamos siendo testigos, sin darnos cuenta, de un momento-bisagra. Hay una revolución, más o menos silenciosa, que ya ha comenzado. Un cambio de paradigma. No puede ser coincidencia que tanta gente al mismo tiempo, en distintos lugares, se plantee este tipo de preguntas.  
 

NS: ¡Me emociona mucho tu respuesta! Si bien veo ese cambio, todavía queda mucho por hacer. ¿Por qué seguimos persiguiendo los "límites", la "obediencia" y otros tantos supuestos "santos griales" de la crianza? ¿En algún momento creés que esto cambiará?

MB: Porque estamos perdidos. No tenemos conexión con nosotros mismos, con nuestro corazón, con nuestra energía. Necesitamos cosas externas de las que aferrarnos. Lo que buscamos es que nos digan qué hacer. Porque somos testigos de la vida exultante de nuestros hijos y no sabemos qué hacer con eso. Nos da miedo la pérdida de control.

Y ojo, que pasa lo mismo con el "Santo Grial" de la Crianza con Apego. Lo veo mucho; mamás y papás -yo misma lo viví en algún momento- que dan teta, colechan y portean porque "es lo que hay que hacer", no porque estén en contacto con las necesidades de sus hijos, y las propias. Entonces, cuando el bebé igual llora toda la noche... o el nene igual hace el berrinche... se desesperan. ¿Cómo? ¿No era ésta la solución a todos los males? 

Y no. No hay soluciones mágicas. Porque intentar criar respetuosamente implica, sí o sí, enfrentarte con tu propia rabia y tristeza, por no haber sido respetado. Si no contactás con eso, si seguís barriendo bajo la alfombra... va a llegar un momento en que te vas a ver superado. Los niños son campeones en eso (Risas). Saben encontrar nuestros puntos ciegos. Y en ese momento es que tenés la oportunidad: te tirás a la pileta o seguís de largo.  

Sobre tu segunda pregunta... no sé si cambiará a fondo. Pero sí veo que hay cada vez más gente con inquietud, con ganas de buscar, de inventar su propia historia. 

NS: ¡Seguiremos trabajando para que así sea! ¿Querés dejarnos alguna reflexión más?

MB: Creo, como te dije antes, que estamos en un momento bisagra. Es el momento de aprovechar esta energía, hacerla colectiva, jugárnosla por el otro, amar sin reservas a nuestros hijos y a quienes tengamos cerca. Cultivar vínculos que nos sostengan en este camino, generar tribu. Es el mejor regalo que podemos dejarles a las futuras generaciones. ¡Muchas gracias Noelia por permitirme este contacto con tus lectores!

Gracias a vos, Mariel, y que se siga multiplicando el amor. 

martes, 10 de mayo de 2016

10 pautas para criar a un niño pequeño


Sobre crianza hay mucho escrito. Trato de leer bastante, anotar cosas, discutirlas, pensarlas. Hay muchas teorías opuestas y complementarias, incluso algunas terminan siendo “adiestramientos” disfrazados.
Cuando mi hijo tenía 2 años pensé estas 10 pautas sobre crianza. Las seguí, las sigo y me han traído grandes satisfacciones. Hoy las comparto con ustedes.
1. Limitemos el uso del NO. Como dice Carlos González, quien más autoridad tiene, menos prohíbe. Limitando el uso del “no” logramos mayor efectividad y nos obligamos a buscar otros recursos. Además, es una palabra demasiado abstracta para esta edad y, por lo tanto, innecesaria en muchas ocasiones. Busquemos como decir NO de uan manera positiva. En lugar de "no se toca el televisor" podríamos decir "podés jugar con esta caja, el televisor se rompe". Recordemos también que es fundamental anticipar (avisar con tiempo qué cosas sí se pueden y cuáles no, dónde vamos a ir, etc) y acondicionar los espacios para que sean aptos para que los niños puedan moverse con libertad.
2. Demos más libertades y fomentemos la autonomía. Dar a los niños libertad de movimientos y permitirles hacer cosas por sí mismos es una excelente forma de fomentar su autonomía. Si quieren conocer más sobre el tema libertad de movimiento les recomiendo leer a Emmi Pikler. Acá les dejo un video. Este punto viene de la mano con el anterior, creemos espacios acordes a la edad del niño y estaremos ayudándolo a que pueda desplazarse, correr, jugar, etc.
3. Hablemos siempre con la verdad. Esto no siempre es fácil, pero estoy convencida de que los chicos necesitan que pongamos en palabras la realidad que los rodea. Aun cuando creamos que es demasiado dura o incomprensible. Una muerte, una separación, un mal día. Siempre con palabras que puedan entender y con presencia y paciencia. La confianza se construye todos los días.
4. Pongámonos en su lugar: la empatía. “No hagas al otro lo que no te gusta que te hagan”. Tan simple como eso. Los métodos que no son aceptables entre adultos tampoco lo son para los chicos. Algo que desde nuestra mirada podría parecer insignificante puede ser un mundo para tu hijo. No subestimemos sus emociones y estaremos enseñándole respeto por el otro, amor incondicional y paciencia. Un mundo mejor empieza por cuidarnos entre todos.
5. Compartamos más: que ellos también sean protagonistas. Para los chicos es fundamental sentirse valorados. El sentido de pertenencia es uno de los fundamentos de una buena salud psicológica (por eso los castigos que apartan a los chicos son tan desaconsejados). Es buena idea incluirlos en las tareas domésticas, a modo de juego. Dejemos que cocinen, limpien y "ayuden". Aprovechemos que a edades tempranas esto les divierte y estaremos enseñando habilidades y responsabilidades para el futuro. Compartamos buenos hábitos, como cepillarnos los dientes. No olvidemos que el ejemplo es el mejor modo de influir en ellos.
6. No juzguemos ni etiquetemos. Como dice Dorothy C. Briggs, separemos el comportamiento (y los sentimientos) de la persona. Un mal comportamiento no significa un “nene malo”. Hay que buscar el origen de ese mal comportamiento (el sentimiento que lo provoca) y resolverlo. De este modo nos enfocamos en el futuro y no en el error (pasado). También evitemos etiquetar: “es inquieto”, “es bueno”, “es sociable”. Todas estas etiquetas hacen que la gente se frustre cuando algo se sale del camino.
7. Hablemos siempre con respeto. Para ser personas respetuosas, los chicos necesitan haber sido educados con respeto. No hay mucha ciencia, uno aprende lo que vive. ¿Verdad? Aun cuando estemos en desacuerdo con su comportamiento o necesitemos “retarlo” que sea siempre con respeto y buenos modos.
8. Demostremos cariño incondicional. Algunos pueden pensar que es una obviedad, pero sentirse amado (a pesar de todo) es otro de los pilares de una fuerte autoestima, la base fundante de una persona segura y feliz. El amor se demuestra de muchos modos y tiene que estar presente aún en los peores momentos (por ejemplo, cuando estemos furiosos). Dice Rosa Jové “quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite”.
9. Promovamos la autorregulación (autodisciplina). Esto se logra con tiempo y paciencia, pero ya a esta corta edad se pueden ver resultados y es algo muy inspirador. Les dejo este video de la psicóloga Yolanda González sobre la autorregulación.
10. Escuchemos y seamos flexibles. Observemos, preguntemos, no demos nada por sentado. Conductas que podríamos tildar de "caprichos" de pronto cobran sentido si nos detenemos unos segundos a ver qué está pasando. ¿Qué sentimiento provocó esas palabras o acciones? ¿El niño está cansado y es su forma de expresarlo? ¿Puede ser que esté pidiendo atención de una forma "negativa"? Tengamos la absoluta certeza de que todas las acciones de los niños provienen de necesidades genuinas. A veces la situación puede ser agotadora, claro, pero son pequeñas personas aprendiendo y creciendo. Tengamos paciencia. Somos nosotros los que deberíamos tener millones de recursos. Y si no los tenemos, los aprendemos. El ritmo de vida muchas veces conspira contra esto, pero ser flexibles y aprender de los errores nos ayuda a ser mejores madres y padres cada día.
¿Qué piensan de estas 10 pautas? ¿Cuáles son sus criterios para criar?
Esta es una nueva versión de un antiguo post de mi blog en Infobae.com

¿Por qué es necesario dar explicaciones a los niños?

 
Hoy comparto con ustedes un texto pequeño sobre la importancia de hablar con nuestros niños, decirles siempre la verdad, adelantarnos a las situaciones y jamás irnos sin antes despedirnos. Su autora es la psicóloga argentina Alba Pozo.

“Año 1985. Yo era mamá y psicóloga… ( lo sigo siendo). Hacía ocho años que me había recibido y me estaba especializando en psicoanálisis de niños. Leía a Freud, a Ana Freud, a Melanie Klein, a Lacan, a… Pero con todas estas teorías en mi cabeza, creo que era el corazón, sobre todo, el que me indicaba que había que explicarle TANTAS cosas a esa niñita hermosa de casi tres años, que me miraba con esos ojos inteligentes de uvita chinche. Le explicaba, le anticipaba si me iba a trabajar, si iba a salir , con quién se iba a quedar en mi ausencia. A dónde íbamos si salíamos a pasear, si al doctor, o a la casa de alguien. Ella esperaba, necesitaba, pedía esas explicaciones y entendía todo. Y cuando quería preguntaba y preguntaba…
 
Todos los niños necesitan que se les explique, que se les adelanten las situaciones que van a vivir: ir al médico, a la escuela, a otra casa, a la plaza. Si fallece un familiar o amigo, hay que buscar las palabras, simples, pero ofrecérselas. Hasta si tenemos un mal día y estamos de mal humor podemos explicar y hasta disculparnos, si corresponde. Los niños no son objetos que desplazamos. Son personas y entienden muy bien si somos claros con ellos. Explicar, aclarar, responder preguntas: son otras de las formas del respeto y del amor.”


Alba L. Pozo es Lic. en Psicología (UBA) y cuenta con 38 años años de experiencia en la atención psicológica de familias, parejas, niños, adolescentes y adultos.
Este post perteneció originalmente a mi blog de Infobae.com

domingo, 21 de febrero de 2016

La Comunicación No Violenta aplicada a la crianza


¿Qué es la Comunicación No Violenta (CNV)? La CNV (o comunicación empática) es un modelo de psicología de la comunicación desarrollado por Marshall Rosenberg que tiene como fin lograr que las personas se comuniquen de manera clara y empática, evitando el lenguaje evaluativo que etiqueta en lugar de expresar y entender.

La CNV busca encontrar una manera de que todos los involucrados obtengan lo que es importante para ellos sin recurrir a la culpa, la humillación, la vergüenza, la coerción o las amenazas. Resulta muy útil para resolver conflictos, conectarse con los demás y vivir de una manera más consciente.

Podemos utilizar los principios de la CNV para mejorar la comunicación en cualquier ámbito de nuestras vidas, ¿por qué no tomarlos como base para generar intercambios respetuosos dentro de nuestra familia?


Quisiera destacar 3 puntos clave:
  • En la CNV las necesidades no son caprichos: se trata de identificar las necesidades y las emociones que subyacen a toda acción. Esta cuestión es fundamental como base de la crianza respetuosa y se puede aplicar a las relaciones tanto con los niños como con otros adultos. Validar las necesidades y acciones de los demás nos permite comunicarnos desde la empatía y el respeto, buscando soluciones y dejando de lado discusiones, castigos y otras formas nocivas de relacionarnos.
  • Otra clave: no tratemos de discutir con una persona enojada, sólo escuchémosla. Una vez que hayamos entendido sus sentimientos y necesidades y hayamos mostrado que lo escuchamos sin juzgar, puede que esté listo para escucharnos. Si hablamos de niños muy pequeños a veces simplemente se trata de ponernos a su altura y esperar, u ofrecer un abrazo.
  • La técnica básica es conectarse primero emocionalmente para identificar las necesidades de cada uno, luego buscar una solución. Ir directamente a la resolución del problema casi siempre deja a la persona con el sentimiento de que no fue escuchada.

Entonces, ¿cómo se aplica la CNV? Vamos a centrarnos en sus 4 pasos: observaciones, sentimientos, necesidades y peticiones. 

1. Expresá observaciones (hechos concretos). Buscá que sean verdaderas observaciones objetivas. Por ejemplo, “veo ropa tirada en tu cuarto” es un hecho observado, mientras que “tu cuarto es un chiquero” es una evaluación. Los demás no siempre concuerdan sobre las evaluaciones porque pueden valorar las cosas de manera diferente, pero los hechos concretos proporcionan un terreno común para empezar a hablar.

2. Planteá el sentimiento que este hecho te provoca. Nombrar la emoción sin juzgar te permite conectarte de manera respetuosa y cooperativa. Por ejemplo, “mañana tenés un examen y veo que andás paseando de un lado a otro de la casa (observación), ¿estás nervioso?” o “veo que son las 5 de la mañana y recién llegás a casa, esto me produce miedo". No siempre los sentimientos son fáciles de expresar con palabras, hagamos un esfuerzo de introspección.

3. Formulá la necesidad que produce ese sentimiento. Cuando nuestras necesidades son satisfechas, somos felices, y cuando no, experimentamos frustración. Si logramos identificar el sentimiento es más fácil localizar la necesidad oculta. Por ejemplo, “veo que no me mirás cuando te hablo (observación), me siento incómodo (sentimiento), necesito que me mires para poder conversar (necesidad)". 

4. Hacé una petición concreta para satisfacer esa necesidad. Pedí clara y específicamente lo que querés en este momento, en lugar de ir con rodeos o indicar solamente lo que no querés. Por ejemplo, “no dijiste nada en los últimos 10 minutos (observación), ¿estás aburrido? (sentimiento)." Si la otra persona respondiera que sí, podríamos compartir los propios sentimientos y proponer una acción concreta: “bueno, yo también estoy aburrido, ¿por qué no vamos a la plaza?". Para que la petición sea realmente un pedido (y no una orden) es necesario permitir que la otra persona diga que no y/o proponga otras opciones.

Un ejemplo completo para los cuatro pasos sería: “Veo que... Siento... porque necesito... ¿Por qué no probamos....? O para la otra persona: "Veo que... ¿Sentís que... porque necesitas...? ¿Te gustaría que yo...?

Este simple modelo de comunicación puede ser usado entre adultos y con niños desde muy temprana edad, y es especialmente útil para relacionarnos con adolescentes.

Recordemos lo importante: expresar observaciones, identificar sentimientos y necesidades, escuchar sin juzgar, proponer una solución, nunca recurrir a las amenazas, al miedo, a la coerción ni a juicios que avergüencen al otro.

¿Pensás que podrías aplicar estos principios en tu casa? ¿Ya los conocías? Si tenés dudas dejame tu comentario, escribime a criandopensamientos@gmail.com o contactame a través de Facebook.

miércoles, 17 de febrero de 2016

"Mi hijo no me hace caso": Límites, crianza y obediencia.


Un tema que, sin duda, desvela a padres y madres. Por algún motivo la obediencia infantil en el siglo XXI sigue siendo un gran imperativo y el "hacer caso" una conducta deseable y positiva.

¿Es hora de cambiar de paradigma? ¿Podemos pensar la crianza desde otro ángulo? Sobre este tema consultamos a dos psicólogas argentinas especializadas en infancia y crianza: Ivana Raschkovan y Carolina Mora.

¿Cómo abordamos el tema de los famosos "límites" con los niños?
Carolina: Los límites existen, la realidad por si misma los impone. Es imposible hacer todo lo que queremos, tanto para los niños como para los adultos, el transcurrir mismo nos va presentando distintas situaciones donde se nos impone un límite. Ahora bien, como adultos es nuestra responsabilidad durante la crianza transmitir esos límites, comunicarlos en un lenguaje accesible y acorde a la edad del niño, de forma tal que poco a poco, vayan siendo internalizados.
Ivana: Una de las consultas habituales de los padres en los encuentros de crianza con niños pequeños suele ser la comunicación de los límites. “Le digo que no lo haga, me mira y lo hace igual” es una frase recurrente que muchas veces conduce a interpretar ese comportamiento como rebeldía o desafío. ¿Es así? ¿Se trata de una verdadera desobediencia? El sentido que imprimamos a este comportamiento dependerá de cuál sea nuestra concepción de niño y como entendamos los límites. Los niños necesitan de nuestra guía y orientación para conocer el mundo, para aprender cuáles son los comportamientos socialmente aceptables y cuáles no lo son. Ningún chico nace sabiendo esto, no se trata de un conocimiento innato sino de un saber hacer que se construye a partir de la experiencia. Los padres oficiamos como portavoces de la cultura, somos un pedazo de mundo, representantes para el niño de la sociedad. Y como tales somos los encargados de transmitirles además de amor y cuidado, ciertos límites y comportamientos sociales.
¿Y cómo podemos encarar el tema de otro modo?
Si en lugar de pasivizar al niño lo integramos en este proceso como un sujeto activo en la construcción del límite, veremos que se trata de eso, de algo a construir. Si el adulto se impone por la fuerza sacando provecho de su tamaño e intentando dominar al niño mediante retos y castigos, tal vez consiga cierta obediencia pero a costa de infundir miedo y sometimiento. El niño "hace caso" (si es que lo hace) no porque haya aprendido verdaderamente sino por temor a recibir represalias. Los límites no pueden imponerse ni tampoco un chico puede adquirirlos por sí solo. La construcción de los límites consiste en un proceso interno, trabajoso y duradero, pero que paradójicamente se produce afuera del niño, en el "entre", en el encuentro intersubjetivo con los adultos de referencia. Hablar de los límites no es solamente decir que NO, es matizar, ofrecer condiciones de posibilidad, es construir un entramado espacio-temporal. 

¿Cuáles son los desafíos a la hora de construir estas normas juntos en familia?
Ivana: Creo que uno de los mayores desafíos actualmente para la construcción de los límites es el tiempo que deben pasar muchas mamás y papás fuera de su casa. Para poder favorecer este proceso, se necesita de tiempo compartido, juegos (no hay aprendizaje verdadero en la infancia que no pase necesariamente por el jugar) y por sobre todo mucha paciencia. Hace falta que un otro humano esté presente, disponible; son aprendizajes que no pueden darse frente a una pantalla. Entonces, ¿cómo se construye el límite? Jugando, practicando, insistiendo, hablando pero siempre de manera amable y empática. Basta con decirlo amablemente y repetirlo todas las veces que sea necesario, no hay razón para gritar o castigar. Para aprender algo, es inevitable repetirlo muchas veces. Ni los chicos ni los grandes aprendemos a la primera. Es condición que se repita para poder internalizarlo. Si un niño agarra algo que no debe, el error es nuestro por haberlo dejado a su alcance. Si ya lo agarró, podemos explicarle amablemente que eso no debía estar a su alcance y simplemente lo ponemos en un sitio donde el niño no pueda llegar. Seguido a esto podemos ofrecer otra cosa con la que sí pueda jugar. Desviar su atención hacia otra cosa es como decir: con esto no se puede, pero con esto sí. 
Carolina: ¿Cómo comunicar límites acompañando respetuosamente la frustración que esto provoca en el niño? Este es, en sí mismo, el más grande desafío. Frustración que por un lado, se expresa en el enojo del niño, en la rabia por no poder hacer/tener aquello que desea; por otro lado y no menos importante, la frustración que como padres/cuidadores nos genera el tener que lidiar con el enojo del niño. Como adultos tenemos que aprender a tolerar la frustración de los niños, acompañar sus enojos poniendo en palabras comprensibles y sencillas que a pesar de que la realidad impone un límite, nosotros estamos allí para quererlos y contenerlos. Devolver abrazos donde hay patadas, palabras de cariño donde surgen los gritos, ofrecer la calma donde aparece el desborde les permitirá tomar de nosotros las herramientas para en un futuro, aprender a regular sus emociones de forma autónoma y saludable.  
¿Por qué se confunde tanto la crianza respetuosa con la permisividad?
Ivana: Suele confundirse la noción de criar respetuosamente con la ausencia de límites. Yo suelo decir que es todo lo contrario. El respeto hacia el niño no es dejarlo hacer cualquier cosa, sino que de lo que se trata es del modo en que nos dirigimos a él; decir que NO es inevitable y necesario en la crianza, pero podemos hacerlo mediante gritos o enojos, o con amabilidad y paciencia.
 
Carolina: Vivimos en una sociedad aultocéntrica, donde se ha generalizado y lamentablemente naturalizado que la única forma de poner límites es castigando a los niños, ya sea con penitencias, gritos y hasta con golpes. Es alarmante la cantidad de personas que justifican la violencia como forma de enseñanza. Entonces, en este contexto, hablar de respeto hacia el niño, de hablarle amorosamente pero con firmeza, aún cuando no se esté comportando como los adultos esperamos, es interpretado como permisividad. Realmente es una idea revolucionaria la de la crianza respetuosa, entender que para ayudar al niño a calmarse primero debemos mantenernos en calma nosotros, saber que cuando queremos enseñar podemos hacerlo desde el vínculo, pasando tiempo con nuestros niños y sobre todo que mucho de lo que le enseñamos es a través de nuestras propias acciones. Si gritamos con frecuencia aprenderán a usar los gritos para comunicarse, si les castigamos físicamente o verbalmente, adoptarán esa forma de víncularse; en cambio si reciben un trato amoroso, límites claros y firmes, tiempo compartido, les estamos regalando recursos para toda la vida.

Ivana Raschkovan es Psicóloga Clínica, docente de la Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), integrante de equipo de investigación de proyecto UBACyT, Coordinadora Institucional de APRIN Psicología, Coordinadora de Crianza Infantil, psicoanalista de niños y adolescentes, coordinadora de grupos de crianza y de talleres mama-bebé. Brinda charlas a instituciones educativas y consultas de orientación a padres. 
ivana@aprinpsicologia.com.ar 
www.crianzainfantil.com
www.aprinpsicologia.com.ar

Carolina Mora es Lic. en Psicología especializada en psicología perinatal, prevención, lactancia materna, teoría del apego, neurobiología del nacimiento y crianza. También es Doula (Paramana Doula) y miembro de la Red de Psicólogas acompañando la crianza respetuosa.

martes, 8 de diciembre de 2015

La buena crianza: entre sostener y soltar

Foto: Kambrosis

Últimamente me desvelo pensando en este tema. Será que leo tantos comentarios preocupados de padres y madres falsamente acusados de malcriar. ¿Por qué será que nuestra sociedad tiene tantos problemas con el contacto físico? Se me ocurren algunas respuestas, pero eso es tema para otro post.

Muchas veces dije esto de que la crianza es un permanente equilibrio entre sostener y soltar.

Si hablamos de un bebé recién nacido el sostén será prácticamente 24 horas (mal que le pese a algunas personas), pero a medida que pasan los meses y los años indefectiblemente tenemos que aprender a soltar. Y acá no puedo evitar acordarme de ese poema precioso de Khalil Gibran: Tus hijos no son tus hijos.  
 
Soltarlos implica confianza en ellos y en nosotros mismos. Creer que hicimos las cosas lo suficientemente bien como para poder darles esa merecida autonomía.
 
También incluye no estar continuamente dando órdenes como un militar frustrado (sobre este tema voy a escribir muy pronto).

Pero qué difícil es a veces, ¿no? La autoexigencia, las opiniones ajenas, las dudas existenciales, los miedos irracionales, la propia experiencia y tantos otros fantasmas que se infiltran de algún modo en nuestras cabezas sin ser bienvenidos.

Soltar significa entender que nuestros hijos son libres. Que han venido al mundo a ser ellos mismos y no una parte de nadie ni nada. Que podemos legarles raíces pero sin olvidarnos de respetar sus alas.

Sostener y soltar. Tan sencillo y tan complejo. Para que sean libres de volar pero también de volver, sabiendo que vamos a estar ahí, incondicionalmente.

viernes, 6 de noviembre de 2015

S.O.S. ¡Mi nene no me come!

Fuente de la foto
 
Si hay un tema complicado (además del sueño) respecto a la primera infancia es... ¡la comida! ¿Cuántas cosas se entrecruzan en el simple acto de comer, no creen? Cuestiones personales, costumbres familiares, creencias culturales, algunos mitos...
 
La realidad es que la comida desvela a más de una madre o padre. Y es el caso de mi familia en estos momentos.
 
Hay una cierta instancia en la cual casi todos los niños comienzan a comer menos. A veces al año, a veces a los dos años. Mi hijo en particular comió siempre un montón. No sólo mucho, sino también variado. Yo era de esas personas que aseguraba con carácter marcial que si el niño tiene a disposición variedad de alimentos desde pequeño entonces siempre comerá de todo. Já. Grave error.
 
¿Saben qué? Nada de eso es cierto. De un día para otro Octavio dejó de comer miles de cosas. Vegetales, frutas, carnes. Las opciones estaban ahí sobre la mesa. Nadie le insistía. Cocinábamos y comprábamos todo juntos. Siempre comió solo. Pero no hubo caso. De la noche a la mañana me encontré diciendo el trístemente célebre "mi nene no come nada".
 
Y acá es donde volví a releer un libro que ha salvado la salud mental de más de una familia (añadir en este paréntesis risas): Mi niño no me come, del pediatra español Carlos González.

Mientras les escribo pienso en tantos padres que en este momento estarán desconcertados, enojados, preocupados... Si sus hijos de pronto sólo comen fideos, arroz, milanesa y alguna que otra cosita... No se pierdan los párrafos más abajo.

Ojalá encuentren un poco de consuelo y se sientan acompañados. Mientras tanto, no dejen de ofrecer opciones, cocinar juntos, hacer de la comida un momento ameno. Y recuerden nunca obligar a comer ni usar la comida como premio o castigo. ¡Cualquier día de estos se sorprenden con que sus hijos empiezan a comer un poco mejor! Y se los digo por experiencia (día a día y sin presiones vamos incorporando nuevos alimentos). 

Los dejo con las palabras de Carlos González.
 
"Uno de los mayores mitos en torno a la nutrición es el de que «tienes que comer para hacerte grande». Es decir, mucha gente cree que el crecimiento es consecuencia de la alimentación. No es así. Sólo en casos de auténtica desnutrición llega el crecimiento a verse afectado. En realidad, no crecemos porque hemos comido, sino que comemos porque estamos creciendo."

"El niño de uno a seis años, que crece lentamente, come proporcionalmente menos que el de seis meses o el de doce años, que está en un periodo de rápido crecimiento. "

"¿Por qué no quieren verdura? (...) Los niños pequeños tienen el estómago más pequeño todavía. Necesitan comidas concentradas, con muchas calorías en poco volumen. (...) Si se les deja tranquilos, los niños pequeños no suelen tener una repugnancia absoluta por las verduras. No es un problema de sabor."

"¿Hasta cuándo siguen los niños sin comer? La situación suele ser transitoria. En efecto, muchos niños, hacia los cinco o siete años, al aumentar su tamaño corporal,
empiezan a comer algo más que antes."

"Jamás hay que obligar a comer a un niño; entre otras cosas porque, cuanto más se les obliga, menos comen."

"Muchas veces nos han dicho que es imprescindible acostumbrar a los niños a tomar una variedad de alimentos desde bien pequeños, porque si no luego se negarán a tomarlos y serán unos caprichosos. No es cierto."
 
*****
 
¿Y ustedes? ¿Cómo llevan adelante el tema de las comidas en casa?

viernes, 23 de octubre de 2015

10 necesidades básicas de los niños. Por Justine Mol.

Foto: Kambrosis

Este texto es un extracto adaptado del libro Crecer con confianza, de Justine Mol, instructora internacional de comunicación no violenta y madre.

¿Cuáles son las necesidades básicas de nuestros hijos?

1. La necesidad de seguridad: Los niños se sienten seguros cuando saben que sus padres los aman incondicionalmente.

2. La necesidad de autonomía: A los niños les gusta aprender cosas de los adultos, pero sólo cuando ellos quieren. Y también les gusta hacerlo a su manera.

3. La necesidad de autenticidad: Cada niño es único y busca formas de aprender y desarrollarse que encajen con él.

4. La necesidad de reconocimiento: A los adultos nos gusta que nos tengan en cuenta y que nos tomen en serio, y a los niños también.

5. La necesidad de respeto: A los niños les gusta que se respete su autonomía y autenticidad. El respeto no significa dejar que alguien haga siempre lo que se le antoje, sino tener en cuenta a esta persona.

6. La necesidad de empatía: Empatiza con tu hijo escuchándolo con amor, teniéndolo en cuenta y comprendiéndolo. Pero hazlo sin juzgar ni comparar con otras personas.

7. La necesidad de igualdad: Los niños son capaces de descubrir por sí mismos sus cualidades y cómo desean desarrollarlas. Los adultos tenemos que bajar del pedestal y comunicarnos con nuestros hijos de igual a igual.

8. La necesidad de una atención cariñosa: Los niños ansían que sus padres los amen incondicionalmente, hagan lo que hagan. No se conforman con recibir una atención cariñosa cuando han hecho algo bien a nuestros ojos. "Quiéreme cuando menos lo merezca, será cuando más lo necesite".

9. La necesidad de jugar y aprender: A los niños les gusta experimentar y estarán más preparado a hacerlo en los límites que les fijemos si están acostumbrados a que nosotros respetemos los suyos.

10. La necesidad de humor y de goce: Los niños, como los adultos, tienden a fijarse más en alguien cuando esta persona les divierte con una broma, un guiño, una riña amistosa, una risa compartida.

¿Qué opinan? ¿Han comprobado alguna de estas necesidades con sus propios hijos o alumnos?

jueves, 17 de septiembre de 2015

Por qué deberíamos dejar de hablar de "crianza con apego"

Foto: Kambrosis

Nunca me gustó el concepto de "crianza con apego". Primero, y principal, porque es confuso e inexacto. Segundo porque la mayoría de las veces parece asociarse a la trilogía teta-porteo-colecho lo cual excluye a muchísimas familias y genera controversias, burlas y discusiones eternas que suman muy poco (creo yo).

Para redactar este post me apoyo en las enseñanzas del psicólogo clínico infantil Alvaro Pallamares, director del Centro de Intervención Temprana (con sedes en Chile, Argentina y México). He tomado una formación presencial con él acerca de Teoría del Apego e Intervención Temprana y sigo sus escritos hace mucho tiempo. Si quieren saber más pueden leer su Blog Psicología infantil o su página en Facebook

Como bien dice Alvaro, "el apego es una estrategia evolutiva de supervivencia". Se han hecho experimentos incluso en primates para poder realizar esta afirmación. Salvo extremos casos, no existe ser humano criado "sin apego". Todos necesitamos del apego para sobrevivir, es más importante aun que el alimento. Por esta razón hablar de "crianza con apego" no dice demasiado.

La teoría del vínculo del apego tiene sus orígenes en Bowlby y Ainsworth (sólo mencionaré los autores, no deseo hacer un post extremadamente teórico) y resumiendo bastante podríamos decir que el apego puede ser seguro o inseguro y que es la base que organiza los vínculos y la salud mental de las personas para toda su vida.

El apego seguro tiene que ver con el sentido de pertenencia y con sentirse amado. Todo ser humano merece venir al mundo y saberse amado, ¿no creen?

Hoy con la ayuda de las neurociencias la teoría del apego tiene fuerte asidero y se ha convertido en el único estudio longitudinal y transcultural de este tipo. Por lo cual, sus bases científicas son fuertes y fehacientes.

¿Qué significa, entonces, el apego seguro?

Pallamares afirma que "el apego seguro, no alude netamente al niño que no llora con la separación, sino que corresponde más precisamente al que mejor y más rápido se calma en el reencuentro con su cuidador." Es el lenguaje emocional del niño y es esta seguridad la que le permite tener estrategias antes las diferentes situaciones. Es un complejo entramado que, además, lo ayuda a regularse ante los estímulos y, especialmente, frente al estrés.

El apego seguro da confianza y seguridad. Permite al bebé y al niño pequeño explorar el mundo con tranquilidad. La sola presencia de sus figuras de apego lo regula.

¿Y cómo logramos el apego seguro?

Hay dos determinantes para el apego seguro (y nada tienen que ver con dónde duerme el bebé ni con su forma de alimentación). "La investigación ha mostrado que son dos las variables más determinantes que propician un vínculo de apego seguro, la sensibilidad parental, es decir, la capacidad de detectar y responder a las señales del bebé oportuna y efectivamente, y la capacidad de los cuidadores de pensar al bebé en términos de estados mentales, es decir por ejemplo intenciones, deseos, pensamientos y emociones, de la observación del los gestos, señas y reacciones del bebé."

Es decir, basta con responder a las necesidades de nuestros hijos oportunamente y estar atentos a sus señales. Esto es la base de una crianza respetuosa. Si para lograr esto nos queda más cómodo portear, colechar o lo que fuere, ¡bienvenido sea! Pero no creamos tener la verdad sólo por tildar casilleros o cumplir con ciertas pautas.

Lo que realmente importa es estar ahí para ellos, entenderlos en sus propios términos, responder a sus necesidades, saber escuchar, no subestimarlos, amarlos incondicionalmente, y comprender que son sujetos y como sujetos merecen respeto. Hacerles saber en todo momento que sin importar las circunstancias ellos y ellas tendrán nuestro apoyo y amor. Si seguimos estos preceptos podremos equivocarnos en pequeñas cosas, pero les daremos una base emocional fundamental para el resto de su vida.

"Velemos por lograr interacciones
que generen seguridad, confianza, intimidad, aceptación y alegría.
No miedo."
Alvaro Pallamares