jueves, 2 de marzo de 2017

La empatía está en las pequeñas cosas


Es tarde. Estamos llegando tardísimo a la colonia. Son las 9 y 20 y corremos. Mochila: lista. Desayuno: listo. Repelente: listo. Todo está dentro de los límites de lo predecible hasta que mi hijo de 4 años lanza una pregunta fatal: "¿Dónde está mi pokebola?". Ah, porque sin la pokebola, nada. 

Corro por toda la casa como esos videos a los que les aumentaron la velocidad. ¿Dónde está la bendita pokebola? Busco en los cajones, en la cocina, hasta en mi cartera. Nada. No aparece. Es tarde. Es todavía más tarde que antes. El padre osa sugerir otro juguete. Quienes tengan niños de estas edades saben muy bien que esa NO ES UNA OPCIÓN VIABLE BAJO NINGÚN CONCEPTO.

Estoy a punto de enojarme. ¡Es un juguete! ¿No puede llevar otro juguete? ¿No puede ir sin juguetes? Respiro. Estoy pensando como adulta, y no sirve. Respiro de nuevo. Yo sé qué es importante aunque no termino de entender bien el por qué. Sí, una bola roja de plástico puede ser de suma importancia a los 4. Casi como el color del vaso o la forma en que está cortado el borde del sándwich (¿les suena?).

Respiro por tercera vez y dejo ir el enojo. Pienso. Me acuerdo. La encuentro. Entonces salimos: Octavio, la pokebola y yo. Tarde, tardísimo.

Llegamos, me dice un "chau" sonriente y lo veo correr hacia el grupo. Varios nenes se le acercan, lo saludan y todos se sientan en ronda, intercambiando sus tesoros. Sus caras de dormidos se iluminan. Y de repente lo entiendo. La pokebola es una llave. Una forma sencilla de quebrar el hielo de la mañana. La excusa perfecta para socializar, conversar, compartir. No es un juguete. ¡Es mucho más que eso! Se me escapa una lágrima y apuro el paso.

Pensar que casi salgo sin nada, ¡cómo me hubiera equivocado! A los 4 el mundo es muy diferente que a los 34, pasa que una se olvida. Me escribo una nota mental a mí misma: la empatía está en las pequeñas cosas. Nunca sabemos cuán importante es algo para alguien. La próxima trataré de no olvidarme con tanta facilidad.

martes, 13 de septiembre de 2016

Entrevista a Mariel Bonnefon: "Es el momento de amar sin reservas"



Mariel Bonnefon es argentina, residente en Uruguay actualmente. Se formó como psicóloga en la Universidad de la República del Uruguay e inmediatamente después realizó la formación como Psicoterapeuta Corporal Reichiana, en el Taller de Estudios y Análisis Bioenergético. Trabajó durante varios años en clínica individual y grupal, siempre apuntando a la generación de nuevas formas de vivir, con más gozo y libertad.
 
En el 2012 llegó la maternidad y con ella un enorme cambio. Desde entonces se ha dedicado a trabajar en temas relacionados a la crianza respetuosa, autorregulada y consciente. Coordina talleres y grupos de crianza. Se formó como Promotora de Lactancia de la Liga de la Leche y como Asesora de Porteo Mimos y Teta. Actualmente se encuentra realizando la formación de Especialista en Ecología de los Sistemas Humanos de la EsTeR

Pueden conocer su trabajo a través de su página Crianza y Energía y de su comunidad en Facebook.

NS: Hola Mariel, muchas gracias por tu tiempo. Voy a comenzar haciéndote una pregunta que hago siempre. ¿Cómo cambió tu mirada profesional a partir de la maternidad?

MB: (Risas) La respuesta fácil sería decirte que si no hubiera sido mamá hoy no estaríamos conversando. La respuesta más larga es que cambió rotundamente, porque el contactar desde mi corazón con mi hijo me hizo abrirme a un mundo totalmente nuevo. 

Vivimos en una sociedad y una cultura eminentemente adultocéntricas y yo no había escapado de eso. Como psicóloga, sabía de primera infancia lo que se estudia en la formación básica de grado, que es bastante pobre. Mi trabajo clínico fue siempre orientado a adultos. No lograba conectar con los niños si alguna vez venían a mi consulta. Y si bien estaba formada como psicoterapeuta corporal reichiana, en mi cabeza no había hecho el "click" de que si la coraza caracterial se generaba en los vínculos tempranos, había algo que los adultos estábamos haciendo muy mal.

Cuando Thiago nació el mundo se me puso patas arriba. Lo único que yo quería era tener a mi cachorro pegado a mí, yo, ¡la súper profesional eficiente y responsable! Empecé a darme cuenta cuán errados estaban los conceptos que había aceptado sin más, sin cuestionarlos: separar al bebé de su madre... que duerma en su cuarto después del primer mes... el jardín de infantes desde el año es lo ideal... etc. etc. Me da hasta vergüenza recordar que, antes de ser mamá, algunas veces vi un niño llorando en el súper y pensé "esa madre no puso suficientes límites".

Por suerte pude tener la conciencia suficiente para darme cuenta que Thiago me estaba abriendo una puerta... y me tiré de cabeza al túnel. Ha sido un camino maravilloso, y doloroso también, porque tuve que enfrentarme con muchos puntos oscuros en mí misma... y los que faltan. Pero no puedo estar más que eternamente agradecida con él por haber llegado y despertarme.

NS: Vos decís que "en una forma más ecológica de vivir está la clave para crear un mundo más feliz, justo, sano". Me encanta la frase. Si hablamos específicamente de la crianza... ¿A qué se denomina crianza ecológica?

MB: La crianza ecológica es una forma de criar que intenta respetar lo más posible al bebé o niño. Se parte de la idea de que ellos llegan a este mundo con bastante más "salud" -si es que eso puede cuantificarse- que nosotros los adultos. 

Y se sabe, por años y años de investigaciones y observaciones, que las intervenciones que atentan contra el desarrollo natural del bebé humano son las que a su vez generan modos de vincularse y de vivir patológicos, no regulados. No estoy hablando de enfermedades psíquicas graves, sino de la "normalidad". Todos nosotros cargamos con heridas de nuestra infancia en nuestro cuerpo. A todos nos cuesta expresar nuestras emociones en mayor o menor medida, todos vivimos nuestra sexualidad de forma más o menos coartada, todos tenemos un anhelo de amor largamente ninguneado. Esas heridas configuran, como decía, formas de vivir, de relacionarse, que no son las naturales. 

Alexander Neill, colaborador de Wilhelm Reich, decía que nacemos con una capacidad innata para amar. Es obvio, si prendemos la tele a la hora del informativo, que el amor no nos está guiando en nuestro paso por el mundo. 


Entonces, de lo que estamos hablando es de Prevención. Estoy convencida, junto a muchos otros que trabajamos en este camino, que a través de criar de esta manera, estaremos ayudando a las próximas generaciones a crecer de otra manera, con menos peso en sus mochilas, con más herramientas para crear el mundo que todos nos merecemos.

Claro que no se puede hablar en términos absolutos, por eso digo que "intenta respetar lo más posible al niño". Ninguno de nosotros logrará una crianza autorregulada -o ecológica- al 100%, porque justamente cargamos con nuestras propias heridas. Esas heridas generan en nosotros patrones de relacionamiento tóxicos. Entonces, hacemos o decimos cosas que en realidad no están en contacto con lo que sentimos. 

Un ejemplo clásico: estoy cansada de un día agotador en el trabajo, llego a casa y le grito a mi hijo porque desordenó su cuarto. Es evidente que no es mi hijo el que provoca ese disestrés en mí. Pero seguramente por la crianza autoritaria que yo viví, no puedo gritarle a mi jefe o rebelarme contra el sistema laboral que me agota. Entonces me descargo con quien no corresponde, por así decirlo.

Cuál es la salida entonces? Intentar, paso a paso, ir desarmando esos patrones de relación. Ser concientes de nuestros propios límites, y respetarlos. Intentar ponernos en el lugar de nuestros hijos. No culparse -la culpa no sirve de nada-, pero sí responsabilizarse, y tomar acción en cambiar.
Seguramente, nosotros no lo veamos. Pero tal vez, nuestros nietos, o bisnietos, sí. Se trata de cortar con la cadena de transmisión. Y dejar que la energía, al servicio del amor y la vida como es natural, haga el resto

NS: ¿Cuál ha sido tu mayor desafío como psicóloga?

MB: Darme cuenta de que quienes acuden a pedirme ayuda están en su propio camino y que por más que quiera no puedo llevarlos al que yo considere correcto. Ellos tienen que descubrir hacia dónde ir, y yo sólo puedo acompañarlos y poner luz donde mis capacidades me permitan.

NS: ¿Y como mamá? 

MB: Uff... ¿tenés un par de años para que te cuente? (Risas)
Cada día es un desafío. Y también es un regalo. En este momento puedo hablarte de mi momento actual; mi mayor desafío es encontrar el equilibrio entre dejar fluir a Thiago y cuidarlo. Tiene 4 años y mucha voluntad...  

Cuando era más pequeño el desafío fue dejarme fluir a mí misma. Durante mucho tiempo tenía una gran autoexigencia, la mamá perfecta, la crianza perfecta, etc. Una locura.  

NS: Claro, y la autoexigencia desmedida genera culpa. ¡Es un círculo vicioso! Otro de los temas que quería tocar, dado que siento que caminamos el mismo camino: ¿realmente podemos creer en una revolución del amor? ¿Es la crianza la base para soñar con esto?

MB: Ay, espero que sí. Yo lo creo profundamente. Lo cual no quiere decir que piense que todos deberían dejar de hacer lo que hacen y ponerse a criar hijos (Risas). Pero es la militancia que yo he escogido. 

Yo creo que en este momento estamos siendo testigos, sin darnos cuenta, de un momento-bisagra. Hay una revolución, más o menos silenciosa, que ya ha comenzado. Un cambio de paradigma. No puede ser coincidencia que tanta gente al mismo tiempo, en distintos lugares, se plantee este tipo de preguntas.  
 

NS: ¡Me emociona mucho tu respuesta! Si bien veo ese cambio, todavía queda mucho por hacer. ¿Por qué seguimos persiguiendo los "límites", la "obediencia" y otros tantos supuestos "santos griales" de la crianza? ¿En algún momento creés que esto cambiará?

MB: Porque estamos perdidos. No tenemos conexión con nosotros mismos, con nuestro corazón, con nuestra energía. Necesitamos cosas externas de las que aferrarnos. Lo que buscamos es que nos digan qué hacer. Porque somos testigos de la vida exultante de nuestros hijos y no sabemos qué hacer con eso. Nos da miedo la pérdida de control.

Y ojo, que pasa lo mismo con el "Santo Grial" de la Crianza con Apego. Lo veo mucho; mamás y papás -yo misma lo viví en algún momento- que dan teta, colechan y portean porque "es lo que hay que hacer", no porque estén en contacto con las necesidades de sus hijos, y las propias. Entonces, cuando el bebé igual llora toda la noche... o el nene igual hace el berrinche... se desesperan. ¿Cómo? ¿No era ésta la solución a todos los males? 

Y no. No hay soluciones mágicas. Porque intentar criar respetuosamente implica, sí o sí, enfrentarte con tu propia rabia y tristeza, por no haber sido respetado. Si no contactás con eso, si seguís barriendo bajo la alfombra... va a llegar un momento en que te vas a ver superado. Los niños son campeones en eso (Risas). Saben encontrar nuestros puntos ciegos. Y en ese momento es que tenés la oportunidad: te tirás a la pileta o seguís de largo.  

Sobre tu segunda pregunta... no sé si cambiará a fondo. Pero sí veo que hay cada vez más gente con inquietud, con ganas de buscar, de inventar su propia historia. 

NS: ¡Seguiremos trabajando para que así sea! ¿Querés dejarnos alguna reflexión más?

MB: Creo, como te dije antes, que estamos en un momento bisagra. Es el momento de aprovechar esta energía, hacerla colectiva, jugárnosla por el otro, amar sin reservas a nuestros hijos y a quienes tengamos cerca. Cultivar vínculos que nos sostengan en este camino, generar tribu. Es el mejor regalo que podemos dejarles a las futuras generaciones. ¡Muchas gracias Noelia por permitirme este contacto con tus lectores!

Gracias a vos, Mariel, y que se siga multiplicando el amor. 

sábado, 3 de septiembre de 2016

Entrevista a Alvaro Pallamares: "El manual de la infancia está en el rostro de los niños"



NS: Hola Álvaro, muchas gracias por tu tiempo. Estuve en tu charla sobre manejo respetuoso del estrés en la infancia el mes pasado en Buenos Aires y me pareció excelente. En ella mencionabas que el apego seguro tiene que ver con la conexión emocional y que en momentos de estrés es fundamental cuál sea nuestra reacción como padres. ¿Podríamos decir que es más importante demostrar amor incondicional en esos momentos tan difíciles e intensos para los niños que durante un día convencional sin sobresaltos?

AP: Sí, podemos decirlo sin ningún problema. El tema es que entre el decirlo y el que sea posible de hacer hay una historia de vida de por medio. Efectivamente, en los momentos de mayor estrés el amor incondicional es lo más beneficioso para el cerebro y para la salud mental. Pero si los papás no pueden brindar ese amor incondicional es porque también hay elementos que no se han todavía terminado de desarrollar, madurar, crecer. Pasa por la salud mental del ser humano. Entonces, yo como ser humano debo tener cierto nivel de madurez para entregar amor incondicional en los momentos difíciles a un otro y ese es el problema. Porque ya sabemos lo que habría que hacer, ya sabemos cómo habría que enfrentarlo, ¿pero por qué los papás no pueden hacerlo? Eso es un poco lo que nos rompe la cabeza a los psicólogos y a quienes están investigando estos temas. ¿Cómo facilitar a los papás que no están pudiendo hacerlo hoy día que mañana lo puedan hacer? Todas las intervenciones y todos los modelos actuales están tratando de estimular esta habilidad empática, esta capacidad afectiva de sintonizar con los niños y poder brindarles una sensación de seguridad.

NS: Uno de nuestros grandes desafíos como adultos es ejercitar la paciencia, lo cual en este mundo no es nada sencillo. ¿Tenés algún consejo?

AP: La pregunta en general me aleja del tema que creo que debe ser. La paciencia y el amor incondicional como conceptos están absolutamente aceptados. Ahora, transformar esto en algo más concreto es lo difícil, porque lo que la gente interpreta por esto es muy distinto. La paciencia es necesaria, pero hay familias a las que les cuesta la paciencia por temas personales. Lo que entendemos por un papá paciente o no paciente va a depender mucho de lo que cada uno piensa que es ser paciente. Estas dos cuestiones nos arrojan a esta pregunta: ¿cómo podemos nosotros sanar nuestra historia? Es la historia del adulto la que impide poder brindar a los niños lo que necesitan. Y esa historia es muy variada. Podemos tener papás que necesitan un trabajo terapéutico profundo, otros que necesitan un acompañamiento y otros que no necesitan nada y lo hacen súper bien. Los mensajes para todo tipo de papás no existen porque son muy diferentes los papás que hay. Y a los papás a quienes les cuesta más y que sienten que tienen menos paciencia son los que tienen que pedir ayuda. Existen estrategias, fórmulas, caminos que son beneficiosos para la salud mental.

NS: Tiene que ver más con ser conscientes y auto-reflexivos y darnos cuenta cuándo debemos pedir ayuda.

AP: Sí. El manual de la infancia está en el rostro de los niños: el rostro de los niños genera emociones en el adulto y esa es la brújula para entender cuál es el camino. En general los buenos profesionales ayudan a leer a los propios niños, no a los del libro o a los de la teoría, sino a los propios niños de esa casa, de esa familia. Porque ellos tienen códigos faciales, emotivos, comportamentales, actitudinales. Todo el tiempo los niños están diciendo cómo se sienten, si se sienten seguros o no seguros y para los psicólogos que trabajamos en esto puede volverse cada vez más fácil ir leyendo cómo nos está diciendo el niño que lo ayudemos. Son ellos los que nos marcan el ritmo que estuvo descompasado en el proceso de interacción temprana, hay algo en la vinculación de los primeros años de vida que cuando el ritmo no está sincrónico empieza a ser un malestar. La seguridad es la sensación que buscamos tempranamente y que nos ilumina la salud mental. Tenemos que ayudar a los papás a brindar esa seguridad.


Entonces, el amor incondicional y la paciencia son caminos que permiten dar seguridad al niño, pero no son lo único. Tampoco es la zanahoria que tenemos que perseguir. Lo que tenemos que encontrar es la respuesta del niño. De tu hijo, de tu hija. Esa respuesta es la clave.



NS: Qué interesante. A veces nos perdemos en querer buscar fórmulas o consejos. Acá tenemos que volver al individuo. Cada niño es un individuo único y tiene que ver con estar conectados.

AP: Sí. Todos los niños tienen un aspecto comunicacional que es más o menos similar. Sus emociones, sus expresiones faciales, sus tonos de voz comunican cosas que son transculturales. Las emociones básicas son transculturales y previas al lenguaje. Entonces desde ese idioma que los niños vienen preparados para poder transmitir es que el adulto tiene que sintonizarse. Sintonizarse con la similitud que tienen los bebés al expresarse pero, al mismo tiempo, con la diferencia que tiene el mío de hacerlo.

NS: Siguiendo con la idea de estar autorregulados como adultos y de pedir ayuda, ¿qué pasa en el caso de los hogares monoparentales donde un solo adulto debe hacerse cargo de todo lo referente al niño? ¿Debemos volver a la tribu?

 
AP: Por supuesto, debemos recurrir a buscar ayuda. Es muy difícil porque nuestra estructura social, el macrosistema operativo, está generando un enajenamiento de la crianza. Entonces ahora la crianza es como un proceso que tiene que ocurrir y que está todo lleno de pasos en los cuales los papás están cada vez menos presentes y está tercerizándose la educación. Eso es un fenómeno relativamente nuevo que va a tener impactos altísimos que tienen que ver en la cualidad de la sincronía emocional que logran los seres humanos en el curso de su vida. Y es algo fundamental para el establecimiento de los lazos afectivos a largo plazo. Lo que nosotros tenemos que impulsar es al empoderamiento de los progenitores (ambos). Que tomen su lugar político y ético que implica traer un niño al mundo: es una responsabilidad tremenda. Cuando nosotros tomamos la dimensión de la responsabilidad nos damos cuenta de la imposibilidad de hacer frente a tamaña tarea solos. Es imposible. Entonces, desde ese lugar reflexivo es desde donde nos vemos interpelados a buscar ayuda. Es una posición de humildad que necesitamos que los papás sostengan. Porque es inviable que un papá soltero o una mamá soltera puedan darle a un niño lo que el niño necesita. El niño necesita mucho más que solamente un ser humano que está altamente estresado; porque lo que viene de la mano cuando un adulto solo intenta hacer todo eso es que el estrés alcanza su máximo. Y hoy sabemos (y tenemos la explicación científica) que la respuesta sensible se encuentra en su peor momento cuando el estrés está más alto. Entonces esa dupla científicamente es absolutamente inviable para poder pronosticar salud mental a un país, a un pueblo.

Necesitamos revertir este tipo de cosas y estamos lejos todavía de que los organismos institucionales, gubernamentales, puedan reaccionar y facilitar que la crianza sea un derecho. Que los papás puedan ejercer la crianza en la casa. Cuando no está la pareja es importante que establezcan otros lazos, que puede ser con grupos de amigos. Es importante que los niños participen en comunidades. Tenemos que aprender a vivir en grupos porque nosotros somos una especie que evolucionó en grupos. Lo que hoy día está ocurriendo es un enajenamiento de la evolución y eso lo tenemos que detener de alguna manera.


NS: Yo veo tu trabajo asesorando a diferentes gobiernos en temas relativos a primera infancia y lo tomo como una esperanza de cambio. ¿Creés que hacia allí vamos? 

AP: Nosotros nos estamos aprovechando de todos los frutos que tiene el mundo académico anglosajón y que lleva 25 años influyendo a las políticas de Inglaterra, Holanda, algunos estados de Estados Unidos, Canadá, Suiza, Italia. Entonces, son países que ya han cambiado la forma de trabajar y eso es lo que estamos impulsando. Hay muchos académicos que están tratando de orientar estos descubrimientos científicos a un impacto político y ha dado bastantes resultados. No olvidemos al premio Nobel de economía, Heckman, que un poco logra distinguir el retorno que tiene el dinero cuando las intervenciones se hacen tempranamente. Esto fue un cálculo matemático precioso que muestra cómo se está perdiendo la comprensión de lo muy importante que es invertir en primera infancia y que los 3 primeros años son sagrados. Hay que invertir en ellos porque esa es la materia prima del país en términos de creatividad, innovación. Cuando apostamos a primera infancia generamos que después esos niños se transformen en un semillero de artistas, de creación. Lo que nos distingue como ser humano: que tenemos la capacidad de repensarnos y construir de la nada. Hacer cosas nuevas. Y eso se estimula cuando potenciamos esa primera infancia.

NS: Otro tema que considero clave y que vos trataste es la verdad en la infancia. Yo considero que acceder siempre a la verdad es un derecho del niño. ¿Qué pasa con los personajes de fantasía como Papá Noel (Viejito Pascuero en Chile)?


AP: Un poco resumiendo, yo todavía no logro que nadie me demuestre que no existe. Es inviable que puedas demostrar que no existe y tampoco podemos demostrar que existe (risas). Yo lo que les digo a los papás es que lo que no puede ocurrir es que su hijo en algún grado empiece a defender de manera vehemente la existencia de estos personajes con sus compañeros en donde el grupo ya entendió que esto fue parte de una ilusión infantil. Esa situación sería la que tendríamos que evitar. Todo tiene un tiempo. Yo creo que en la medida en que los niños creen en esto no somos quienes para romper eso. No podemos decir que existan pero tampoco podemos decir que no existan. Preguntémosle a ellos: ¿qué crees tu? De ahí nosotros nos quedamos con esa realidad que el niño tiene. Tampoco yo le voy a decir que esto es así, yo le voy a decir que no lo sé. Porque no lo sé. 


Yo tengo una creencia pero, ¿por qué voy a empañar el desarrollo social de mi hijo con mi creencia? Esto yo lo extiendo a las creencias en general. Las religiosas también. Hay un espacio donde tenemos que dejar libertad para el cuestionamiento del ser humano con respecto a su existencia en el mundo, a su ser en el tiempo. Eso tenemos que dejárselo para que él pueda reflexionar y llegar a sus propias conclusiones. Dar el espacio al otro para que pueda tomar decisiones también, frente a la duda de que nadie sabe realmente todo. En ese espacio podemos tener también diferencias de opinión y es válido y es razonable también enseñar desde temprano a poder lidiar con eso, con otros. Que podamos pensar distinto, creer distinto, y no matarnos. Convivir. Estar en un curso y que haya 7 que creen en el Viejito Pascuero y 7 que n, y nadie se murió. Eso también se educa, se enseña. Si lo vemos un poco más profundamente podemos ver temas mucho más profundos que tienen hoy día al mundo en guerra. Entonces nosotros podríamos también generar esa duda de que nadie te puede decir que no existe y que nadie te puede decir que existe.

NS: Mucho más rico intelectualmente, también, y se podría incluso aplicar a cuando los padres tienen diferencias de opinión. Muchas veces se dice que los padres deben actuar como un bloque con una idea en común y, en realidad, cuando hay divergencia de opiniones sería interesante poder plantearlo en familia. Que el niño sepa desde temprano que eso puede pasar y es parte del respeto saber convivir con la diferencia.


AP: Genial, Noe. Justamente eso. Más que nosotros decir cuál es la respuesta correcta es generar esta hermenéutica, este proceso dialéctico conversacional que genera otras respuestas y otras preguntas que no teníamos planteadas cuando empezamos. Eso va activando un poco la reflexividad, la capacidad de ponerse en el lugar de los demás, de poder mirar las cosas desde muchos ángulos. Eso es una forma de conversar. Más que responder preguntas tenemos que entender cómo dialogar. ¿Qué crees tu? Eso se lo planteamos ahora y después, para toda la vida. Puede pasar que nos pregunte qué creemos nosotros. Ahí es importante hacer la distinción. "Mira, yo no sé lo que es, yo lo que creo es... o "Lo que puede ser es esto". Pero poner esa diferencia. Eso es muy importante en las familias porque a veces el discurso oficial de la familia puede ser muy cercenante. Como esa camilla que te corta las piernas si no cabes. Hay discursos que son como una guillotina que no deja que la diferencia se exprese y los niños en esos contextos presentan síntomas, sufren y están pasándola pésimo. Aprovechemos a comprender que la libertad de expresión parte de poder preguntarle a ellos lo que creen y lo que piensan. 


NS: Además dar lugar a la diferencia va a permitirles poder manejarse fuera del ámbito familiar y tener otra forma de vincularse. Y qué diferente es tratar de este modo a una figura de fantasía a cuando les porfiamos que existe de una forma muy realista y luego viene la decepción, que es muy grande.

AP: Cuando tenemos verdades absolutas su rompimiento siempre es doloroso.


NS: ¿Que pasa si una familia de pronto se da cuenta de que elige formas en la crianza que son autoritarias o no son beneficiosas? ¿Podemos cambiar la estrategia de crianza de un día para otro? Muchas veces los padres me dicen que con un nuevo hijo descubren cosas que no sabían con los anteriores y no saben bien cómo revertir esa situación.

AP: Esta respuesta va a depender del nivel de salud mental que tenga esa familia. Estamos en distintos escenarios. Si una familia está en el más bajo, donde está la patología más alta, yo creo que no podría por sí sola. Mi experiencia me ha dicho que cuando la familia tiene un nivel de estrés muy grande necesitan apoyo y no solamente de un psicólogo, muchas veces necesitan equipos de salud que puedan abordar esos procesos. Entonces, en el lugar más complejo necesitamos apoyo de equipos e intervenciones más macro. Ya cuando los niveles de estrés son menores sí ayuda la intervención de un psicólogo o de un asistente social o de un fonoaudiólogo, es decir, la intervención de un profesional ya genera un cierto equilibrio. Si estamos en un nivel un poco más alto y los papás son un poco más reflexivos ayuda que la gente empiece a mirar las cosas desde otra perspectiva. 


Están los papás que hicieron caso a malas instrucciones. Muchos papás que hicieron cosas y se sentían mal al hacerlas, no las querían hacer, pero les dijeron que las hicieran. Las hicieron y funcionó, entonces como funcionó en ese momento después lo siguieron haciendo. Esos papás tienen muchas probabilidades de poder cambiar rápidamente cuando alguien les dice la actualización y les explica un poco de neurociencias, les explica lo que pasa en el cerebro, el cortisol. Esos papás tienen un tiempo pequeño para poder revertir y solucionar. El problema está entre estos papás que están muy graves y los otros papás que hacen cosas que no controlan. Es decir, control de impulsos: pegan, gritan, encierran, castigan y después se arrepienten. Esos papás necesitan apoyo ellos. Ahí también es la autoconsciencia de reconocerlo. ¿Necesito mucha ayuda o un poco de ayuda? Necesitamos que la gente pueda hacer ese pequeño insight.

Lo que tu haces con tus hijos después será lo que ellos hagan con tus nietos. Hay veces que estamos regalando estrategias que son de pésima calidad y los niños están aprendiendo eso y después lo van a repetir. Primero con sus compañeritos en el colegio, después en sus relaciones de pareja y después con sus propios hijos. Es una condena. Lo que nosotros proponemos es que los papás crezcan, maduren, aprendan, se formen, reflexionen para poder darles mejores estrategias a sus hijos.

NS: Qué bueno pensarlo como una cadena y apostar al mediano y largo plazo. Tantas veces las estrategias de crianza buscan lo inmediato, que mi hijo me obedezca hoy. Antes de terminar la entrevista y despedirnos, ¿te gustaría decir algo más?

AP: Esta cadena también viene de atrás. Que la gente pueda pensar en la historia de su madre, su abuela, su bisabuela, de dónde viene. ¿De dónde vienen los maltratos? Cuando empecemos a entender lo precaria que era la crianza hace un par de generaciones podremos relacionar también por qué nuestros padres hicieron las cosas que hicieron. No sabían, no tenían idea. Eso quería retomar. 

Muchísimas gracias por tu tiempo Álvaro, siempre es un placer charlar con vos.


Álvaro Pallamares (Chile) es Psicólogo Clínico (UCEN), diplomado en Apego y Psicopatología (UDD), Director de la Fundación América por la Infancia y Director del Centro de Intervención Temprana (CIT) con sedes en Chile, México y Argentina. Contacto: Blog. Facebook.