martes, 10 de mayo de 2016

¿Por qué es necesario dar explicaciones a los niños?

 
Hoy comparto con ustedes un texto pequeño sobre la importancia de hablar con nuestros niños, decirles siempre la verdad, adelantarnos a las situaciones y jamás irnos sin antes despedirnos. Su autora es la psicóloga argentina Alba Pozo.

“Año 1985. Yo era mamá y psicóloga… ( lo sigo siendo). Hacía ocho años que me había recibido y me estaba especializando en psicoanálisis de niños. Leía a Freud, a Ana Freud, a Melanie Klein, a Lacan, a… Pero con todas estas teorías en mi cabeza, creo que era el corazón, sobre todo, el que me indicaba que había que explicarle TANTAS cosas a esa niñita hermosa de casi tres años, que me miraba con esos ojos inteligentes de uvita chinche. Le explicaba, le anticipaba si me iba a trabajar, si iba a salir , con quién se iba a quedar en mi ausencia. A dónde íbamos si salíamos a pasear, si al doctor, o a la casa de alguien. Ella esperaba, necesitaba, pedía esas explicaciones y entendía todo. Y cuando quería preguntaba y preguntaba…
 
Todos los niños necesitan que se les explique, que se les adelanten las situaciones que van a vivir: ir al médico, a la escuela, a otra casa, a la plaza. Si fallece un familiar o amigo, hay que buscar las palabras, simples, pero ofrecérselas. Hasta si tenemos un mal día y estamos de mal humor podemos explicar y hasta disculparnos, si corresponde. Los niños no son objetos que desplazamos. Son personas y entienden muy bien si somos claros con ellos. Explicar, aclarar, responder preguntas: son otras de las formas del respeto y del amor.”


Alba L. Pozo es Lic. en Psicología (UBA) y cuenta con 38 años años de experiencia en la atención psicológica de familias, parejas, niños, adolescentes y adultos.
Este post perteneció originalmente a mi blog de Infobae.com

martes, 26 de abril de 2016

Mantra para un bebé ángel




Estas palabras están dedicadas con mucho amor y respeto a L. y a todas aquellas mamás que perdieron un bebé por nacer; esperando que el dolor pese un poco menos.

Te soñé, sentí, acuné. Te nombré. Cerré los ojos y hasta te vi. Tibio. Un corazón diminuto latiendo al compás del mío ¿Te acordás? Llegaste ese día para modificar mi vida para siempre. En estas cosas no hay retorno: el amor es así, te atraviesa. Lo que toca el alma trasciende y habita en algún lugar, aunque a veces sea un lugar olvidado y desconocido. De algún modo seguís acá, presente en cada caricia, en cada palabra, en cada recuerdo y en cada paso. Presente. Para siempre. Porque si los hijos nos enseñan a amar incondicionalmente, vos llevaste esa enseñanza hasta el infinito. Gracias por el tiempo que compartimos. Gracias por elegirme.
Mamá

sábado, 26 de marzo de 2016

Ivana Raschkovan: "Como sociedad tenemos una gran deuda hacia la infancia"

Foto: Propiedad de Ivana Raschkovan

Ivana, muchas gracias por tu tiempo y por tener ganas de compartir tu experiencia profesional y maternal con nosotros. ¿Sentís que la maternidad te cambió la perspectiva como psicóloga? ¿En qué aspectos?
La experiencia de la maternidad me atravesó de múltiples maneras y una de ellas es sin dudas desde mi rol profesional. Como primer medida me condujo a interrogar y cuestionar ciertos discursos sociales o mitos acerca de los niños y de la crianza, que hasta ese momento ni sabía que existían. Nunca me los había cuestionado simplemente porque desde mi perspectiva profesional no me resultaban visibles e incluso sin darme cuenta contribuía a perpetuarlos.
¿Cambiaste de opinión o enriqueciste tu mirada sobre algún tema?
¡Uf, sobre muchos! Casi todo el edificio conceptual tuvo que ser sometido a revisión al abrirse ante mí un nuevo universo respecto de lo que implica el vínculo de una mamá y su bebé. Sentí la necesidad de estudiar más sobre lactancia, fisiología, neurociencias, psicomotricidad. Acompañar a mi hijo en su desarrollo me condujo a querer aprender sobre muchas cosas que antes no me resultaban tan esenciales. Esto indudablemente enriqueció mi mirada como psicoanalista y, sobre todo, al encontrarme durante esa búsqueda con la crianza respetuosa. Este encuentro marcó un verdadero acontecimiento en mi formación profesional

¿Cómo son tus encuentros de crianza? ¿Qué es lo más enriquecedor de ellos?
En los encuentros de crianza participan papás y mamás con sus bebés. Es un espacio de intercambio donde se habla sobre temas referidos a la crianza, se plantean preguntas, se comparten miedos y las experiencias de cada familia. En nuestra sociedad actual y en ciudades como Buenos Aires, criar a los hijos se ha vuelto una tarea muy solitaria y nos encontramos con muchas mamás que suelen sentirse encerradas y solas en la crianza. Desde mi punto de vista esto es lo más enriquecedor de los encuentros, la posibilidad de que las mamás y también los papás, se encuentren con otros a quienes les suceden cosas parecidas. Lo que intentamos desde nuestra posición profesional es no bajar una línea ni dar “consejos” prefabricados, porque confiamos y creemos en el saber que trae cada familia. Nuestra principal función es la de brindar una matriz de apoyo a los padres, facilitar información, contener y sostener lo que cada familia elige. ¿Quiénes somos nosotras para decirle a una mamá o a un papá cómo debe criar a su hijo? Fomentar el encuentro de madres y padres con otros a los que les suceden las mismas cosas ya de por sí  es muy enriquecedor.

Los padres solemos hacer muchas preguntas de crianza a los psicólogos. ¿Cómo es tu acercamiento a estos temas?
Mi funcióncomo profesional, tanto en los encuentros como en las consultas sobre crianza, creo que tiene que ver con acompañar, sostener a los padres, pensar con ellos y muchas veces ayudarlos a ayudar a sus hijos. Incluso es algo que también trabajo mucho en los tratamientos terapéuticos con niños. Atender a un niño, brindar tratamiento psicoterapéutico implica la mayoría de las veces un trabajo con el chico y con la familia. Nunca para juzgar ni mucho menos para decirle a una mamá o a un papá lo que debe hacer, sino para entender juntos qué le sucede a su hijo e intentar ayudarlo. El objetivo es que luego de un tiempo de trabajo, ese niño o esa familia ya no me necesite más. Acompaño mientras sea necesario, una vez que el trabajo terapéutico está hecho, considero que hasta puede ser perjudicial extender el tratamiento.

¿Hay temas prefieras evitar?
Intento en lo posible evitar lo que no me compete profesionalmente. No por evitar ciertos temas, sino por no estar formada para hablar sobre eso. Muchas veces me consultan por temas que no son para ser abordados en una consulta psicológica, mi intervención en esos casos consiste en acompañar y orientar a la familia hacia un profesional de otra disciplina como una puericultora o el pediatra. Para eso estamos armando una Red Interdisciplinaria de Profesionales a favor de la Crianza Respetuosa, porque necesitamos contar con profesionales de distintas disciplinas.

¿Qué cosa es fundamental no dejar de lado al hablar de crianza con las familias?
Para mí siempre es importante no perder de vista el respeto hacia el niño como sujeto de derechos, así como tambien resulta esencial hablar de las necesidades afectivas de los bebés y los niños. Vivimos en una época en la cual los discursos culturales promueven el desapego, se reivindica la individualidad y la independencia, a veces, a cualquier precio. Creo que como sociedad tenemos una gran deuda hacia la infancia, de ofrecerle un lugar y un cuidado diferente. Muchos de nosotros crecimos en familias adultocéntricas, en las cuales lo infantil quedaba relegado a algo menor y sin importancia. No creo que se trate tampoco, como sostienen algunos autores, de volvernos bebecéntricos porque entonces estaríamos descuidando las necesidades y los deseos de cada mamá y papá. En todo caso considero que se trata de conciliar, de cuidar el vínculo y a cada integrante del mismo. Plantear la crianza en términos de adultocentrismo o bebecentrismo nos confronta con las limitaciones propias de las oposiciones binarias. Creo que debemos superar esas diferencias oposicionales para no caer en reduccionismos unilaterales.

Te definís a favor de la crianza con apego o crianza respetuosa. ¿Quiénes serían tus referentes?
Yo suelo preferir hablar de crianza respetuosa más que de crianza con apego, porque la noción de crianza con apego no me parece precisa, resulta ambigua y redundante. Todos criamos con apego, sólo que hay distintos tipos de apego según la teoría que lleva su nombre. En cambio, hablar de crianza respetuosa creo tiene que ver con una posición ética por parte del adulto, que reconoce al niño como otro diferente y que merece el mismo respeto que cualquier ser humano. Es difícil nombrar referentes porque hay muchas publicaciones de crianza que tienen una posición a mi gusto demasiado radical y considero que el problema al oponerse es que corren el riesgo de volverse tan fundamentalistas y extremas como aquello que buscan cuestionar. Pienso que bajar una línea y decirle a una madre o a un padre lo que tiene que hacer o cómo debe criar a su hijo, no es ser respetuoso de la singularidad, del deseo y de la idiosincrasia de cada familia. Alguien a quien admiro y respeto mucho por su posición es al Dr. Carlos González (pediatra español), creo que además de saber mucho sobre pediatría y crianza, tiene un modo muy amable de dirigirse a los padres y a los niños. Por otro lado, admiro profundamente al pediatra psicoanalista Donald Winnicott, creo que es un claro exponente de que es posible hacer un psicoanálisis respetuoso: respetuoso de los procesos madurativos el niño y de los padres que conforman el ambiente (facilitador o no) en el cual se encuentra inmerso.

Foto: Propiedad de Ivana Raschkovan


Ivana Raschkovan es Psicóloga Clínica, docente de la Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), integrante de equipo de investigación de proyecto UBACyT, Coordinadora Institucional de APRIN Psicología, Coordinadora de Crianza Infantil, psicoanalista de niños y adolescentes, coordinadora de grupos de crianza y de talleres mama-bebé. Brinda charlas a instituciones educativas y consultas de orientación a padres.  ivana@aprinpsicologia.com.ar 
www.crianzainfantil.com
www.aprinpsicologia.com.ar 

sábado, 19 de marzo de 2016

Estar en brazos de mamá, una necesidad


Durante los primeros meses luego del nacimiento, si todo anda bien, el bebé experimenta una vivencia de fusión con la madre, que consiste en un estado de indiferenciación entre ambos. No hay diferencia yo/no-yo, no hay separación entre los cuerpos; el niño literalmente habita en el cuerpo materno.
A este proceso se lo denomina exterogestación: el bebé se encuentra fuera del útero pero requiere de cuidados similares a los que recibía dentro de la panza de su mamá.  Necesita del contacto constante con ella. Por esta misma razón la mayoría de los bebés lloran si se los acuesta solos en su cuna y muchas veces se despiertan cuando se los separa de los brazos.
Es la mamá (o quien cumpla dicha función) quien permitirá con sus cuidados que el niño pueda soportar ese estado de dependencia absoluta del que parte al comienzo de la vida y que conduce a que pueda constituirse como un ser diferente de la madre.
Esta individuación será el resultado de un complejo proceso de maduración que le permitirá convertirse en un ser autónomo. Sólo a través de este proceso un chico puede llegar a conformarse como un individuo con una independencia relativa respecto de su madre, dependiendo de ella cada vez menos a lo largo de su desarrollo.
No obstante, recorrer este camino requiere de un tiempo y de ciertas condiciones necesarias provistas por el entorno. Si ese estado primario de fusión al cuerpo materno se ve obstaculizado o separado precozmente, el niño se verá impelido a desarrollar mecanismos defensivos para soportar ese estado de no integración debido a su inmadurez.
 Un bebé que pide por su mamá cuando un extraño lo alza, no lo hace porque es “mamengo”. Simplemente se trata de que ese niño aún no está preparado para soportar por mucho tiempo la distancia con el cuerpo de su madre.
Es muy común ver cómo el pequeño, cuando comienza a explorar el mundo, necesita retornar después de cierto tiempo (que resulta cada vez más prolongado) a refusionarse con su mamá para luego poder volver a seguir explorando.
Si no ofrecemos condiciones para que se establezca ese contacto y ese deambular, no estamos siendo respetuosos y facilitadores de ese proceso.
Una buena unión es necesaria para luego poder separarse y ser seres independientes. Si esa fusión primaria se ve interferida, nos encontraremos con niños inseguros y temerosos, o en el peor de los casos, con individuos desapegados y emocionalmente inestables.
* Lic. Ivana Raschkovan. Psicóloga clínica. Docente de la Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), Cátedra Clínica de Niños y adolescentes; facebook.com/CrianzaInfantil.
 Fuente: Clarín

domingo, 21 de febrero de 2016

La Comunicación No Violenta aplicada a la crianza


¿Qué es la Comunicación No Violenta (CNV)? La CNV (o comunicación empática) es un modelo de psicología de la comunicación desarrollado por Marshall Rosenberg que tiene como fin lograr que las personas se comuniquen de manera clara y empática, evitando el lenguaje evaluativo que etiqueta en lugar de expresar y entender.

La CNV busca encontrar una manera de que todos los involucrados obtengan lo que es importante para ellos sin recurrir a la culpa, la humillación, la vergüenza, la coerción o las amenazas. Resulta muy útil para resolver conflictos, conectarse con los demás y vivir de una manera más consciente.

Podemos utilizar los principios de la CNV para mejorar la comunicación en cualquier ámbito de nuestras vidas, ¿por qué no tomarlos como base para generar intercambios respetuosos dentro de nuestra familia?


Quisiera destacar 3 puntos clave:
  • En la CNV las necesidades no son caprichos: se trata de identificar las necesidades y las emociones que subyacen a toda acción. Esta cuestión es fundamental como base de la crianza respetuosa y se puede aplicar a las relaciones tanto con los niños como con otros adultos. Validar las necesidades y acciones de los demás nos permite comunicarnos desde la empatía y el respeto, buscando soluciones y dejando de lado discusiones, castigos y otras formas nocivas de relacionarnos.
  • Otra clave: no tratemos de discutir con una persona enojada, sólo escuchémosla. Una vez que hayamos entendido sus sentimientos y necesidades y hayamos mostrado que lo escuchamos sin juzgar, puede que esté listo para escucharnos. Si hablamos de niños muy pequeños a veces simplemente se trata de ponernos a su altura y esperar, u ofrecer un abrazo.
  • La técnica básica es conectarse primero emocionalmente para identificar las necesidades de cada uno, luego buscar una solución. Ir directamente a la resolución del problema casi siempre deja a la persona con el sentimiento de que no fue escuchada.

Entonces, ¿cómo se aplica la CNV? Vamos a centrarnos en sus 4 pasos: observaciones, sentimientos, necesidades y peticiones. 

1. Expresá observaciones (hechos concretos). Buscá que sean verdaderas observaciones objetivas. Por ejemplo, “veo ropa tirada en tu cuarto” es un hecho observado, mientras que “tu cuarto es un chiquero” es una evaluación. Los demás no siempre concuerdan sobre las evaluaciones porque pueden valorar las cosas de manera diferente, pero los hechos concretos proporcionan un terreno común para empezar a hablar.

2. Planteá el sentimiento que este hecho te provoca. Nombrar la emoción sin juzgar te permite conectarte de manera respetuosa y cooperativa. Por ejemplo, “mañana tenés un examen y veo que andás paseando de un lado a otro de la casa (observación), ¿estás nervioso?” o “veo que son las 5 de la mañana y recién llegás a casa, esto me produce miedo". No siempre los sentimientos son fáciles de expresar con palabras, hagamos un esfuerzo de introspección.

3. Formulá la necesidad que produce ese sentimiento. Cuando nuestras necesidades son satisfechas, somos felices, y cuando no, experimentamos frustración. Si logramos identificar el sentimiento es más fácil localizar la necesidad oculta. Por ejemplo, “veo que no me mirás cuando te hablo (observación), me siento incómodo (sentimiento), necesito que me mires para poder conversar (necesidad)". 

4. Hacé una petición concreta para satisfacer esa necesidad. Pedí clara y específicamente lo que querés en este momento, en lugar de ir con rodeos o indicar solamente lo que no querés. Por ejemplo, “no dijiste nada en los últimos 10 minutos (observación), ¿estás aburrido? (sentimiento)." Si la otra persona respondiera que sí, podríamos compartir los propios sentimientos y proponer una acción concreta: “bueno, yo también estoy aburrido, ¿por qué no vamos a la plaza?". Para que la petición sea realmente un pedido (y no una orden) es necesario permitir que la otra persona diga que no y/o proponga otras opciones.

Un ejemplo completo para los cuatro pasos sería: “Veo que... Siento... porque necesito... ¿Por qué no probamos....? O para la otra persona: "Veo que... ¿Sentís que... porque necesitas...? ¿Te gustaría que yo...?

Este simple modelo de comunicación puede ser usado entre adultos y con niños desde muy temprana edad, y es especialmente útil para relacionarnos con adolescentes.

Recordemos lo importante: expresar observaciones, identificar sentimientos y necesidades, escuchar sin juzgar, proponer una solución, nunca recurrir a las amenazas, al miedo, a la coerción ni a juicios que avergüencen al otro.

¿Pensás que podrías aplicar estos principios en tu casa? ¿Ya los conocías? Si tenés dudas dejame tu comentario, escribime a criandopensamientos@gmail.com o contactame a través de Facebook.

miércoles, 17 de febrero de 2016

"Mi hijo no me hace caso": Límites, crianza y obediencia.


Un tema que, sin duda, desvela a padres y madres. Por algún motivo la obediencia infantil en el siglo XXI sigue siendo un gran imperativo y el "hacer caso" una conducta deseable y positiva.

¿Es hora de cambiar de paradigma? ¿Podemos pensar la crianza desde otro ángulo? Sobre este tema consultamos a dos psicólogas argentinas especializadas en infancia y crianza: Ivana Raschkovan y Carolina Mora.

¿Cómo abordamos el tema de los famosos "límites" con los niños?
Carolina: Los límites existen, la realidad por si misma los impone. Es imposible hacer todo lo que queremos, tanto para los niños como para los adultos, el transcurrir mismo nos va presentando distintas situaciones donde se nos impone un límite. Ahora bien, como adultos es nuestra responsabilidad durante la crianza transmitir esos límites, comunicarlos en un lenguaje accesible y acorde a la edad del niño, de forma tal que poco a poco, vayan siendo internalizados.
Ivana: Una de las consultas habituales de los padres en los encuentros de crianza con niños pequeños suele ser la comunicación de los límites. “Le digo que no lo haga, me mira y lo hace igual” es una frase recurrente que muchas veces conduce a interpretar ese comportamiento como rebeldía o desafío. ¿Es así? ¿Se trata de una verdadera desobediencia? El sentido que imprimamos a este comportamiento dependerá de cuál sea nuestra concepción de niño y como entendamos los límites. Los niños necesitan de nuestra guía y orientación para conocer el mundo, para aprender cuáles son los comportamientos socialmente aceptables y cuáles no lo son. Ningún chico nace sabiendo esto, no se trata de un conocimiento innato sino de un saber hacer que se construye a partir de la experiencia. Los padres oficiamos como portavoces de la cultura, somos un pedazo de mundo, representantes para el niño de la sociedad. Y como tales somos los encargados de transmitirles además de amor y cuidado, ciertos límites y comportamientos sociales.
¿Y cómo podemos encarar el tema de otro modo?
Si en lugar de pasivizar al niño lo integramos en este proceso como un sujeto activo en la construcción del límite, veremos que se trata de eso, de algo a construir. Si el adulto se impone por la fuerza sacando provecho de su tamaño e intentando dominar al niño mediante retos y castigos, tal vez consiga cierta obediencia pero a costa de infundir miedo y sometimiento. El niño "hace caso" (si es que lo hace) no porque haya aprendido verdaderamente sino por temor a recibir represalias. Los límites no pueden imponerse ni tampoco un chico puede adquirirlos por sí solo. La construcción de los límites consiste en un proceso interno, trabajoso y duradero, pero que paradójicamente se produce afuera del niño, en el "entre", en el encuentro intersubjetivo con los adultos de referencia. Hablar de los límites no es solamente decir que NO, es matizar, ofrecer condiciones de posibilidad, es construir un entramado espacio-temporal. 

¿Cuáles son los desafíos a la hora de construir estas normas juntos en familia?
Ivana: Creo que uno de los mayores desafíos actualmente para la construcción de los límites es el tiempo que deben pasar muchas mamás y papás fuera de su casa. Para poder favorecer este proceso, se necesita de tiempo compartido, juegos (no hay aprendizaje verdadero en la infancia que no pase necesariamente por el jugar) y por sobre todo mucha paciencia. Hace falta que un otro humano esté presente, disponible; son aprendizajes que no pueden darse frente a una pantalla. Entonces, ¿cómo se construye el límite? Jugando, practicando, insistiendo, hablando pero siempre de manera amable y empática. Basta con decirlo amablemente y repetirlo todas las veces que sea necesario, no hay razón para gritar o castigar. Para aprender algo, es inevitable repetirlo muchas veces. Ni los chicos ni los grandes aprendemos a la primera. Es condición que se repita para poder internalizarlo. Si un niño agarra algo que no debe, el error es nuestro por haberlo dejado a su alcance. Si ya lo agarró, podemos explicarle amablemente que eso no debía estar a su alcance y simplemente lo ponemos en un sitio donde el niño no pueda llegar. Seguido a esto podemos ofrecer otra cosa con la que sí pueda jugar. Desviar su atención hacia otra cosa es como decir: con esto no se puede, pero con esto sí. 
Carolina: ¿Cómo comunicar límites acompañando respetuosamente la frustración que esto provoca en el niño? Este es, en sí mismo, el más grande desafío. Frustración que por un lado, se expresa en el enojo del niño, en la rabia por no poder hacer/tener aquello que desea; por otro lado y no menos importante, la frustración que como padres/cuidadores nos genera el tener que lidiar con el enojo del niño. Como adultos tenemos que aprender a tolerar la frustración de los niños, acompañar sus enojos poniendo en palabras comprensibles y sencillas que a pesar de que la realidad impone un límite, nosotros estamos allí para quererlos y contenerlos. Devolver abrazos donde hay patadas, palabras de cariño donde surgen los gritos, ofrecer la calma donde aparece el desborde les permitirá tomar de nosotros las herramientas para en un futuro, aprender a regular sus emociones de forma autónoma y saludable.  
¿Por qué se confunde tanto la crianza respetuosa con la permisividad?
Ivana: Suele confundirse la noción de criar respetuosamente con la ausencia de límites. Yo suelo decir que es todo lo contrario. El respeto hacia el niño no es dejarlo hacer cualquier cosa, sino que de lo que se trata es del modo en que nos dirigimos a él; decir que NO es inevitable y necesario en la crianza, pero podemos hacerlo mediante gritos o enojos, o con amabilidad y paciencia.
 
Carolina: Vivimos en una sociedad aultocéntrica, donde se ha generalizado y lamentablemente naturalizado que la única forma de poner límites es castigando a los niños, ya sea con penitencias, gritos y hasta con golpes. Es alarmante la cantidad de personas que justifican la violencia como forma de enseñanza. Entonces, en este contexto, hablar de respeto hacia el niño, de hablarle amorosamente pero con firmeza, aún cuando no se esté comportando como los adultos esperamos, es interpretado como permisividad. Realmente es una idea revolucionaria la de la crianza respetuosa, entender que para ayudar al niño a calmarse primero debemos mantenernos en calma nosotros, saber que cuando queremos enseñar podemos hacerlo desde el vínculo, pasando tiempo con nuestros niños y sobre todo que mucho de lo que le enseñamos es a través de nuestras propias acciones. Si gritamos con frecuencia aprenderán a usar los gritos para comunicarse, si les castigamos físicamente o verbalmente, adoptarán esa forma de víncularse; en cambio si reciben un trato amoroso, límites claros y firmes, tiempo compartido, les estamos regalando recursos para toda la vida.

Ivana Raschkovan es Psicóloga Clínica, docente de la Facultad de Psicología (Universidad de Buenos Aires), integrante de equipo de investigación de proyecto UBACyT, Coordinadora Institucional de APRIN Psicología, Coordinadora de Crianza Infantil, psicoanalista de niños y adolescentes, coordinadora de grupos de crianza y de talleres mama-bebé. Brinda charlas a instituciones educativas y consultas de orientación a padres. 
ivana@aprinpsicologia.com.ar 
www.crianzainfantil.com
www.aprinpsicologia.com.ar

Carolina Mora es Lic. en Psicología especializada en psicología perinatal, prevención, lactancia materna, teoría del apego, neurobiología del nacimiento y crianza. También es Doula (Paramana Doula) y miembro de la Red de Psicólogas acompañando la crianza respetuosa.