sábado, 13 de septiembre de 2014

¡Me siento desbordad@! ¿Qué hago? 10 claves para enfrentar conflictos familiares


La crianza está plagada de esos momentos de desborde donde sentimos que todas las teorías son inaplicables y las situaciones nos sobrepasan. Nos encontramos enojados, muchas veces gritando, y sin herramientas para enfrentarnos de otro modo a los conflictos.

Y si bien hay muchos libros recomendables que nos pueden ayudar, la vida cotidiana no siempre nos permite tener el tiempo para leerlos. Por todas estas cuestiones es que se me ocurrió resumir en estos 10 puntos algunas claves para encontrar un balance familiar. Tal vez algunas de ellas puedan ser positivas para ustedes.

¡Espero sus comentarios!

1. Seamos conscientes de nuestro estado de ánimo y del contexto.
Muchas veces los conflictos se ven agravados por nuestro humor, cansancio, estrés laboral, etc. Tomar consciencia del estado de ánimo es un extra que nos permite ser menos vulnerables a reaccionar impulsivamente.
Otras veces el contexto nos juega en contra: podría ser una casa ajena o un comercio. Los espacios públicos suelen ser particularmente poco aptos para los niños. Por ejemplo, un niño en edad de deambular (15 a 30 meses aproximadamente) dentro de un restaurante repleto de gente se convierte rápidamente en un problema. Busquemos espacios que se adapten a las necesidades de todos los miembros de la familia. Y si el contexto no ayuda probemos ser flexibles (punto 4) o cambiarlo.

2. Tomémonos un minuto antes de reaccionar.
¿No les pasa que la primera reacción suele ser más exagerada de lo que hubiesen querido? Por eso existen las técnicas de contar hasta 10. Pensemos un minuto cómo vamos a responder ante un problema y qué queremos lograr como objetivo (frenar, cambiar, consensuar, disuadir). Vamos a evitar muchos gritos innecesarios.

3. Comuniquemos claramente nuestras necesidades y las reglas del hogar.
Hablar de todo en casa es muy importante. Que cada miembro de la familia tenga su espacio para ser escuchado (realmente escuchado, sin interrupciones ni juicios) y las reglas se consensúen en conjunto suele ser muy beneficioso. Me gustaría incluir en ese punto el hecho de decir siempre la verdad a los chicos, sea el tema que sea, adaptando el lenguaje a su nivel de comprensión. Es muy común que los hijos estén nerviosos porque perciben problemas "de grandes" y no pueden expresar o comprender los hechos por falta de información. Un hogar democrático se construye entre todos.

4. Intentemos ser más flexibles.
No se trata de dejar que los chicos hagan lo que quieran, no. Siempre me encuentro escribiendo esta frase. ¿Será porque es una de las primeras críticas que recibo de quien no conoce sobre la crianza respetuosa?
Intentar ser más flexibles es pensar: ¿realmente es importante esta situación en este momento? ¿Si se baña ahora, dentro de diez minutos o mañana (suponiendo que el niño en cuestión no está cubierto de barro, digamos) no es lo mismo? La rigidez es un gran enemigo de la crianza. Recordemos que una clave para la supervivencia del ser humano es su capacidad de adaptación.

5. Conozcamos las características de la edad de nuestros hijos.
Si sabemos que los berrinches son normales, comienzan a los 18 meses (mes antes, mes después) o que los niños antes de los 3 años no comprenden totalmente el significado del "no" nuestras expectativas van a ser más realistas. No vamos a pretender que ordenen su cuarto antes de cierta edad ni que todos los días realicen las mismas rutinas sin quejarse o sin tomarlo como un juego. Esto se puede aplicar a cualquier edad. El pensamiento abstracto, por ejemplo, se va adquiriendo a partir de los 6 años y se completa a los 12. Hay reglas de comportamiento que, simplemente, no podemos pedirle a nuestros hijos si aun no están lo suficientemente maduros.

6. Reveamos y critiquemos siempre las interpretaciones de los comportamientos.
Esto pasa mucho. "Mi nena escribe la pared, le digo que no y se ríe. Me está desafiando" se puede leer también como "Mi nena escribe la pared, todavía no entiende bien que no se puede, le parece divertido". Infinidad de veces, diría yo, los adultos creamos problemas donde no los hay por seguir interpretaciones naturalizadas socialmente, pero que pueden ser erróneas. Todos los niños pasan por fases que son pasajeras (aunque pueden ser inoportunas y molestas, claro). Ellos aprenden con la repetición y el ejemplo, por lo cual necesitamos tener una dosis extra de paciencia.

7. Pidamos ayuda siempre que la necesitemos.
Si nos sentimos desbordados, pidamos ayuda. Ayuda para delegar otras tareas que nos entorpezcan la crianza, ayuda para poder tomarnos un tiempo propio de distensión o incluso ayuda profesional. Una consulta psicológica (familiar, individual, etc) o psicopedagógica (si el problema estuviese relacionado con el aprendizaje) nos puede desvanecer preocupaciones y sumar herramientas para el día a día.

8. Compartamos experiencias con otros padres.
Amigos, familiares, papás del colegio o desconocidos. Sí. Hoy es muy fácil compartir en Internet, leer foros, participar en grupos de Facebook y ponerse en contacto con otros padres en forma online. ¡Cuánto mejor nos hace sentir saber que otros están pasando por lo mismo! A veces compartiendo descubrimos estrategias e ideas nuevas. Y si no, de todos modos sabernos acompañados siempre es un plus.

9. Evitemos las situaciones que ya sabemos que generan conflicto.
Dependerá de cada familia ir conociendo las fuentes de los conflictos: pasar frente a un determinado comercio, llevar a los chicos a alguna parte cuando están cansados, planificar demasiadas actividades juntas, dejar a la vista una pertenencia que no podemos compartir entre todos, son algunos ejemplos.

10. ¿Y si me desbordé por completo? Sé que fui injusto con mis hijos... ¿Qué hago? 
Siempre estamos a tiempo de arrepentirnos y admitir nuestros errores. ¡Errar es humano! Yo creo que pedir disculpas es un buen comienzo, seguido de explicar nuestras razones y sentarnos a hablar (punto 3). Nadie puede pretender ser perfecto, eso no existe. Dejemos las culpas de lado y avancemos con la convicción de que podemos aprender a ser un poquito mejores cada día. Es el gran desafío de ser padres. ¿No creen?

lunes, 8 de septiembre de 2014

¿Es necesario poner límites en la crianza?




¿De qué hablamos cuando hablamos de límites? Pareciese que los límites son un concepto abstracto. Dice Casilda Rodrigáñez: ¿poner límites o informar de los límites? A mí en particular no me gusta nada hablar de límites. Hablaría de transmitir valores, reglas y demás. Como dice el Dr. Carlos González, en la adultez llevar adelante cualquier acción "sin límites" es sinónimo de algo positivo, ¿entonces por qué en los niños es algo deseable?


Sí, muchas veces habrá que decirles que no a los chicos y lograr que hagan cosas que no desean.

No, la crianza respetuosa no se trata de dejar "que hagan lo que quieran" ni de ser permisivos, esto es un reduccionismo en el que no deberíamos caer.

¿Pero queremos dialogar con nuestros hijos, escucharlos y que nos respeten verdaderamente? ¿O que tengan temor al castigo y se sientan incomprendidos? Es la diferencia entre la autoridad vertical y la horizontal de la que habla Rosa Jové.

Yo elijo la autoridad horizontal. Quiero legarle a mi hijo herramientas para su vida y valores que considero positivos. Pero, sobre todo, quiero que sea una persona segura y autónoma. Y que sepa tomar decisiones por sí mismo.

Algunos me suelen decir que yo llamo de otro modo a algo que es lo mismo. Pero creo que el lenguaje no es un hecho menor. Si quiero proponer algo nuevo, está bueno empezar por nombrarlo distinto. El límite tiene, claramente, una connotación negativa. "Ese chico esté buscando el límite". "A este otro le faltaron límites". Todas ellas son concepciones condescendientes. Lo que ocultan es la contracara adulta: falta de escucha y de empatía. Es más fácil castigar. Y más rápido el resultado. Es la sencilla y triste razón por la cual triunfa el conductismo en la crianza.

Nos pese o no, nuestros hijos nacen con alas. Está en nosotros cortarlas o enseñarles a volar.

Incluso "poner límites" se convierte en una tarea más en la (extensísima) lista de "deberes parentales". Como si se tratase de algo separado de la vida cotidiana. Nada más lejos de la realidad: nosotros enseñamos guías de comportamiento y valores cada día, con nuestras actitudes, palabras y acciones. Justamente no necesitamos generar más "deberes para el hogar". Eduquemos con el ejemplo, hablemos y escuchemos. Apostemos a una crianza en paz.

Esto no es más que una reflexión, una invitación a abrirnos y pensar desde otro lado. Les dejo más abajo algunos extractos de diferentes autores que suman al tema. Me gustaría leer sus opiniones.

Rosa Jové, La crianza feliz
El adultocentrismo es una forma de educar basada en la obediencia ciega y en la idea de que las normas se imponen de arriba abajo, es decir, de padres a hijos. Cualquier límite es un obstáculo para una crianza feliz. Yo no limito a mi marido, ni mi marido a mí: simplemente hemos hablado de lo que nos va bien en nuestra convivencia y lo hacemos. La palabra «límite» es una coacción a la libertad. Hemos de hablar a nuestros hijos de valores y no de límites. El hecho de usar la palabra «límite» casi exclusivamente con niños es un claro ejemplo de adultocentrismo.

Carlos González

¿Tiene sentido esperar de un hijo que obedezca sin rechistar? ¿No preferiríamos un hijo que es él mismo, que sabe expresar sus preferencias y negarse a algo que no le agrada? Y es aquí donde entran la perspectiva y la flexibilidad.

martes, 26 de agosto de 2014

¿Cuál es el problema de nuestro sistema educativo?


Hay un famoso dicho que reza que si das pescado a un hombre comerá un día, pero si le enseñás a pescar comerá por el resto de su vida. Sin embargo, yo creo que nuestro sistema educativo sigue insistiendo en dar a los niños el pescado listo (cocinado y condimentado). ¿No estamos haciendo algo mal?

Hace unos años salió el documental La educación prohibida, con más de 90 entrevistas a educadores de 8 países de Iberoamérica visitando 45 experiencias educativas. Un proyecto financiado colectivamente que busca repensar la educación y abrir el debate hacia una transformación social. Se las recomiendo. También esta charla TED y este documental sobre el sistema educativo finlandés.

Claudio Naranjo, un psiquiatra chileno, parte de la siguiente hipótesis: "No se educa para la sabiduría ni para la comprensión, se educa para pasar pruebas." Y nos dice el escritor español Rafael Narbona "¿Nadie recuerda que las escuelas imitan el modelo de la fábrica, con pupitres alineados (...)? ¿No es inhumano obligar a los alumnos a adoptar una posición pasiva de escucha, asimilación y reproducción de contenidos?"

¿Y cómo se cambia esto? ¿Es posible mejorar la educación?

Virginia Blaistein, educadora infantil argentina, opina: "Lo que hay que permitir simplemente es que el niño se conecte con su mundo circundante, que explore (...) Es decir, creer, tener mucha confianza en el niño, confiar en el niño, darle un ámbito de libertad para jugar y para explorar." Y Miguel Angel Domínguez, educador uruguayo, suma: "Entonces en realidad la clave es no desde afuera dirigir al niño, “esto está bien, esto está mal, esto lo tienes que hacer, esto no lo tienes que hacer”. En realidad tenemos que involucrar al niño y hacerlo responsable, que el se sienta responsable de que su vida es una construcción, es su propia construcción."

Esto es apenas un punto de partida. Una reflexión. Les dejo el decálogo de la Pedagogía Blanca para seguir pensando un cambio educativo, ¡y espero sus comentarios!
  • Creemos que un cambio del paradigma educativo es indispensable y que son los padres y educadores los que pueden realizarlo, impulsando cambios reales en sus aulas y hogares, sin esperar a que los legisladores les den permiso, empoderados de su propia responsabilidad como educadores.
  • Creemos firmemente que los niños deben tener un papel mucho más activo en su educación.
  • Creemos que los contenidos de la escuela deben ser mucho más flexibles y personalizados.
  • Creemos que los niños aprenden jugando.
  • Creemos además que los niños necesitan tener mucho tiempo libre por lo que la escuela no debería imponerles actividades lectivas.
  • Creemos que los niños deben ser valorados como individuos.
  • Creemos que los castigos son antipedagógicos.
  • Creemos que los niños deben ser respetados en su ritmo de aprendizaje y sus intereses.

sábado, 23 de agosto de 2014

Por qué elijo educar sin castigar


Estaba navegando por ahí y encontré la siguiente frase: “Es abuso cualquier comportamiento encaminado a controlar y subyugar a otro ser humano mediante el recurso al miedo y la humillación, y valiéndose de ataques físicos o verbales.” (Susan Forward, terapeuta y conferenciante). Inmediatamente pensé en los castigos.

Hace tiempo que vengo leyendo sobre el tema y cada día me convenzo más de que castigar a los chicos es un ejercicio de prepotencia, como dice el Dr. Carlos González. Dicha sea la verdad, son muchas las veces que los padres nos sobrepasamos, gritamos y hacemos cosas que no nos gustan. Pero siempre hay tiempo para tomarse cinco minutos y pensar. ¿Podemos hacerlo de otro modo? 

En este sentido les recomiendo Parenting without punishing (crianza sin castigos) de Norm Lee (online y en español); Crecer con confianza, educar sin castigos ni recompensas de Justine Mol; Creciendo juntos, de la infancia a la adolescencia con cariño y respeto de Carlos González; El niño feliz de Dorothy Corkille Briggs; La crianza feliz de Rosa Jové, entre otros.

En Parenting without punishing, una publicación gratuita de Norm Lee, se habla de una investigación llevada a cabo en Estados Unidos sobre violencia familiar. Los resultados demostraron que más del 95% de las personas habían sido golpeados, cacheteados y humillados de otras maneras durante la niñez, experimentando el horror y el trauma de ser atacados por aquellos adultos de quienes no tenían otra opción que depender para sobrevivir y tener amor y protección. No creo que los resultados hubiesen sido muy distintos en Argentina. Hagamos un poco de introspección y memoria.

Norm Lee dice: "La primera objeción al castigo es que no funciona. Que no sirve a nuestro propósito de "reformar" al niño, pues aunque el comportamiento externo pudiera cambiar temporalmente para evitar el castigo, la humillación es internalizada, sólo para resurgir más tarde. El castigo empeora las cosas casi sin excepción, sin importar que sea o no aparente inmediatamente. (...) La mayor parte de la gente cree en la efectividad del castigo porque brinda una apariencia de control. Pero al reprimir la hostilidad, impulsa la mentira, el engaño y la hipocresía y cosas aún peores."

El hecho es que vivimos en un mundo violento y plagado de disfuncionalidad familiar, ¿por qué no analizar las causas y condicionamientos que surgen en infancia misma?

Continua Lee (y yo comparto su visión): "Creemos en los valores tradicionales de la familia: La honestidad, responsabilidad, gentileza, respeto, valor, libertad, paciencia y auto-confianza. (...) Creemos en la auto-disciplina, tanto para padres como para niños." 

QUÉ ES LO QUE PROVOCA EL CASTIGO EN LOS NIÑOS

1. Le enseña que la violencia y la intimidación es el camino para lograr el poder, el control, respeto y madurez.


2. Produce sentimientos de ira y resentimiento. 


3. Hace que el niño se sienta culpable y desvalorizado, minando su autoestima. (sobre la importancia de la autoestima como base psicológica de todo ser humano leer El niño feliz).


4. Impide que el niño pueda madurar y aceptar su responsabilidad.

5. Mata la espontaneidad, el humor, la buena voluntad y la alegría de la niñez.

6. Disminuye su capacidad y habilidad de amar.

7. Ata psicológicamente al niño a la persona que lo castiga en un círculo vicioso que destruye su independencia y rompe su espíritu.

8. Daña el valor y la confianza, produciendo timidez y cobardía.

9. Induce el temor y la ansiedad, generalmente de por vida.

10. Priva al niño de la experiencia de la libertad y del derecho a una niñez feliz.

En Crecer con confianza, de Justine Mol, la autora menciona: "En un sistema de premios y castigos, los niños en lugar de cooperar, vivir en perfecta armonía y respetar a los demás, aprenden sobre la dominación: la persona con mayor poder es la que corta el bacalao y al resto no le queda más remedio que pasar por el aro o rebelarse." Para criar personas seguras de sí mismas debemos prescindir de los castigos.

Por su lado, el Carlos González en su libro más reciente retoma el mismo tema y es bastante categórico: "El castigo es completamente innecesario para la educación de los hijos. (...) Por desgracia, a todo el mundo le gusta las soluciones fáciles y rápidas que las que requieren tiempo y esfuerzo. (...) La palabra castigo se inventó para no llamarlo por su verdadero nombre: venganza."

¿Y cuáles son las alternativas? Muchas. ¿Se necesita paciencia? Seguramente. Y cambiar los patrones bajo los cuales venimos siendo criados (en la mayoría de los casos). Fomentar el diálogo, escuchar activamente, poner reglas claras que se consensúen en familia, respetar los sentimientos y pensamientos de nuestros hijos (aun cuando no estemos de acuerdo), preferir siempre la autoridad democrática u horizontal, confiar en nuestros instintos y en los chicos mismos. Les recomiendo los libros que cité al comienzo. Es un camino que vale la pena comenzar a transitar. ¿Ustedes qué piensan?

miércoles, 20 de agosto de 2014

Los niños y el sexo. ¿De eso no se habla?


Hace tiempo que tengo este tema en carpeta. ¿No sienten que se habla poco? ¿Que sigue siendo un enorme tabú?

Terminé de leer El niño feliz de la educadora y psicóloga Dorothy Corkille Briggs (se los recomiendo). Bucea en la psicología del ser humano con mucha claridad, poniendo de manifiesto la importancia de la autoestima. Me permito tomar algunos pasajes de este libro para que pensemos un poco en el sexo y los chicos.

¿Por qué el sexo es un problema? La autora comienza el capítulo con esta inquietud y la responde con sencillez: porque aun hoy la creencia de siglos atrás de que el sexo es malo y sucio sigue totalmente vigente. Pero "el sexo merece su justo lugar como impulso creativo y nutricio de la vida, con el que debemos manejarnos abiertamente." Y una de las claves es no considerar vergonzoso los sentimientos sensuales de nuestros hijos. "La perspectiva saludable se funda en lograr la comodidad del jovencito respecto de su sexo y de su rol sexual."

Quiero destacar esta frase: "El contacto físico afectará su capacidad futura para disfrutar la intimidad. La ternura y el respeto por el cuerpo del niño y sus necesidades constituye la primera exposición del niño al amor y, por consiguiente, a la educación sexual." Por lo cual, la educación sexual empieza mucho antes de lo que pensamos: con cada caricia y con cada mensaje corporal que enviamos a nuestros hijos desde el momento cero. "Cada vez que bañamos, vestimos o enseñamos a usar los artefactos sanitarios nuestras actitudes hacia sus cuerpos tienen tanta influencia como las preguntas que respondemos sobre el cuerpo, el nacimiento y el sexo. Impartimos educación sexual tanto en forma verbal como no verbal."

Otro pilar fundamental será nuestro ejemplo: "Cuando los padres del niño resuelven sus fricciones mediante una discusión abierta, y cuando le ayudan a él a dar salida a sus emociones, ese niño está recibiendo educación sexual positiva. Aprende que la confrontación no destruye el compromiso y el amor. Por el contrario, las discusiones intensas, prolongadas y destructivas pueden abrumar o asustar al niño. El niño vive la clase de relación que existe entre sus padres y se forma impresiones." 

Respecto de la autoexploración de sus cuerpos: "La forma en que manejemos sus primeras exploraciones de su cuerpo tendrá efecto marcado sobre sus actitudes hacia el mismo." (...) "Todos los niños se dan a la autoexploración y a ciertas formas de exploración mutua o de juego sexual. ¿Qué hacer? El niño saludable y normal toca e investiga sus genitales. No podemos impedir que este descubrimiento se produzca. El segundo período del juego genital se extiende entre los 3 y los 5 años, época en que el niño suele ligarse emocionalmente al progenitor de sexo opuesto al suyo. Lo que hay que enseñar es que debe hacerlo en la privacidad del hogar." (...) "Debemos preocuparnos cuando la masturbación se hace prologada y excesiva. Cuando esto ocurre, puede significar que las relaciones del chico con los demás dan al niño tan poca satisfacción que lo obligan a volverse sobre sí mismo. La masturbación puede servir para aliviar tensiones. Cuando es excesiva, es índice de que el jovencito es desdichado, o se ve sometido a presiones excesivas."

¿Qué pasa con las opiniones externas o las vivencias que tengan nuestros hijos fuera de nuestra familia? "El autorrespeto se nutre con la aceptación sincera del cuerpo y sus sentimientos sexuales. Aunque nuestras actitudes y enseñanzas sean positivas, los niños están expuestos a las actitudes negativas de otras fuentes. Todo lo que podemos hacer en este sentido es asegurarnos de que el entrenamiento que les damos sea realmente positivo, y hacerles ver que existen otras actitudes. Conviene recordar siempre que el niño que se tiene en alta estima es menos proclive a absorber tales actitudes negativas."

Fundamental el tema del género y criar en igualdad: "nada más devastador para el niño que creer que su sexo lleva las de perder. El sentir que su sexo, masculino o femenino, ocupa el segundo plano, destruye el autorrespeto, ya que nada puede hacer él para alterar la situación."

¿Y cuando nos preguntan sobre sexo? "Junto con la aceptación de sí mismo y de sus sentimientos, todo joven necesita información acerca del proceso reproductivo." La autora recomiendo consultar libros pensados a tal fin y aclara que esperemos a que ellos hagan preguntas específicas para comenzar a hablar del tema, y nunca dar más información de la pedida. Hacia los 3 o 4 años los niños suelen preguntar, pero si esto no ocurre ella recomienda sacar el tema no más tarde que a los 5 años. Además, "antes de llegar a la adolescencia el niño debe estar familiarizado con los hechos de la reproducción. Debe saber sobre la concepción, el embarazo y el parto; sobre la herencia, la menstruación y las poluciones nocturnas."

Me gustó también esta referencia al parto y nacimiento: "Se debe enseñar a los chicos que el proceso del nacimiento es perfectamente normal. Son muchos los jóvenes, especialmente las chicas, que viven aterrorizados ante una función humana normal." El terror al parto es algo que persiste en nuestra cultura y lo vemos como habitual, pero si educáramos de otro modo ese miedo irracional se perdería y todos aprenderíamos a vivir esta fase hermosa de la vida de otro modo, ¿no creen? Y yo sumaría también naturalizar el tema de la lactancia.

Otro punto de importancia: el respeto al otro. "Deben aprender que la expresión sexual madura implica responsabilidad personal en torno de la integridad de la otra persona implicada." Sumado al respeto propio: tu cuerpo es tuyo. "Todo chico debe saber que él tiene el poder de elegir a dónde quiere llegar y cómo ha de vivir su vida."

A veces es difícil tratar los temas sexuales, la autora lo sabe, y aconseja de este modo: "Los lazos afectivos fuertes con sus padres dan a los niños la seguridad necesaria" pero si el tema nos pone incómodos seamos honestos: dejemos en claro que el tema es legítimo e importante pero que no sabemos cómo tratarlo. Si es necesario derivemos la inquietud hacia otra persona competente.

También recomienda presentar los hechos con precisión. No podemos salir del paso con cuentos de hadas y luego ir con la realidad. "De esta manera destruiremos su confianza." Por lo cual, con dificultad, vergüenza o como nos salga, la educación sexual tiene que ser realista. Nuestros hijos se merecen este respeto hacia una parte fundamental de su vida.

¿Cómo viven este tema con sus hijos?

PD: al terminar de escribir este post encontré este artículo sobre el tema de la psicóloga infantil Laura Perales. No dejen de leerlo.

lunes, 18 de agosto de 2014

4 mitos sobre el colecho


1. El colecho crea niños dependientes: FALSO
Numerosos autores y profesionales (ver ¿Dónde comprar libros sobre crianza respetuosa en Argentina?) demuestran que, de hecho, los niños que son criados teniendo en cuenta sus necesidades, con respeto, contacto físico y responsividad son mucho más independientes y seguros de sí mismos. Y no olvidemos que dormir con los hijos es "la norma" en muchas sociedades como Japón o Suecia. Para más info sobre los beneficios del colecho click acá (un estudio en inglés muy completo del Dr. Sears), acá o acá.

2. "Si lo metés en tu cama no lo sacás más": FALSO
Durante agosto el Dr. Carlos González dio conferencias en Sudamérica y uno de los estudios que presentó demostraban que, precisamente, era al revés. Los niños que comenzaban a colechar a partir de los 2 a 4 años tardaban muchos más años en irse de la cama de sus padres. Si consultan con su entorno van a escuchar cientos de historias en las cuales los bebés dormían solos en sus cunas pero -sin miedo a equivocarme- me atrevo a decir que todas las familias experimentan un traspaso de camas nocturno cuando los hijos ya cuentan con los medios para hacerlo (2 o 3 años). Pese a todo esto, no se conocen estadísticas oficiales de adolescentes que duerman en la cama de mamá y papá :)

3. El colecho termina con tu vida sexual: FALSO
Por alguna extraña razón la mayoría de las personas asocia el sexo exclusivamente con las noches y con la cama matrimonial. Esto no habla bien de nosotros, ¿dónde habrá quedado nuestra creatividad? Además, no se tiene en cuenta que existen soluciones intermedias, como que el niño duerma una parte de la noche solo y el resto acompañado (que es lo que ocurre usualmente en la mayoría de los hogares).

4. Si duerme en tu cama, tu hijo "ganó la batalla": FALSO
Este tipo de frases es sumamente dañino. La crianza vista como un campo de batalla donde, desgraciadamente, siempre alguien tiene que perder. La necesidad de los bebés y niños de dormir junto a sus padres es algo totalmente natural que tiene que ver con nuestra condición de humanos, con nuestra evolución, con nuestra necesidad de protección y con nuestro instinto de supervivencia.

El colecho es una elección de cada familia, no dejemos que ningún prejuicio se interponga en nuestras decisiones.

¿Qué otros mitos sumarían?

sábado, 16 de agosto de 2014

Añorada y temida alimentación complementaria



Así como la teta no es sólo alimento, la comida tampoco es sólo alimento. La comida es un hecho cultural y familiar y está influida por factores que ni siquiera pensamos.


La alimentación complementaria es muchas veces tan ansiada como temida. ¿A qué edad empezar, cuánto tiene que comer, qué tiene que comer? ¿Y las alergias? A veces el momento del primer bocado nos da ilusión pero pronto se puede convertir en otra batalla diaria.

Por eso, antes que nada, les recomiendo leer Mi niño no me come de Carlos González. Un libro que les va a dar tranquilidad y seguridad respecto de esta nueva etapa. Tomo de este libro algunos consejos, sumados a algunos datos de Mmm... ¡qué rico!, de la nutricionista pediátrica Jane Clarke.

Antes de empezar: es fundamental que, más allá de la edad, el bebé cumpla con 4 requisitos:
1. Demuestre interés en la comida.
2. Se siente con apoyo y mantenga la cabeza erguida.
3. Coordine ojos, manos y boca como para llevarse el alimento a la boca solo.
4. Pueda tragar sólidos (es decir, haya perdido el reflejo de extrusión que es algo totalmente natural). Si tu bebé escupe todo lo que le pongas en la boca, hay que esperar.

Es bueno pensarlo de este modo: los primeros alimentos son sólo un juego, el alimento principal va a seguir siendo la leche (en inglés hay un dicho: Food before one is just for fun, la comida antes del año es sólo para divertirse). Hay bebés que quieren comer antes de los 6 meses (mi hijo empezó a pedir a los 5) y otros que no quieren saber nada hasta mucho después. Y lo mismo las cantidades: puede ir de 2 cucharaditas a un platito. Todo esto es normal, todos los seres humanos somos distintos. Por eso es fundamental que nunca obliguemos a comer a nuestros hijos y que la comida sea un momento compartido y relajado. Dejemos que nuestros bebés jueguen, exploren, conozcan las texturas de los alimentos, saboreen y relacionen la hora de comer con un lindo momento en familia.

La mayoría de los pediatras suelen ser bastante estrictos con lo permitido y lo no permitido (y varía muchísimo de un país a otro), pero en general los prohibidos al comienzo son el gluten, las grasas, la leche común, el pescado, los mariscos, la sal, la miel y el azúcar. Por supuesto, antes de empezar les recomiendo hablar siempre con sus pediatras y revisar las alergias de sus familias.

De todos modos, respecto de las alergias, el nutricionista Julio Basulto dice: “Si aplicamos la lógica, parece sensato retrasar la aparición de los alimentos potencialmente alergénicos en la dieta del bebé. Sin embargo, la lógica no siempre coincide con las pruebas científicas. En este caso, tal y como indican hoy las principales asociaciones de pediatría, y como confirmó en mayo de 2010 una revisión publicada en Current Opinion in Clinical Nutrition & Metabolic Care, es innecesario demorar la incorporación de alimentos potencialmente alergénicos en bebés. De hecho, incluso podría ser contraproducente. Lo verdaderamente relevante es la progresión, es decir, hacerlo poco a poco (siempre a partir de los 6 meses de edad) para comprobar la tolerancia del bebé. Si al día siguiente de incorporar una novedad en su dieta, el niño sigue bien, adelante con otra.”

Empecemos con un consejo: al principio la cantidad de comida que van a necesitar es muy pequeña, por lo que es buena idea cocinar en grandes volúmenes y freezar en porciones (yo utilizaba cubeteras y cuando ya estaban congelados los cubitos los colocaba en bolsitas para freezer, rotulando el alimento y la fecha).

Respecto del modo de cocción: si bien se puede cocinar perfectamente en agua potable por medio del hervor, es mejor todavía cocinar al vapor (se pierden menos nutrientes), esto se consigue con una vaporera/vaporiera eléctrica o común, pero les doy otro buen consejo: pueden hacer todo tipo de verduras en el microondas, es muy rápido (el libro de Jane Clarke recomienda este método). No hace falta poner bolsas ni pinchar las verduras. En 4 minutos, por ejemplo, se cocina una batata grande entera. 

Los pediatras también recomiendan sumar calorías a las papillas, ya que las verduras solas tienen muy pocas. Acá deberían consultar con el suyo, yo solía usar aceite de oliva. Recordemos que no es necesario procesar los alimentos, simplemente se pueden pisar con un tenedor (muchos recomiendan dar siempre alimentos con textura, para que a partir del año podamos empezar a dar "comida normal" y la transición sea más sencilla). Y cuando los bebés ya coordinan mejor sus manos también podemos darle trocitos.

Las opciones son muchas, lo bueno es animarse, consultarlo y probar. No hace falta que nuestros bebés coman sólo manzana rallada y calabaza. Sólo importa que introduzcamos los alimentos de a uno. Mis opciones para los primeros meses eran: maíz, batata, zanahoria, arroz blanco bien cocido, quínoa, avena, polenta, lentejas, arvejas (las congeladas son las mejores), banana, manzana, pera, ciruela, cítricos y tomate sin piel ni semillas, palta, pollo y carnes rojas. Siempre cualquier producto fresco será preferible que uno procesado. Los alimentos envasados y procesados "para bebés" yo los dejaría sólo para una emergencia (o ni eso). Si podemos evitarlos, mejor.

Y si no come, ¡ya comerá! Escuché muchísimas mamás angustiadas que decían "mi bebé no quiere comida, sólo quiere teta". Y un pésimo consejo que pueden recibir estas mamás es "negale la teta, si no come comida, no hay teta". Esto es un disparate, el mejor alimento para todos los bebés es la leche materna. Y sí, eventualmente, esos bebés también comerán. Pongo este ejemplo porque suele ser lo más habitual, los bebés que toman leche de fórmula también seguirán alimentándose principalmente con la leche, la alimentación es complementaria porque complementa justamente la leche.

¡Buena suerte! Cuéntenme sus experiencias. ¿Cómo viven o vivieron esta etapa?