lunes, 10 de noviembre de 2014

LA RAÍZ DE LA VIOLENCIA: 12 puntos (Alice Miller)

Hace ya varios años que está científicamente comprobado que los efectos devastadores de los traumatismos infligidos a los niños repercuten inevitablemente sobre la sociedad.

Esta verdad concierne a cada individuo por separado y debería – si fuese suficientemente conocida- llevar a modificar fundamentalmente nuestra sociedad, y sobre todo a liberarnos del crecimiento ciego de la violencia.

Los puntos siguientes ilustrarán esta tesis.

1. Cada niño viene al mundo para expandirse, desarrollarse, amar, expresar sus necesidades y sus sentimientos.

2. Para poder desarrollarse, el niño necesita el respeto y la protección de los adultos, tomándolo en serio, amándolo y ayudándolo a orientarse.

3. Cuando explotamos al niño para satisfacer nuestras necesidades de adulto, cuando le pegamos, castigamos, manipulamos, descuidamos, abusamos de él, o lo engañamos, sin que jamás ningún testigo intervenga en su favor, su integridad sufrirá de una herida incurable.

4. La reacción normal del niño a esta herida sería la cólera y el dolor. Pero, en su soledad, la experiencia del dolor le sería insoportable, y la cólera la tiene prohibida. No le queda otro remedio que el de contener sus sentimientos, reprimir el recuerdo del traumatismo e idealizar a sus agresores. Más tarde no le quedará ningún recuerdo de lo que le han hecho.

5. Estos sentimientos de cólera, de impotencia, de desesperación, de nostalgia, de angustia y de dolor, desconectados de su verdadero origen, tratan por todos los medios de expresarse a través de actos destructores, que se dirigirán contra otros (criminalidad, genocidio), o contra sí mismo (toxicomanía, alcoholismo, prostitución, trastornos psíquicos, suicidio).

6. Cuando nos hacemos padres, utilizamos a menudo a nuestros propios hijos como víctimas propiciatorias: persecución, por otra parte, totalmente legitimada por la sociedad, gozando incluso de un cierto prestigio desde el momento en que se engalana con el título de educación. El drama es que el padre o la madre maltratan a su hijo para no sentir lo que le hicieron a ellos sus propios padres. Así se asienta la raíz de la futura violencia.

7. Para que un niño maltratado no se convierta ni en un criminal, ni en un enfermo mental es necesario que encuentre, al menos una vez en su vida, a alguien que sepa pertinentemente que no es él quien está enfermo, sino las personas que lo rodean. Es únicamente de esta forma que la lucidez o ausencia de lucidez por parte de la sociedad puede ayudar a salvar la vida del niño o contribuir a destruirla. Esta es la responsabilidad de las personas que trabajan en el terreno del auxilio social, terapeutas, enseñantes, psiquiatras, médicos, funcionarios, enfermeros.

8. Hasta ahora, la sociedad ha sostenido a los adultos y acusado a las víctimas. Se ha reconfortado en su ceguera con teorías, que están perfectamente de acuerdo con aquellas de la educación de nuestros abuelos, y que ven en el niño a un ser falso, con malos instintos, mentiroso, que agrede a sus inocentes padres o los desea sexualmente. La verdad es que cada niño tiende a sentirse culpable de la crueldad de sus padres.Y como, a pesar de todo, sigue queriéndolos, los disculpa así de su responsabilidad.

9. Hace solamente unos años, se ha podido comprobar, gracias a nuevos métodos terapéuticos, que las experiencias traumatizantes de la infancia, reprimidas, están inscritas en el organismo y repercuten inconscientemente durante toda la vida de la persona. Por otra parte, los ordenadores que han grabado las reacciones del niño en el vientre de su madre, han demostrado que el bebé siente y aprende desde el principio de su vida la ternura, de la misma manera que puede aprender la crueldad.

10. Con esta manera de ver, cada comportamiento absurdo revela su lógica, hasta ahora ocultada, en el mismo instante en que las experiencias traumatizantes salen a la luz.

11. Una vez conscientes de los traumatismos de la infancia y de sus efectos podremos poner término a la perpetuación de la violencia de generación en generación.

12. Los niños, cuya integridad no ha sido dañada, que han obtenido de sus padres la protección, el respeto y la sinceridad necesaria, se convertirán en adolescentes y adultos inteligentes, sensibles, comprensivos y abiertos. Amarán la vida y no tendrán necesidad de ir en contra de los otros, ni de ellos mismos, menos aún de suicidarse. Utilizarán su fuerza únicamente para defenderse. Protegerán y respetarán naturalmente a los más débiles y por consecuencia a sus propios hijos porque habrán conocido ellos mismos la experiencia de este respeto y protección y será este recuerdo y no el de la crueldad el que estará grabado en ellos.

2008 Alice Miller

lunes, 27 de octubre de 2014

Todo niño tiene derecho a que se respeten sus sentimientos


Patricia Huertas, una docente que trabaja por un cambio educativo




Ante todo, muchas gracias por compartir con nosotros tu experiencia como docente. ¿Podrías contarnos un poco dónde trabajás y con niños de qué edades?
Gracias a ti por interesarte por mí y por nuestra metodología.
Actualmente, trabajo en un pueblo cercano a Jaén (Andalucía, España) en el que todos/as los/as compañeros/as de Educación Infantil trabajamos a través de Proyectos de Trabajo. Algo no muy común en nuestra provincia. Este curso soy tutora de un grupo de 5 años con el que llevo desde el tercer trimestre de 3 años.

En tu blog te describís como una "seño a la que no le gustan los libros y prefiere elaborar el material didáctico entre todos". ¿Por qué elegiste este camino y qué frutos ves día a día?
Cuando me preparé las oposiciones, presenté una programación basada en el Aprendizaje Basado en Proyectos y tenía muchas ganas de llevarlo a la práctica. Mi primer destino fue un aula con niños de tres cursos diferentes, 3, 4 y 5 años. Lo más coherente era investigar todos/as una misma temática, respetando el nivel madurativo y cognitivo de cada uno.
Una vez que empiezas, no hay marcha atrás. Comencé a formarme en el CEP (Centro de Profesorado) de la mano de maestras constructivistas como Blanca Aguilar, Mamen Laínez, Ana Ciudad, Ana Tobaruela, Inmaculada Llavero... con las que continúo enriqueciéndome a través de un grupo de seños con otra visión de lo que creemos que debería de ser la Escuela. Desde este enfoque, intentamos disminuir los momentos en los que rellenan fichas sin significado para ellos, en las que no se pueden evaluar ellos mismos y enseñan poco o nada.
Las propuestas didácticas que busco para mi alumnado son las que les hace que le salga humo por las orejas. Las que hacen pensar, las que hacen aprender del error, las que les servirán para la vida.
Veo en ellos cómo evolucionan, cómo pasan de una etapa a otra de la lectoescritura, valorando cada avance personal. 
Les veo súper interesados por lo que estamos investigando, realizando sus propias aportaciones que enriquecen al grupo en el que yo me incluyo. 
Se les ve emocionados, porque cada día es una aventura: tenemos visitas inesperadas, objetos que aparecen, mapas, cartas, notas, e-mail, talleres, rincones, psicomotricidad en el gimnasio, cuentos, ponencias magistrales impartidas por ellos/ellas... Son protagonistas de lo que están viviendo y de su aprendizaje. 

¿Te sentís parte de alguna escuela o corriente pedagógica? 
Sigo a diferentes pedagogos y líneas de trabajo que se basan en que el niño sea el que construye su aprendizaje. Se tiene en cuenta desde dónde parten y su evolución individual, una metodología en la que el alumno se pueda evaluar él mismo, para crecer. Clásicos como Vygotsky, Piaget, Bruner, Ausubel, Kilpatric... y pedagogos y maestros/as actuales como Francesco Tonucci, Estela D'Angelo, Miriam Nemirovsky, Jose Antonio Fernández Bravo, Luisa Ruiz Higueras, Cristóbal Gómez Mayorga, Carmen Díez...


¿Qué es lo más gratificante de tu trabajo? ¿Querés contar alguna anécdota en especial?
Es muy gratificante que APRENDAN. Puedo enseñar muy bien, metodología perfecta, buena formación... pero si no aprenden no sirve para nada. Pero lo más gratificante, es que APRENDAN FELICES. 
Hace poco volvió una alumna que estuvo en un cole con método editado durante un trimestre y me decía que allí sólo hacían fichas y que no estudiaban nada. Si una niña de 5 años es tan consciente de lo que falta en una escuela o una clase o en el proceso de enseñanza-aprendizaje, ¿por qué los maestros/as no nos damos cuenta? 

¿Qué te gustaría decirle a todos los padres y madres que te leen y sienten, como yo, que la educación necesita un cambio de rumbo?
Que tenemos una normativa que apoya esta visión de trabajo, aunque falte formación para muchos maestros/as e inspectores que creen que lo que ¿funcionó? con niños de hace 30 años, seguirá funcionando con los de ahora. Desgraciadamente creo que es más fácil que se jubilen a que cambien.
Les diría que queda mucho camino por recorrer, pero cada vez son más las/os maestras/os inquietos y con ganas de hacerlo mejor, porque se puede. Gracias a las posibilidades que nos brindan las TIC y a los/as maestros/as que comparten sus experiencias en la red y enriquecen al resto, EL CAMBIO ES POSIBLE. 

¿Cómo contactar a Patricia Huertas Mesa? A través de su blog Investigando para la vida o en Facebook.

lunes, 20 de octubre de 2014

Las emociones en la infancia

Foto: Kambrosis

Un tema nada sencillo el de las emociones. Solemos crear una dicotomía entre emociones "buenas" y "malas". Por ejemplo felicidad versus ira. Sin embargo todos los sentimientos son válidos y necesarios en su justa medida. Si no tuviera la posibilidad de indignarme y enojarme no sería capaz de actuar frente a una injusticia, por ejemplo. Ahora, si vivo enojada es otra la cuestión.

Es raro pero esto de que hay emociones negativas se lo transmitimos, queramos o no, a nuestros hijos. Desde fastidiarnos porque tienen un mal día hasta decir "no pasa nada" cuando se golpean. Sin pensarlo siquiera, estamos negando sus emociones y enseñando que estar triste o enojado está mal. 

Sobre esto habla la psicóloga Dorothy Corkille Briggs en su libro El niño feliz. De lo necesario que es dar a los chicos "la libertad de sentir". De sentir y no de actuar, vale aclarar. Pero dado que ellos son los dueños de su experiencia, es válido tener en cuenta que sus emociones pueden ser distintas a las nuestras.

Entonces, el miedo que parece infundado cobra otro sentido. Lo mismo el enojo, la felicidad, la tristeza y tantos otros estados emocionales.

Dice Dorothy: "Es bien interesante el hecho de que cuando uno se pone en el lugar de sus hijos y trata de ver el mundo desde el punto de vista de ellos, descubre a menudo lo razonable de sus proposiciones."

¿Ustedes qué piensan? ¿Notan que a menudo se minimizan o niegan las emociones de los chicos?