martes, 14 de julio de 2015

¿Por qué los cochecitos se inventaron en la época victoriana?

 
¿Sabían que los cochecitos se inventaron hace 180 años y se masificaron hace sólo 95 años? 
 
Fueron creados en la época victoriana, en Europa, durante el reinado de Victoria I (20 de junio de 1837 - 22 de enero de 1901).
 
Como bien sabemos la sociedad en la época victoriana era bastante particular... se dice que estaba "exacerbada de moralismos y disciplina, con rígidos prejuicios y severas interdicciones". Los valores victorianos se podrían clasificar como "puritanos", con una extrema importancia de la moral. Los varones dominaban la vida social pública y privada y las mujeres se recluían a los espacios privados. 
 
Para los victorianos la familia era el eje central de sus vidas, y el hogar, el lugar idílico donde cuidarla. El modelo familiar de esta clase media y alta era la propia Reina Victoria y su amado esposo Alberto. En el rol familiar el padre era el encargado de mantener a la familia, y sus decisiones eran incuestionables. El papel de la mujer era el de ser buena esposa y madre (de hecho hasta 1882 una mujer casada era propiedad de su esposo). 
 
Las familias eran, frecuentemente, numerosas y los niños eran criados con reglas estrictas, donde la obediencia era parte esencial de su educación. La vida de los niños se desarrollaba en las habitaciones de juegos o nurseries, donde las niñeras o nannies se ocupaban de sus lecciones, juegos y comidas. 

Los niños a menudo experimentaban la violencia en el hogar, la escuela y el trabajo.

La cuestión es que los cochecitos se hicieron populares en el Reino Unido a partir de 1840. Incluso está documentado que la Reina Victoria adquirió tres coches de bebé de la “Hitchins Baby Store”. Sin embargo, recién desde 1920 se hicieron accesibles para las familias de clase media, es decir, hace solamente 95 años.
 
¿Por qué les cuento esto? Si la rueda existe desde tiempos inmemoriales, ¿por qué creen que no se habían "inventado" los cochecitos? ¿Y por qué se habrán vuelto objeto de consumo justamente en la época victoriana? Hasta ese momento los bebés iban en el regazo o en el rebozo... Es decir, en brazos o porteados sobre el cuerpo de sus madres (u otro ser humano). 

¿Tendrá algo que ver el desapego, la frialdad y el autoritarismo de la época victoriana? ¿Ustedes qué piensan?

jueves, 2 de julio de 2015

Entrevista a OliLu: "Es tan importante “qué” comemos como “cómo” comemos"



La alimentación de los hijos es, sin duda, un tema que preocupa a todos los padres. Un espacio donde intervienen mucho más que alimentos: historias personales, mitos, culturas, tradiciones, placeres y, lamentablemente, también muchas veces luchas de poder. ¿Cómo enfrentarnos a este tema tan complejo desde una mirada respetuosa?

La respuesta la encontré de la mano de Karina Eilenberg, mamá de Luana y Pediatra especializada en Crianza, y Sabrina Gatti Wosner, mamá de Olivia y Médica Familiar especializada en Medicina Ayurveda y Fitomedicina. Juntas formaron hace dos años OliLu, un espacio de intercambio para las familias que incluye no sólo saberes médicos, sino también información sobre alimentación y lactancia, encuentros de crianza, talleres, charlas y acompañamiento para padres, entre otras temáticas de interés para las familias.


¡Bienvenidas a Criando Pensamientos! Me gustaría que se presenten.

KARINA: Soy mamá de Luana, que tiene 2 años y 4 meses y soy Pediatra. OliLu nace a raíz de la necesidad de encontrar un espacio donde compartir con familias el camino de la crianza. Nos conocemos desde la facultad, siempre fuimos amigas con una visión parecida sobre la salud y la enfermedad, la formación posterior la hicimos por separado, Sabri hizo medicina familiar en el Argerich, yo termine mi residencia de pediatría en el Garrahan. Y, convencida de que el origen de las patologías de la niñez tiene que ver con los vínculos y lo que sucede en casa, me dediqué a estudiar crianza. Con Krochik, con Gutman, fui buscando caminos que recién entendí cuando parí y me encontré con Luana. La maternidad me trajo eso, luz a la búsqueda, comprensión. 


SABRINA: Las mujeres estamos muy solas después de ser madres, Oli tiene 2 años y 7 meses, yo soy médica desde hace 8, y recién comienzo a entender de que estábamos hablando. Siempre digo lo mismo: llamaría a todas las madres con las que me crucé en mi formación para pedirles perdón por muchas cosas que dije. Con la maternidad descubrimos la importancia del encuentro con otras mujeres, tomando nuestros mates en tribu. La lactancia fluye mejor, el cansancio se alivia, y las risas sanadoras aparecen. Pensamos ¿por qué no ofrecer desde nuestro rol profesional este acompañamiento? ¿Por qué no brindar un espacio de encuentro para nuevas madres y nuevos padres, con sus niños? desde mi formación tradicional, y luego con el ayurveda, centro mi objetivo en trabajar con familias, contextos, culturas que no siempre son iguales, ni siquiera parecidas, y que es fundamental comprenderlas para acompañarlas. Así fuimos gestando OliLu. La idea es acompañar en esta tarea, ardua y única, de CRIAR hijos, de CREAR familias. Necesitamos aprender cada día un poco más, del otro, de uno mismo. Esa es la propuesta. Y el formato taller es lo más sincero. Circular, enriquecedor. Todos aprendemos de todos.

Foto: OliLu (Taller de alimentación para bebés)

¿Cómo surgió esta idea de ofrecer talleres de alimentación para las familias con bebés y niños pequeños? 

K: Desde la crianza, me interesa muchísimo el “cómo” nos vinculamos con los alimentos. Y el cómo la mamá comienza a soltar a ese nuevo ser que de repente no sólo toma la teta o la mamadera que ella LE administra. El inicio de la alimentación complementaria, tranquilamente puede verse también como el comienzo de la autonomía de nuestros hijos. Incluso desde una visión antropológica, ellos van comenzando a adquirir habilidades, mientras la nutrición está asegurada por la leche, para que cuando realmente las necesiten al comienzo de su deambulación, puedan ejercerlas. Esto no es lo que suele pasar habitualmente. Lo que sí pasa es la batalla, el autoritarismo, la obligación, los premios, los castigos. 

S: “Cómo” nos vinculamos con el alimento cuando somos bebés deja una impronta para toda la vida en nuestro lado emocional. Y la comida es comida. Es la fuente de energía para funcionar, pero en nosotros los humanos es placer (o es tortura). La mayoría (por no decir todos) los trastornos crónicos de la adultez (diabetes, colesterol alto, hipertensión, enfermedades autoinmunes) tienen que ver con el estilo de vida, y con los hábitos alimentarios, y de esto se desprende mostrarles otro camino a nuestros hijos, desde pequeños. 
Somos seres naturales, venimos de la naturaleza, y estamos preparados para obtener nutrientes de ese lugar. ¿Por qué entonces nos empecinamos en darles a los mas chiquitos en plena formación alimentos balanceados para bebés que vienen en cajas de cartón, llenos de azúcar y dibujitos?

K: La propuesta tiene que ver con respetar y registrar al otro y ser responsables como padres de lo que le ofrecemos a nuestros hijos. Comida sana, natural y que ellos puedan elegir, manipularla, y hacerlo a sus tiempos. La lactancia a demanda a esta altura no da dudas. Todos entendimos que toman cómo y cuánto quieren y las veces que haga falta. Ahora: cumplieron 6 meses, salimos con la listita del pediatra de qué SI y qué NO, y si mi bebe no quiere o quiere otra cosa, está mal, no sabe, yo sí, le insisto, le meto la cuchara en la boca, las veces que me indicaron debo hacerlo al día. Los niños tienen dos mecanismos muy sensibles y perfectos desarrollados. El hambre, parte de su instinto de supervivencia, y la autorregulación. Es decir, saber hasta dónde comer y parar. Dos cosas que nosotros como adultos perdimos por completo. 

S: Trabajamos con un método que no nos gusta llamarlo así, pero debemos hacerlo, que se llama baby led weaning o alimentación guiada por el bebé. La idea es esa, seguir confiando en su sabiduría y ofrecerles alimentos para que gestionen por sí solos. Así no sólo desarrollarán sus habilidades de tragar y masticar, sino también la coordinación mano boca, la elección, el deseo. Es una alimentación libre de papillas para que puedan manipularla, pero no por el fundamentalismo del sólido. La idea es que puedan ir aprehendiendo y desarrollando sus destrezas motoras y, para eso, deben hacerlo solos. 

¿Cuáles son las principales inquietudes de los padres ante este método? 

K: Al proponer un método libre de papillas, y sobretodo donde ellos agarran los pedazos y los gestionan solos, el mayor miedo generalmente es el atragantamiento. Aprender a comer no es algo que debamos enseñar. Es un parte de la maduración de los seres humanos, como lo es el caminar, sentarse, saltar. Enseñamos a leer y a escribir. No a comer. A eso se aprende imitando, y claramente no somos alimentados por otros adultos con cuchara, ¿no? En este proceso, como lo es en otros, hay mecanismos de aprendizaje. En el caminar lo es el caerse. En el comer y masticar, lo es la arcada. Mecanismo de seguridad, les enseña cuánto introducir, cómo moverlo, hasta dónde ponerlo. Por otro lado, el reflejo de arcada está más adelante en el paladar de los más pequeños y lo hacen más seguido que lo más grandes. Uno cree que atragantase tiene que ver con la consistencia del alimento, y no. Tiene que ver con dos factores predisponentes. La posición (acostado o reclinado) y que otro me alimente. Cuando otra persona gestiona el utensilio o alimento por mí no sabe en general bien dónde hacerlo y eso es un riesgo. Tan sólo imaginemos a otra persona dándonos un vaso de agua. 

S: Llegan a los talleres también muchas mamás y papás con miedo de que los bebés no engorden. Muchos a los 6 meses no tienen interés por la comida y eso es NORMAL. Por otro lado, la nutrición está completamente cubierta por la leche (sea materna o fórmula) y el comienzo de la alimentación tiene que ver con un fin educacional. Conocer, descubrir, manipular, texturas nuevas, colores, sabores. El interés llegará solo, a su debido tiempo en cada niño, y cuando comience verdaderamente a necesitarlo. Nuestra responsabilidad ma/paterna radica en ofrecerles alimentos naturales y variados. Su responsabilidad, y también su derecho, es elegirlos. En los más grandes sobre todo suele ser la dificultad mayor. Se vuelven selectivos y reacios a probar. La variedad debe seguir presente. 

¿Y qué hacemos cuando nuestros hijos se ponen restrictivos con los grupos de alimentos?

S: NO HACEMOS NADA, es su elección qué comer y cuánto comer. Nosotrxs como pa/madres seguimos ofreciendo alimentos sanos, frescos, variados. Es importante respetar su decisión y confiar en ellos, que son quienes realmente saben qué y cuánto necesitan comer. Es totalmente normal, tiene que ver con el crecimiento y la maduración. Somos seres de la naturaleza y en esta etapa, alrededor de los 18 meses, los niños pueden ir por sí mismos a buscar su alimento. Evolutivamente somos como en la época de las cavernas e ir por el bosque probando frutos y raíces nuevas puede ser peligroso, instintivamente no quieren probar cosas nuevas y este es un mecanismo protector. Por otro lado, también tienen otro intereses, ir a descubrir el mundo, desarrollar su autonomía, diferenciarse de sus padres, por eso algo que ayer le gustaba hoy no lo quiere. No etiquetemos, si hoy no quiere espinaca significa que hoy no quiere espinaca, no que no le gusta y que nunca más la va a comer, pero si nosotros insistimos en que la coma, que ayer le gustaba, que es muy nutritiva y que si no la come no hay postre seguro que vamos a lograr que nunca mas quiera comerla. 

K: También es importante tener en cuenta que el período de máximo crecimiento es intraútero y luego durante el primer año de vida, a partir de cuando la velocidad de crecimiento baja considerablemente, por lo que también se reduce la cantidad de alimento que necesitan. 

¿Qué pequeños cambios podemos hacer en la alimentación diaria de toda la familia para comer mejor? 

S: Es tan importante “qué” comemos como “cómo” comemos. Preparar nuestra comida, sentarnos a comer, compartirla en familia o con amigos, ¡masticar! Y, fundamentalmente, tomarnos ese tiempo y disfrutarlo, pasar un momento agradable, relajado. ¡Este es el mayor cambio que uno puede realizar!
En cuanto al qué: reducir o eliminar los productos industrializados y procesados y reemplazarlos por alimentos frescos, preparados por alguien, si yo no tengo tiempo o ganas, que sea otra persona y no una empresa que lo realice por mí. Cambiar las harinas y granos refinados por integrales, eliminar edulcorantes artificiales y elegir azúcar integral o miel, consumir frutas y verduras frescas e incorporar frutos secos y semillas. 

¿Por qué es tan importante compartir el momento de la comida con nuestros hijos desde que comienzan a comer? 

K: Porque lo mejor que podemos hacer para que nuestros hijos coman sano y disfruten del momento de comer es mostrarles que comer es un placer. Ellos aprenden imitando y copiando. Es importante generar un ambiente agradable, relajado, de disfrute, donde comamos todos juntos. ¡Nuestros hijos nos miran todo el tiempo! Qué comemos y cómo comemos. Ofrezcámosles comida sana, pero un mejor ejemplo. Que nuestro hijo sienta confianza en que puede comer lo que quiere y cuanto quiere, que no lo queremos más o menos porque se coma el brócoli o un chocolate que le regaló la abuela. 

S: Aprovechemos el momento de la comida para comunicarnos con nuestros hijos, charlar de cómo fue nuestro día, lo mejor que nos pasó, lo peor, qué nos gustaría hacer mañana, etc. y saquemos el foco de atención del plato de nuestro hijo. Pongámosnos en su lugar y reflexionemos qué agradable puede ser que la familia esté pendiente de lo que comemos nosotros, cuánto nos servimos, si lo terminamos, si le sacamos “lo verde”, si le ponemos mucha sal, si tomamos poca agua, si no nos quedamos quietos... ¿nos gustaría? ¿Sería una placer comer? ¿O querríamos huir pronto a mirar televisión?

¿Qué les gustaría transmitir a las familias que nos leen?

K: La maternidad y la crianza no deben vivirse solas en nuestra casa, con nuestra cría, compartiendo, y pretendiendo nada más que del papá del bebé (si está o quién esté) compañía, comprensión, comida, ayuda cuando llega del trabajo. Los cuestionamientos que trae el instinto maternal cuando nace un hijo son válidos, maravillosos, abren cabezas, pero a veces enloquecen cuando no hay sostén. Las díadas mamás bebés necesitamos escucha, información, brazos y mates. Las mujeres DEBEMOS permitirnos esa búsqueda, de nuestra tribu, de nuestras pares, aquellas que tienen nuestros mismos miedos y angustias, o las otras que tienen otros y nos pueden ayudar. Ese es nuestro mayor consejo. Hacer este viaje alucinante que es ser mamá con otras mamás. 

Para contactarse con OliLu: 

jueves, 11 de junio de 2015

¿Qué pasaba en los años 30 cuando no existía el TDAH?

Foto: Kambrosis

Ken Robinson es un educador, escritor y conferencista británico. Doctor por la Universidad de Londres, ha investigado sobre la aplicación del teatro en la educación. Robinson es considerado un experto en asuntos relacionados con la creatividad, la calidad de la enseñanza, la innovación y los recursos humanos. ¿Por qué les cuento esto?

Hace tiempo que me preocupa la liviandad con que algunas personas se sienten capacitadas para "diagnosticar" a los niños. Si es inquieto, si es callado, si es distraído... enseguida sobrevuelan las preguntas, las etiquetas, los posibles trastornos y las preocupaciones.

¿Será como dice el Dr. Carlos González? ¿Estamos perdiendo la paciencia con los niños? ¿Somos incapaces de tolerar una conducta normal? ¿Patologizamos la infancia?

Y entonces me acordé de esta charla TED de Ken Robinson. Quiero compartir algunos párrafos con ustedes. Simplemente para seguir pensando sobre el tema.

"Esto me trae a una conversación que tuve con una mujer maravillosa de la quizás no han oído hablar, se llama Gillian Lynne, ¿la conocen? Algunos si. Es coreógrafa y todo el mundo conoce su trabajo. Ella hizo "Cats" y "El fantasma de la ópera". Es fantástica. Yo solía estar en el concejo del Royal Ballet, en Inglaterra, como pueden ver. Almorcé con Gillian un día y le pregunté: "¿Cómo llegaste a ser bailarina?" Fue interesante, ella era incompetente en la escuela y la escuela, en los años 30, le escribió a sus padres diciendo "Creemos que Gillian tiene un trastorno de aprendizaje". No se podía concentrar, se movía nerviosamente. Creo que hoy dirían que tenía TDAH (Déficit de Atención). Pero esto era en los 30 y no se había inventado el TDAH. No era un trastorno disponible (risas). La gente no sabía que podían tener eso."

"Ella fue a ver a un especialista con su mamá y la llevaron y la sentaron en una silla en el rincón y ella se sentó sobre sus manos por 20 minutos mientras el hombre hablaba con su mamá sobre los problemas que Gillian tenía en la escuela. Ella molestaba a los otros, entregaba tarde la tarea... una pequeña niña de 8 años. Al final el doctor se sentó junto a Gillian y le dijo: "Gillian, escuché todo lo que tu mamá me dijo y necesito hablar en privado con ella". Le dijo: "Espera aquí, no nos vamos a tardar" y se fueron y la dejaron sola. Pero al salir de la sala, él encendió la radio que estaba sobre su escritorio. Y cuando salieron de la habitación, él le dijo a su madre: "Sólo espere y observémosla". Y en el momento en que salieron Gillian se paró y comenzó a moverse al ritmo de la música. Y la miraron por unos minutos y el doctor se volvió a su madre y le dijo: "Sra. Lynne, Gillian no está enferma, ella es una bailarina, llévela a la escuela de danza"."

"Le dije: "Y ¿qué pasó?" Ella dijo: "Me llevó y fue maravilloso. Entramos a esta habitación y estaba llena de gente como yo. Gente que no se podía quedar quieta. Gente que tenía que moverse para pensar". Practicaban ballet, tap, jazz, danza moderna y contemporánea. Eventualmente entró a la escuela del Royal Ballet, se volvió solista, tuvo una carrera maravillosa con el Royal Ballet. Eventualmente se graduó de la escuela y fundó su propia compañía, la Compañía de Danza de Gillian Lynne, conoció a Andrew Lloyd Weber. Ella ha sido la responsable de algunas de las obras musicales más exitosas de la historia, le ha dado placer a millones, y es multimillonaria. Otro médico quizás la habría medicado y le habría dicho que se calmara."

¿Para pensar, no?

Para escuchar la charla completa de Ken Robinson hacé click acá: How schools kill creativity.

martes, 26 de mayo de 2015

Poner límites o informar de los límites

Foto: Kambrosis

Los siguientes párrafos son parte del texto Poner límites o informar de los límites. El amor después de la etapa primal. Cuando se cambian las órdenes por la información y la complacencia, de Casilda Rodrigáñez Bustos, publicado por La Mimosa en noviembre 2005.


Con frecuencia oímos decir que los padres y las madres tenemos que saber poner límites a nuestr@s hij@s; que tenemos que aprender cuándo, cómo y por qué debemos hacerlo.
Este sin duda es uno de los dilemas más peliagudos con el que nos encontramos todas y todos los que queremos criar y socializar a las criaturas que hemos parido para que sean felices.
En mi caso, la respuesta la encontré en el libro de Françoise Dolto, La cause des enfants. Según Dolto, las madres y los padres subestiman las capacidades y cualidades (inteligencia, sensibilidad, capacidad de discernimiento, sentido común, responsabilidad, instinto de supervivencia y sentido del cuidado de sí mismas, capacidad de iniciativa, etc.) de las criaturas en general, y las tratan como si fueran incapaces por sí mismas de sentir, de pensar, de evaluar las circunstancias de una situación dada, o de tomar la más mínima decisión.

La diferencia entre dar INFORMACIÓN y dar ORDENES es crucial; Dolto pone un ejemplo que me parece muy ilustrativo: a un japonés que aterrizara en nuestra ciudad no le daríamos órdenes de lo que debe hacer, visitar, etc. sino que le daríamos la información necesaria para que se pudiera desenvolver por la ciudad (cómo funcionan los transportes públicos, los sitios donde dan de comer mejor y 
más barato, etc.), o sobre las cosas interesantes que podría visitar, etc. ¿Por qué no tenemos la misma actitud con las criaturas que con el visitante extranjero?
Para contestar a la pregunta, hay que tener en cuenta el segundo aspecto al que me he referido antes: la prepotencia adulta.
La actitud con las criaturas es diferente no sólo porque como hemos dicho antes, subestimamos sus capacidades, sino también porque tenemos inconscientemente interiorizado que estamos por encima de ellas, que somos sus superiores y ellas son nuestras subordinadas.

Somos prepotentes con la infancia en el sentido literal de la palabra: pre-potentes, tenemos el Poder previo, un Poder fáctico –el dinero, los medios- sobre todas sus actividades cotidianas; y podemos obligarlas por las buenas o por la malas, para que hagan cada día las cosas con las prioridades y de la manera que unilateralmente decidimos.
Debido a esta interiorización, todos los días sin darnos cuenta, le damos cuerda a estas supuestas incapacidades de l@s niñ@s que justifican nuestra superioridad, y no somos capaces de romper el círculo vicioso y la dinámica social, ni nos planteamos otra posible relación con ell@s; no se nos ocurre tratarlas como al japonés del ejemplo: como seres humanos a los que hay que ayudar a conocer el funcionamiento del mundo en el que han aterrizado.
Por eso a l@s niñ@s, por lo general, no se les informa de los pormenores de la economía familiar, de las obligaciones y dificultades de las personas adultas –“no son cosas de niños”, se dice-, y de las limitaciones de todo tipo a las que estamos sujetas. Y por lo mismo, ni se nos ocurre ponernos a analizar conjuntamente las posibilidades de ampliar esos límites, movidas por el afán de complacerles en sus deseos.
Sin embargo, las criaturas están perfectamente capacitadas para aprender a moverse en su entorno sin riesgo; y como es la actitud autoritaria lo que bloquea el desenvolvimiento natural de sus capacidades, cuanto antes se cambie de actitud, antes y mejor aprenderá a moverse de forma autónoma en su medio y a hacerse responsable de sus circunstancias.

En cualquier caso, en mi opinión, siempre es posible mantener el amor complaciente después de la etapa primal. Porque el amor complaciente es un hecho totalmente independiente de los límites que haya, por muy desgraciados que éstos sean.
Es algo muy simple; se trata de que, ante cualquier límite que se oponga a los deseos de nuestra criatura, nos situemos incondicionalmente del lado de sus deseos; y en lugar de considerarlos meros caprichos improcedentes, los analicemos honesta y sinceramente con ella, junto con todos los factores que intervienen en la situación, para después tomar una decisión conjuntamente.
Si analizamos con un poco detenimiento lo que significa situarnos sin más del lado de los límites, ordenándolas directamente lo que tienen que hacer, como normalmente suele hacerse, nos daremos cuenta que ahí hay encubierta una gran falta de empatía amorosa, una gran falta de amor verdadero.
Habrá quien diga que a una criatura de dos o tres años no se le puede explicar nada, que no entiende nada. Esto no es cierto. La psicología neonatal ha probado ya que incluso los fetos antes de nacer tienen conciencia, memoria y recuerdos.

Aunque nos parezca que una criatura no entiende, siempre entiende; por lo menos mucho más de lo que nos creemos; y lo cierto es que casi siempre subestimamos su capacidad de comprensión.
Así pues, aunque nos parezca que no nos pueden entender, debemos probar a explicarles la situación conflictiva entre los deseos y los límites; contémosles lo que hay, poniéndonos en su lugar y comprendiendo sus deseos, sintiendo con ellas la frustración.
Tenemos que tener en cuenta que, cuando adoptamos la actitud de ponernos sin más del lado de los límites, sin considerar tan siquiera lo que la criatura quiere, porque tenemos las decisiones ya tomadas, sin dar ocasión para estudiar los márgenes posibles de maniobra, y le vamos soltando a la criatura un ‘no’ tras otro, la criatura lo que percibe es que sus deseos no nos importan; se da cuenta de que ni siquiera han sido contemplados como una posibilidad real; y de algún modo siente que se está yendo sistemáticamente en contra de ella, contra sus deseos; porque a diferencia nuestra, ella todavía sí se identifica con los deseos que le brotan del cuerpo. Ella todavía no está socializada del todo, y todavía es capaz de producir, de reconocer y de identificarse con sus deseos.
Y nosotras, ya desde este mundo, de un plumazo resolvemos la cuestión, impasiblemente, poniéndoles un ‘no’ tras otro, como si estuviéramos poniendo una lavadora tras otra.
Porque es lo que nos toca, supuestamente, como madres, hacer. ¡Qué diferente la perspectiva, si contemplamos sus deseos como la maravillosa vitalidad de sus maravillosos cuerpos!

Sus deseos todavía son el pulso de su vida, lo que alienta su existencia. Por eso la negación de los mismos, aunque no nos demos cuenta, supone una negación de su vida, un cuestionamiento de su existencia; una existencia y unos deseos que debían ser incondicionalmente defendidos y protegidos por la madre y el grupo familiar de la madre.
Ante la evidencia del deseo de complacencia, la criatura no identificará límites y falta de amor, como en cambio sucedería si directamente le damos órdenes como si fuéramos las promotoras de los límites.
Y así la criatura podrá seguir creciendo en el entorno de empatía y amor incondicional que necesita para el desarrollo de su propia capacidad de amar.

Porque aunque tenga que someterse a los límites y a la ordenación social, la criatura se sentirá amada incondicionalmente.

Si hubiera que resumir esta actitud en una palabra, ésta sería COMPLICIDAD.

martes, 19 de mayo de 2015

¿Formar personas o especialistas? Por Sergio Sinay

Foto: Kambrosis

Si educar fuese meramente transmitir información y conocimientos específicos, probablemente los chicos de hoy serían los más (no digo los mejor) educados de la historia humana. Pertenecen, dice el psicoterapeuta y asesor de familias brasileño Icami Tiba (autor de Quien ama educa), a la generación del zapping y de Internet. Esto es más que una simple descripción. Es una definición. Tanto el zapping (no sólo televisivo) como Internet permiten acceder a enormes y variadas cantidades de información en poco tiempo. Si además esa posibilidad se verifica dentro de una cultura esencialmente utilitarista y productivista como ésta en que vivimos (...) los chicos se vean presionados a abandonar rápidamente la infancia, el juego, el aprendizaje vivencial para convertirse pronto en adultos bonsái, agobiados por obligaciones, agendas completas, citas con especialistas que los entrenen o que los sometan a todo tipo de pruebas y diagnósticos que garanticen su capacidad para cumplir con las expectativas puestas en ellos.

Una sociedad utilitarista es competidora. Todo debe "servir para algo" (las actividades, las relaciones, incluso los hobbies). El ocio tiene que ser "productivo", y el éxito se mide en cifras (dinero, títulos, premios, posesiones). Una suerte de darwinismo social determina que sólo sean exitosos los que ganen, los más fuertes, los que lleguen antes, ya que, según se amenaza, no hay lugar para todos (del mismo modo en que hemos llegado a creer que el planeta no tiene espacio ni alimento para todos sus habitantes, creencia que se repite ciegamente, sin comprobarla). ¿Cómo crecer en la amenaza? En un escenario así no se permite perder tiempo y los chicos son forzados a armarse de conocimientos, habilidades y especialidades cuanto antes. Es curioso que se diga "armarse" de conocimientos y no nutrirse. Se los prepara para una competición, para una lucha en la que, a menudo, muchos padres suelen rivalizar entre sí (a despecho de sus hijos) para ver quién tiene un pupilo (o producto) más exitoso. 

¿Y si, por el contrario, educar consistiera en transmitir valores para la cooperación antes que para la lucha, para un mundo esperanzador y no amenazador? ¿Si educar fuera guiar, estimular y permitir el desarrollo de aquello propio y esencial de cada quien, y no lo que satisfaga la ansiedad de los adultos? ¿Si fuese acompañar a los niños, respetando el tiempo y el ritmo de su evolución, liderándolos en experiencias que los formen como personas antes que como prematuros y rendidores especialistas? ¿Si se tratara de preparar para explorar los amplios horizontes de la vida y no para una mera supervivencia eficientista? La historia humana no empezó con el zapping, Internet, el celular y la agenda completa. Es más antigua y más rica que estos datos tecnológicos. Hoy languidece la posibilidad de una formación basada en experiencias propias, reales y verdaderas, que se atraviesen con la guía de adultos protectores, atentos a los sentimientos y necesidades de los chicos. Adultos que no impongan a los niños sus propias urgencias mal resueltas. "La generación del zapping, dice Tiba, se acostumbra a la cantidad y a la superficialidad". Esa generación corre el riesgo de que se la prepare para patinar levemente sobre la superficie de la vida y no para experimentarla de una manera única, profunda, intransferible y trascendente. 

Por Sergio Sinay | Para LA NACION | 10.04.2011

Marchemos contra la Violencia Obstétrica

En el marco de la Semana Mundial del Parto Respetado, mañana marchamos en Buenos Aires contra la violencia obstétrica y la reglamentación de la Ley 25.929. Más info acá.


jueves, 9 de abril de 2015

Infancia y violencias invisibles

Foto: Kambrosis
María y Juan tienen un altercado en la calle. Discuten. Elevan la voz. Él se ciega de ira, no la escucha, la deja llorando sentada en la vereda y se aleja unos pasos, esperando que ella lo siga. Al ver que su estrategia no funciona regresa y la toma del brazo con fuerza. La obliga a caminar a la rastra, apretando su antebrazo con bronca, mientras le grita y la amenaza. Es humillante. ¿Creerían que esto es violencia doméstica, verdad?
Ahora… ¿y si les digo que Juan es el padre y María tiene solamente 4 años? ¿No es hora de darnos cuenta de que tenemos un doble estándar en cuanto a la violencia? ¿Cuántas veces somos testigos de escenas de este tipo en espacios públicos y no intervenimos? ¿Por qué la violencia hacia los niños se naturaliza y tolera?
Berna Iskandar, periodista venezolana, conferencista, divulgadora de temas de crianza y creadora de Conoce mi mundo afirma que “necesitamos reconocer las violencias sutiles y visibles socialmente naturalizadas en el trato a los niños”. Y no está sola. Porque muchas son las personas que eligen llamar la atención sobre estas cuestiones. Como la psicóloga Rosa Jové, que en su libro La crianza feliz advierte que “no podemos empezar a educar a los niños sin el convencimiento de que tienen los mismos derechos que nosotros (los adultos).” ¿O los Derechos Humanos no son iguales para todos?
El tema es tan preocupante que Unicef Latinoamérica lanzó recientemente una campaña destinada a detener el maltrato infantil bajo el hashtag #FinAlMaltrato. Según las cifras de esta institución en Argentina 1 de cada 10 padres afirma aplicar castigos físicos severos a sus hijos y el 65% reconoce haberlos agredido psicológicamente. Por fortuna, el nuevo Código Civil de Argentina -que entrará en vigencia en agosto de 2015- prohíbe expresamente no sólo el castigo corporal hacia los chicos sino también el psicológico: “Artículo 647.- Prohibición de malos tratos. Auxilio del Estado. Se prohíbe el castigo corporal en cualquiera de sus formas, los malos tratos y cualquier hecho que lesione o menoscabe física o psíquicamente a los niños o adolescentes. Los progenitores pueden solicitar el auxilio de los servicios de orientación a cargo de los organismos del Estado”.
La violencia y sus consecuencias
Álvaro Pallamares, Psicólogo Clínico infantil, oriundo de Chile, autor del espacio Psicología Infantil y de su correlato en Facebook, trabaja hace tiempo difundiendo contenidos relacionados a promover el respeto hacia los niños e interrumpir la espiral de violencia. ”Las personas que defienden las palmadas no entienden que no sólo es perjudicial para la salud mental de esos niños, sino además un predisponente para seguir naturalizando la violencia (…) Muchas madres y muchos padres (sin duda demasiados) avalan la violencia que ellos ejercer sobre sus hijos justificando que es por su propio bien, no entienden que la violencia en todas sus formas siempre daña, la violencia lo único seguro que genera es más violencia.”
Sus argumentos son más que razonables. “¿Cómo le enseñas a resolver los problemas a tus hijos? Parece que los golpes no solucionan nada, sino más bien instalan un problema más grave. Ya a esta altura del argumento siempre hay un adulto dañado que dice: a mí me pegaban y hoy soy un hombre de bien (cosa que yo no podría asegurar). Otro dice que hay tanta delincuencia porque lo padres no tiene mano dura, siendo que la historia nos muestra cómo la mano dura lo que finalmente genera es revolución y muerte. Los niños no necesitan gritos para obedecer, ni golpes para entender. Los niños necesitan tiempo, empatía, paciencia, tolerancia, pero también, límites, estructura y predictibilidad, las cuales deben otorgarse necesariamente dentro de un marco de buen trato y respeto.”
Iskandar asegura: “Cuando dices que pegarle a tu hijo te ha dolido más a ti, subestimas el enorme daño, dolor y humillación que has provocado en el niño. A un niño se le castiga y se le pega por hacer travesuras, andar descalzo, saltar charcos, ensuciarse, no comer lo que le exigimos, comportarse como niño, se le castiga por explorar, por aprender… Cuando los padres pegan al niño lo llamamos castigo físico. Cuando “la autoridad” pega a un criminal detenido, lo llamamos tortura. Unicef tendrá más de 60 años y la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño 25 años, pero aún no hemos aprendido nada sobre el derecho de los niños a ser tratados con respeto a su integridad como personas.”
Yolanda González, Psicóloga española experta en Prevención Infantojuvenil, advierte de los riesgos de perpetuar este tipo de violencia. “El adulto considera el castigo físico y verbal como una medida correctora del comportamiento, pero en realidad es sólo represora porque ignora las causas de esa conducta infantil”. Leslie Power, Psicóloga Clínica chilena, se suma a las advertencias: “Las experiencias que vivan nuestros hijos con nosotros sus padres será clave para la formación de su cerebro. Si los agredimos con golpes, duchas frías, ley del hielo, indiferencias, soledades, desamparos, abusos, etc., estamos afectando directamente la formación de sus estructuras cerebrales”.
“Los niños necesitan disciplina, es cierto, sin embargo esta disciplina no puede transgredir los derechos de la infancia. Los padres de hoy son la generación con mayor acceso a información, investigación, discusión y reflexión en torno a la crianza, los límites, los derechos y las obligaciones de los niños. Que nuestros padres usaran la violencia para castigarnos es fruto de la ignorancia, que lo hagamos nosotros no tiene justificación alguna”, sentencia Pallamares.
Alice Miller, famosa Psicoanalista y Doctora en Filosofía, Psicología y Sociología, conocida por su trabajo en maltrato infantil y sus efectos en la sociedad y en la vida de los individuos, dedicó por entero su carrera profesional a analizar y documentar la raíz de la violencia. Una de sus conclusiones determina que “cuando explotamos al niño para satisfacer nuestras necesidades de adulto, cuando le pegamos, castigamos, manipulamos, descuidamos, abusamos de él, o lo engañamos, sin que jamás ningún testigo intervenga en su favor, su integridad sufrirá de una herida incurable”.
La familia como átomo social
¿Qué consecuencias tiene el maltrato hacia nuestros niños desde el punto de vista social? Ariadna Somoza Zanuy, Lic. en Sociología, argentina, considera que “el maltrato infantil debe ser tratado como un problema social. Un sistema de producción y y consumo cada vez más exigente necesita un “sistema de reproducción” eficientista y cortoplacista. Así, los métodos de crianza se adaptan a los requerimientos del mercado: niños que se adapten velozmente a una institución, que duerman solos desde pequeños, que tomen mamadera para que mamá pueda trabajar y que estén disciplinados para subsistir y tener éxito en ese mundo. Así, se ejerce la disciplina desde la supuesta autoridad (padre) como quien detenta la propiedad de una cosa (hijo), llegando a ejercerse incluso la violencia física”.
La revista española Psicosocial (Vol. 10, n.° 2. Págs. 1221-239) publicó en 2011 un informe titulado “La prevención de la violencia en la infancia y la adolescencia”, en el cual queda claro que debemos prevenir la violencia desde la infancia más temprana y a partir de los dos ámbitos de socialización fundamentales del niño: la familia y la escuela. “Actualmente podemos afirmar que el fenómeno de la violencia en estas etapas tiene causas fundamentales comunes y que las experiencias de violencia conllevan a conductas delictivas violentas”.
De esta manera el espacio privado se enlaza con el espacio público: la familia es el núcleo de la sociedad. Prevenir la violencia doméstica es prevenir la violencia colectiva. Así lo afirma el diplomático y jurista brasileño Paulo Sérgio Pinheiro en el Informe Mundial Sobre la Violencia contra los Niños, publicado por Unicef. ”La exposición al estrés que provoca la violencia puede afectar al sistema nervioso e inmunológico en desarrollo, provocando mayor riesgo de sufrir problemas de salud física y mental. Así pues, la prevención adecuada y a tiempo de la violencia contra la infancia permite atender una multitud de problemas que, a largo plazo, imponen una sustancial carga social y económica a las naciones del mundo“.
En Argentina muchos profesionales se suman a la batalla para poner fin al maltrato. La Psicóloga Perinatal Carolina Mora es un claro ejemplo. “Es llamativa la cantidad de gente y profesionales de la salud que se sorprende ante la llamada “crianza con apego” pero no alzan la voz para manifestarse en contra del maltrato y el abuso de poder hacia los niños, siendo ésta la forma de vínculo más frecuente. Gritos, amenazas o violencia física, castigos que no son “correctivos o límites” sino formas de violencia y abuso. Las cosas por su nombre. Criar con amor, no importa cómo le llamemos, es dar amor, ayudar a internalizar los límites acompañando y respetando a nuestros hijos como lo que son, personas con iguales derechos y dignidades que cualquier adulto”.
Hacia una puericultura ética
Este es el (genial) nombre de uno de los capítulos del libro Bésame mucho, escrito por el Pediatra español Carlos González. ¿A qué se refiere? “Nuestra sociedad no trata a los niños con el mismo respeto que a los adultos. Cuando hablamos de un adulto, las consideraciones éticas son siempre primordiales y tienen prioridad sobre la eficacia o la utilidad. (…) [Pero] también en el trato con los niños existen principios. Que con ciertos métodos nuestros hijos tal vez comerían «mejor», o dormirían más, o nos obedecerían sin rechistar, o se estarían más callados…, pero no podemos usarlos”.
Quisiera finalizar el post reforzando la importancia de eliminar no sólo el castigo físico sino también el maltrato psicológico: la humillación, las amenazas, la ridiculización… Todas aquellas conductas adultas que no respetan la integridad ni la identidad de los menores, derechos debidamente resguardados por la Ley 26.061 sobre Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. Mención especial para los bebés, el eslabón más vulnerable:dejar llorar a un bebé también es violencia. Ya lo dijo el Obstetra francés Michel Odent: “Cuando un recién nacido aprende en una sala de nido que es inútil gritar… está sufriendo su primera experiencia de sumisión”.
Para seguir evolucionando humana y socialmente necesitamos comprometernos. La ética no es un modo más, es el deber ser. En palabras de Carlos González: “Algunos métodos (…) son eficaces, y puede que algunos incluso sean inocuos. Pero hay cosas que, sencillamente, no se hacen.”

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